REVIEW EXERCISES
COMBINING AC VOLTAGES
Hemos visto que el TLP es una crítica del lenguaje (Cfr. Suárez 1989: 30), que consiste en llevarnos a ver los límites del lenguaje a partir de la comprensión más general hacia la cual nos lleva el análisis lógico, esto es, la forma general de la proposición. Pero, ¿qué pasa en el momento en el que Wittgenstein deja de concebir la forma general de la proposición como la respuesta a todos los problemas que nos pone nuestra falta de claridad sobre el lenguaje?, ¿deja por ello de ser la filosofía crítica lingüística? Mi posición es que no. Sin embargo, el hecho de que Wittgenstein no haya vuelto a mencionar que la filosofía es crítica lingüística en su nueva concepción del lenguaje implica que debemos tratar el asunto con mucho cuidado.
102 Precisely because the logical syntax of language was supposed to reflect the essence of the world,
and because logical investigation of language was supposed to be the means for attaining insight into the ultimate nature of all things, the Tractatusinitiated what later became known as „the linguistic turn‟ of twentieth century analytic philosophy. This was manifest in the claim „All philosophy is a critique of language‟ (TLP 4.0031). The aim of the Tractatus was to set the limits of thought. (Hacker 2005: 272)
103
Alejandro Tomasini de cara a esta paradoja señala que el sentido de ésta no es usar las proposiciones del libro y luego desecharlas (como muchos comentaristas lo proponen), sino que “Wittgenstein se ve a sí mismo como ofreciendo un diagnóstico preciso de por qué los problemas filosóficos son espurios, meros pseudo-problemas y por consiguiente por qué las discusiones filosóficas son debates sin sentido (2011: 139)”.
81
En el capítulo anterior aclaramos que la nueva concepción del lenguaje consiste ya no en establecer un orden definitivo, ni en predeterminar un lenguaje perfecto (Cfr. PI §132), sino en observar el lenguaje de cada día, el cual, como Wittgenstein sostiene en sus conversaciones con Schilk en el 29, está cargado de confusiones.
Ahora creo que, esencialmente, no poseemos más que un solo lenguaje, que es el lenguaje corriente. No es preciso inventar un nuevo idioma o construir uno simbólico, puesto que el lenguaje corriente es ya el lenguaje, a reserva de liberarlo de las confusiones que lleva adheridas (Waismann 1973: 40, citado en Cabanchick 2010: 49)
Para observar el lenguaje de cada día y ayudarnos a disolver algunos de los líos en que este nos pone, sobre todo a la hora de querer hacer filosofía, como sucede con la
palabra “significado”, Wittgenstein se sirve de las expresiones “juegos de lenguaje”, “parecidos de familia” y “formas de vida”, primero, para clarificar que en nuestro
lenguaje ya hay una serie de confusiones, como la de la imagen agustiniana del lenguaje; y segundo, para deshacerse de la idea de que hay algo como una esencia de todas las proposiciones del lenguaje, que en el caso del TLP era la forma general de la proposición.
Cuando cambia la noción del lenguaje y los presupuestos acerca de su significatividad, cambia también el sentido en que pudiera entenderse la filosofía
como crítica lingüística. Por un lado, teníamos que “el espíritu del Tractatus era trazar los límites del pensamiento (Hacker 1996: 272)”, bajo el presupuesto de que la sintaxis lógica del lenguaje es el reflejo de la esencia del mundo (Cfr. Hacker 1996: 272). Por otro, tenemos que el espíritu de las PI es observar los fenómenos lingüísticos y no forzarlos a corresponder con teoría alguna (Cfr. PI §109); esto lo hace en la investigación filosófica de casos, tanto hipotéticos, como el de “la tribu de constructores” (Cfr. PI §2), como situaciones donde el lector o el auditorio del filósofo se puede identificar fácilmente, como el hecho de esperar a alguien que pone
82
como ejemplo en el Cuaderno azul (Cfr. BB 48)104. Las PI son como un álbum (Cfr. PI prólogo) donde Wittgenstein aplica diferentes métodos (Cfr. PI §133)105, con el fin de esclarecer los diferentes malentendidos que nos pone el lenguaje (Cfr. McGinn 1997: 7)106.
La crítica en el TLP se refiere, como veíamos, directamente a trazar los límites del lenguaje y con él los límites del pensamiento. ¿Qué podemos decir en las PI cuando se trata de un álbum de investigaciones donde se examinan casos y se resuelven malentendidos lingüísticos? Existe un sentido en el que podemos afirmar que en las
PI hay algo como una crítica lingüística. Dice Wittgenstein: “la meta de la filosofía es
levantar un muro allí donde en cualquier caso termina el lenguaje (BT §90l)”.
Sin embargo esta meta de la filosofía no se inscribe en el proyecto de señalar una esencia que corresponda a todas las proposiciones y desde ella trazar unos límites. Por el contrario, tiene que ver con resolver malentendidos concretos, en tal caso, consiste ciertamente en establecer unos límites, solo que no en un sentido general y
definitivo, sino “allí donde en cualquier caso termina el lenguaje”. Esta sería la nueva
forma de concebir la crítica lingüística.
Los límites que buscamos ya no son producto de un esfuerzo omniabarcante de encontrar la esencia del lenguaje para trazar sus límites en su totalidad, sino para mostrar los límites en cada caso, sobre todo, en los momentos en que el filósofo se da
cuenta de que “los resultados de la filosofía son el descubrimiento de algún que otro
simple sinsentido (Unsinns) y de los chichones que el entendimiento se ha hecho al
104 ¿De qué género es nuestra investigación? ¿Investigo la probabilidad de los casos de los que doy
ejemplos? ¿O su facticidad? No, solo aduzco lo que es posible y doy, por lo tanto, ejemplos gramaticales. (PO §90n)
105 Desde los mismos BB aparece esto. Solo ponemos el ejemplo de las PI para contar con un contraste
directo ante el TLP.
106 Aunque generalizar de este modo todos los aforismos que hay en las PI es un error, porque, por
ejemplo, los que corresponden a la sección que Baker y Hacer denominan “Philosophy” (Cfr. 2005: 191), que son aforismos cuyo carácter es imperativo, más que investigación de casos de gramática, nos sirve para evidenciar la diferencia entre el TLP y las PI.
83
chocar con los límites del lenguaje (PI §119)” (Cfr. BT §90m). El ejercicio de trazar límites implica no forzar al lenguaje a funcionar de acuerdo con unos que le instituya el filósofo, sino con unos que están patentes, de los que no se ha percatado, que le producen chichones al chocar contra ellos y que son susceptibles de ser descritos gramaticalmente107.
Ahora bien, al tiempo de que Wittgenstein muestra este sentido de encontrar los límites, descarta aquellas empresas filosóficas que no solo nunca hallan respuesta a sus preguntas, sino que van ahondando en ellas ad infinitum. Incluso, lo que para
muchos sería una gran respuesta filosófica, como “la nada nadea” (o frases del
género), para Wittgenstein sería solo una agudeza gramatical, que no tienen valor
alguno. Ante frases del tipo “pienso luego existo”, “todo lo real es racional y todo lo racional es real” o “La realidad tiene que quedar fijada por la proposición en orden al sí o al no (TLP 4.023)”, Wittgenstein “podría preguntar: ¿por qué siento que una
agudeza gramatical es, en cierto sentido, algo profundo? (y esto es, naturalmente, la profundidad filosófica) (BT §88g)”.
Este es el aspecto que tendría la filosofía como crítica lingüística en lo que respecta la concepción del lenguaje del Wittgenstein de las PI. Sin embargo, a pesar de que se puedan señalar estos aspectos, como mencionaba al inicio, queda la inquietud de si Wittgenstein hubiera aceptado que su filosofía fuese una crítica en todo el sentido que la palabra indica en una tradición filosófica; en todo caso, el punto es que antes de apresurar una generalización al respecto, considero que era necesario señalar que el Wittgenstein de las PI no volvió a señalar que su filosofía fuera crítica y que, de querer señalarlo, como intérprete, es necesario hacer matices.
107It is more likely that by „the transition to the question of sense‟ he meant the description of the
grammar of our language for the purpose of dissolving philosophical problems, and the rejection of aspirations to investigative truths about the essence of the world by investigations into a hidden depth grammar(as envisaged in the Tractatus). Be that as it may, it is evident from Moore‟s notes that what Wittgenstein said in his classes about the new method refers to such grammatical descriptions (M 113f). (Hacker 1996: 275)
84
4. Recapitulación
A lo largo de este capítulo se mostró la manera en que una filosofía que trabaja con signos muertos queda desterrada de la ciudad. Esto incluye proyectos filosóficos tradicionales, como el de llevar la filosofía por el camino seguro de la ciencia, y la misma metafísica, que justamente convierte en filósofos a quienes la ejercen al quedar por fuera de toda comunidad de pensamiento (Cfr. Z §455).
Ahora, una vez que sabemos, a partir del mismo Wittgenstein qué filosofía queda en el exilio de la ciudad y qué se envió a la quema, evocando la imagen del hombre que destruyó la biblioteca de Alejandría (Cfr. MS 183, 63)108, en el siguiente capítulo expongo la filosofía que, por permanecer al nivel del lenguaje cotidiano, pertenece a la comunidad del lenguaje y complementa este carácter destructivo.
108O evocando también el aforimsmo de CV: “Se me ocurrió hoy al reflexionar sobre mi trabajo en
filosofía y decirme: „I destroy, I destroy, I destroy‟ (CV §109)”. En palabras de Hacker: “Wittgenstein self consciusly engendered a revolution in philosophy. On the one hand, he considered himself to be the destroyer of the great tradition of Western philosophy, to be remembered perhaps only like the man who destroyed the library at Alexandria (MS 183, 63) (2005: 196)”.
85
III. El retorno
Mi mirar es nítido como un girasol. Tengo la costumbre de andar por los caminos mirando para la derecha y para la izquierda,
y de vez en cuando mirando para atrás…
y lo que veo a cada instante
es aquello que nunca había visto […]
(pensar es estar enfermo de los ojos).
Alberto Caeiro
El propósito de este capítulo es mostrar cuándo hay filosofía en sentido terapéutico109 y ver qué aspecto tiene una filosofía tal. Si por un lado tenemos una fuerte propensión a usar mal los signos y los problemas filosóficos aparecen, por otro, es posible disolverlos a través de diferentes métodos (Cfr. PI §133d), mediante los cuales se esclarece el lenguaje y vemos sinópticamente qué es lo que no trabaja en nuestras formas de expresión. Gracias a esto, los supuestos problemas filosóficos desaparecen y podemos llevar la filosofía al descanso (Cfr. PI §133b). Sin embargo, esto último no significa el fin de la filosofía, sino, más bien, significa su retorno a la ciudad.
109
Este carácter terapéutico de la filosofía se puede entender en dos sentidos. Uno, el que respecta a toda la visión de filosofía que se ofrece en este trabajo de grado, a saber, el que refiere al aspecto público, en la medida en que todos al compartir un lenguaje y estar expuestos a usar mal los signos, necesitamos de diferentes métodos para librarnos tales enredos. El otro sentido, es más bien íntimo: aquel que incumbía a Wittgenstein en lo personal y que estaba relacionado con su búsqueda de hallar la paz para sus propias intranquilidades (Cfr. CV §252). Esta distinción, que se da al final del capítulo, cumple con la doble función de cerrar la tesis y de esclarecer el malentendido que ha llevado a muchos críticos a solapar las anotaciones que Wittgenstein no quería publicar con aquellas cuya publicación él mismo preparó para las PI.
86
1.
Aclarar el camino
En el capítulo anterior veíamos que Wittgenstein rechaza la idea de que la filosofía sea un dogma; para él es una actividad (Cfr. TLP 4.112). A la hora de averiguar qué
tipo de actividad es la filosofía el papel del verbo “esclarecer” (erläutern: Cfr. TLP
6.54) es de gran importancia. Wittgenstein utiliza las palabras “claridad” (Klarheit: Cfr. PI §133a), “clarificación” (Klärung: Cfr. TLP 4.112; BT §90), “perspicuidad”
(Deutlichkeit: Cfr. BT §89m)110, “elucidación” (Aufklärung), para señalar con ellas la
meta de la filosofía: “la clarificación lógica de los pensamientos (TLP 4.112)” o,
como dice en el BT: “la clarificación del uso del lenguaje (BT §90)”. En esta sección se defiende que la filosofía es una actividad principalmente esclarecedora111.
Sin embargo, el sentido en que es una actividad esclarecedora no es el mismo siempre, ni se mantiene homogéneo. En le TLP, la filosofía como ejercicio de
clarificación consiste en “dar a entender lo que no puede decirse al presentar de forma clara lo que puede decirse (Valdés 2002: 67)”112. Esto está vinculado a la teoría
lógica del lenguaje en el TLP, donde Wittgenstein se ocupa “única y exclusivamente
de la función lógica del simbolismo en general y en particular de la función lógica del lenguaje (Tomasini 2011: 39)”. Desde los BB y en especial en las PI, se concibe esta actividad a partir de la necesidad de esclarecer el uso que hacemos del lenguaje, pues
110
O “Visión sinóptica” (übersehen: Cfr. PI §122).
111
En lo que respecta a la filosofía como actividad esclarecedora es necesario decir que este capítulo y, en general, lo que ha venido siendo este trabajo, se ocupa solo en lo que respecta a lo que entiende Wittgenstein por claridad. Esto, porque como señala Glock en su libro “¿Qués es la filosofía analítica? (2008)”, se tiende a pensar que toda la filosofía analítica se ocupa de la claridad en un sentido homogéneo, en oposición, valga decirlo, a la filosofía continental, que se tiene por obscura (Cfr. 2012: 211). Esto quiere decir que, a pesar de que Pirce afirmara que la “clarificación es el objeto fundamental de la filosofía (1945: 16-17, obra citada en Glock 2012: 211)”, el sentido en el que se ocupe de la clarificación se mantenga igual o, como bien señala Glock, que lo que se ha denominado como “filosofía continental” no puedan – por prejuicio –ser claros o, sobretodo, que la llamada “filosofía analítica” sea, de hecho, siempre clara (Cfr. 2012: 217).
112
El sino del TLP es que justamente “las proposiciones usadas para hacer clarificaciones filosóficas son también sinsentidos que, una vez han cumplido con su misión, pueden desecharse como se hace con la escalera de la que nos hemos servido para alcanzar un lugar elevado (Valdés 2002: 78)” (Cfr. TLP 6.54).
87
“a nuestra gramática le falta visión sinóptica (PI §122ª)” (Cfr. BT §89m) y de esta carencia se desprenden los problemas filosóficos; incluyendo los descarríos metafísicos.
Aunque, en efecto, la expresión del TLP: “La mayor parte de los interrogantes y
proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüística (Cfr. 4.003)”, pueda seguir usándose como una misma intuición que se mantuvo a lo largo de toda la carrera de Wittgenstein, el matiz que acabamos de señalar del sentido en que una y otra son actividades clarificadoras echa luces sobre qué es la clarificación en su nuevo modo de pensar respecto del viejo113.
El problema de la falta de claridad no es menor en ningún sentido. Si hacemos una clasificación de los problemas, diremos que existen los que estriban en falta de información, o que nuestro conocimiento acerca de un asunto sea incompleto. Pero, por otro lado, existen los que se dan por falta de claridad sobre el lenguaje y para los cuales no está equipada, por ejemplo, la ciencia. Wittgenstein ve en ello una vivencia diferente y, en tal vivencia, encuentra los problemas que incumben a la filosofía114. Para decirlo en sus propias palabras:
(Nos ocupan preguntas de diversos géneros, por ejemplo „¿cuál es el peso específico de este cuerpo?‟, „¿Hará hoy buen día?‟, „¿Quién entrará por la puerta a continuación?‟, etc. Pero entre nuestras preguntas encontramos algunas de género
especial. Tenemos aquí una vivencia diferente. Las preguntas parecen ser más fundamentales que las otras. Y ahora digo: si tenemos esta vivencia, entonces hemos alcanzado los límites del lenguaje). (BT §88a)
113
Nuevamente, estoy tomando distancia de ciertas concepciones que María Cerezo ha denominado como “terapéuticas” (Cfr. 2005: 3), pensando en autores como Cavel, Diamond, Conant y, yo añadiría a la lista, autores como Arregui, López y Cabanchik, quienes en sus interpretaciones – según desarrollos continentales – abrazan la idea de un Wittgenstein que mantuvo totalmente homogénea su idea de filosofía desde el TLP hasta OC.
114
El punto de partida de cualquier investigación filosófica, cree Wittgenstein, es un estado de confusión, no un estado de ignorancia. (Cardona 2004: 175)
88
Lo que entendemos por problemas filosóficos, explica Wittgenstein, no son más que malentendidos gramaticales que surgen cuando el lenguaje hace fiesta (Cfr. PI §38), es decir, aquellos que aparecen cuando en el uso que hacemos del lenguaje
transgredimos los límites del sentido; en otras palabras: “podría decirse que la misma
palabra „problema‟ se aplica mal cuando se usa para nuestras dificultades filosóficas (BB 77)”, porque no hay como tal problemas en filosofía en el mismo sentido que los hay en la ciencia115. El error estriba en considerar que los problemas que se dan por falta de claridad son del mismo tipo que en los que se carece de información o los que buscan una respuesta. La experiencia de la falta de claridad genera una suerte de malestar que requiere terapia, y esta se halla en la clarificación de nuestras formas de expresión.
De alguna forma todos los hombres caen en estos malentendidos lingüísticos, pero, por ser la filosofía la actividad que se ocupa de ello, es imprescindible que el filósofo se cuide de no caer en ellos y ayude a disolver los que ya están. De ahí el aforismo:
“[l]os hombres que no tienen ninguna necesidad de claridad en su argumentación,
están perdidos para la filosofía (BT §89mm)”.
Anthony Kenny cuenta la anécdota donde, en una ocasión, Gilbert Ryle le formuló una vigorosa pregunta a Wittgenstein en los siguientes términos: “¿De qué sirve la
filosofía si es solo útil en contra de los filósofos? (1990: 85)”. No sabemos qué habrá contestado Wittgenstein en el momento, pero el mismo Kenny trae a cuento la respuesta que da el filósofo en uno de sus manuscritos inéditos: “La filosofía es una
herramienta útil solo en contra de los filósofos y en contra de los filósofos dentro de nosotros mismos (MS 219, 11 citado en Kenny 85)”. La respuesta de Wittgenstein
115 Esto no quiere decir que Wittgenstein haya abandonado por completo la forma de expresión
“problema filosófico”, sino que en cualquier caso debe entenderse por esta expresión “malentendido lingüístico” y no, por ejemplo, problemas de tipo empírico o metafísico. “The problems of philosphy are mischaracterized as pseudo-problems (indeed, it was in the Tractatus, not the Investigations, that Wittgenstein used this derogatory phrase which Carnap subsequently made famous). They are perfectly genuine problems (puzzling questions, matters for inquiry, difficulties) – only theoretical ones. They are problems that need to be dissolved; or given a „grammatical‟ answer (Hacker 2000: 300)”.
89
indica que de alguna forma cada uno de nosotros está atrapado en errores filosóficos116, de modo que cada uno de nosotros está sujeto a padecer de algún tipo de enredo y necesitar, al tiempo, una terapia adecuada.
De hecho, en el BT resalta que no solo el filósofo tiene confusiones en el uso del
lenguaje, sino también el hombre común; dice: “[l]os hombres están profundamente
incrustados en confusiones filosóficas, esto es: gramaticales. Y liberarlos de ellas presupone sacarlos de la inmensa multitud de conexiones en las que están atrapados”