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Si bien se fundamenta en la responsabilidad personal de actuar en conciencia con lo que cada quien considera justo o injusto, la Desobediencia Civil (DC) es una herramienta colectiva de TRANSFORMACIÓNde la realidad (para reivindicar o conservar unos derechos, mejorar la calidad de vida...).

Basa su razón de ser en el convencimiento de que la injusticia de cualquier norma o ley radica

fundamentalmente en el acatamiento u obediencia de la misma. Cualquier imposición carece de efi- cacia si nadie la obedece. Es evidente la responsa- bilidad que le corresponde a quien impone cual- quier norma injusta, pero esto no exime de la misma a quien la acata, aunque sea forzadamente, ya que sin ésta colaboración “obligada” la injusti- cia no podría aplicarse.

Thoreau afirmaba a este respecto que “servir a una causa injusta significa convertirse en agentes de la injusticia”. Y en palabras de Luther King: “Ya no me duele tanto la maldad de la gente mala. Me horroriza la indiferencia de la gente buena”.

Por ello la DC es una llamada a la responsabi- lidad ciudadana, a asumir el protagonismo de todos nuestros actos cotidianos ya que todo cuan- to hacemos y dejamos hacer cada día implica una serie de consecuencias de las que somos total o parcialmente responsables.

Defensores de la DC ha habido a lo largo de toda la historia. Ya Sócrates afirmaba que no era preciso obedecer aquellas leyes que fuesen contra- rias a la conciencia individual. Y Francisco de Vitoria, en el siglo XVI, mantenía que “si el súb- dito está convencido de la injusticia de la guerra no debe servir en ella, aunque lo mande el Príncipe”.

Pero es en 1848 cuando el norteamericano Henry David Thoreau recoge el concepto moderno de DC en su obra del mismo nombre.

Desde entonces, son muchas las definiciones que diferentes autores y autoras han aportado sobre este concepto. Prácticamente todas coinciden en una serie de principios que debe cumplir la DC:

Consciente: necesidad de conocer perfecta-

mente los motivos y objetivos de nuestra desobe- diencia y asumir las posibles consecuencias (represivas, sociales...) que la acción pudiera oca- sionar a quien la practica o a su entorno.

Pública: el incumplimiento de la norma des-

obedecida se considera una acción justa, por lo que no se oculta ni se ejerce desde la clandestini- dad, todo lo contrario, se desobedece públicamen- te para darla a conocer y para que su actuación pueda servir de ejemplo a otras personas que pue- dan respaldarla o sumarse a ella.

Política: no se pretenden adquirir privilegios

ni solucionar problemas personales puntuales, sino transformar una situación injusta con intención de mejorar una realidad social. Es una forma de lucha que trasciende lo privado y tiene significación social.

Colectiva: no es posible transformar una reali-

dad social desde posturas meramente individuales. Mediante las armas y la violencia es posible que una minoría imponga su voluntad sobre una mayo- ría, como sucede muy habitualmente en nuestro planeta. Sin embargo la DC basa su eficacia en la acción colectiva y coordinada, pues sólo con un respaldo social suficiente ejercerá su influencia de transformación social.

Noviolenta: el pleno respeto a todo ser huma-

no no impide el tener que enfrentarse con ciertas situaciones, instituciones, normativas... represen- tadas en personas concretas. Pero el objetivo de la desobediencia no son estas personas sino los cargos o representaciones que encarnan. Median- te la Noviolencia podemos diferenciar entre el respeto a la integridad de todas las personas, y la contundencia de la acción contra la injusticia que representa mediante boicots, ocupaciones, blo- queos humanos, acciones directas noviolentas, no colaboración y cualquier otra forma de desobe- diencia pacífica.

La desobediencia noviolenta trata de rentabili- zar la posible “violencia represiva” que se ejerza contra ella en su propio beneficio. De esta forma, si se infringe la norma y no se produce represión será un espacio más de libertades que se haya ganado (la norma queda invalidada de hecho), pero si se sufre represión se visualiza muy clara- mente quién ejerce la violencia (quien reprime) y quién la sufre por protestar pacíficamente (quien desobedece).

Hay un aspecto de la DC que no suscita con- senso: el que hace referencia a su carácter más o menos reformista o revolucionario.

Hay quien limita el ejercicio de la DC al incumplimiento de ciertos contenidos de la legali- dad pero con la pretensión de mejorar precisamen- te dicha legalidad.

Garzón Valdés, por ejemplo, señala que el desobediente civil pretende un cambio en la ley o en los programas de gobierno pero sin poner en cuestión “el sistema sociopolítico en el que actúa”. El mismo Luther King restringía la desobediencia a las leyes y normas injustas, aclarando que “bajo ningún concepto preconizo la desobediencia ni el desafío a la ley (en general)”.

Estaríamos en este caso hablando de una des- obediencia limitada encaminada a mejorar y reforzar el sistema normativo imperante, por lo que su ejercicio se centraría sobre todo en países democráticos. Por eso Alvarado Pérez defiende DESOBEDIENCIA CIVIL / 83

que la DC “...alcanza su máxima expresión en sociedades democráticas... siendo tal legalidad, en principio, merecedora de la más estricta obedien- cia”. Y para J. Habermas (1985:49-90) la DC es una pruebas del grado de tolerancia y de salud de la democracia, la forma más responsable de incumplir una ley en democracia.

Esta visión restrictiva, reformista y limitada a entornos democráticos de la DC no podría enarbolarse como alternativa transformadora para la mayoría de pueblos empobrecidos del planeta que padecen regímenes dictatoriales o

vulneradores de los DERECHOS HUMANOS más

elementales. Efectivamente sería muy arriesgado y de dudosa eficacia asumir los riesgos que com- porta la práctica de la DC para pretender tan sólo meras mejoras legislativas frente a un régimen dictatorial con sus fuertes mecanismos represi- vos y de control social.

Un segundo enfoque no limita la DC a la con- secución de meras reformas legales sino que inclu- ye la posibilidad de buscar transformaciones más profundas que incluso puedan llegar a cuestionar todo el sistema imperante. Esta visión pretende actuar de raíz (de ahí que sea radical) contra las causas de la injusticia, no resignándose a actuar contra sus consecuencias más visibles.

La DC así entendida se ha ejercido tanto en países considerados democráticos (cuestionando su sistema de regulación de conflictos, de toma de decisiones y PARTICIPACIÓNciudadana, de res- peto a los derechos humanos...) como ante gobiernos totalitarios para subvertir de raíz todo un régimen.

Los colectivos sociales que más han practica- do la DC en el Estado español participan de esta visión más radical. Por ejemplo, los colectivos antimilitaristas agrupados en Alternativa Anti- militarista-MOC entienden que la DC “plantea un conflicto fundamental entre la legitimidad de la acción política radical frente a la injusticia muchas veces encubierta de legalidad...”.

De hecho, las campañas de DC más significa- tivas que se han desarrollado en el Estado español no pretendían cambios legislativos, sino hacer de la DC un altavoz para denunciar el propio sistema normativo. Por ejemplo la Insumisión al servicio militar no pretendían la supresión de la obligato- riedad de la mili, sino la abolición de los ejércitos y la superación social de su sistema de valores. Del mismo modo, la okupación de viviendas y locales no busca tan sólo ejercer el derecho a la vivienda

reconocido en la actual legislación, sino cuestionar de raíz el actual modelo especulativo y de propie- dad. Los cambios legislativos que estas luchas sociales han provocado han sido consecuencia (y no objetivo) de las mismas.

Erich Fromm mantenía que “... cualquier sis- tema social, político y religioso que proclame la libertad pero reprima la desobediencia no puede ser sincero”. Efectivamente, la capacidad de desobe- diencia de un pueblo es una garantía democrática, de control de sus propias instituciones.

Por tratarse de una forma de lucha horizontal basada en la implicación directa de la gente sin delegar en ejércitos, vanguardias ni ningún tipo de grupos autoritarios, su práctica ha sido muy silen- ciada, infravalorada o reprimida por toda estructu- ra de PODER.

Pero a lo largo de la historia se ha demostrado la eficacia de la DC en todo el mundo, tanto en regímenes democráticos como en dictaduras.

Por centrarnos tan sólo en los últimos siglos: Hungría. La resistencia noviolenta (1859- 1867) a pagar impuestos, enrolarse en el ejército y cumplir las imposiciones de la ley consiguió restituir la constitución de 1847 abolida por los austriacos.

Finlandia. La resistencia civil contra la rusifi- cación del país de 1898 a 1905 (no colaboración, movimiento de prófugos, huelgas obreras...) con- siguió recuperar los derechos abolidos por el zar. En Dinamarca y Noruega la resistencia novio- lenta a la ocupación nazi (1940-1945) mediante huelgas, sabotajes, insumisión del profesorado y familias a colaborar con el adoctrinamiento nazi, planes de protección y evasión de personas judí- as... se simultaneó con otras protestas más violen- tas que dificultaron muy seriamente la ocupación. Reino Unido. Tácticas noviolentas y de DC promovieron el sufragio de las mujeres a princi- pios del siglo XX. Masiva objeción de conciencia durante la primera guerra mundial (pese a la ejecu- ción de decenas de ellos). Muy significativos son también los bloqueos y sabotajes noviolentos en los submarinos Trident producidos por buceadoras feministas y antimilitaristas conocidas como “mujeres martillo”.

Alemania. Huelgas y resistencias civiles forza- ron en 1920 la dimisión del general golpista Von Luttwitz. La DC ha estado muy presente más recientemente en los movimientos por la PAZ, me- dio ambiente, contra centrales nucleares y especu- lación de la vivienda.

EEUU. Ejemplos de DC y noviolencia masi- va protagonizó el movimiento sindicalista en los años 30 (ocupaciones, boicots a productos...); el movimiento contra la guerra de Vietnam en los 60 (ocupaciones masivas de los jardines de la Casa Blanca, miles de desertores...); contra la carrera de armamentos y la energía nuclear en los años 70 y 80; contra las intervenciones militares de EEUU y en apoyo de las personas refugiadas centroamericanas en los 80.

Puerto Rico. “Minas humanas” ocupando rei- teradamente la zona “prohibida” de tiro de la mari- na estadounidense en Vieques han conseguido parar los bombardeos.

Kosovo. La masiva resistencia noviolenta (con el funcionamiento alternativo de institucio- nes paralelas educativas, culturales, de SOLIDARI-

DAD...) desobedeciendo las imposiciones y trabas de las autoridades serbias ha sido de las expe- riencias noviolentas más interesantes de todo el s. XX en Europa, y de las más ignoradas en beneficio del interés mediático por otros agentes armados.

Países del Este de Europa. Ejemplos de resis- tencias civiles noviolentas fueron el levantamiento en Alemania del Este (1953), la “Primavera de Praga” (1968), las conquistas sociales en Polonia (1980-1981), pasando por todos los procesos populares surgidos contra la dependencia soviética y corrupción de sus administraciones.

Hay numerosas experiencias exitosas de DC también en los países empobrecidos, pero casi siempre son silenciadas o eclipsadas por el prota- gonismo que se otorga al enfrentamiento armado de movimientos guerrilleros, paramilitares y ejér- citos regulares.

En América Latina la DC ha derrocado varias dictaduras (en El Salvador, Guatemala, Bolivia... cayeron los dictadores Martínez, Ubico y Banzer respectivamente) y ha contribuido decisivamente a la lucha por la democratización, por el respeto a los derechos humanos o incluso en la implantación de procesos revolucionarios en múltiples países: Uruguay, Nicaragua, Chile, Haití, Argentina, Brasil, México, Ecuador, Bolivia...

En Asia, además de la conocida DC masiva protagonizada en India contra la ocupación britá- nica, son múltiples las experiencias de resistencias civiles noviolentas que se han desarrollado y se continúan desarrollando, (Indonesia, Corea del Sur, Tíbet, Palestina, Myanmar -Birmania-...). Por detallar sólo algunos ejemplos:

Filipinas. Experiencias de DC exitosas fueron el derrocamiento del dictador Marcos (1986) con miles de manifestantes sin armas interponiéndose frente a los tanques, y contra el fraude electoral de Estrada (2001).

Pakistán. El “ejército noviolento” de Abdul Gaffar Kahn, seguidor de Gandhi, luchó por la independencia contra el dominio británico me- diante campañas de resistencia pasiva y desobe- diencia civil. En 1930 eran más de ochenta mil hombres y mujeres (contaban con una red de co- mités en los que las mujeres tenían un papel muy importante). Lograda la creación de Pakistán co- mo estado continuaron luchando por la conviven- cia con la población musulmana.

Sri Lanka (antiguo Ceilán). Anteriormente al lla- mamiento a la lucha armada que dio lugar a una ola de guerras civiles, la resistencia protagonizada por la población tamil en los años 50 y 60 se basó en la desobediencia civil (bloqueos y ocupaciones de ofi- cinas gubernamentales; huelgas; resistencia al aprendizaje del sinhala -impuesto por ley- y boicot a no utilizarlo en negocios, administración, matrículas de coches...). Significativa fue la masiva participa- ción femenina, clave muchas veces a la hora de rom- per cordones policiales cuando la violencia de la represión contenía a sus compañeros varones.

Tailandia. En 1992 contra un golpe de estado consiguieron una nueva constitución que restrin- gía el papel militar en la sociedad.

Malasia. En Sarawak, a mediados de los años 80 se organizaron bloqueos pacíficos simultáneos de miles de indígenas penan en las carreteras utilizadas por las madereras que forzaron al gobierno a prome- ter reservas forestales, infraestructuras, semillas, sanidad... Puesto que dichas promesas no se cum- plieron suficientemente, a inicios del 2002 retoma- ron nuevamente las movilizaciones noviolentas.

En África, mediante resistencias civiles novio- lentas se consiguieron muchos de los procesos de descolonización (como igualmente protagonizaron comunidades indígenas en Oceanía), luchas contra la discriminación racial (Sudáfrica), múltilpes for- mas de reivindicaciones sociales y resistencias antibélicas (Sudán, Burundi...) e independentistas (Cabinda, en Angola).

En muchos países enriquecidos la DC es refe- rente de numerosas muestras de protesta ciudada- na reclamando derechos y una vida más digna denunciando: las guerras, la GLOBALIZACIÓNcapi- talista, el racismo, la EXCLUSIÓN y precariedad laboral, las agresiones al medio ambiente.

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Significativos fueron en los años 80 los cam- pamentos de paz de mujeres antimilitaristas y feministas que en algunos casos aguantaron duran- te años junto a bases militares en Inglaterra, Italia, Japón... desde las que desarrollaban su actividad desobediente.

Son muchos y variados los ejemplos de DC desarrollados en el estado español en los últimos años (Objeción Fiscal a los gastos militares; oku- pación de casas, centros sociales e instalaciones militares; autoinculpaciones reclamando la despe- nalización del aborto; llamamientos a la desobe- diencia civil al estado en Euskalerria; desobedien- cia a la Ley de Extranjería...).

Pero la Campaña de Insumisión al Servicio Militar y su Prestación Sustitutoria por la decena de miles de jóvenes que la secundaron, los miles de encarcelados y el respaldo social que obtuvo (que culminó en la supresión de la obligatoriedad de ambos servicios) se puede considerar posible- mente la mayor campaña de DC desarrollada en la UE en la últimas décadas.

Si bien la DC es una estrategia colectiva cuyo protagonismo radica en la participación responsa- ble y comprometida de un número significativo de personas anónimas, ciertas figuras son conocidas e identificadas con determinadas desobediencias civiles como es el caso de Henry David Thoreau en EEUU proponiendo la negativa a pagar impues- tos para no sufragar la guerra emprendida por su país contra México; Mahatma Gandhi en la India contra el imperialismo británico; Martin Luther King en EE.UU. contra la segregación racial y por los derechos civiles de la población afroamerica- na; Bertrand Russell en su oposición al ingreso de Reino Unido en la I Guerra Mundial y por el des- arme nuclear; Nelson Mandela en Sudáfrica en la lucha contra el “apartheid”.

Ver también:Educación para la paz; Paz.

Bibliografía

Thoreau, H. D. (1995): Sobre el deber de la

desobediencia civil. Irún, Iralka.

Fromm, E. (1987): Sobre la desobediencia y

otros ensayos. Barcelona, Paidós.

Pérez, J.A. (1994): Manual práctico para la

Desobediencia Civil. Pamplona, Pamiela.

Fernández Buey, F. (2005): Desobediencia

Civil. Getafe. Ediciones Bajo Cero.

Casado, A. (2002): La desobediencia civil a

partir de Thoreau. San Sebastián (Donostia),

Tercera prensa S.L.

Randle, M. (1998): Resistencia civil. La ciuda-

danía ante las arbitrariedades de los gobiernos.

Barcelona, Paidós.

www.antimilitaristas.org