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Trade Filtration in Upstairs Markets Without ‘Fairness’ Rules

Chapter 5: Upstairs Markets, Liquidity Provision, and Filtration of

5.4 Trade Filtration in Upstairs Markets Without ‘Fairness’ Rules

En la primavera de 1995 tuve la oportunidad de hablar en un colegio de secundaria. Cuando la ceremonia terminó, el rector me pidió que me entrevistara con un estudiante especial. Una enfermedad había mantenido a este muchacho alejado del colegio, pero él había manifestado el deseo de conocerme. El rector opinaba que esa entre vista significaría mucho para el niño. Por lo tanto, accedí a su solicitud.

Durante el recorrido a la casa de Matthew, así se llamaba el chico, que quedaba a quince kilómetros del colegio, pude averiguar algunas cosas acerca de él. Sufría de distrofia muscular.

Cuando nació los médicos anunciaron a sus padres que no llegaría a los cinco años, y cuando superó esa edad, que no alcanzaría los diez. Ya había cumplido los trece y, por lo que me contaban, era todo un luchador. Había querido conocerme porque yo era levantador de pesas, había ganado una medalla de oro olímpica y tenía experiencia en superar obstáculos y lograr hacer realidad los sueños.

Matthew y yo conversamos por más de una hora. Durante este tiempo no se quejó una sola vez y tampoco se lamentó de su suerte. Me habló de ganar, de triunfar y de perseguir sus sueños. Era evidente que hablaba sobre este tema con propiedad. No me dejó entrever que había sido objeto de burlas por parte de sus compañeros por ser diferente; más bien se dedicó a hablarme de sus esperanzas y de su deseo de levantar pesas junto a mí.

Al finalizar nuestra conversación saqué de mi maletín la primera medalla de oro a la que me había hecho merecedor, y se la colgué del cuello. Le dije que él sabía mucho más acerca del éxito y de cómo superar obstáculos de lo que yo llegaría a aprender. Miró la medalla con detenimiento por un momento, se la quitó y me la devolvió. Sin titubear, me d ijo:

"Rick, tú eres un campeón. Te mereces tu medalla. Yo te mostraré la mía cuando participe en las olimpiadas algún día, y me gane una medalla".

El verano pasado recibí una carta de los padres de Matthew anunciándome su muerte. Me hicieron llegar una carta que Matthew me había escrito unos días antes.

Apreciado Rick:

Mi madre me aconsejó que te escribiera una carta de agradecimiento por la foto tan increíble que me enviaste. También quería decirte que los médicos me han dicho que me queda poco tiempo de vida. Me es difícil respirar y me canso fácilmente, pero a pesar de

todo procuro sonreír lo más que puedo. Ya sé que no llegaré a ser tan fuerte como tú y que no podremos alzar pesas juntos.

Yo te dije que iría a unas olimpiadas para conquistar una medalla de oro. También sé que ya no lograré hacerlo. Pero sí sé que soy un campeón y que Dios también lo sabe. Él sabe que yo no me rindo, y cuando llegue al cielo Dios me dará mi medalla de oro. Te la mostraré cuando tú llegues. Gracias por quererme.

Tu amigo,

Matthew. Rick Metzger-

Desiderata

Desplázate plácidamente entre el bullicio y los afanes, y ten en mente la paz que se obtiene del silencio. Dentro de lo posible y sin entregar tus principios, mantén tus buenas relaciones con los demás. Expresa tu verdad pausada y claramente; escucha a los demás, incluyendo a los lerdos e ignorantes; ellos también tienen su historia.

Evita a las personas ruidosas y agresivas, pues son un vejamen para el espíritu. Si te dedicas a compararte con otros puedes volverte un a margado o un vanidoso, pues siempre habrá personas más y menos prestantes que tú. Disfruta de tus triunfos como también de tus planes.

Mantén el interés por tu carrera por más humilde que ésta pueda ser; es un verdadero patrimonio en las cambiantes fortunas que se dan a través del tiempo. Actúa con precaución en el mundo de los negocios, no olvides que éste está colmado de trampas; pero no dejes que los embustes te impidan ver la virtud que te circunda; muchas personas procuran lograr grandes ideales; la vida está colmada de heroísmo por doquier.

Actúa como eres. En especial, no finjas afectos. No seas cínico acerca del amor, pues de cara a la aridez y a toda desilusión es tan perenne como el césped.

Acepta con beneplácito el consejo de los años, entregando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la fuerza del espíritu para que te sirva de escudo frente a las calamidades repentinas. Pero no te dejes agobiar por las suposiciones. Muchos temores nacen del cansancio y de la soledad- Más allá de una sana disciplina, consiéntete a ti mismo.

Eres una criatura del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes todo el derecho a estar aquí, sobre el planeta. Aunque a veces no lo veas con claridad, sin duda el universo se está desenvolviendo como debe ser.

Por consiguiente, busca estar en paz con Dios, como sea que lo hayas concebido, y cualesquiera sean tus labores o aspiraciones, conserva la paz del alma en medio de la ruidosa confusión de la vida.

El mundo sigue siendo bello a pesar de sus falsedades y de las labores monótonas que deben realizarse. Vive alegremente. Procura ser feliz.

Max Ehrmann