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La aspiración en filosofía por lo esencial y lo más general es la “verdadera fuente de la metafísica”, dice el filósofo austríaco. Tanto el Wittgenstein de las PI, como el del TLP, “reserva el término „metafísica‟ para la filosofía descarriada (Kenny 1982: 203)”. En el Cuaderno azul dice expresamente: “la característica de una pregunta

metafísica es que expresamos una falta de claridad respecto de la gramática de las palabras bajo la forma de una pregunta científica (BB 65)”. Aunque en el TLP caería en la tentación de buscar la forma general de la proposición, en las PI, desde los primeros parágrafos, destierra toda inclinación metafísica en la pregunta por el significado, sacando del camino la búsqueda por entidades generales o una esencia91.

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Pues ¿por qué ha de ser más interesante para nosotros lo que los números finitos y transfinitos tienen en común que lo que los distingue? O mejor, no debería haber dicho “por qué ha de ser más interesante para nosotros”: no lo es; y esto caracteriza nuestro modo de pensar (Cfr. BB 57).

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A partir de Los cuadernos azul y marrón, y especialmente en las Investigaciones, Wittgenstein renuncia a la delimitación del sentido proposicional basada exclusivamente en criterios descriptivos. Abandona asimismo el proyecto inicial de encontrar una estructura lógica subyacente al lenguaje, por considerar que presupone una concepción esencialista. No obstante, en los escritos posteriores, se preserva el propósito de detectar y denunciar los sinsentidos metafísicos, entendidos ahora como la extensión inválida de conceptos significativos, con el fin de aclarar de esta manera el pensamiento. (Holguín 1997: 32)

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Cuando un filósofo dice “algo metafísico” en realidad está traspasando los límites del sentido (Cfr. Valdés 2007: 25). Al querer fundamentar sus pesquisas en la metafísica, el filósofo está usando los signos de forma ilegítima; por eso dice Wittgenstein:

“hacemos que las palabras se retrotraigan de su uso metafísico a su uso correcto en el lenguaje (PI§116)” (Cfr. BT §88d). Continúa Wittgenstein:

Cuando los filósofos usan una palabra y buscan su significado, hemos de preguntarnos siempre: ¿se usa efectivamente esta palabra de esta manera en el lenguaje que la ha creado//para el que ha sido creada//? En la mayor parte de los casos se encontrará que esto no es así y que la palabra se usa en contra

de//contrariamente a//su gramática normal. (“saber”, “ser”, “cosa”). (BT §91p-q)

Como señala Valdés: “cuando Wittgenstein habla de „metafísica‟ (o de „problemas metafísicos‟) se refiere más bien a aquellos casos en los que determinados términos se

separan de su hábitat natural y se incorporan a pretendidas teorías filosóficas que no resultan ser sino „castillos de naipes‟ (PI §118) (2007: 36)”.

Descubrimos así dos cosas: una, que el filósofo que cree lograr la generalidad, en realidad está en el terreno de la metafísica, lejos del terreno áspero donde el lenguaje se da (su tierra natal, como dice él mismo en el §116 de las PI) y, por tanto, está

trabajando con signos sin uso; y dos, que “el método correcto de la filosofía […]

consiste en poner un freno a la metafísica (Kenny 1982: 203)”92.

Semejante a un policía de tránsito, el filósofo wittgensteiniano debe poder parar el flujo de años y años de filosofía descarriada y reconducirla, poniendo, por ejemplo,

“señales que ayuden a transitar por los caminos peligrosos (BT §90g)”, que de lo

contrario “pueden llevar, sin la correcta señalización, a malentendidos o callejones sin

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Esta actividad filosófica crítica parte de la convicción de que el planteamiento de los problemas filosóficos descansa en la incomprensión de la lógica del lenguaje, razón por la cual muy numerosas expresiones de la metafísica, profundas en apariencia, en realidad se mostrarán como lo que son, sinsentidos, una vez se las vea desde el punto de vista lógico correcto. (Flórez 2004: 14)

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salida (PI §436)”. Este trabajo inicia desde el Cuaderno azul, cuando Wittgenstein advierte los peligros en los que nos pone la cuestión del significado (Cfr. BB 27). Esta tendencia del filósofo a usar mal el lenguaje o, como hemos dicho, a trabajar con signos sin uso, lo pone en dificultades y su suplicio es semejante al de Tántalo (Cfr. BB 77). El filósofo metafísico considera que va tras de algo muy importante, que va tras un descubrimiento primordial, exagera, incluso, los alcances de su intuición (Cfr. BT §89ee), pero su labor es inútil, como el intento de Tántalo de beber de las aguas del Estigia o comer de los frutos de sus árboles93.

Todo el tiempo, queda con la impresión de que el fenómeno se le escapa (Cfr. BT §91f)94. Esto, sencillamente, porque está usando el lenguaje en contra de su gramática, cree seguir la naturaleza de un problema, pero en realidad va solo a lo largo de la forma, por medio de la cual la examina (Cfr. PI §114); dice el filósofo: “en las teorías y disputas de la filosofía encontramos palabras cuyos significados nos son bien conocidos en la vida cotidiana, usadas en un sentido ultrafísico (BT §91o)”.

Wittgenstein ofrece un ejemplo bastante sencillo de seguir en el Cuaderno azul. Allí pone por caso el descubrimiento de unos científicos, por el cual – usando mal el lenguaje –son capaces de sostener que “la madera consta de partículas que llenan el

espacio tan holgadamente que casi se le puede llamar vacío (BB 76)”.

Esto puede dejarnos perplejos inicialmente, pero tal perplejidad es un malentendido,

“puesto que en la imagen del espacio tenuemente lleno, se había aplicado erróneamente (BB 77)”. El error de los científicos no estriba en su descubrimiento,

93 Una forma más vulgar de comparación sería el burro que marcha continuamente tras la zanahoria

que tiene amarrada desde la espalda y que se le pone unos centímetros delante de la boca para que la persiga sin poderla alcanzar, con el objetivo de que trabaje continuamente.

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Es digno de destacar el que en la vida cotidiana jamás tenemos el sentimiento de que el fenómeno se nos escapa, del constante flujo de las apariencias, sino solo cuando filosofamos. Esto apunta a que estamos tratando aquí con un pensamiento que viene sugerido por un uso incorrecto del lenguaje”. En otro apartado: “(El filósofo exagera, grita, por así decirlo, en su impotencia, en tanto que no ha descubierto el núcleo de su confusión) (BT §89ff)”.

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sino en haber utilizado mal la palabra “solidez”, en la medida en que el descubrimiento no implica que “sólido” deje de oponerse a “blando”, pues por más

que se insista en que las partículas de madera ocupan holgadamente el espacio

nosotros seguiremos llamando al suelo “sólido” o, en caso de que no lo sea, “puede

deberse a que la madera esté carcomida, pero no a que esté compuesta de electrones (BB 76)”. Así como aquí se ha usado mal “sólido”, en metafísica, se usan los signos,

por fuera de su uso, en una especie de jerga que no tiene ninguna fricción con el lenguaje de la comunidad (Cfr. PI §130).

De acuerdo con lo anterior, queda claro que Wittgenstein no concibe la filosofía ni como un cuerpo doctrinal, heredero de los problemas que se plantearon desde la Grecia antigua, ni como una ciencia natural. La filosofía es categorialmente diferente de la ciencia, no comparte con ella el estudio de objetos empíricos y tampoco es compatible con su metodología, que desemboca en la teoría y la explicación95. Por último, es claro que el afuera de la filosofía tampoco es la metafísica, pues allí falta la fricción con el uso correcto y ordinario del lenguaje (Cfr. BB 77).

95En el YB dice Wittgenstein: “Los problemas filosóficos no se resuelven por la experiencia, porque

aquello de lo que hablamos en la filosofía no son hechos sino cosas por las que los hechos son útiles” (YB §1).

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Tantalus (1630)

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