7. CONVINCING THE DEALER
7.3 Analysis of the Case based on Framework
No estuve aquí abajo a las 7:24 am. Eso sólo deja a Eldest. Ahora debo encontrar dónde está.
Es algo lo suficientemente simple de hacer. Anulo el acceso con mi escáner de pulgar y cargo las locaciones de los receptores del wi-com.
Agrando la pantalla. Allí está Doc, en su oficina. Bartie y Victria están en la sala común de la Ward, juntos. Harley va bajando el camino hacia los campos; por su velocidad, supongo que está corriendo. Me pregunto por qué. Amy no está en la pantalla, ya que no tiene wi-com.
—Encuentra a Eldest —ordeno. Uno de los puntos empieza a parpadear azul.
Está aquí. En este nivel. Paso los pasillos de congelados, detrás de la puerta en la pared m{s alejada. El “otro” laboratorio de Doc.
La puerta está cerrada, y no estoy seguro si Eldest me dejaría entrar si golpeo. Orión me había dicho que las reglas no se aplican a Eldest, que él no sigue las reglas. ¿Entonces por qué lo haría yo?
Un olor a desinfectante estéril me saluda mientras entro en la habitación estrecha. Filas y filas de tubos de refrigeración se alinean a un lado de la pared.
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Dentro de los tubos transparentes, veo más líquido crío con burbujas de algo pegajoso y masas sólidas flotando en el interior. Sin embargo, sé que debería estar buscando a Eldest, pero no puedo evitar ver de cerca el material gelatinoso. La cosa sólida en el interior de cada una de las burbujas parecen frijoles curvados y malformados.
—Son embriones.
Eldest me ha encontrado. Pero no está mirándome con el ceño fruncido. En realidad parece un poco complacido de verme. En todo caso, eso me pone más nervioso.
—Cuando aterricemos, los veremos nacer artificialmente.
—¿Embriones de qué? —pregunto. Deslizo el disquete en mi bolsillo. No hay razón para que Eldest sepa que estaba buscándolo, no cuando él me encontró primero.
—Animales. Estás mirando el tubo de un gato. Pumas, creo, quizás linces. Tendría que buscarlo.
Me esfuerzo por recordar qué es un puma. Creo que es algo como un león, pero las fotos que he visto en los disquetes en el Salón de Grabación pasan todas juntas.
—¿Para qué están aquí?
—Para cuando aterricemos. No sabemos qué animales de Sol-Tierra necesitaremos. Puede haber animales en el planeta que son perjudiciales, y necesitaremos depredadores para eliminarlos. Introduciremos uno de Sol-Tierra. O puede haber animales que son buenos, pero necesitamos nuevas características para hacerlo útiles para nosotros. Intentaremos hacer híbridos o empalmes genéticos.
No estoy interesado en leones-gatos grandes. Quiero saber por qué Eldest fue el último en la cámara de crío, sólo antes de que otra persona congelada se ahogara.
Antes de que pueda hablar, Eldest pasa a mi lado a una mesa al otro lado de la habitación. Allí sólo hay un tubo de vidrio a un lado, medio vacío. Los embriones flotan en el líquido crío como burbujas en gel, repartidas por el tubo. Me inclino más cerca para ver uno, examinando el pequeño feto con forma de frijol en el interior del saco amniótico. Cuando levanto la mirada, veo a Eldest observándome intensamente, un ceño de preocupación arrugando su entrecejo. Su mirada no renuncia cuando nuestros ojos se encuentran.
—¿A qué has venido aquí? —pregunta finalmente—. No creí que incluso supieras sobre este laboratorio. ¿Te lo dijo Doc?
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—Eso no importa. Debería haberte traído aquí antes. Solo tendrás esta Temporada para prepararte, luego tendrás que enseñarle al Elder después de ti qué hacer.
—¿Qué hacer? —pregunto.
Eldest recoge una gran jeringa de la mesa al lado del tubo de refrigeración. La parte de metal actual de la jeringa es de casi 30 cm de larga, y al menos hay veinte onzas de líquido en el interior del cilindro.
—Sabes que una de las más grandes preocupaciones sobre una generación de nave es el incesto. —Eldest pone la jeringa en una canasta, toma otra, y la pone en la canasta al lado de la primera—. Eso es inevitable. Con una población de personas limitada, eventualmente los lazos de sangre se volverán demasiado entremezclados.
Selecciona una jeringa de otra pila esta vez. Allí hay una etiqueta negra y roja cerca al embolo de cada aguja. La que está en la mano de Eldest ahora simplemente dice “arte visual”.
—Conozco todo esto —digo—. Es por eso que el Eldest de la Plaga desarrolló la Temporada. Para que tú, nosotros, pudiéramos monitorear la reproducción.
—Sí, es parte de eso. —Eldest está distraído mientras selecciona más jeringas para ponerlas en la canasta—. Pero otro problema no es sólo la prevención de discapacidades mentales y físicas del incesto. Otro problema es que la misión de esta nave es tan importante que no podemos permitir una generación que no tenga ingenio o talento.
Ahora las jeringas que está seleccionando son de otra pila, una etiquetada como “matem{ticas”. Toma cinco de esas jeringas para la canasta.
—Los fundadores de la nave nunca intentaron que sólo fuéramos granjeros ociosos mientras esperábamos aterrizar. Necesitamos inventores, artistas, científicos. Necesitamos personas que puedan pensar, procesar y desarrollar cosas nuevas para la nave y el nuevo mundo.
Tres “artes de audio” van a la canasta, seguidas por diez “ciencia: biología”
—Hemos ganado tanto durante nuestros siglos de viaje. Los wi-coms fueron desarrollados aquí. También los disquetes. Modificamos el tubo gravitacional cuando yo era más joven que tú.
Eldest agarra un puñado de “ciencia: física” y pone cinco o seis en la canasta. Piensa por un momento, luego saca dos de la canasta y las pone de nuevo sobre la mesa con el resto de la pila.
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—De acuerdo, así que necesitamos personas inteligentes en la nave. ¿Qué tiene que ver eso con todo? —pregunto.
Eldest levanta una jeringa etiquetada con “analítico”.
—En cada una de estas agujas —dice, meneando la que está sosteniendo frente a mi cara—, hay un compuesto especial que combina ADN Y ARN, una quimera. Eso hace un lazo con el ADN del feto en una mujer embarazada y asegura que el niño nacido tenga ciertas características deseables.
Abro mi boca para hablar, pero Eldest me interrumpe. —Cuando eres Eldest, debes analizar las necesidades de tu nave. ¿A tu generación le faltan científicos? Haz más. ¿Necesitas más artistas? Asegúrate de que nazcan. Es tu responsabilidad hacer que las personas de esta nave no sólo sobrevivan sino que florezcan.
Mi estómago se retuerce. No estoy seguro si estoy de acuerdo con Eldest o no, no quiero pensar en una nave llena de idiotas innatos, pero tampoco me gusta cómo Eldest cree que simplemente puede “crear” genios.
Eldest pone la última jeringa en la canasta y levanta su mirada hacia mí. Su cara está muy seria, pero también parece cansado, como si estuviera hecho de cera y estuviera derritiéndose lentamente. —No digo esto lo suficiente. Pero creo en ti. Creo que serás un buen líder. Algún día.
Quiero sonreír y agradecerle —ni siquiera recuerdo la última vez que Eldest me halagó de esta manera—, pero al mismo tiempo, no puedo evitar preguntar si la razón de que Eldest esté tan seguro en que seré un buen líder es porque fui inyectado con algo de líquido pegajosos de “liderazgo” antes de que naciera.
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Capítulo 43
Amy
Traducido por Emii_Gregori Corregido por Aldebarán
stoy enrollada en mi cama, con mis piernas metidas bajo mi barbilla y mis brazos envueltos alrededor de mis rodillas. Mi osito de peluche, Amber, está metido entre mi pecho y mis rodillas. Sus ojos de botón y su nariz se hincan en mis costillas, pero no me importa.
Harley me da un vaso de agua fría.
—Lo siento —dice Harley. Un furioso moretón color púrpura del tamaño de mi dedo meñique acentúa su ojo izquierdo.
Él toca mi mano, y me estremezco. Quiero llorar, quiero gritar, quiero ocultarme, pero todo lo que puedo hacer es estremecerme porque un hombre se acercó lo suficiente como para tocarme.
—Lo siento —dice Harley de nuevo. Retrocede y se sienta en la silla del escritorio, todo el camino al otro lado de la habitación. Se sienta en el borde de su asiento, como si fuera a saltar y a protegerme otra vez. Pero se contiene. Sus manos agarran el apoyabrazos, asegurándose de no tocarme de nuevo.
Levanto mi cabeza. —No< quiero decir< gracias. Tú me salvaste.
Harley sacude su cabeza. —Te dejé. Eso fue estúpido. Sabía que la Temporada estaba completa. La he visto empeorar cada vez más desde ayer. Y te dejé sola.
—¿Por qué estaban así? —pregunto. En mi imaginación, todavía puedo ver la mirada vidriosa de la pareja teniendo sexo a mi lado, de cómo se apartaron de mis gritos. Presiono a Amber más cerca de mí, apreciando la sensación de sus botones moliendo mis costillas, preguntándome cómo se compararán los moretones que hace con los que ya florecen en mis muñecas.
Harley se encoge. —La Temporada es así. ¿En Sol-Tierra no era así? Las personas son animales. No importa qué tan civilizados seamos, cuando la temporada de apareamiento llega, nos apareamos.
—Tú no. Ni Elder. No todos están actuando como si estuvieran locos de lujuria.
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Las cejas de Harley se unen, una arruga de carne se forman entre sus ojos. Me recuerda a las cejas profundas y pesadas del hombre que estaba sobre mí, el que me estaba sujetando, bajando sus caderas contra las mías. Entierro mi cara en la falsa piel marrón de Amber, y respiro su olor a humedad. Mis brazos se tensan alrededor de mis rodillas y mis manos agarran mis piernas, y me alegro, porque si no me aferro a mí misma, creo que mi todo cuerpo se desmoronaría como un rompecabezas levantado en las esquinas.
Harley no ha notado que estoy temblando bajo mi duro exterior. —En realidad, muchas de las personas en la Ward son geniales. Algunos están utilizando la Temporada como una excusa para actuar< imprudentemente, pero la mayoría de los pacientes de la Ward no son tan...
—¿Locos? —Mi voz se agrieta.
—Es irónico, ¿huh? Los locos son menos afectados por todo esto que cualquiera de los otros. Tal vez sea nuestra medicación mental. Se les conoce como “inhibidores”. Se supone que inhiben la locura, pero tal vez inhiben la lujuria también.
No parecen inhibir la lujuria de Luthe. Él sabía lo que estaba haciendo. Sin embargo, los Alimentadores no lo sabían, no realmente. Me pregunto si es porque los Alimentadores son muy tontos. Lo que sea que les está haciendo que quieran follar, los Alimentadores simplemente lo hacen, como cuando esa chica con los conejos sólo creyó en lo que Elder había dicho, incluso cuando ella leyó la verdad. Gente como Harley y Luthe, que no son unos idiotas sin sentido, tienen más control sobre sí mismos. Pueden optar por ser amables, como Harley.
O pueden elegir ser como Luthe.
Harley sigue hablando, tratando de distraerme de todo. Habla sobre cómo hará que todo sea bueno de nuevo, pero no lo es, no puede serlo, no lo será. Sólo quiero que se vaya.
Harley se levanta. —Déjame traerte más agua.
—No. —Quiero estar sola. Quiero que se vaya y me deje encogerme en mí misma.
—Pero creo<
—¡NO! —grito. Mis manos se deslizan por mis brazos sudorosos. Mis dedos escabrosos sostienen mis codos, y mis uñas profundizan para que no pueda perder el agarre sobre mí misma de nuevo—. No —susurro—. Por favor. Sólo déjame en paz. Déjame estar a solas.
—Pero<
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Harley se va.
Me quedo enrollada en la cama durante mucho tiempo, con mis ojos cerrados, pero mi visión aún es dolorosamente clara.
Mis brazos se ponen más y más apretados, tirando de mis rodillas con tanta fuerza contra mi pecho que duele. No sirve de nada. Estoy cansada de abrazarme. Quiero que mi papá me abrace y me diga que matará a cualquiera que me lastime. Quiero que mi mamá me bese, acaricie mi cabello y me diga que todo estará bien. Porque la única manera en que puedo creer que todo siempre estará bien es si lo escucho de uno de ellos.
Dejé que mis nudillos se relajaran. Están blancos en los bordes, y la punta de mis dedos hormiguea mientras la sangre regresa a ellos. El interior de mis codos está liso de sudor. Sonidos crujientes y explosivos escapan de mis rodillas mientas estiro mis piernas totalmente.
Por un momento, me acuesto sobre la cama, pero eso me recuerda estar yaciente sobre la hierba del campo, y salto tan rápido que me mareo.
Cruzo la habitación hasta la puerta en tres grandes pasos, pero cuando llego al botón para abrirla, mis manos tiemblan.
Todavía están allí fuera.
Con su sudoración, pulsantes cuerpos, con el ritmo desigual, con sus ojos hambrientos y sus manos crispadas.
Tengo que hacerlo, me susurro a mí misma.
Pero mis manos no dejan de temblar.
Dejo caer mi cabeza contra fría pared. Jadeo por el esfuerzo de estar de pie cerca de la barrera entre ellos y yo. Quiero llamar a Harley o a Elder, pero no tengo ese audífono que utilizan para comunicarse. Y, además, Harley no me pueden salvar en todo momento.
Golpeo el botón. Las puertas se abren a gran velocidad. Antes de que se haya despejado la puerta, presiono de nuevo el botón y la puerta se cierra nuevamente con la misma rapidez.
Planeo la ruta en mi mente. Me imagino a mí misma corriendo, corriendo, corriendo tan rápido que nadie puede alcanzarme. Puedo ver el camino tan claro antes de que piense que podría funcionar sin abrir mis ojos en absoluto.
Mi mano se desliza sobre el botón y la puerta se abre. La sala está, afortunadamente, libre de personas. Abro de un tirón la puerta de cristal de la sala común, y aguanto la respiración mientras corro por delante de la gente que está demasiado distraída para fijarse en mí pasando entre ellas. Mi cuello me grita por el número de veces que lo azoto, en busca de peligro por encima de mi hombro. Me deslizo en el interior del elevador vacío. Y por primera vez desde
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que salí de mi habitación, me permito volver a respirar mientras pulso el botón del cuarto piso.
Ese pasillo está desierto también, y envío una oración en silencio por eso. Sin embargo, corro por delante de las puertas cerradas, parte de mí teme que se abran de golpe y revelen habitaciones llenas de impacientes hombres hambrientos por algo más que comida. No descanso hasta que estoy en el otro elevador, hundiéndome por debajo de la locura de la nave, en el silencio sepulcral del Nivel Crío.
Quiero ver dónde están. Eso es todo. Me digo a mí misma, eso es todo.
Primero corro. Pero mientras me acerco, mis pasos disminuyen hasta una caminata, y luego un ruido lento y rítmico... ruido sordo... ruido sordo< ruido
sordo de cada paso en el duro suelo.
Llegué a una parada completa en la fila. Me quedo mirando sus puertas numeradas: 40 y 41.
Y luego corro a las puertas. Caigo de rodillas y mis manos se elevan, una en cada puerta. Y estoy segura de que parece como si estuviera alabando de forma muy entusiasta algo sagrado, pero todo lo que hay dentro de mí es un grito rebotando alrededor de mi cuerpo hueco.
Durante mucho tiempo, me quedo arrodillada así, con los brazos y la cabeza hacia abajo.
Sólo quiero verlos. Eso es todo, me digo, eso es todo.
Me levanto. Envuelvo mis manos alrededor de la manija de la puerta etiquetada 40, cierro los ojos, aprieto la manija y la giro. Sin mirar el bloque de hielo expuesto, me giro sobre mis talones y abro el número 41, también.
Allí están. Mis padres.
O... bueno, por lo menos sus cuerpos están allí. Bajo el hielo azul veteado. La habitación está fría, tan fría que tiemblo. Mis brazos pican con la piel de gallina. Los ataúdes de cristal están fríos y secos. Las yemas de mis dedos se arrastran en la parte superior mientras corro mis manos sobre el rostro de mi madre.
—Te necesito —susurro. Mi aliento empaña el vidrio. Lo limpio, un lustroso brillo húmedo en mi palma.
Me agacho, con mi rostro paralelo al suyo. —¡Te necesito! —digo—. Es tan... extraño aquí, y no entiendo nada de ellos, y< y estoy asustada. Te necesito. ¡Te necesito!
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Me giro hacia papá. A través del hielo, puedo ver las cerdas duras de su barba. Cuando era pequeña, él frotaba su cara contra mi vientre desnudo, y yo gritaba de alegría. Daría cualquier cosa por sentirlo ahora. Daría cualquier cosa por sentir algo excepto este frío.
El cristal está nublado y el hielo no es muy claro, pero puedo ver dónde está la mano de papá. Froto mi dedo meñique contra el frío cristal, simulando que su dedo se envuelve alrededor del mío en una promesa.
No me doy cuenta que estoy llorando hasta que chapoteo lágrimas sobre el ataúd. —Papá, no podía hacer nada. No podía levantarme, papi. Ellos eran más fuertes. Si no fuera por Harley< —Mi voz se agrieta—. ¡Papá, dijiste que me protegerías! ¡Dijiste que siempre estarías allí para mí! ¡Te necesito ahora, papi, te necesito!
Aporreo mis puños contra el frío y duro cristal que rodea el hielo. Mis manos se agrietan y sangran, untando manchas carmesí en el cristal.
—¡TE NECESITO! —grito. Quiero romper el cristal, para frotar la vida de vuelta en su hirsuto rostro barbudo.
Mi cuerpo cae inerte. Me enrosco bajo su forma fría, sin vida, llevando mis rodillas a mi pecho, sollozando en seco y vacía, y escarbo para llenar mis pulmones con el aire que es muy delgado y débil.
Una gigante gota de condensación se desliza por el cristal y cae haciendo
plaf en mi mejilla.
La froto, y la calidez de mis manos me devuelve la vida.
No tiene por qué ser así. Puedo estar despierta, y puede ser imposible para mí volver dentro de una cámara criogénica... pero eso no significa que no pueda ver a mis padres.
Me levanto. Esta vez no veo las caras de mis padres en el hielo. Esta vez, mis ojos buscan el pequeño recuadro negro en sus cabezas, el que tiene una luz verde intermitente. El que tiene el interruptor bajo la tapa.
No puede ser tan difícil. Activar el interruptor. Eso es todo lo que tengo que hacer. Estaré aquí y esperaré. Los sacaré de la caja cuando se derrita para que no se ahoguen. Les ayudaré a salir de sus ataúdes. Los envolveré con