A lo largo del estudio se han ido desgranando multitud de testimonios en los que las víctimas del desplazamiento forzado, el exilio y los bombardeos señalan el grave empeoramiento de sus condiciones de vida, tanto desde un punto de vista material como de salud. Se vieron obligados a abandonar sus casas, medios de vida y trabajos; y a crear campamentos de refugiados en medio del desierto, con una dependencia absoluta de la ayuda humanitaria. Su salud se resintió por las condiciones de la huida, las heridas del bombardeo y la precariedad de los campamentos, pero también por el estrés crónico permanente de una situación de constante vulneración de sus derechos fundamentales: separación de familias, imposibilidad de retornar a su tierra, pérdida de su identidad cultural, negación de su sufrimiento, etc.
Este conjunto de impactos tiene una clara traslación al plano colectivo y comunitario en los campamentos de población refugiada, dado que los bombardeos fueron un ataque contra el conjunto del pueblo saharaui, no sólo por ser indiscriminados y realizarse contra numerosa población civil no beligerante, si no por su intencionalidad: la destrucción y expulsión de un pueblo para el control del territorio. Las víctimas entrevistadas incluyen como elemento reparador la propia resolución del conflicto, con la consecución de una solución justa que les permita la vuelta a su tierra en paz y libertad.
Realmente hasta la muerte de mi hija no reparé. Realmente lo que más me dolió es lo que se ha hecho común a todos los saharauis y es que realmente es una injusticia, es una imagen colectiva de todos. Me ha dolido toda la vida y aún hoy me duele. Lambarka Mahmud.
• Sentimiento de desamparo e indefensión
Desde el éxodo y los bombardeos, que ocurrieron en 1976, no se ha realizado una investi- gación, reconocimiento y reparación de los hechos. Esa falta de respuesta de la justicia en casos de vulneraciones de derechos humanos sistemáticas y masivas, genera un sentimiento de desamparo e indefensión, no sólo en las víctimas sino en el conjunto de la sociedad. Hay una ruptura en el sentido de continuidad de la vida y la confianza en el prójimo, alterando la visión de uno mismo y del mundo. El impacto del bombardeo se ha mantenido especialmente en la conciencia, en la mente y en el corazón de los sobrevivientes, siendo a la vez parte de un recuerdo compartido de las condiciones extremas que les llevaron al refugio.
El ver tantos cadáveres mutilados, carbonizados, deja secuelas. Un sentimiento, una sensación extraña; una mezcla de rabia e impotencia. Rabia por lo que ves: cómo te están masacrando irremisiblemente; e impotencia porque no sabes qué hacer para parar eso. La rabia y la impotencia supongo que marcan por mucho tiempo. Sid-Ahmed Baba Chej.
• Provisionalidad permanente
La expulsión de su territorio condenó al pueblo saharaui a instalarse en campamentos de refugiados en una inhóspita zona del desierto. A pesar de sus intentos por generar capacidades propias, están condenados a una dependencia casi total de la ayuda humanitaria. El refugio, aunque les ha permitido estar a salvo, les ha sumido en una permanente provisionalidad a la espera de que se ejecuten las resoluciones de Naciones Unidas sobre su retorno y la celebración de un referéndum de autodeterminación. Esta situación de permanente provisionalidad en circunstancias de escasez, tiene unos efectos psicológicos devastadores, especialmente en las generaciones más jóvenes que no ven ninguna expectativa de futuro.
Nosotros estamos refugiados en esta tierra argelina y agradecemos este gesto de solidaridad por parte de Argelia. Ya ve usted que aquí el sol nos calcina y las condiciones de vida son durísimas, pero esto no será un obstáculo para conseguir lo que estamos buscando: nuestra patria independiente Nada más y nada menos. Iauguiha Ali Mohamed.
• Traumatización repetida y continuada
La mera existencia del refugio y las penosas condiciones materiales en que se encuentran son una consecuencia directa del desplazamiento forzado y los bombardeos de 1976. Se
trata como hemos visto anteriormente de vulneraciones de derechos humanos conforme al Derecho Internacional que se dan de un modo continuado en esta población desde hace cuarenta años. Además es frecuente que entre esas víctimas directas y en sus familias se hayan dado otras violaciones de derechos humanos como la desaparición forzada, detenciones arbitrarias o torturas, y, por otra parte, sufrimientos injustos y factores de estrés negativo extremo, como la separación familiar crónica. Muchas de las víctimas que han prestado su testimonio manifiestan dificultad para poder expresar y hacerse entender por tanto dolor padecido. Esta situación se acrecienta al no haber existido aún ninguna medida de reconocimiento y reparación del daño causado por los bombardeos.
Yo era una niña y no era consciente de lo que estaba pasando. Al principio, incluso pensé que era un juego. Después, cuando no encontraba a mi familia y me quedé sola, me asusté mucho. Ahora soy consciente de lo que pasó, y lo revivo con más miedo. Lo tenemos presente constantemente, incluso hay ocasiones en que lo revivo como si fuera ahora mismo. Intentamos transmitirlo a la familia, a los nietos, pero estos días han sido especialmente duros por el campamento de Gdem Izik. Lo hemos vuelto a revivir porque, aunque no es lo mismo, pensábamos que nuestras familias de los Territorios Ocupados iban a volver a pasar por lo mismo. Pero, así es la vida, ¿no? M.M. (Mujer).
• Reactualización del sufrimiento
La ausencia de reconocimiento y el mantenimiento de las condiciones que dieron origen al refugio reactualiza el sufrimiento del bombardeo, que es a la vez la imagen traumática de lo que sucedió y el recuerdo permanente de por qué se está aún en el refugio. Han sido frecuentes los quebrantos emocionales durante la recogida de los testimonios, o trastornos del sueño o ansiedad que se reactualizan con el mantenimiento del conflicto o el conocimiento de nuevas violaciones. Un efecto particularmente fuerte entre las víctimas del bombardeo en el refugio se dio con el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik en noviembre de 2010 que recordó a muchos sobrevivientes sus propias experiencias traumáticas.
Aquello me marcó tanto, que muchos años después aquellas imágenes están en mi mente y acuden de nuevo, cada vez que veo una noticia de guerra o una acción bélica. Sid-Ahmed Baba Chej.
• Desestructuración de su modo de vida
Muchas víctimas del bombardeo señalan las consecuencias negativas que ha tenido el mismo en sus proyectos de vida, tanto por el hecho de estar en el refugio, como por las lesiones más graves que algunos sufren aún en sus cuerpos. Se aúnan la frustración de los proyectos personales y la negación de una identidad cultural –que es el eje del conflicto– con la imposibilidad de volver a su territorio y con ello poder volver a sus vidas anteriores, en algunos casos muy enraizadas en un modo de vida tradicional vinculado al pastoreo, el nomadismo, la pesca, etc.
Antes de la invasión vivíamos en la zona de Dajla, de allí a La Güera, a Tichla, a Auserd... Vivíamos como nómadas. Vivíamos en paz y armonía con los españoles. Ellos tenían sus asuntos y nosotros los nuestros. Generalmente estábamos en el desierto, pero cuando había una situación de sequía nosotros podíamos entrar en las ciudades por una temporada, antes de volver de nuevo al desierto. Brahim Mohamed Sidiahmed.
• Empobrecimiento
De ser un pueblo que tenía la capacidad para gestionar de un modo eficaz los recursos de su territorio para cubrir sus necesidades, han pasado a depender casi totalmente de la ayuda humanitaria. El empobrecimiento radical, el desposeimiento fruto no de hechos azarosos si no de actos violentos como el pillaje, el desplazamiento o la destrucción de bienes básicos para la población civil causaron y causan enormes padecimientos y limitaciones. Como ya se ha visto anteriormente supone un crimen desde el punto de vista del Derecho Internacional pero sobre todo la frustración de cientos de miles de proyectos vitales que se ven imposibilitados por la carencia de alimentos, agua, recursos... Suele destacarse habitualmente la determinación mostrada por la sociedad saharaui, bajo el liderazgo fundamental de las mujeres, para organizar en el refugio unos mínimos aunque precarios e insuficientes servicios de salud o educación. Por otro lado, es un aspecto importante la sobrecarga de cuidados que ha supuesto y sigue suponiendo atender a un número importante de personas que fruto de estos padecimientos tiene diversos grados de dependencia. Esto repercute nuevamente en las familias de las víctimas que son las encargadas de atenderlas.
Lo único que paliaría en algo los sufrimientos sería la liberación de nuestras tierras de la ocupación marroquí. Aún hoy la potencia ocupante sigue infringiendo sufrimientos, tortura y muerte a los saharauis en los territorios ocupados. Por otra parte la vida en la hamada de los saharauis refugiados, cada vez es más miserable. Sukeina Lbar Mohamed.
• Carácter transgeneracional
Las consecuencias de los bombardeos tienen un impacto transgeneracional. Por una parte, las víctimas de los bombardeos pertenecen a diferentes generaciones –fueron adultos y también menores la población agredida– que siguen sin ver reconocido el sufrimiento padecido. Al mismo tiempo, las nuevas generaciones forman nuevas familias en las que ese daño se transmite a través de exigencias de cuidados o condiciones económicas precarizadas.
Lo que cambió mi vida es que este niño nunca olvidará lo que pasó en aquel momento, quedará grabado en mi memoria. Aquel niño tuvo que recorrer muchos kilómetros a pie, el hambre, la sed que pasó, el sufrimiento hasta que intentas superar lo que te pasó y olvidarlo, pero nunca lo puedes olvidar. Hamdi Lejlifa.