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Hypothesis Analysis

6.6 Full Study Findings

6.6.2 Hypothesis Analysis

socioculturales y sociohistóricas, eludiendo las estructuras en las que dichas diferencias se encar- nan y perpetúan consciente y/o inconscientemente, lo que P. Bourdieu (1980) denominó habitus: con- junto de disposiciones adquiridas en el proceso de socialización, que funcionan como esquemas de percepción, acción y valoración, asociadas a las posiciones sociales.

1.2. El enfoque constructivista

Frente a los esencialistas, la perspectiva cons-

tructivista interpreta las diferencias como catego-

rías socio-culturales, históricamente construidas y, por lo tanto, cambiantes según las circunstancias, los intereses y las relaciones de PODERentre los gru- pos sociales. Categorías culturalmente construidas en contextos sociales particulares que 1) contribu- yen a asignar status (posiciones que se ocupan dentro de la estructura social y reconocida en la red de relaciones sociales que llevan aparejadas) y roles (expectativas de comportamiento); 2) organi- zan la distribución de los recursos valiosos de una sociedad (dinero, poder y prestigio) y 3) condicio- nan el acceso diferencial a los recursos políticos, económicos, y simbólicos. El resultado es un pro- ceso de definición, distinción y jerarquización de las diferencias como categorías sociales que abre en el seno de una sociedad posibilidades diferentes a las iniciativas individuales y/o a las estrategias colectivas de los grupos sociales, dando lugar a un sistema desigualitario.

Si las diferencias son un hecho de la realidad social, y no un reflejo de la realidad natural, ajeno a la actividad humana, la desigualdad no será algo que hay que asumir como inevitable, irremediable e inmutable, sino que podrá ser cuestionado y transformado. Las diferencias entre un enfoque y otro a la hora de plantearse la lucha contra la des- igualdad social son fundamentales: el esencialis-

mo al naturalizar las diferencias sociales como

diferencias biológicas y/o psíquicas niega las posi-

bilidades de TRANSFORMACIÓN de la realidad

social, al constituirse en la negación de lo “social”; el constructivismo al desnaturalizar las diferencias sociales, introduce la dimensión social e histórica y por lo tanto, la posibilidad de intervenir en la realidad para cambiarla.

2. Las diferencias como categorías socio- culturales y socio-históricas: el ejemplo del género, la raza y la etnicidad

Veamos a través de algunos ejemplos la dife- rencia entre adoptar una posición u otra acerca de determinadas cuestiones sociales.

2.1. Sexo y género

El sexo es un término que hace referencia a elementos de carácter biológico relacionados con la reproducción y presentes en todas las especies animales, según los cuales se puede ser macho o hembra y hablando de la especie humana, varón o mujer. Pero en ningún caso, está inscrito en la bio- logía cómo debemos ser varón o mujer. De ser así, el significado de ser hombre o mujer sería el mismo en todas las culturas y las épocas; sin embargo, las comparaciones trans-culturales y trans-históricas muestran una amplia gama de variaciones en lo que cada cultura y dentro de cada cultura, en diferentes períodos históricos, se consi- dera que es “masculino” y “femenino”; sin contar las variaciones que hay dentro de cada sexo en la forma de entender la feminidad o la masculinidad. Para explicar la variabilidad y pluralidad de significados en los modos de ser “hombre” o “mujer” debemos recurrir a otras categorías ana- líticas como la de género. Este término hace referencia a distinciones no biológicas, sino pro- ducidas social y culturalmente, entre hombre y mujeres; comprende el conjunto de rasgos de lo que se define como masculino o femenino en un lugar y en un momento determinados. Cada sociedad establece un sistema de roles, normas, valores, comportamientos, actitudes y expectati- vas culturales para cada género, y a los niños y niñas se les enseña a atenerse a lo que la socie- dad espera de ellos y ellas, según la adscripción sexual que se les haya otorgado. Por tanto, las diferencias de sexo son producto de la herencia y la biología; las diferencias de género son el resultado de la socialización.

Todas las sociedades utilizan el género como un principio de organización, dividiendo los cometidos, actividades, tareas, de la vida social entre los roles de los hombres y las mujeres. Históricamente, a los hombres y las mujeres no sólo se les ha visto y tratado como diferentes sino también como desiguales. Casi todas las culturas valoran más las habilidades y rasgos que se consi- deran masculinos que los considerados femeninos. La antropóloga M. Mead (1973) señaló que cual- quiera que sea la forma de división del trabajo, las tareas de los hombres se consideran de vital importancia y las de las mujeres se ven como ruti- narias. Lo que la mujer hace tiene menos valor porque responde a su naturaleza biológica relacio- nada con la reproducción (gestación, parto, crian- za, cuidados, afectos, relaciones), a diferencia de las tareas de producción asignadas a los varones, DIFERENCIA / DESIGUALDAD / 95

que requieren de formación, capacitación y apren- dizaje. En una palabra, mientras que “la mujer nace”, o lo que es lo mismo los roles de esposa, madre, cuidadora no se aprenden sino que nacen con la mujer y su capacidad reproductiva, “el hombre se hace”, debe aprender su rol de trabaja- dor, productor.

Definir la feminidad como resultado de los rasgos biológicos de las mujeres, identificando la “esencia” de la feminidad con su capacidad repro- ductora y por tanto “natural”, sin mérito alguno, justifica la desigualdad entre hombres y mujeres, en la medida que la desigualdad se defiende como la expresión de la diferencia fisiológica. Por el contrario, enfatizar la variabilidad del género, las diferentes formas de ser mujer o varón y la forma en la que la cultura y la socialización modelan las identidades de género es adoptar una perspectiva “constructivista” y, consecuentemente, desnatura- lizadora de las desigualdades entre hombres y mujeres.

2.2. La raza y la etnicidad

Otro de los conceptos utilizados para justifi- car las desigualdades sociales como resultado de diferencias biológicas/naturales ha sido el térmi- no raza. La idea de que la familia humana puede dividirse en razas data del siglo XIX y de una serie de teorías pseudocientíficas que utilizaban el lenguaje de la biología darwiniana. Según este punto de vista, las razas representaban diferentes ramas del árbol de la evolución humana, presu- poniendo que algunas, la de los europeos, eran naturalmente superiores al resto. La raza se con- cebía como una categoría biológica, fija, y obje- tiva, similar a las especies y las taxonomías raciales acabaron convirtiéndose en jerarquías raciales.

La genética moderna ha demostrado que la idea de las distintas razas humanas no tiene senti- do científico y que las variaciones en las especies humanas son una cuestión de gradaciones, no de grupos distintos con fronteras genéticas claras, puesto que la diversidad biológica dentro de los grupos humanos es mucho más grande que la dife- rencia entre grupos. También la antropología actual, aceptando que las variaciones fenotípicas responden a adaptaciones biológicas plurivaria- bles frente a un entorno cambiante, defienden la intervención de factores culturales (por ejemplo los cánones de belleza corporal o la preferencia por determinados rasgos físicos considerados superiores que otros, etc.).

Podemos afirmar pues que el término raza, alude a una categoría social y no biológica, inven- tada por los europeos para legitimar la explotación y dominación de otros pueblos considerados infe- riores. La idea de distintas razas se ha utilizado como arma política para limitar la distribución y el acceso a la libertad personal, los derechos civiles, la educación, la vivienda, el empleo, la justicia y el simple respeto.

En términos socioantropológicos raza denota una categoría de personas que se perciben a sí mismas y son percibidas por otros como distintas sobre la base de ciertos rasgos biológicamente heredados. La raza es una categoría social y cul- tural, el producto de acciones sociales que crearon desigualdad política y económica y establecieron categorías culturales. Aunque las diferencias raciales no son biológicamente significativas, mucha gente cree que estas diferencias son impor- tantes y actúa a partir de esa creencia (Chebel d´Appollonia, 1998).

El concepto étnico o etnicidad se refiere a un tipo particular de identidad, en el que se combinan rasgos de carácter físico y cultural. Un grupo étni-

co está constituido por personas que se perciben a

sí mismas y son percibidas por otros como un grupo que comparte una historia común y rasgos culturales distintivos como un idioma, una reli- gión, costumbres y prácticas familiares, preferen- cias alimentarias... El grado en que los miembros de un grupo étnico comparte realmente rasgos úni- cos es menos importante que el hecho de que ellos y otros crean que son “diferentes”. La etnicidad como la raza es una etiqueta social, una construc- ción ideológica que arraigada en la conciencia individual y colectiva de los miembros del grupo, se suele presentar como una identidad natural o naturalizada.

3. Conclusiones: de la diferencia a la desigualdad

Cuando un grupo tiene más poder que otro, la

raza y la etnicidad, al igual que el género, pueden

usarse como una racionalización de las relaciones de dominación sea en forma de colonización, explotación, desplazamientos forzados, esclavitud o incluso el exterminio del otro. De ahí la impor- tancia de desmontar y desenmascarar las explica- ciones biologizantes y naturalizantes de las dife- rencias entre los individuos y los grupos, que son utilizadas desde el poder como instrumentos de legitimación y racionalización de la desigualdad. Ser conscientes de que las diferencias no están