3.1.1 Relato 1. Yamileth: “Empecé a pensar por el lado más fácil”
I. “Mi mamá siempre ha sido una verraca”
Yamileth es una mujer negra de 26 años. En 1987 nació en Merizalde, una vereda de Bocas de Satinga, cabecera municipal del municipio de Olaya Herrera, ubicado en la región de la Costa Pacífica nariñense. Procede de una familia nuclear, padre campesino nativo de la región y propietario de cierta porción de tierra heredada de su familia, madre negra de ascendencia colona y de oficio comerciante; oficio que jalona a la familia a tener una importante experiencia urbana en ciudades como Buenaventura y Tumaco. Fue así como la madre dedicó gran parte de su vida a transportar artículos de Buenaventura a Satinga y emprendió diferentes negocios en el pueblo; una cacharrería y una revueltería fueron las formas de sustento para la familia por varios años.
Para Yamileth su nacimiento coincidió con una época de la vida familiar en la que las dificultades económicas estuvieron a la orden del día:
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“Cuando yo nací ya mi mamá había fracasado con el negocio, ella había tenido una pérdida con lo que fue una toma de la guerrilla, incendiaron el pueblo y todo se quemó”. “Cuando tenía como 13 años, ya habían hecho la segunda casa, llegó el río Patía y se la llevó, eso fueron muchas casas las que se llevó. Fueron como dos meses en que se creció el río, allí volvimos a perder la casa, nos volvimos a quedar sin nada”.
Ante tales hechos su madre reaccionó manteniendo un espíritu emprendedor, actitud que dejó en Yamileth la imagen de una figura materna entusiasta, siempre dispuesta a salir adelante a pesar de las adversidades: “mi mamá siempre ha sido una verraca”. Fue así como su madre se convirtió en una figura central en la vida familiar, al asumir ambos roles parentales; “mi mamá ha sido como mamá y papá, trabajaba sin dificultad, trabajaba para darnos a nosotros lo mejor y siempre nos inculcaba el mirar adelante, mirar otras alternativas, tratar de salir adelante”.Tal representación contrasta con la deteriorada imagen de su padre.
“mi papá siempre ha sido como… que no toma el esfuerzo de lo que hace mi mamá […] él ha sido un hombre como muy desinteresado, por ejemplo, cuando uno tenía un problema o cuando uno necesitaba un consejo, que él estuviera en el colegio dedicándole como ese tiempo, nunca, nunca tuvo como ese tiempo. Siempre había como un no, o no le interesaba. Él siempre estaba como en su negocio, con los otros campesinos, pendiente de su producción, de su plata que le iba a llegar.
Para Yamileth, el gusto por el mundo del comercio lo llevan las mujeres de su familia materna en las venas, desde su abuela quien siendo muy joven aprendió el oficio en Tumaco, de donde es oriunda, hasta sus tías y madre a quienes les enseñó a trabajar de manera independiente. Al respecto señala Yamileth:
“mi abuela siempre ha tenido ese espíritu de trabajar y ser comercial, ella fue la que le enseñó a mi mamá a trabajar lo que es el comercio […]A ella le ha gustado mucho trabajar independiente, no trabajarle a nadie […] Mi abuela cuenta que allí en la vereda fue una de las tantas que tuvo uno de los graneros grandes, uno de los graneros más grandes allí en Satinga […] cuando mi mamá hizo un viaje con mi abuela a Tumaco ella fue conociendo lo que era el ritmo, el manejo de las compras, y así se fue metiendo en el cuento”.
Entre idas y venidas de su abuela a la ciudad, una de sus tías conoce a un joven de su edad, se enamora y decide irse a vivir con él a Buenaventura. Es ella la primera persona de la familia materna que sale de Merizalde y se instala en la ciudad, convirtiéndose el matrimonio una vía a través de la cual los integrantes de su familia van obteniendo independencia familiar y van adquiriendo cierto nivel de formación escolar:
“aquí hay una tía que está ubicada ya hace harto tiempo, ella fue una de las personas que no tuvo como esa raíz de estar allá, sino que se vino a la ciudad desde temprano. Desde peladita se vino para acá, ella incluso conoció su pareja aquí, aquí tuvo una hija con él. Ella ya tiene casa en la ciudad, tiene una profesión de maestra en preescolar”.
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Igual camino lo continuaron varias de sus tías y tíos de la línea materna, quienes se movilizaron a los centros urbanos más cercanos; “unas tías se fueron para Tumaco, otros para Buenaventura con mi abuela, siendo pocos los que se quedaron en el sitio en donde nacieron”. Siendo la segunda entre cuatro hermanos, tres mujeres y un hombre, Yamileth aprende de su abuela paterna los oficios propios del campo, como parte de las tareas asignadas por sus padres en el hogar y como una forma de ingreso a la economía familiar. De igual manera se involucra en el mundo del comercio por vía materna. Esta dinámica de estar entre el trabajo de la tierra y el negocio de su madre, la hizo consciente del grado de esfuerzo que requieren las tareas campesinas y la llevó a pensar que el mejor trabajo para una mujer era ser negociante, como su madre. A los trece años la acompaña por primera vez a Buenaventura, experiencia que se convirtió en un hecho inolvidable para su vida, siendo su iniciación en el mundo del comercio: “ella nos llevó a todos a conocer la parte donde ella surtía, donde compraba, nos enseñó cuando uno quiere algo cómo lo puede conseguir”. Fueron estos años de aprendizaje de la mano de su madre los que alimentaron en Yamileth la expectativa de dedicarse a otras tareas diferentes a las del campo: “yo no tuve como esa visión de quedarme así como en ese lado campesino; no, yo no tuve como esa visión”.
No solo sus tías salieron de Satinga siendo muy jóvenes, sino que también lo hicieron dos de sus hermanas. La primera en salir fue su hermana mayor quien sin terminar sus estudios de secundaria huye del seno de su hogar en compañía de su novio hacia la ciudad de Cali. Es entonces en la ciudad en donde se empiezan a dar las primeras exigencias, restricciones, vía línea familiar, que van fraguando procesos de individuación;
“mi hermana se vino para Cali cuando ella tenía como 17 años [aproximadamente era 1998], como ella se vino por pura voluntad, se vino para acá sin que nadie la mandara. Mi mamá no gustaba del novio que ella tenía y por eso se escapó, y acá como que empezaron a tener necesidades. La familia de él no les ayudó, les cerró la puerta y por eso ella se fue a buscar a mi tía, la hermana de mi mamá que ya estaba acá. Ella le dijo que se tenía que poner a estudiar y así fue que terminó el bachillerato y después fue que tuvo su hijo y se puso a estudiar enfermería” […] mi tía, la profesora de preescolar, le dijo que si ella le colaboraba ahí en la casa con lo del aseo, con la comida, o sea ella le colaboraba pues ahí con los oficios caseros, ella le ayudaba con el transporte, con los gastos que necesitaba”.
Posterior a la salida de su hermana mayor, siguió la última entre los cuatro hermanos, manteniéndose la ciudad de Cali como el sitio de llegada. Es así como la movilidad se va convirtiendo en una prueba de individuación a la cual los integrantes de su familia se deben enfrentar, prueba que va a ser vivida de manera conflictiva. Es por esta vía que la familia logra adquirir propiedad privada en la ciudad;
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“eso fue en el año 2007, cuando ya no había como ninguna alternativa, como para seguir estudiando, no había como opciones, porque todo lo que estaba pasando en el pueblo era que estaban reclutando gente para los grupos armados. Mi mamá al ver todo eso tenía como miedo que se fueran a llevar a mi hermana, la menor, que en esa época estaba por los 16 años. Ella como ha sido la más rebelde de todas, entonces mi mamá tomó la decisión de mandarla para Cali a la casa de una de las tías. Con el tiempo las cosas se fueron complicando, así uno esté viviendo con la familia siempre se van dando los conflictos. En ese tiempo mi tía, una que es dueña de la casa en Ciudad Córdoba, en donde estaban viviendo mis dos hermanas, tomó la decisión de irse para Chile, poniendo en venta la casa. En vista que las muchachas estaban con ella, mi mamá se comprometió con mi tía a pagarle unas cuotas que ella estaba pagándole al banco por la casa, y así poder irse quedando con la propiedad”.
En la época en que su hermana mayor salió del pueblo Yamileth tenía alrededor de 15 años, momento en el que pensar en salir no era una idea que pasara por su mente. Tal pensamiento empezó a ser transformado durante el tiempo en que se enamoró de un joven oriundo de Merizalde y criado en Buenaventura, y conformó una familia con él. Fue así como a los 18 años, aún sin haber terminado su bachillerato, quedó embarazada de su primera hija. Tal joven se consideraba un extranjero en el lugar, en tanto no se auto-reconocía como un lugareño ni tampoco aspiraba a quedarse en el pueblo; por el contrario sus expectativas estaban puestas en la ciudad. Fueron precisamente estas aspiraciones las que la conquistaron a Yamileth, y la llevaron a establecer una vida conyugal con él, siguiendo de esta manera con el modelo cultural asignado a las mujeres de la región:
Yo quería tener una relación estable y el día de mañana salir adelante con él. […] En ese tiempo él era una persona que me demostró que era una persona trabajadora, que era una persona de aspiraciones, que quería formar una familia. Como en ese rol que uno se crió allá,
que si quedó en embarazo, irse a vivir con la persona, a conseguir sus cosas, y a ser madre. Lo
que se veía por allá era tener los hijos y el esposo de salir a trabajar y uno quedarse en la casa. Pero así como que esa aspiración de estudiar, de hacer otras cosas, no, eso no está en la formación de las mujeres”.
Es precisamente la conformación de pareja, tener su primer hijo, en últimas buscar la independencia familiar, lo que la enfrenta a una prueba de individuación, un desafío que implica una ruptura con el modelo familiar y cultural de la región, una apuesta en la lógica individual:
“Él me decía que no nos íbamos a quedar ahí en el pueblo, que más adelante íbamos a salir a vivir a la ciudad, que él no quería quedarse tanto tiempo en ese pueblo y que tampoco le gustaría que su hija se criara ahí […] así como esa visión de venir acá a la ciudad nunca la tuve, yo ya después fue que empecé a pensarlo cuando ya tuve los hijos, ya fueron otros
pensamientos diferentes al que yo tenía cuando no tenía hijos […] Es que a uno le cambia la vida
cuando tiene que pensar que tiene que pagar, y como por allá la vida es muy costosa [ hace referencia
al lugar de procedencia], todo hay que comprarlo […] todo es muy caro. En mi caso yo compraba
casi todo, pagaba arriendo, y como él no tenía un trabajo fijo con qué estar bien. En un principio, recién llegado de Buenaventura, él empezó a trabajar con el papá, él es carpintero, él hace lo que es un asiento, una mesa, camas, él elabora todo eso; ahí él empezó, ahí aprendió con el papá a trabajar de ayudante pero son trabajos que no salen así muy frecuentes, son trabajos que salen
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lentamente. Al tiempito de estar allá él empezó a relacionarse con la gente que estaba trabajando en su coca, ya él empezó a tener otros movimientos, ya empezó él a meterse ahí en ese, en ese rol, y entonces yo empecé a cambiar de pensamientos, a pensar en conseguir más cosas y ya”.