Chapter 3. Materials and Methods 42
3.3 Analytical Methods and Measurements 47
Higía. Los latinos lo llaman Esculapio y los cretenses dicen que
fue él, y no Poliido, quien devolvió la vida a Glauco, hijo de Mi-
nos, utilizando cierta hierba que le mostró una serpiente en una
tumba
250.
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1. Este mito se refiere a la política eclesiástica de la Grecia septentrional, Ática y el Peloponeso: la supresión, en nombre de Apolo, de un culto mé- dico pre-helénico dirigido por las sacerdotisas de la Luna en los altares ora- culares de héroes locales reencarnados como serpientes, cuervos o cornejas. Entre sus nombres estaban Foroneo, identificable con el dios Cuervo celta Bran o Vron (véase 57.1); Erictonio, el de la cola de serpiente (véase 25.2) y Crono (véase 7.1), que es una forma de Corono («corneja» o «cuervo»), el nombre de otros dos reyes lapitas (véase 78.a). «Asclepio» («incesante- mente benévolo») debía ser un título cortés que se daba a todos los héroes médicos con la esperanza de obtener su benevolencia.
2. La diosa Atenea, patrona de este culto, no era considerada doncella originalmente, pues el héroe difunto había sido tanto su hijo como su amante. Recibió el título de Corónide a causa del cuervo oracular, y el de «Higía» a causa de las curaciones que hacía. Su curalotodo era el muérda-
248 Germánico César: Sobre los fenómenos de Arato 77ff.; Ovidio: Metamorfosis 642
y ss.; Higinio: loc. cit.
249 Pausanias: ii.26.6; viii.25.6; iii.14.7 y ii.10.3; Estrabón: xiv.1.39.
go, ixias palabra con la que se relacionan estrechamente el nombre Isquis («fuerza») e Ixión («nativo fuerte») (véase 63.1). El muérdago de la Europa oriental es un parásito del roble, y no, como la variedad occidental, del álamo o el manzano; y «Esculapio», la forma latina de Asclepio —que al parecer significa «lo que cuelga del roble comestible», es decir, el muérda- go— puede muy bien ser el título anterior de los dos. Al muérdago se lo consideraba como los órganos genitales del roble, y cuando los druidas lo podaban ritualmente con una hoz dorada realizaban una emasculación sim- bólica (véase 7.1). El jugo viscoso de sus bayas pasaba por esperma de ro- ble, líquido de gran virtud regenerativa. Sir James Frazer ha indicado en su
Golden Bough que Eneas visitó el Infierno con muérdago en la mano y así
retuvo el poder de volver al mundo superior cuando quisiese. La «cierta hierba» que sacó a Glauco de la tumba es probable que fuera también el muérdago. Isquis, Asclepio, Ixión y Poliido son, en realidad, el mismo per- sonaje mítico: personificaciones del poder curativo que reside en los órga- nos genitales desmembrados del héroe-roble sacrificado. Quilo, otro nom- bre de Isquis, significa «el jugo de una planta o baya».
3. La distribución de la sangre de la Gorgona por Atenea a Asclepio y Erictonio indica que los ritos curativos utilizados en este culto eran un se- creto que guardaban las sacerdotisas y cuya investigación implicaba la muerte; la cabeza de la Gorgona es una advertencia formal para los escu- driñadores (véase 73.5). Pero es probable que la sangre del rey-roble sacri- ficado, o de su hijo sustituto, haya sido distribuida en esas ocasiones, así como jugo de muérdago.
4. Los autógrafos de Apolo han hecho a su hermana Artemis responsable por la muerte de Isquis; en verdad, ella era originalmente la misma diosa que Atenea, en honor de la cual moría el rey-roble. También han hecho que Zeus mate a Isquis y Asclepio con rayos; y, en verdad, todos los reyes del culto del roble morían bajo el hacha doble, más tarde formalizada como rayo, y habitualmente se asaban sus cadáveres en una hoguera.
5. Apolo maldijo al cuervo, quemó a Corónide por su amorío ilegítimo con Isquis y reclamó a Asclepio como hijo suyo; luego Quirón y él le ense- ñaron el arte de la curación. En otras palabras: a los sacerdotes helenos de Apolo les ayudaron sus aliados magnesios, los Centauros, que eran enemi- gos hereditarios de los lapitas, a apoderarse del oráculo-cuervo tesalio, con el héroe y todo, expulsando del colegio a las sacerdotisas de la Luna y su- primiendo el culto de la diosa. Apolo conservó el cuervo robado como un emblema de la adivinación, pero sus sacerdotes consideraron que la inter- pretación de los sueños era un medio más sencillo y eficaz de diagnosticar las dolencias de sus enfermos que el graznido enigmático de las aves. Al mismo tiempo, el empleo sagrado del muérdago se interrumpió en Arcadia, Mesenia y Atenas, e Isquis se convirtió en un hijo del pino (Elato) y no del roble; y de aquí la pina de alfóncigo en las manos de la imagen de Asclepio
en Sición. Había otra princesa lapita llamada Corónide a la que violó Butes, el antepasado de los butades atenienses (véase 47.4).
6. La forma de serpiente de Asclepio, como la de Erictonio —a quien Atenea concedió también el poder de resucitar a los muertos con la sangre de la Gorgona— demuestra que era un héroe oracular; pero varias serpien- tes domesticadas se guardaban en su templo de Epidauro (Pausanias; ii.28.1) como un símbolo de renovación, porque la serpiente muda la piel cada año (véase 160.11). La perra que amamantaba a Asclepio cuando el cabrero le aclamó como el rey recién nacido, debe ser Hécate, o Hécabe (véase 31.3, 38.7, 134.1, 168.n y 1); y quizá para explicar esta perra con la que siempre se le representa se decía que Quirón le instruía en la caza. Su otra madre adoptiva, la cabra, tiene que ser la Cabra-Atenea, en cuya égida se refugió Erictonio (véase 25.2); en verdad, si Asclepio tenía original- mente un hermano mellizo —así como Pelias fue amamantado por una ye- gua y Neleo por una perra (véase 68.d)— ése debió ser Erictonio.
7. Atenea, cuando renació como una hija leal y virgen del Zeus olímpico, tuvo que seguir el ejemplo de Apolo y maldecir al cuervo, anteriormente su familiar (véase 25.e).
8. El sauce era un árbol que poseía una magia lunar poderosa (véase 28.5, 44.1 y 116.4); y la droga amarga preparada con su corteza sigue sien- do un específico contra el reumatismo, del que debieron sufrir mucho los espartanos en sus valles húmedos. Pero ramas de la variedad particular de sauce con la que estaba asociado el Asclepio espartano, a saber, el agnus
castus, eran esparcidas en los lechos de las matronas en las Tesmoforias
atenienses, un festival de la fertilidad (véase 48.1) supuestamente para ale- jar a las serpientes (Arriano: Historia de los animales ix.26), aunque en realidad para estimular a las ánimas en forma de serpiente; y por lo tanto los sacerdotes de Asclepio pueden haberse especializado en la curación de la esterilidad.