Una continuación, casi lo mismo, de lo que comentamos en capítulos anteriores, el juego, los juguetes y el fútbol, es el deporte en un sentido amplio. El niño hace deporte jugando y juega haciendo deporte. El juego y el ejercicio están íntimamente unidos, sobre todo cuando se realiza fuera de casa (como antes) y no delante del ordenador (como ahora), en una situación diferente que consiste en que con el ordenador lo que se practica es juego pero no deporte.
Hoy, niño, en el cole tenéis deportes claramente definidos: puede ser el fútbol, pero también tenéis otras posibilidades, el balonmano y el baloncesto, incluso no es muy complicado en un pueblo con puerto de mar que tengáis un Club Náutico en el que podáis
practicar vela con Optimist, o remo en piragua, o incluso natación en una piscina. También suele haber piscinas municipales en los pueblos un poco grandes. En el cole seguro que también tenéis posibilidad de practicar algún tipo de atletismo (carreras, lanzamientos, etc.) y, el que destaque, tendrá muchas facilidades para seguir practicando su deporte favorito en cualquier otro club. El judo u otros deportes de gimnasio, también seguro que los conocéis y que, si queréis, los podéis ejercitar a poco interés que tengáis por uno de ellos.
En contraste, nosotros no teníamos nada de eso: nadar sólo se podía hacer en el mar y, por lo tanto, en la playa durante el verano, pero siempre aprendiendo por uno mismo, sin ninguna dirección ni apoyo; del resto, nada de nada. Entre nosotros sabíamos quien corría mucho y muy bien, y quien era capaz de recorrer 5 kilómetros a gran velocidad sin cansarse, pero no había marcas, ni medidas de tiempo, ni entrenadores. Había una mesa de ping-pong, tanto en Caldas de Reis como en A Guarda, pero estaba en el Frente de Juventudes (Falange Española) y además había que pagar para jugar. Claro que pagaba el que perdía, y por eso todos tratábamos de ganar para jugar mucho tiempo y gastar poco dinero. Pero éramos tantos que tocaba a muy poco. De todas formas, aquello era una idea innovadora. En A Guarda también hubo ping pong, un poco más tarde, en la asociación de Acción Católica.
Hacíamos marchas y senderismo, pero no sabíamos que hacíamos eso, simplemente íbamos aquí y allá porque lo pasábamos bien. En la playa hacíamos concursos de salto de longitud y de altura, pero para nosotros eso era sólo jugar. Incluso llegamos a jugar al lanzamiento del peso cuando encontrábamos una piedra redonda que se adaptase a la mano. Y lo hacíamos con los movimientos típicos del lanzador que alguno de nosotros habría visto en algún NO-DO (ya sabes, aquel
reportaje que se ponía en el cine antes de las películas) y todos los demás imitábamos.
También sin saberlo hacíamos gran cantidad de ejercicio cuando nos dedicábamos a otras actividades, como la pesca (de la que luego hablaremos), o recorriendo distancias por las rocas. ¡Hacíamos
carreras sobre las rocas próximas a la playa! ¡Dios!... ¿Cómo no nos matamos?
Hoy casi todos los niños tenéis bicicleta ¿a que sí? Y patines, y monopatín, y todos los suplementos, rodilleras, protección para los codos, casco, etc. La bicicleta en los tiempos de posguerra era un bien deseado pero no poseído; muy contados niños de mi época tenían bicicleta. Algunos andaban en las de sus padres y, como no llegaban a los pedales si se sentaban en el sillín, metían una pierna por el cuadro y pedaleaban de pie, mientras la bicicleta se mantenía en
posición oblicua. Un verdadero malabarismo. Pero teníamos la suerte de que había tiendas de bicis donde se podían alquilar, por ejemplo la de
Xuón (así pronunciábamos, pero creo que era João, un portugués afincado en A Guarda). Con el alquiler de bicis, al menos pudimos aprender a andar en ella y, cuando conseguíamos reunir unos reales, nos deleitábamos con el alquiler de una (mejor de mujer, para que no tuviera barra y poder llegarle a los pedales), y durante un cuarto de hora o media hora nos lo pasábamos pipa paseando por el pueblo.
De otros juegos muy poco; patines, yo sabía que los había e incluso un día en Caldas de Reis vi a un niño con ellos, pero esa fue toda mi información. De otros deportes que precisaban aparatos, como el piragüismo, deportes de nieve, el tenis, el esquí, etc., sabíamos que existían porque los veíamos en el NO-DO, o por lo poco que se contaba o se veía en las revistas, pero no por la posibilidad de
practicarlos. Hoy la información sobre deportes ha crecido enormemente y no hay periódico que no tenga unas páginas dedicadas al mismo.
Lamentablemente, esta afición por el deporte escrito o
televisado la han aprovechado casas comerciales para hacer creer que las carreras de coches y de motos son deportes. !Que disparate¡ Sólo son un medio de gastar dinero, hacer ruido y contaminar (mientras ciertas multinacionales se forran); no estimulan el esfuerzo físico ni la vida sana; las personas que lo practican podrían ser hasta
parapléjicos, porque no hace falta nada especial, ya que quien hace el esfuerzo del desplazamiento es el motor. En el caso de la mayoría de los verdaderos deportes, los aficionados (y no sólo las figuras) pueden practicarlo (como el fútbol, el atletismo o el tenis)
obteniendo ventajas físicas, fortaleciéndose y haciendo su vida mejor y más sana. Por el contrario, los aficionados al llamado "deporte" del motor, no pueden ejercerlo, y si lo hacen no tienen ninguna ventaja: sólo conseguirán consumir más gasolina, gastar más dinero en
vehículos, hacer más ruido, contaminar más y, como no existen
circuitos para aficionados, terminarán poniendo en peligro su vida y la de otros, conduciendo imprudentemente por las carreteras normales. Pero el capitalismo y el consumismo siguen metiendo sus marcas de coches y motos en las páginas de deportes para que se conozcan y (como resultado final) que la gente se crea que lo son, se popularicen, interesen y así obtener más beneficios económicos.
No te metas en esto, chaval: correr es malo, consumir innecesariamente es peor. Busca deportes que te acerquen a la
Naturaleza y mejoren tu forma física sin causar riesgos de accidentes, no practiques aquello que sirve para deteriorar el medio ambiente, causar molestias y ruidos, causar gastos, aumentar el consumismo y frecuentemente el riesgo de provocar accidentes y lesiones graves, sin mejorar para nada tu forma física.
Capítulo 11