Chapter 4 Research Methodology
4.5 Data Analysis
de la disposición de la voluntad
Probada ya la necesidad de entrar en Ejercicios provistos del deseo de aprovechar cuanto sea posible, pasemos a declarar la naturaleza y condiciones de semejante deseo exigido por San Ignacio. El Santo nos lo describe con las siguientes palabras en la quinta Anotación: “Al que recibe los Ejercicios, mucho aprovecha de entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciendo todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su santísima voluntad” [5]. Las palabras transcritas dicen claramente cuál ha de ser el deseo de que venimos hablando; no un deseo vago y remiso, sino consciente, enérgico y muy concreto. El ofrecimiento de que aquí se trata, no se diferencia substancialmente del contenido en la contemplación para alcanzar amor [234], sólo que en este último, la ilustración que tiene ya el alma es mucho mayor, y más excelente el motivo que la mueve. Consideremos ahora las dos cualidades que en concepto de San Ignacio, ha de tener este ofrecimiento preparatorio. Hemos de empezar por tener grande ánimo que raye en coraje santo. De ordinario y por nuestra natural flaqueza, andan nuestros deseos de perfección medio envueltos por una nube de temor a los sacrificios que nos puede acarrear la nueva vida. Estos temores suelen ser imprecisos, sombríos y cosa de espanto “como son trabajos, vergüenza y temor por la honra del mundo, etc.” [9]. Más adelante nos probará San Ignacio, que ésas mismas son las características o señales de los terrores con que nos acomete el demonio. Con esta tentación cerró el maligno contra él fieramente en sus primeros tiempos de Manresa, diciéndole al oído que le quedaban aún setenta años de vida, que no podría perseverar en ella, y otros espantos por el estilo.
Pero San Ignacio deshizo valientemente tamaño nublado, y descubiertos los engaños del enemigo, se entregó con mayor resolución aún al trato más frecuente con los pobres del hospital; y de ésta y de otras semejantes experiencias propias, sacó aquella admirable regla de conducta en la que tan gráficamente describe lo que son nuestras luchas con el demonio. “El enemigo, dice, se hace como muger en ser flaco por fuerza y fuerte de grado; porque así como es propio de la muger cuando riñe con algún varón, perder ánimo, dando huida cuando el hombre le muestra mucho rostro; y por el contrario, si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la muger es muy crecida y tan sin mesura; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la persona que se exercita en las cosas espirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo haciendo el opposito per diametrum; y por el contrario, si la persona que se exercita comienza a tener temor y perder ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la haz de la tierra como el enemigo de natura humana, en persecución de su dañada intención con tan crecida malicia” [325].
Regla es ésta hecha a propósito para disipar las artes con que el demonio pretende cercar nuestros buenos deseos en el punto en que nuestra alma decide entregarse a Dios, y por eso avisa San Ignacio al director que en cuanto vea que el ejercitante es “tentado grosera y abiertamente, así como mostrando impedimentos para ir adelante en servicio de
Dios nuestro Señor” [9], le explique las reglas para discernir espíritus, propias de la primera semana, entre las que se halla la que acabamos de transcribir.
En segundo término nos dice San Ignacio, que nuestro deseo ha de ser generoso y que esa generosidad consiste en que el alma ofrezca a su Criador y Señor “todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su santísima voluntad” [5]. Nada en particular se concreta aquí, y sólo se pide la libre voluntad de darlo todo para la gloria de Dios. Pero advierte San Ignacio que “si por ventura la tal ánima está afectada y inclinada a una cosa desordenadamente, muy conveniente es moverse, poniendo todas sus fuerzas, para venir al contrario de lo que está mal affectada; así como si está affectada para buscar y haber un oficio o beneficio, no por el honor y gloria de Dios nuestro Señor ni por la salud espiritual de las ánimas, mas por sus propios provechos y intereses temporales, debe affectarse al contrario, instando en oraciones y otros exercicios espirituales, y pidiendo a Dios nuestro Señor el contrario, es a saber, que ni quiere el tal oficio o beneficio ni otra cosa alguna, si su divina majestad, ordenando sus deseos, no le mudare su affección primera. De manera que la causa de desear o tener una cosa o otra, sea sólo servicio, honra y gloria de la su divina majestad” [16J.
Este ejemplo y las palabras con que lo expone el Santo, nos quitan toda duda sobre lo que él quiere decirnos, cuando nos repite e inculca, que nuestro deseo al entrar en Ejercicios, sea generoso con Dios Nuestro Señor. De donde resulta, que el coraje hay que guardarlo para, hacer frente a las tentaciones y fantasmas del enemigo; y la generosidad para ir contra las afecciones, desordenadas de nuestro propio corazón.