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Analysts and their Access to Privileged Information

Chapter 2: Literature Review

2.3 Equity Analysts and Information Asymmetry

2.3.4 Analysts and their Access to Privileged Information

Quise mí alma escudriñar Pero no la pude percibir.

Quise a mi Dios buscar pero Él me parecía eludir.

Me propuse a mi hermano recibir y a los tres pude encontrar.

FUENTEDESCONOCIDA

Hace unos catorce años me encontraba junto a la puerta del salón de conferencias observando la llegada de los alumnos, para dar comienzo a la primera sesión sobre el tema de la teología de la fe. Ese día vi a Tomás por primera vez. Se estaba peinando el cabello, que le llegaba hasta la mirad de la espalda. Un primer juicio somero me hizo clasificarlo como excéntrico, muy excéntrico.

Tomás resultó ser mi gran reto- Siempre objetaba o rechazaba con sorna la posibilidad de la

existencia de un Dios incondicionalmente amoroso- Cuando entregó su examen final que marcaba la terminación del curso, me preguntó con un tono de voz bastante cínico: "¿Usted cree que yo encontraré a Dios algún día?".

“¡No!" le contesté con vehemencia.

"¡Oh!", me respondió, "Yo estaba convencido de que ése era el producto que usted

promocionaba".

Lo dejé avanzar hasta la puerta de salida y entonces le dije:

"Creo que tú jamás lo encontrarás, pero ten por seguro que Él te encontrará a ti". Sacudió la cabeza y se fue. Me sentí un poco frustrado al ver que mi célebre frase no había tenido eco alguno.

Algún tiempo después supe que Tomás se habla gra duado y me alegré por él. Más adelante nos llegó la noticia de que Tomás tenía un cáncer terminal. Vino a buscarme antes de que yo lo pudiera localizar. Al entrar en mi oficina pude ver que la enfermedad lo había marchitado físicamente, y que se le había caído el cabello debido a la quimioterapia. Sin embargo, percibí un brillo en sus ojos y un timbre de voz firme, que no había tenido hasta ahora.

Me desboqué diciéndole:

"Hola, Tomás, he pensado en ti a menudo. Supe que estás muy enfermo". "Es cierto. Estoy muy enfermo. Tengo cáncer. Me moriré en poco tiempo".

"¿Te es fácil hablar de ello?".

"Desde luego. ¿Qué desea saber?"-

"¿Qué se siente al saber que te estás muriendo a los veinticuatro años de edad?".

"Pues mira, podía ser peor", me contestó. "Como por ejemplo, llegara los cincuenta años

pensando que beber, seducir mujeres y amasar dinero son las metas 'importantes' de la vida". Al terminar me dijo el motivo de su visita:

"Se trata de algo que usted me dijo el último día de clases. Le pregunté si creía que yo llegaría a encontrar a Dios. Me contestó que no, lo cual me causó gran sorpresa. Pero agregó que Él me encontraría a mí. Eso me dio mucho en qué pensar, aunque debo confesar que mi búsqueda de Dios no era muy intensa en esa época. Pero cuando los médicos me sacaron un turupe de la ingle y me dijeron que era maligno, comencé a ponerle seriedad a esa búsqueda. Ya cuando hizo metástasis y se regó por todos mis órganos vitales, comencé a azotar las puertas de bronce del cielo. Pero nada sucedió. Entonces, un buen día, al despertarme, en vez de buscar con desespero algún mensaje, simplemente tiré la toalla. Decidí que realmente Dios, la otra vida y todas esas cosas me interesaban muy poco. Decidí

utilizar el tiempo que me quedaba haciendo cosas más importantes. Pensé en usted y en otra cosa que me había dicho: 'Lo más triste de todo es pasar por este mundo sin haber amado. Pero seria igualmente triste el dejar este mundo sin haberle dicho a aquellos que queremos que efectivamente sí los queremos'. Siguiendo este consejo comencé con el hueso más duro de roer: mí padre".

El padre de Tomás se encontraba leyendo el periódico cuando éste se le acercó. "Papá, me gustaría hablar contigo".

"¿Pues qué estás esperando? ¡Habla'". "Verás, lo que tengo que decirte es realmente impor- tante".

El padre dejó entrever parle de su rostro por encima del periódico: "¿De qué se trata?".

"Papá, te quiero. Sólo quería decirte eso y nada más". Tomás sonrió al recordar ese momento.

"El periódico cayó al suelo. Acto seguido mi padre hizo dos cosas que yo no recordaba haber visto antes. Se puso a llorar y me abrazó. Además nos quedamos hablando hasta la madrugada, aunque él tenía que ir a trabajar. Fue bastante más fácil con mi madre y con mi hermano menor", prosiguió Tomás. "Todos nos pusimos a llorar, a abrazamos y a compartir todas esas cosas que habíamos mantenido en secreto durante tantos años- Me tuve que encontrar a la sombra de la muerte para comenzar a comunicarme con las personas cercanas a mí. Entonces un buen día, al voltear una esquina, me topé con Dios. Él no acudió cuando le supliqué que viniera a mí. Al parecer Él hace sus cosas cuando le conviene y además, utiliza un horario flexible. Lo importante es que usted tenía razón. Él me encontró incluso después de que yo dejé de buscarlo".

"Tomás", le dije casi sin aliento. "Creo que estás manifestando algo mucho más universal de lo que te imaginas. Lo que estás diciendo es que la manera más segura de encontrar a Dios es mediante la apertura hacia el amor y no pretendiendo convertirlo en nuestra

posesión personal, o en nuestra fuente de consolación instantánea".

"Tomás, ¿podría pedirte el favor de que vengas a mi clase de teología de la fe para que le cuentes a mis estudiantes lo que me acabas de narrar?".

Aunque fijamos una fecha, nunca pudo cumplir la cita. Desde luego, su vida no terminó con la muerte, sólo cambió. Dio el gran salto de la fe a la visión. Encontró una vida infinitamente más bella que la que el ojo de la humanidad haya podido ver jamás o que la mente humana haya podido imaginar.

La víspera de su muerte, hablamos por último vez. "No podré asistir a tu clase", me dijo. "Lo sé Tomás".

"¿Será que puedes contarlo por mí? ¿Decírselo a todo el mundo... por mí?".

"De acuerdo, Tomás. Se lo contaré a todo el mundo".

JohnPowell,S.J.