REVIEW EXERCISES
GENERATION OF CURRENT AND VOLTAGE BY AN AC SYSTEM
Si queremos entender el uso de la palabra “significado”, en el §560 de las PI Wittgenstein sugiere que averigüemos primero lo que se llama “explicación del significado”39. Este ejercicio, de hecho, lo realiza él mismo en el Cuaderno azul:
¿Qué es el significado de una palabra?
Ataquemos éste problema preguntando, en primer lugar, qué es una explicación del significado de una palabra; ¿a qué se parece la explicación de una palabra?
La forma en que esta pregunta nos ayuda es análoga a la forma que la pregunta
“¿cómo medimos una longitud?” nos ayuda a comprender el problema de “¿qué es
longitud?”. (BB 27)
término “gramática” para denotar las reglas constitutivas del lenguaje y la investigación filosófica de esas reglas (Cfr. Glock 1996: 150).
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“„El significado de una palabra es lo que la explicación del significado explica‟. Es decir: si quieres entender el uso de la palabra „significado‟, averigua lo que se llama „explicación del significado‟” (PI §560).
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Antes de llegar al asunto que le ocupa, a saber, qué es “la explicación del significado”, Wittgenstein ha realizado un tránsito entre la pregunta: ¿qué es el
significado de una palabra? Y ¿qué es la explicación del significado de una palabra?
Este tránsito se realiza para “hacer caer por tierra” (Cfr. BB 27) con la segunda
pregunta a la primera (“¿qué es el significado de una palabra?”), la cual se nos da
como supuesto temático al iniciar la lectura del Cuaderno azul.
En medio de una pregunta y otra está la preocupación de Wittgenstein por superar las
preguntas que “producen en nosotros un espasmo mental” (Cfr. BB 27), de ahí que
utilice la expresión “ataquemos este problema…” (Cfr. BB 27). El tipo de preguntas
como “¿qué es longitud?” o “¿qué es el significado?”, producen en nosotros un espasmo mental porque “sentimos que no podemos señalar a nada para contestarlas y,
sin embargo, tenemos que señalar (BB 27)”. La denuncia que hace Wittgenstein aquí es concreta: nos encontramos ante una de las grandes fuentes de confusión filosófica,
en la que “un sustantivo nos hace buscar una cosa que le corresponda” (Cfr. BB 27), similar al §1 de las PI, donde la determinada figura de la esencia del lenguaje humano
obtenida de la cita de Agustín nos indica: “las palabras nombran objetos […];
[significado] es el objeto por el que está la palabra (PI §1c)”.
El rechazo de Wittgenstein hacia “la pregunta “qué es… [el significado] 40” [se da,
porque esta pregunta] no se refiere a un caso particular – práctico –, sino que la planteamos desde nuestros escritorios (BT §89e)”41 y ello puede conducirnos con
facilidad a aberraciones inespaciales e intemporales (Cfr. PI §108). “Nuestro examen
es por ello de índole gramatical. Y éste arroja luz sobre nuestro problema quitando de en medio malentendidos (PI §90b)”. En concreto, el malentendido ante el cual nos
40 Para nuestro caso
41 La imagen de plantear una pregunta desde “nuestros escritorios” hace alusión al desprecio del
filósofo austríaco hacia las posturas filosóficas que se alejan del lenguaje de “todos los días”: “retrotraemos las palabras de su empleo metafísico…”. Justamente, los juegos de lenguaje, como se ha visto, lo aproximan a este lenguaje y le ayudan a ganar una visión sinóptica del mismo: “For the later Wittgenstein, all that is needed in order to learn the meaning of a word is to observe how this word is used by those who have mastered the section of the language (the language-game) in which the word features (Tejedor 2011: 130)”.
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encontrábamos con la pregunta “¿qué es el significado?” consiste en buscar un objeto
que le corresponda a la palabra “significado”. De modo que la pregunta “¿qué es el significado?” se deja caer por tierra en la pregunta “¿qué es una explicación de significado?”, la cual tiene como correlato la pregunta “¿cómo damos una explicación de significado?”. La función que esto tiene consiste en enseñarnos algo sobre la
gramática de “significado”, así como la pregunta “¿cómo medimos una longitud?”
tiene la función de enseñarnos algo sobre “qué es longitud (BB 27)”.
Wittgenstein divide “muy toscamente”, como él mismo dice, lo que se llama
“explicaciones del significado de una palabra” en dos clases de definiciones: las
verbales y las ostensivas42. Las definiciones verbales no son de su agrado, porque llevan de una expresión verbal a otra y en cierto sentido no hacen progresar (Cfr. BB 27); un ejemplo de ello, consiste en imaginar el siguiente caso: alguien, completamente aislado de las personas, se encuentra encerrado en un cuarto desde su nacimiento en cadena perpetua. En dicho cuarto solo ha tenido a la mano un
diccionario lleno de definiciones verbales de la „a‟ a la „z‟, pero sin ningún tipo de
gráfica, como las de los diccionarios enciclopédicos. Sería muy difícil, para éste hombre, comprender cómo funciona el lenguaje si el diccionario lo remite de unas palabras a otras, pues “¿qué ganaríamos con una definición, ya que solamente puede
llevarnos a otros términos indefinidos? (BB 54)”.
En cambio, en las definiciones ostensivas “parecemos realizar un progreso mucho
más real hacia el aprendizaje del significado (BB 28)”. Esta relación entre la enseñanza ostensiva y el aprendizaje del significado nos conduce de nuevo al §1 de las PI y a la imagen del lenguaje que nos ofrece la cita de Agustín. Quiero decir: esta relación nos remite principalmente a dos casos de juego de lenguaje que se dan a partir del §1 de las PI: uno, es el que se sigue de la imagen agustiniana, donde quien describe el aprendizaje del lenguaje está pensando primariamente en sustantivos
42Se trata de una división aproximada y provisional, por eso utiliza el adjetivo “tosco” para calificar
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como „mesa‟, „silla‟, „pan‟ y en nombres de personas (Cfr. §1c) y que da pie a imaginar un juego de lenguaje para el que vale esta descripción, que es el de los constructores A y B, en el §2. El otro juego de lenguaje es el que ha sido denominado
“cinco manzanas rojas” (Cfr. PI §1d) y que “en contraste con la imagen agustiniana,
no se trata solamente de hacer referencia a las cosas mediante las palabras sino verlas funcionando (Flórez 2001: 115)”, verlas, por decirlo así, vivas. En este sentido, nos encontramos, en un caso, ante la estrategia de seguir lo que sugiere la imagen (PI §2b), y en el otro, ante la estrategia de poner un ejemplo para el que posiblemente no pueda funcionar en su totalidad la imagen agustiniana del §1a-c, como se verá.
El juego de lenguaje “cinco manzanas rojas” reza así:
Envío a alguien a comprar. Le doy una hoja que tiene los signos: “cinco manzanas rojas”. Lleva la hoja al tendero, y éste abre el cajón que tiene el signo “manzanas”; luego busca en la tabla la palabra “rojo” y frente a ella encuentra una muestra de color; después dice la serie de los números cardinales – asumo que la sabe de memoria –hasta la palabra “cinco” y por cada numeral toma del cajón una manzana
que tiene el color de la muestra. –– Así y similarmente, se opera con palabras. –– “¿Pero cómo sabe dónde y cómo debe consultar la palabra „rojo‟ y qué tiene que hacer con la palabra „cinco‟? […]. –– No se habla aquí en absoluto de tal cosa; solo
de cómo se usa la palabra “cinco”. (PI §1d)
“Nos encontramos con la dificultad de que para muchas palabras de nuestro lenguaje parece no haber definiciones ostensivas (BB 28)”; para el juego de lenguaje anterior,
la palabra “cinco”, por ejemplo. Nos ha salido al paso la dificultad de que en la operación con los signos “cinco manzanas rojas”, uno de los signos no tiene un objeto al cual pegarse, como podría creerse en principio con los otros signos; a cambio, se le
ha dado un uso: se ha usado la palabra “cinco” en un contexto determinado43. Y este
hecho no es gratuito,
43 […]in BB and PG 59-60, 68, W. suggests the following justification for the identification: The
meaning of a word is whatever we learn or explain the word‟s meaning; but what we then learn or explain is not an object, say, but the word‟s use in lenguaje. (Hallet 1977: 122)
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…si bien puede subsistir aún la tentación de que la palabra manzana se refiere a las manzanas y de que la palabra rojo se refiere al color rojo, y que, por tanto, los objetos siguen siendo el significado de las palabras, esta tentación es solo una ilusión derivada de nuestra familiaridad con la imagen agustiniana y se disipa tan pronto como preguntamos por el significado de la palabra cinco, para la cual aquí no parece haber ningún objeto correspondiente. (Flórez 2001: 115)
Si asumimos que “rojo” y “manzanas” funcionan de acuerdo con la imagen agustiniana, asumimos también que la enseñanza ostensiva funciona para una gran
cantidad de casos, aunque no para todos y que esta explicación de la “explicación del significado” ha tenido, en parte, éxito; aunque ahora tengamos dos opciones:
ocuparnos de las palabras para las que no funciona esta explicación, o simplemente
dejemos el resto de palabras “como algo que ya se acomodará” (Cfr. PI §1c).
“–– Resultará frecuentemente provechoso decirnos mientras filosofamos: nombrar algo es similar a fijar un rótulo en una cosa (PI §15)”, nos dice Wittgenstein. En esta línea, parece que pegar el nombre a la cosa resulta útil, porque da la impresión de que si el signo se fija como un rótulo en un objeto no puede ser malinterpretado (Cfr. Baker y Hacker 2005: 103) y que su vitalidad parece así depender de la existencia del
objeto. En palabras de Wittgenstein: “el error que estamos expuestos a cometer [es
que] estamos buscando el uso de un signo, pero lo buscamos como si fuese un objeto que coexistiese con el signo (BB 31)”. En este sentido, cuando Wittgenstein pregunta:
“¿no puede ser malinterpretada la definición ostensiva? (BB 28)”, podemos acudir a un caso de enseñanza ostensiva en las PI para buscar disolver el asunto junto con él:
La definición del número dos „esto se llama dos‟ – mientras se señalan dos nueces – es perfectamente exacta. –– ¿Pero cómo se puede definir así el dos? Aquel a quien se
le da la definición no sabe qué se quiere nombrar con „dos‟; ¡supondrá que nombras ese grupo de nueces! –– Puede suponer eso; pero quizá no lo suponga. A la inversa, cuando quiero asignar un nombre a ese grupo de nueces, él podría también malentenderlo como un numeral. (PI §28)
En este caso, malinterpretar, no quiere decir que todo caso de malinterpretación se trate de una interpretación incorrecta, sino que también se interprete de múltiples
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maneras. Ni tampoco quiere decir que la enseñanza ostensiva no funcione, sino que
“la idea de que la definición ostensiva sienta las bases del lenguaje debe ser dejada de lado44 (Baker y Hacker 2005: 101)”. Recurrir a números es útil para Wittgenstein, porque los números no tienen el aura de los nombres propios (Cfr. Baker y Hacker 2005: 100), es decir, los números no parecen reclamar un objeto al cual pegarse, como las palabras: “manzanas” y “rojas” del §1, de las cuales es necesario desvanecer
el hechizo que comparten con los nombres propios, cuando suponemos que su quid está en pegarse a un objeto.
Ampliando el proceder que se ha dado con la palabra “cinco”, se verá que a la palabra
“rojas” también se le ha dado un determinado uso, pues el tendero ha utilizado una muestra de color. Que el tendero utilice una muestra de color radica en que “en este
caso no se está tentado a pensar que antes de obedecer se tiene que haber imaginado
una mancha roja que sirva como pauta (BB 29)”; de modo que puede aceptarse que esta palabra significa el color rojo, “pero no en sí, lo que no sabríamos qué es (PI
§58b), sino mediante el recurso de una muestra (PI §57) (Flórez 2001: 123)”.
Ahora bien, la palabra “manzanas” es la que más raíces echa sobre la idea: “es el objeto por el que está la palabra (PI §1c)”, y esta idea se refuerza con el hecho de que “el gesto ostensivo que apunta a las manzanas, a la vez que pronuncia su nombre,
parece estar más allá de toda duda (Flórez 2001: 123)”, sobretodo, porque esto
también parece que no deja cabida a una malinterpretación (Baker y Hacker 2005: 103)45. Sin embargo, Wittgenstein dice, a continuación del ejemplo de las nueces y la explicación de la palabra “dos” en el §28:
44 W. begins his elucidation of ostensive definition. The idea (i) that ostensive definition lays the
foundations of language must be swept aside.
45 The categorial specification might seem logically necessary and sufficient for preventing
misinterpretation of ostensive definition. The fact that every ostensive definition not adorned by a category specification can be misinterpreted (§28) seems to show that it must be supplemented to be complete, while the presence of such supplementation apparently rules out the possibility of misinterpretation.
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