M.J. Buendía García, C. Matesanz Ruiz, C. Pindado Rodríguez
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Pero ¿qué están diciendo las autoridades en la actuali- dad? La Organización Mundial de la Salud desaconseja ‘vapear’ por no haber datos sólidos sobre sus efectos secundarios. Aunque no le corresponda a la Unión Eu- ropea decidir dónde se puede o no «fumar» en cada uno de los Estados miembro, sí que debe crear un marco le- gislativo para decidir cómo se comercializan, se venden y se publicitan los «e-cigarrillos». De hecho, los go- biernos de los veintiocho y el Parlamento europeo han alcanzado un acuerdo político al respecto a la concen- tración máxima de nicotina en las recargas, la cual será de 20 miligramos por mililitro y limita la capacidad de las recargas a 2 mililitros. Además, y seguramente en fecha próxima, los fabricantes estarán obligados a informar a las autoridades sobre si sus productos son o no medicinales, con propiedades curativas o preventi- vas. Deberán incluir advertencias sanitarias y tendrán las mismas restricciones publicitarias que los productos del tabaco4. En España el cigarrillo electrónico también
se regulará; el Ministerio de Sanidad ha dado ya el pri- mer paso para que se considere al cigarrillo electrónico como un producto más del tabaco. Aunque por ahora el acuerdo de mínimos alcanzado en el consejo inter- territorial de salud incluye su prohibición en colegios, hospitales, edificios de administraciones públicas, ser- vicios de atención al ciudadano y transporte público, aún no se ha hablado del resto de los espacios públicos cerrados como restaurantes, oficinas, cines o teatros ni de su venta en los establecimientos.
Tras todo lo anteriormente expuesto, aplaudimos la iniciativa de la Sociedad Española de Neumología y
Cirugía Torácica (SEPAR) de respaldar al Gobierno de España en su intención de regular el uso del cigarri- llo electrónico. Para SEPAR, considerar el cigarrillo como un producto sanitario garantizaría su calidad y propiciaría la realización de estudios exhaustivos sobre sus ventajas y desventajas, por ejemplo en cuanto a los efectos a medio y largo plazo de sus ingredientes, y obligaría a que su producción estuviera sometida a intensos controles de calidad5.
bibliografía
1. Tomar SL. Epidemiologic perspectives on smokeless tobacco marketing and population harm. Am J Prev Med. 2007; 33 (6 Suppl): S387-97.
2. Jiménez- Ruiz C, Fagerstrom KO. Tratado de tabaquis- mo. 3ª edición. Madrid: Aula Médica; 2011.
3. Laugesen M. Safety Report on the Ruyan e-cigarette Cartridge and Inhaled Aerosol (2008). Disponible en: http://www.atsdr.cdc.gov/toxprofiles/tp96-c2.pdf at p.108. (consultado 7-12- 2013).
4. European Comision. Health & Consumer Protection Directorate-General. Electronic Cigarettes and the EC legislation. Orientation Note. Brussels 22.05.2008. Disponible en: http://ec.europa.eu/health/ph_determi- nants/life_style/Tobacco/Documents/orientation_0508_ en.pdf. (consultado 10-10- 2013).
5. El cigarrillo electrónico. Declaración oficial de la So- ciedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, SEPAR sobre la eficacia, seguridad y regulación de los cigarrillos electrónicos. Arch Bronconeumol. 2014 (en prensa).
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Prevención del
Tabaquismo
Sr. Director,
La pipa de agua es un instrumento para fumar con dife- rentes denominaciones dependiendo del área geográfica o del tipo de usuario: pipa de agua (water-pipe en la ma- yoría de las publicaciones anglosajonas), cachimba, sisha,
hookah, nargila, argila, shui yan dai, borry, goza, a.k.a, hubble-bubble… Su origen podría remontarse al siglo XVI
cuando un médico indio la ideó con la intención de re- ducir el daño del humo de tabaco. Desde entonces, el consumo de tabaco en pipa de agua ha sido una práctica social y tradicional frecuente en adultos de Asia y África.
El funcionamiento de este artilugio es sencillo: en su parte superior dispone de una cazoleta en la que se introduce tabaco picado, generalmente mezclado con melaza y aromatizantes o saborizantes. La mezcla se cubre con papel de aluminio perforado sobre el que se colocan piezas de carbón incandescente que aportan el humo y el calor necesario para “cocinar” el tabaco. La corriente de aire y humo generados con la inspiración pasan desde la parte superior, a través de una chimenea, hasta un recipiente con agua que “filtra” el humo a modo de “sello de agua”, y de ahí a una manguera que acaba en una boquilla por la que el sujeto aspira. El humo obtenido es más abundante, más fresco y gene- ralmente resulta más agradable que el que se consigue con un cigarrillo o un puro.
En una magnífica encuesta (GYTS: Global Youth To-
bacco Survey) llevada a cabo en más de 2 millones de
chicos y chicas en 95 países de todo el mundo, ya se advertía que, entre los años 1999 y 2008, el consumo de tabaco en formas diferentes a los cigarrillos en jóve- nes de 13 a 15 años alcanzaba el 12% en varones y el 8% en mujeres. En algunos países, como los del Este del Mediterráneo, la forma mayoritaria era mediante pipa de agua, superando en algunos casos al consumo de cigarrillos convencionales. En los últimos años, el uso de la pipa de agua se ha extendido de una forma alarmante entre la población más joven de los Estados Unidos, Canadá y Europa. No disponemos de datos fiables de las ventas y consumo en nuestro país, pero estamos convencidos de que no somos una excepción.
Existe la creencia de que el agua del depósito del cuer- po de la pipa actúa como “filtro protector”. Numerosos estudios demuestran lo contrario. Tanto el análisis to- xicológico del humo como las determinaciones in vivo del sujeto, ponen de manifiesto que el fumador de pipa de agua inhala grandes concentraciones de monóxido de carbono (se suma el procedente del tabaco con el del carbón), alquitrán, hidrocarburos, benzeno (se ha postulado el riesgo aumentado de leucemia), óxido nítrico o aldehídos, entre otros. Además, no debe- mos olvidar el riesgo incontrolado procedente de los aditivos, el papel de aluminio, o del propio sistema, así como el del potencial contagio en las habituales sesiones compartidas.
Debido a que estamos ante una potencial “nueva epi- demia”, no disponemos aún de evidencia científica alta que avale los efectos sobre la salud de esta práctica a largo plazo. No obstante, sabemos que afecta clara-