CHAPTER 2: THEORETICAL FRAMEWORK
2.7 THE SHORTCOMINGS AND BENEFITS OF AN EIA
A diferencia de lo defendido por Nichols y Grantham (2000), Carruthers (2000b) toma una perspectiva biológica evolutiva de la consciencia con la intención de clarificar cuál teoría de la consciencia parece más adecuada.
El problema que detecta Carruthers es la dificultad para poder optar por una u otra teoría de la consciencia. En particular, Carruthers ve que disponemos de, al menos, dos grandes familias de teorías de la consciencia: teorías representacionales de primer orden (FOR) (Dretske, 1995; Tye, 1995) y teorías de alto orden (HO) (Armstrong, 1968, Carruthers, 1996, Rosenthal, 1986).
117 A su vez, las teorías HO se subdividen en nuevos grupos, dependiendo de cómo se conciba el surgimiento de la consciencia. Entre ellas, encontramos:
- Teorías de experiencia de alto orden (HOE): estas teorías defienden la idea de que la consciencia aparece cuando un estado perceptual de primer orden (por ejemplo: ver una araña) es escaneado por una facultad mental, la cual es denominada sentido interno (Armstrong, 1968, 1984; Lycan, 1996). Al realizar tal escaneo, el sentido interno produce una experiencia de alto orden sobre el estado perceptual de primer orden.
- Teorías de pensamiento de alto orden (HOT): similar a lo señalado por HOE, las propuestas HOT defienden que la consciencia aparece cuando un estado de segundo orden toma un estado perceptual de primer orden. La diferencia radica es que basta con que el estado de primer orden pueda ser, o de hecho es, un blanco apropiado para un pensamiento de segundo orden (Dennett, 1978; Rosenthal, 1986).
Lo que vuelve atractivas a estas teorías es la posibilidad de explicar la consciencia fenomenal sin necesidad de recurrir a propiedad no-representacionales. En otras palabras: cuando tenemos una experiencia de una araña, las teorías HO señalan que bastan estos estados representacionales sobre esta percepción de primer orden, para explicar nuestra experiencia. Apelar a nociones de
qualia para explicar la experiencia no es necesario en este marco.
En el caso de las teorías FO, se defiende la idea que nuestras experiencias son representaciones de primer orden (FOR) (Dretske, 1995; Tye, 1995). Para explicar el cómo se siente tener una experiencia de una araña, FOR sostiene que basta con apelar al contenido representacional. La diferencia entre tener una experiencia de una araña y de un gato, es explicada rápidamente cuando analizamos las propiedades representadas en cada caso.
Estas dos grandes familias de teorías (FO y HO) poseen un propósito bastante claro: explicar cómo se origina, cómo surge, la consciencia en un organismo. Sin embargo, este no es el propósito de la presente investigación. Pero, de lo defendido por Carruthers (2000b), se debe rescatar lo siguiente: los criterios usados para señalar cuándo un rasgo es, en efecto, una adaptación.
A prior question has to be: would it need to have evolved? Or might inner sense be a ‘spandrel’ (Gould and Lewontin, 1979) – that is, a mere by-product of other features of cognition which were themselves
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selected for? The answer to this question will turn largely on the issue of directed complexity. To the extent that a faculty of inner sense exhibits complex internal organisation subserving a unitary or systematically organised causal role, to that extent it will be plausible to postulate evolutionary selection. (Carruthers, 2000: 259-260).
La revisión Carruthers, como he señalado, tiene el propósito de esclarecer cuál de las principales familiars de teorías de la consciencia (FO y HO) parece ser la más robusta para dar cuenta del surgimiento de la consciencia. Al momento de revisar HOE, Carruthers señala a la complejidad de un rasgo como una característica de suma importancia para diferencia si un rasgo es una adaptación o, por el contrario, corresponde a un spandrel. Tal punto ya fue discutido con anterioridad en la presente investigación37, y se llegó a una conclusión similar a la defendida por Carruthers: la complejidad de un rasgo es evidencia de que este es una adaptación.
En lo que respecta al problema de la función de la consciencia, Carruthers (2000b), de idéntica forma como lo hace con la posibilidad de que sea una adaptación, analiza teoría a teoría cuál podría ser la función que esta ejerce.
One suggestion made in the literature is that HOEs might serve to refine first-order perception, in particular helping to bind together and integrate its contents (Lycan, 1996). The claim seems to be that HOEs might be necessary to solve the so-called ‘binding problem’ in a distributed, parallel-process, perceptual system.
(…)
Another suggestion made in the literature is that the evolution of a capacity for ‘inner sense’ and for HOEs might be what made it possible for apes to develop and deploy a capacity for ‘mind-reading’, attributing mental states to one another, and thus enabling them to predict and exploit the behaviour of their conspecifics (Humphrey, 1986). This idea finds its analogue in the developmental account of our mind-reading abilities provided by Goldman (1993) and some other ‘simulationists’. (Carruthers, 2000: 261-262).
Cuando revisamos las teorías HOE, y las colocamos en perspectiva evolutiva, Carruthers señala que la función más probable que esta ejerce se relaciona con el problema de la unión (binding problem) (Lycan, 1996). Esto quiere decir que la consciencia une las diversas representaciones que tenemos, haciendo que tengamos una sola experiencia de las escenas percibidas, y no
119 millones de experiencias de cada ítem observado. Esto es: cuando caminamos por un parque, percibimos distintos elementos, de los cuales poseemos una representación de cada uno; sería la consciencia la que permitiría la unión de cada uno de estos elementos (árboles, gente paseando, aves volando, etc), y así tener una representación de una sola escena completa.
Otra posibilidad que se encuentra dentro del marco HOE, es que la consciencia ejerza una función como consecuencia del sentido interno postulado. Así, lo seleccionado fue en realidad el sentido interno postulado por HOE, el cual pudo haber sido útil para acceder introspectivamente a nuestros estados, simular estados posibles y predecir o explicar el comportamiento de otros individuos. En otras palabras: el mecanismo interno que percibe las representaciones de primer nivel sería el seleccionado evolutivamente, y no la consciencia como tal. En pocas palabras: la consciencia sería un subproducto de la selección del sentido interno.
Por último, Carrtuhers (2000b) explora cuál sería la función de la consciencia, pero esta vez desde la perspectiva de las teorías disposicionales de pensamiento de alto orden (HOT). Grosso modo, esta versión de HOT defiende la idea de que la consciencia surge en la disponibilidad que tiene un estado perceptual de ser el blanco de un estado de segundo orden (Carruthers, 1996).
The account of the evolution of p-consciousness generated by dispositionalist HOT theory proceeds in two main stages. First, there was the evolution of systems which generate integrated first-order sensory representations, available to conceptualised thought and reasoning. (…) [I]n which perceptual information is presented via a special-purpose short-term memory store (E) to conceptualised belief-forming and practical reasoning systems, as well as via another route (N) to guide a system of phylogenetically more ancient action-schemas. Then second, there was the evolution of a theory-of-mind faculty (ToM), whose concepts could be brought to bear on that very same set of first-order representations (…). A sensible evolutionary story can be told in respect of each of these developments; and then p-consciousness emerges as a by-product, not directly selected for (…). (Carruthers, 2000b: 268).
En este respecto, la propuesta de Carruthers difiere de la presentada en la presente investigación. Lo que se refiere a la versión disposicional de HOT, la consciencia es entendida como un subproducto evolutivo, en tanto no fue seleccionada por ejercer una función propia, sino como consecuencia de que otras estructuras hayan sido seleccionadas.
La conclusión a la cual llega difiere a la defendida en esta investigación. Carruthers (2000b) defiende que la consciencia es un subproducto evolutivo, pero creo que tal conclusión se debe a
120 una serie de equívocos: i) a pesar de que Carruthers defiende que su teoría es acerca de la consciencia fenomenal, continuamente parece mezclarla con otras nociones de consciencia – por ejemplo, con la noción de autoconsciencia. Al generar tal intercambio de nociones, su explicación debe abordar – al menos – ambas nociones usadas – consciencia fenomenal y autoconsciencia. En su caso, la idea de que la consciencia fenomenal es un subproducto se desprende de la idea de que la autoconsciencia es una adaptación (Carruthers, 2000b: 262, 268). ii) Además de ello, hay que mantener presente que, su propuesta, es aplicable a las teorías que él se encuentra revisando, en particular las diversas versiones de HO.