Esnelda es una mujer negra de 50 años. En 1963 nace en la vereda de Playa Grande, en el área rural del municipio de El Charco, Nariño. Procede de una familia de padres campesinos, siendo la menor de seis hermanos. Durante su infancia y parte de su juventud se dedicó a las tareas del campo en una porción de tierra que sus abuelos habían dejado como herencia a su padre, actividad que en ciertas épocas del año iba alternada por sus estudios de primaria. Al respecto comenta: “Crecimos trabajando en la casa, estudiamos hasta quinto de primaria, hasta quinto porque en el pueblo solo había primaria”.
Siguiendo el camino de sus hermanos, migra a los 19 años de la vereda. Fue así como en 1982, un año después de la muerte de su padre, viaja a Guapi donde una madrina y logra permanecer dos años en este lugar. Durante su estadía cursa sexto de bachillerato y realiza un curso básico de modistería.
Animada por sus hermanos, que ya residían en Cali desde tiempo atrás, y por las historias que se contaban del lugar, se desplaza hacia la ciudad; “cuando tenía como 21 años, me quise venir a donde mis hermanos los mayores que ya estaban en Cali. Me dio esa curiosidad de salir, de conocer otras cosas, esa curiosidad lo saca a uno. Después de que salió el hermano mayor fueron saliendo los otros”.
Es entonces la serie de ideas que recrean la imagen sobre la ciudad lo que empieza a generar rupturas con el modelo cultural tenido hasta el momento:
115
“Cuando me vine ya me quedé acá, ya no quería regresar para allá. Uno cuando se cría, por ejemplo uno en la finca, quiere salir a aprender otras costumbres, a aprender otras cosas. Hubo un tiempo en que ya quería salir a ver otras cosas porque todo el mundo habla de la ciudad, pero uno dice ¿y yo qué? no conozco y quiero aprender otras cosas. La gente que salía me decía cosas muy bonitas, que Cali era maravilloso y uno veía a la gente que cuando llegaba estaban todos cambiados, uno los miraba que como acá no trabajan el campo. Es que la gente cambiaba porque uno llegaba más bonito, a colocarse zapatos, bien organizado, estar oliendo rico, en cambio en ese monte, meterse en esa tierra, en esos caminos todos embarrados, que le piquen los moscos; entonces uno ya no quiere esa vida”.
En 1984 llega a la ciudad de Cali a casa de uno de sus hermanos; al poco tiempo busca trabajo como empleada doméstica. Durante los primeros años de estadía en la ciudad logra realizar un curso de máquinas planas, sin embargo esto no le significa una vinculación laboral diferente al empleo doméstico;
“los trabajos que empecé a tener fueron en casa de familia, ganándome $ 6.000 el mes. No tuve posibilidad de trabajar en otra cosa diferente a ser interna. Nunca me dieron posibilidades porque uno tenía que tener experiencia en las empresas, pero si apenas uno termina una carrera y no le dan posibilidad de trabajar, pues qué experiencia va a tener”.
Estando en la ciudad conoce, por intermedio de uno de sus hermanos, a un paisano, con el que organiza su hogar y tienen cuatro hijas. A pesar que de alguna manera continua el patrón de muchas mujeres del Pacífico que llegan a la ciudad y conforman familia y tienen hijos, la singularidad de Esnelda es que ella lo hace a una edad adulta, luego de sentir que ha logrado explorar el mundo;
“Yo lo conocí a él porque el destino así lo quiso. A mis hijas las tuve acá […] Todas las tuve por cesárea porque las tuve muy mayor, a los 30 años. Yo los tuve así mayor porque antes de conocerlo a él yo todavía no quería tener hijos; porque vé! toda la vida con mi papá y mi mamá que no me dejaban salir para ninguna parte, yo decía, y ahora de una sola vez, no!! voy a conocer, a andar primero porque no sé a quién me voy a conseguir y vaya que no lo dejen andar a uno. Entonces yo no era para comprometerme, nooo; yo decía, esa es una responsabilidad muy seria”.
Durante el tiempo de estadía en la ciudad,Esnelda y su pareja se dedican a trabajar en oficios varios: “cuando me fui a vivir con él ya trabajaba al día, y él en los oficios varios; la construcción, vigilante y también en una fundación de los niños que tienen cáncer; allí nos recibieron a los dos para trabajar en el aseo”.
Por consejo de varios conocidos de la ciudad, Esnelda y su compañero toman posesión de un pedazo de lote en uno de los recién conformados asentamientos suburbanos del Distrito de Aguablanca, con la expectativa de obtener por reubicación una vivienda propia.
116
“Nosotros hicimos un ranchito pequeño, cerca al barrio el Poblado por la orilla del caño. Ya allí nos metimos pero con la visión de que después le entregaran su lote, por ser una invasión. Después de allí hicimos todo el recorrido para que nos entregaran una casa y ya fue en 1995 que nos dieron un lote en el barrio Desepaz, por medio de eso fuimos a dar allá”.
Durante 8 años Esnelda y su familia permanecieron en el lote entregado por reubicación en el barrio Desepaz, con el ánimo de construir su vivienda. Sin embargo, la imposibilidad de sostenimiento en la ciudad hace que la pareja decida regresar a su sitio de origen. Tal hecho va a coincidir con una etapa de crisis económica de la ciudad y del país.
“Nos fuimos cuando la hija menor estaba bien pequeñita. Estábamos construyendo la casa en el barrio Desepaz cuando resolvimos devolvernos porque si él no conseguía trabajo yo tampoco, y así nos la pasábamos. La vida nos cambió de una forma, se puso muy malo el trabajo, malo, malo”.
A pesar de estar bajo condiciones de precariedad económica, Esnelda no llega a buscar el apoyo en su parentela, pues desde su infancia había interiorizado de su madre un discurso de la individualidad:
“cada uno tiene sus problemas, y tiene que encontrar la forma de solucionarlos por su cuenta. Yo soy muy desprendida de la familia, no me gusta estar mucho allí, mejor yo he dicho que hay que estar retiradito, cada uno por su lado. Yo decía que si tenía algún problema tenía que solucionarlo yo misma y no estar pendiente de ellos. Eso se hizo más visible cuando tuve a mis hijas, porque yo pensaba que si yo tenía mis problemas tenía que solucionarlo. Me daba cosa que hablaran de uno o dijeran: mira ésta, se organizó y tiene que estar molestando. Pensaba que si pedía algo iban a pensar eso […] Yo creo que eso viene de la costumbre de mi mamá, porque ella mantenía en su casa, ella nos decía que uno debía mantener en su casa y no andar de una casa para otra, entonces uno se cría con esa idea. Por eso yo creo que me gusta vivir sola, porque uno con su familia tiene que estar independiente, mejor estar solo que mal…”.
Fue así como Esnelda y su familia, bajo una nueva ilusión, emprenden el viaje de regreso a su pueblo natal;
“para poder irnos al pueblo nos tocó que vender lo que nos habían dado en barrio Desepaz, y
con eso nos fuimos, a ver si cambiaba la forma de uno vivir.Nosotros llegamos allá en el 2003
y cuando llegamos ya estaba la coca funcionando hace rato, ya habían pasado muchos problemas. Cuando decidimos irnos ya se había calmado eso un poquito, nos dijeron que no había pasado ningún tropel en esos días, entonces dijimos pues vámonos!
El camino de regreso a su lugar de origen le implica tener que renunciar en cierta medida a su sueño de permanecer en la ciudad, constituyéndose en una prueba que va a apuntalar su singularidad; una singularidad que va definiendo cierta racionalidad estratégica:
“Nosotros cuando volvimos al pueblo estábamos buscando un cambio económico como para después tener cómo levantar las hijas. El pensado era que nos íbamos a quedar allá, que ellas estudiaran en el pueblo, hacer el bachillerato y ahora sí tener como traerlas a la ciudad a una
universidad; pensábamos esperar a que la situación económica estuviera más cambiada para que
117
Llegan al municipio de El Charco con el ánimo de montar un negocio de venta de pescados. Alcanzaron a comprar con el dinero que les quedaba de la venta de la casa, una canoa sin motor. Tal inversión representó una pérdida económica para la pareja, lo que generó una fuerte desilusión y la búsqueda de otra fuente de ingresos.
“Nos fuimos con el dinero que nos quedó de la venta de la casa, con esa plata compramos instrumentos de pesca, una canoa, pero no nos alcanzó para un motor, eso era muy poquito y uno con familia. Él se puso a pescar pero era una pérdida porque se compró la canoa pero sin motor, eso se va como uno desilusionando. Es que definitivamente por donde uno meta la cabeza las cosas le salen mal”.