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Los maestros en Colombia hemos sido formados bajo las directrices de la educación tradicional, una educación que se interesó por instruir seres humanos obedientes, sumisos, cumplidores de las normas, es decir un ser pasivo que se deje manipular fácilmente de los más poderosos. Del mismo modo, los conocimientos impartidos en este sistema fueron de carácter memorístico, donde el estudiante tenía que aprender los contenidos al pie de la letra, sin ninguna oportunidad de reflexionar su contexto de forma crítica. En consecuencia los docentes actuales somos resultados de tal sistema, aquí cabe resaltar el aporte del pedagogo De Zubiría Samper (2013) cuando dice: “Unos jóvenes que vivirán en el Siglo XXI formados con maestros del siglo XX, pero con modelos pedagógicos y currículos del siglo XIX” (p. 1), el cual resume en buena medida muestra realidad, aunque hayan surgido otros modelos educativos, seguimos haciendo uso de modelos monótonos en nuestro quehacer pedagógico.

En este orden de ideas, antes de ingresar a la maestría mi quehacer pedagógico estaba en gran parte influenciado bajo el modelo tradicionalista y esto generaba apatía por el área de sociales entre mis estudiantes. Mis educandos eran agentes pasivo, coartado de oportunidad de

participación, indagación y reflexión crítico de los temas tratados. Lo que más me interesaba debido al gran número de estudiantes (36 integrantes) era tenerlos ocupado en el aula de clase contestando una serie de preguntas muy textuales como si se tratará de una sopa de letras. Al terminar de responder, la forma más común de socializar las respuestas era haciéndoles preguntas, si respondían textualmente tenía un punto positivo a su favor que sería acumulado para la nota final de la actividad. En definitiva, poco se experimentaba otra forma de aprendizaje y poco se trascendía en la vida del educando.

Por otro lado, antes de iniciar la maestría tenía poca familiaridad con lecturas relacionadas con la pedagogía para el fortalecimiento de la labor docente; ahora tengo conocimientos sobre autores, pedagogos y personas interesadas en mejorar la educación, en dar nuevas alternativas y estrategias que han servido de apoyo para documentar y mejorar mi profesión.

Otra situación a destacar es que antes de la maestría, las lecturas más comunes que realizaba eran aquellas relacionadas con las temáticas y la preparación de las clases, poco me interesaba hacer otro tipo de lectura, pero a partir de las reflexiones sobre la importancia de la formación y la actualización permanente, ahora incluyo entre mis lecturas diarias, no solo textos para preparar las clase, también aquellos que me permiten fundamentar mi tarea de cómo enseñar. Por lo

general, en mis clases acostumbraba hacer preguntas para que los estudiantes respondieran mecánicamente, pocas veces formulaba interrogantes que los llevaran a pensar de una forma diferente es decir, a desarrollar habilidades del pensamiento crítico como la descripción,

indagación, resolución de problemas entre otros. Pero el haber tenido la oportunidad de ingresar a la maestría abrió nuevas expectativas sobre mi quehacer, sobre la importancia y el significado de Ser docente, lo que permitió fortalecer no solamente mi conocimiento sobre las temáticas contemporáneas de área de Ciencias Sociales, sino también, sobre la labor pedagógica en el aula de clase.

Es de resaltar, la motivación que me generaron los docentes de Unicauca, quienes llegaban al salón a compartir desde la teoría y desde la práctica nuevas estrategias de aprendizaje, hecho que convirtió las clases en momentos amenos, enriquecedores, con participación activa de todos los maestrantes a pesar de los horarios y de lo extenuados que llegáramos desde nuestras IE . Todas estas evidencias fueron muy útiles y sirvieron de base para repensar mi labor, fortaleciéndola desde técnicas en el aula de clase que beneficiaron mucho a mis estudiantes pues, cada día se encuentran más motivados a aprender.

Ahora, desde la implementación del proyecto de intervención pedagógica, la experiencia vivida también fue muy enriquecedora para mi quehacer diario como docente y para mejorar la relación estudiantes – maestra en el aula de clase. Significativa, porque a medida que iba aplicando las actividades planeadas en la intervención pedagógica, se fue evidenciando

progresivamente el cambio de actitud de los educandos respecto al aprendizaje en el área de las ciencias sociales; cada día más inquietos por aprender, con interrogantes mejor formulados, con respuestas más contundentes y con reflexiones muy significativas frente a su papel en el

mejoramiento de la situación social actual. Por este motivo puedo afirmar que las actividades planeadas en la intervención pedagógica permitieron en gran parte solucionar la problemática en el proceso aprendizaje que venían presentaban los estudiantes del grado Octavo A - jornada de la mañana, ya que la gran mayoría de estudiantes se pudo evidenciar el desarrollo del pensamiento crítico a partir del análisis de los textos explicativo y contextualizados a la realidad social en que viven, es decir, ya no leen por leer, ahora toman los documentos como fuentes que les

suministran conocimientos y argumentos. Esto muestra la efectividad de las estrategias aplicadas porque a medida que iban implementando las actividades, se observaban cambios de actitud muy positivos hacia la clase y el desarrollo de aprendizajes significativo. Paulatinamente se fue

erradicando la apatía y la pereza frente al área de ciencias sociales. Por el contrario se logró ambientes de clase alegres, divertidos, empatía entre maestro- estudiante, disponibilidad y buena actitud para trabajar en el aula, mayor compromiso e interés por desarrollar los trabajos

asignados de manera grupal o individual.

El abordaje de textos explicativos, la observación y estudio de imágenes, la interpretación de canciones de corte social, entre otros; condujo a la configuración de habilidades de pensamiento crítico de alto orden como la argumentación, el análisis, la solución de problemas y la evaluación de situaciones. Por otro lado, la utilización de estrategias didácticas como la exposición,

conversación, talleres y la búsqueda de soluciones apoyadas en el trabajo cooperativo también mejoraron las habilidades de lectura y escritura, lo que se convertía en un punto crucial de la propuesta. Entre las proyecciones que se tienen a partir de esta intervención pedagógica, está el dar continuidad a la propuesta, porque en esta primera fase únicamente se trabajó con un curso, pero en un futuro no muy lejano se abrirá espacio para continuar la intervención con los demás grados.

Hoy puedo decir que el aula de clase ya no es para los estudiantes el lugar de monotonía, donde ingresa como de costumbre a sentarse en filas con el cuaderno y fotocopias a responder unas preguntas de carácter textual, con pocas opciones de intercambiar conocimientos a través del diálogo; por el contrario se convirtió en el lugar donde pueden compartir sus conocimientos en un ambiente de confianza entre los compañeros. La motivación, innovación y hasta las nuevas formas de ubicación de los estudiantes en el aula de clase, jugaron un papel primordial en la generación de aprendizajes significativos. En este orden de ideas, la aplicación de las estrategias didácticas permitió cambiar las ideas que los estudiantes del grado 8 A jornada mañana tenían al respecto del aprendizaje de las temáticas del área de ciencias sociales pues, todas las estrategias de enseñanza fueron utilizadas intencional y flexiblemente por la profesora con esta finalidad. Otra satisfacción importante, es que los estudiantes de este curso por primera vez no perdieron la materia y alcanzaron notas relacionadas con un nivel superior de aprendizaje.

También es importante mencionar que a través de esta metodología se generaron espacios de confianza entre los estudiantes para aportar y participar activamente. Muchos de ellos eran callados, muy introvertidos, pero con el avance de la intervención poco a poco fueron perdiendo la timidez y al final fueron de los que más ideas sugerían, resaltando también sus cualidades de líderes y voceros. Teniendo a los estudiantes motivados también se logró un mayor compromiso

en el cumplimiento de las tareas asignadas, dedicación en los procesos llevados a cabo en el aula y el desarrollo de la recursividad en la búsqueda individual de asesorías para los casos en que fue necesario.

El trabajo en equipo fue unas de las estrategias que más repercusión tuvo en esta experiencia, convirtiéndose en una herramienta importante, ya que se le da libertad al estudiante para

participar y comprometerse con responsabilidad en las actividades, con esto el aprendizaje adquiere trascendencia y se basa en los intereses y las necesidades de los estudiantes. Ese tipo de enseñanza es un método que favorece sustancialmente la dimensión cognitiva, procedimental y las competencias actitudinales: saber ser y saber convivir, porque permite a los estudiantes relacionarse con otros, compartir pensamientos e ideas y trabajar desde su individualidad para el beneficio de todos. Igualmente, en este proceso prima el respeto, la aceptación y el afecto juega un papel trascendente, ya que se fortalecen e involucran aquellos estudiantes tímidos y por ende surge un aprendizaje colaborativo que les permitirá cimentar los principios comunitarios que son primordiales para el desarrollo de esta región .

En este orden de ideas, todo aprendizaje para que sea significativo debe ir acompañado por unas estrategias dinámicas que cautiven la atención de los estudiantes, para que tal situación tenga efecto el maestro debe planear sus clases de tal manera que rompan con la rutina y que conduzcan al estudiante a participar activamente en la adquisición de cada nuevo aprendizaje. Además, el maestro como facilitador, debe hacer una introspección y reflexionar constantemente sobre su acción pedagógica, para luego investigar el porqué de las diferentes situaciones que aquejan su labor, luego definir qué debe hacer para solucionarlas y a partir de allí replantear y determinar nuevas estrategias para orientar la clase y lograr así entre otros aspectos el desarrollo del pensamiento crítico. El hacer una introspección continua posee gran valor porque evita el fracaso propio y el conducir a los estudiantes a fracasos como la deserción escolar; permite ir a la par de los cambios generados por la globalización, estar a la vanguardia de las necesidades sociales y motivar a los educando a ser más críticos de su contexto, así como propositivos frente a los retos que les ponga la vida.

Por último, no puedo dejar de mencionar que el desarrollo de los temas con los estudiantes en el aula no puede ser una forma de opresión y de perpetuación de la cultura del silencio que, en nada contribuyen a la formación de seres humanos libres y justos, por el contrario debe ser la ruta que lleve al fortalecimiento del pensamiento crítico de los estudiantes. En este sentido, sólo

encontrará respuesta adecuada en una pedagogía donde el discente tiene la oportunidad de descubrirse y conquistarse reflexivamente, como sujeto de su propio destino histórico desde el encuentro con los otros. Solo haciendo de las aulas de clases espacios vivos en donde prime la convivencia mediada por el diálogo y el debate. De esta manera los maestros aportamos a la construcción de una sociedad más dialógica y equitativa.