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Approaching evidence: process vs process product 153

8. DISCUSSION 144

8.4. Approaching evidence: process vs process product 153

Desde el punto de vista geográfico y climático, la región del sudoeste se caracteriza por su carácter semidesértico con predominio de la aridez en altura. Al norte limita con las Montañas Rocosas y al noroeste con la Gran Cuenca. Se extiende por todo el Valle del río

San Juan, hasta el curso bajo del río Colorado, su principal afluente. La altura promedio de la altiplanicie ronda los mil ochocientos metros, alcanzando alturas máximas de tres mil metros, con una pendiente general hacia el sudoeste, hacia el río Gila y el delta del Colorado, sus límites meridionales.

Se trata de una meseta árida que Murdock (1934/1945: 260) describe como “un desierto ondulado y arenoso que la erosión ha sembrado de torrenteras, de desaguaderos y de cañones al mismo tiempo que la ha tachonado de fantásticos montes aislados y de mesetas de cima plana”. Toda la región está moldeada por años y años de erosión, y en su parte septentrional el altiplano alterna zonas de alturas que forman riscos escarpados, los llamados cañones, con zonas planas conocidas como mesas. Estas mesas se proyectan en forma de lenguas de altiplanicie hacia el interior de la cuenca dejando entre sí amplios valles que encauzan las corrientes de agua originadas en el norte de la meseta, por los que esta desagua, arrastrando consigo los sedimentos.

Con un clima seco y templado, predominan los cielos azules que enmarcan una atmósfera muy trasparente, parcialmente interrumpida por las lluvias estivales que caen a partir de mediados de la estación. La vegetación de enebros y pinos presente en las zonas más elevadas de las mesetas permite inferir que allí las precipitaciones deben ser un poco más abundantes que en las zonas más bajas del altiplano donde se registran en pocas cantidades, alrededor de los 254 mm anuales (Forde, 1966). Las lluvias suelen ser escasas y ocasionales, pero caen con gran fuerza conformando verdaderos aguaceros, que si se acompañan de vientos fuertes generan violentas tormentas que reavivan efímeramente los cauces secos y pueden incluso desbordarse produciendo inundaciones por saturación en la zona.

Por otro lado, los inviernos suelen ser poco rigurosos, sus temperaturas rondan los 0ºC, y se registran leves nevadas que promueven la acumulación de humedad en el suelo. Mientras que la época de primavera se presenta como el momento más seco de todo el ciclo anual.

La vegetación nativa de la región está condicionada por estas características semidesérticas. Predominan especies arbustivas como la salvia, yuca y cactus, mientras que en los cauces ribereños también pueden crecer enebros, pinos piñoneros, pinus ponderosa y encinos achaparrados (Murdock, 1934/1945, Tuttle et al., 2008). Flores y hierbas tiernas crecen efímeramente en el verano luego de las lluvias.

La caracterización de la fauna nativa en el momento que precedió al contacto sostenido con grupos euroamericanos incluía una diversidad de mamíferos como el venado, el antílope, una variedad de felinos como el puma, gato montés, coyote, zorro, lobo, tejón, así como osos, y animales de caza menor como el conejo y roedores (Murdock, 1934/1945).

Estos recursos naturales han sido complementados en particular por los grupos pueblo mediante la práctica de la agricultura, a partir de la tríada agrícola, aunque principalmente en base al cultivo de maíz. Las principales variedades seleccionadas por los hopis durante cientos de años son el maíz azul, el púrpura, el rojo amarillento, el blanco y el dulce (Tuttle et al., 2008).

La práctica de la agricultura por los grupos pueblo se basó en el reconocimiento de dos zonas con condiciones favorables para llevarla adelante en este ambiente árido. Por un lado, el centro del valle recibe el escurrimiento natural de agua desde las tierras altas de las mesas que acaba formando áreas naturalmente inundadas, como los lagos de escasa profundidad y corta vida. Estos se generan con la disminución de la pendiente general del terreno, cuando el agua semi encauzada se esparce en abanico por la llanura aluvial. La otra zona favorable para el cultivo es la franja de tierra situada en la base de las mesas, que recibe el aporte lateral de agua proveniente de manantiales, generados por las filtraciones de agua subterráneas que afloran fácilmente al exterior.

Estas condiciones geológicas de la región del Sudoeste revisten una importancia económica fundamental para los hopis, quienes han sabido aprovecharlas emplazando sus aldeas en las proximidades de la zona donde se forma el extenso cordón de tierra cultivable97 (Forde, 1966).

Sin embargo, el tipo de agricultura, calificado por Forde (1966) como “agricultura de tierras inundadas” pero conocido en la bibliografía más amplia sobre el tema como agricultura de secano, encuentra su contraparte en las tormentas destructivas propias del verano. En tanto que, además de producir inundaciones en los campos de cultivo, pueden generar depósitos de sedimentos sobre las áreas cultivadas como también horadar el suelo con el escurrimiento del agua por la pendiente, formando canales que desvían el cauce natural de las avenidas hacia las parcelas de cultivo. Forde (Ibíd.) nos indica que estos canales de erosión comenzaron a formarse en tiempos relativamente recientes pudiendo deberse al aumento de animales de pastoreo en la zona del valle98, que disminuyen la cubierta vegetal natural y favorecen la aceleración de los procesos erosivos. Esto ha impulsado a los agricultores hopis a edificar barreras con elementos naturales que acabaron formando pequeñas mesetas que acumulan el agua y conformaron nuevas plataformas de cultivo.

Observamos entonces que el ambiente del sudoeste de América del Norte es un medio antrópico complejo y dinámico, en donde las interacciones que se establecen entre el entorno natural y los grupos humanos que lo habitan son resultado de la retroalimentación de todos los componentes que lo integran.

Como sabemos por los aportes de la Arqueología y de la Etnografía de la región, la práctica de la agricultura y las transformaciones que implica en el ecosistema no caracterizaron a los grupos pueblo durante toda su historia, a la vez que el tipo de agricultura realizada por los hopis no es patrimonio exclusivo de ellos, sino una práctica compartida por otros grupos pueblo, como los zuñis y los tewas y por las tradiciones meridionales agricultoras mesoamericanas.

En este sentido, encontramos en el área del Sudoeste cierta unidad cultural entre los diferentes grupos pueblo, que atraviesa toda su organización sociocultural y se evidencia en sus prácticas de subsistencia, su organización social, su calendario ceremonial y sus viviendas, a cuyos rasgos nos aproximaremos a continuación considerando en particular el caso de los hopis.

97 Allí donde el punto de intersección entre la arenisca y la pizarra se encuentra a poca altura sobre la base,

coincidiendo con el estrechamiento del valle y originando la franja extensa de tierra fértil.