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Chapter 3: Institutional Details

3.2 Block-Trading Facilities

Todos tenemos nuestros momentos descollantes, y la mayoría de ellos se da con el estímulo de otra persona.

GEORGEADAMS

Estábamos sentadas en su clase, riéndonos tontamente y dándonos codazos mientras intercambiábamos los últimos chismes del día, como la peculiar sombra morada para los ojos que se había aplicado Catalina. La señora De View nos pidió que hiciéramos silencio. "Bien", nos dijo sonriendo. "Ahora nos dedicaremos a descubrir nuestras profesiones". Toda la clase pareció jadear al tiempo. ¿Nuestras profesiones? Nos miramos los unos a los otros- El mayor de nosotros tenía catorce años. No cabía duda de que a la profesora le faltaba un tornillo.

Sin duda, éste era el concepto que todos teníamos de la señora De View, con su cabello peinado hacia atrás en un moño y sus grandes dientes protuberantes. Debido a su apariencia física, era el blanco fácil de las soterradas risitas burlonas y los chistes crueles.

Y también, debido a sus exigencias, lograba enfurecer a los estudiantes. La mayoría de nosotros hacía caso omiso de su genialidad.

"Así es. Cada uno de ustedes se dedicará a encontrar su futura profesión". Nos dijo lo anterior con el rostro iluminado, como si cada año esta tarea fuese la asignación más importante de su curso. "Tendrán que realizar una investigación sobre su futura carrera. Cada uno hará una entrevista en el área de su elección y rendirá un informe verbal".

Nos fuimos a casa muy confundidos. ¿Quién tiene idea de lo que quiere ser a los trece años? Yo, sin embargo, había logrado reduc ir mis posibilidades. Me gustaba el arte, cantar y escribir. Pero mis habilidades artísticas eran nulas y cada vez que intentaba cantar mis hermanas gritaban de dolor: "¡Por favor, cállate!". Por sustracción de materia, lo único que me quedaba era escribir.

Todos los días Virginia De View verificaba nuestros progresos. ¿Cómo íbamos? ¿Quiénes habían escogido sus carreras? Al fin, la mayoría de nosotros había escogido alguna profesión. Yo seleccioné el periodismo- Esto quería decir que debía entrevistar a un periodista de carne y hueso, y estaba muerta del susto.

Me senté frente a é!, casi sin poder musitar palabra. Me miró con fijeza y preguntó:

"¿Trajiste estilógrafo o lápiz?".

Hice un gesto negativo con la cabeza.

"Me imagino que por lo menos tienes papel". Volví a negar con la cabeza.

Por último cayó en cuenta de que yo estaba completamente petrificada y recibí mi primer consejo como periodista neófita. "Jamás vayas a alguna parle sin. Lápiz y papel. Nunca se sabe lo que puedes encontrar".

Durante los siguientes noventa minutos me engolosinó con historias de atracos, excesos antisociales y conflagraciones. Él nunca olvidaría la muerte de los cuatro integrantes de una familia en un trágico incendio. Todavía recordaba el hedor de los cuerpos humanos calc ina- dos por las llamas, me dijo, y jamás olvidaría esa historia macabra.

Unos días después hice mí presentación oral de memo ria y sin anotación alguna, pues había quedado completamente hipnotizada por el periodista. Recibí una calificación sobresaliente por el proyecto.

Cuando el año estaba por terminar, algunos estudiantes muy resentidos decidieron cobrarle a la señora De View el arduo trabajo al que nos había sometido, arrojándole a la cara un pastel de crema cuando recorría un pasillo del colegio. Sufrió lesiones personales leves, pero el daño emocional fue grave. Dejó de venir al colegio durante varios días. Cuando escuché lo ocurrido sentí un horrible vacío en el estómago. Sentí una enorme vergüenza personal y ajena, ai pensar que algunos de mis compañeros de estudio no tenían nada mejor que hacer que abusar de una señora a causa de su apariencia física, en vez de apreciar sus maravillosas dotes como docente.

Con el pasar de los años me olvidé por completo de Virginia De View y de las profesiones que escogimos ese año. Me hallaba en la universidad, tratando de decidir qué estudiaría. Mí padre deseaba que estudiara administración de empresas. La sugerencia tenía una gran dosis de sabiduría, pero con el pequeño inconveniente de que yo no tenía la más mínima habilidad administrativa. De repente, Virginia De View apareció en mi memoria como también mi deseo de ser periodista. Llamé por teléfono a mis padres.

"He decidido cambiar de carrera", les anuncié. Un silencio sepulcral descendió sobre nuestra comunicación telefónica.

"¿Qué piensas estudiar?", preguntó finalmente mi padre. "Periodismo".

Por el tono de sus voces no me cabía la menor duda de que a mis padres se les había amargado el día. Sin embargo, no se opusieron a mi decisión. Sólo me recordaron que esa profesión era muy competida y que yo siempre le había sacado el cuerpo a la competencia. Estaban en lo cierto, pero el periodismo me trasformaba; por alguna razón lo tenía en la

sangre. Me dio la libertad de acercarme a personas totalmente extrañas y preguntarles qué estaba sucediendo. Me formó para formular preguntas y obtener respuestas, tanto en mi vida profesional como personal. Me brindó confianza en mí misma.

Durante los últimos doce años he ejercido la profesión de periodista en forma increíble y con múltiples satisfacciones, cubriendo noticias desde asesinatos hasta accidentes aéreos, para dedicarme finalmente a mis temas preferidos. Me ha fascinado escribir sobre los momentos sublimes y trágicos en las vidas de los seres humanos, porque pienso que de alguna forma les he brindado la mano.

Cierto día, cuando me aprestaba a levantar el auricular del teléfono que reposaba sobre mi escritorio, una increíble ola de recuerdos azotó mi conciencia, y caí en cuenta de que sí no hubiera sido por Virginia De View yo no me encontraría en ese lugar.

Presiento que ella nunca sabrá que sin su ayuda yo no me habría convertido en escritora y periodista. Sospecho que de no ser por ella, ahora me encontraría hundiéndome en las

arenas movedizas del mundillo de los negocios, cargando a cuestas una gran infelicidad diaria. Me he preguntado cuántos estudiantes más se beneficiarían de ese memorable proyecto.

Permanentemente se me pregunta: "¿Cómo escogió la carrera de periodismo?"-

Siempre inicio mi respuesta de la misma forma: "Pues mire, resulta que yo tuve una profesora.-.". Es mi forma personal de agradecerle a la señora De View.

Estoy convencida de que al pensar retrospectivamente en sus épocas de colegial, cada quien descubrirá la desteñida imagen de un so lo profesor o profesora. Es posible que todavía tenga tiempo de darle las gracias antes de que sea muy tarde.

Diana LChapman