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7. DATA PRODUCED 80

7.5.4. Audit communication record 134

Los blackfeet, de vida nómada, eran expertos cazadores de bisontes. Empleaban la carne de este animal para alimentarse, la piel para abrigo, vivienda y comercio, la cola para elaborar cuerdas y arcos, los cuernos para fabricar armas y utensilios varios y los cráneos eran reservados para fines rituales. La caza del animal consistía en provocar la estampida de la manada hacia un desfiladero. Con la incorporación del caballo, los búfalos comenzaron a ser flechados al galope. En el siglo XIX, cuando obtuvieron armas de fuego por medio del trueque con los colonizadores, la caza en pequeñas partidas desempeñó un papel cada vez más importante. Tiempo antes se habían establecido leyes que regulaban la cacería comunal.

Esta actividad de subsistencia se integraba a la del antílope, alce, ciervo y oso. El aporte a la dieta se completaba con la pesca ocasional y la recolección, fundamentalmente de tubérculos y bayas. Practicaban una agricultura estacional y con fines rituales, con la que obtenían tabaco que fumaban en pipas de cerámica.

Una cacería fructífera era el momento oportuno para almacenar grandes cantidades de alimentos. La carne era cortada en delgadas tiras que se secaban al sol, ligeramente asada, triturada y reducida a harina. Esta última, mezclada con grasa, se cubría de sebo obteniendo el

pemmican, que se consumía cuando no se disponía de carne fresca, y que, a la vez resultó un

importante elemento de comercio, como mencionamos anteriormente.

La organización social de los blackfeet estaba directamente vinculada a la ruta anual de desplazamiento de los animales. La subsistencia en torno del búfalo los condujo a desarrollar una morfología social estacional a lo largo del ciclo anual. La misma estaba regulada por las condiciones de las pasturas, la consecuente concentración de los animales y las posibilidades de movilidad de las bandas en los territorios de caza. En primavera y verano, cuando abundaban los pastos tiernos, se concentraban los grandes rebaños y las bandas se nucleaban -para organizar grandes grupos de caza- en campamentos. No obstante, el grupo de familias emparentadas que formaban un campamento de invierno tendía continuamente a expresar su individualidad económica y social. En otoño e invierno, cuando las pasturas eran escasas o de

menor calidad, los rebaños de animales se dispersaban en el territorio, obligando a los blackfeet a aumentar su movilidad y a dispersar sus bandas, dando lugar a grupos más reducidos de caza. En consecuencia, mientras que para una parte del año se reconocía la autoridad política en los jefes tribales y los Consejos, en la otra parte la misma no superaba al jefe de cada banda.

Adaptados a esta movilidad, sus tipis eran fáciles de montar, plegar y transportar. La vivienda y otros enseres eran acarreados sobre la espalda de las personas y transportados por los perros en sus lomos o arrastrando una especie de vehículo o dispositivo de arrastre conocido con el nombre de travois. Con la incorporación del caballo, esta estructura aumentó de tamaño y permitió trasladar mayor peso.

Los blackfeet creían que los dibujos de los tipis protegían a sus dueños contra los daños y la enfermedad, motivo por el cual su decoración merecía especial atención. El símbolo más importante era la Estrella de la Mañana, un motivo ritual común a otros grupos de las Praderas. La posesión de un tipi sagrado, pintado con determinados diseños, era signo exterior de rango elevado.

Al igual que entre el resto de los grupos de los Llanos, la confección de los tipis era una tarea femenina, así como el curtido de la piel para la elaboración de ropa y zapatos85. Ellas se

encargaban, además, de montar la vivienda, controlar las reservas de agua y leña, recolectar y cuidar de los niños. B. Oldershaw (1987) observa que la posición de la mujer blackfeet fue desestimada por los primeros estudios antropológicos, considerando que las mismas constituyen las “constructoras de la tribu” en varios niveles: doméstico, reproductivo y ritual. El mayor componente de su rol doméstico se expresa en la construcción del tipi, cuyas complejas fases son supervisadas por una mujer de mayor edad y experiencia.

Los hombres cazaban, fabricaban armas y pintaban los tipis y sus ropas. Además desempeñaban funciones políticas y religiosas. Cada hombre adulto o camarada pertenecía a una sociedad, a la que accedía “comprando” el lugar a otro hombre que, conforme avanzaba su edad y tras un período aproximado de unos cuatro años, pasaría a pertenecer a otra sociedad. Cada sociedad tenía un nombre, canciones, danzas y rango propios. Sus miembros, agrupados por edades, compartían capacidades y conocimientos similares.

Los blackfeet llevaban una gran variedad de tocados que servían a diferentes propósitos y tenían diferentes significados. El tocado de guerra con plumas de águila era utilizado por los guerreros prestigiosos y jefes. El peinado recto hacia arriba, acompañado de plumas de aves y el empleo de una cornamenta de búfalo en la cabeza, también eran motivos usuales.

Los hombres eran los encargados de elegir a sus esposas, aunque las mujeres tenían la opción de aceptarlos o no. El hombre tenía que mostrar ante el padre de la mujer sus habilidades como cazador o guerrero, para que éste aprobara el matrimonio. En ese caso, el hombre y la mujer intercambiaban caballos y otros artículos, con lo cual se consideraban casados. El matrimonio pasaba a residir en su tipi o en el de la familia del marido. Aunque estaba permitida la poligamia, preferentemente con la hermana de la esposa, ésta era infrecuente.

85 De estos últimos deriva el nombre de blackfeet, referido a los mocasines que calzaban, decorados con motivos de

Algunos hombres ancianos podían constituirse en miembros honorarios de las sociedades de los hombres más jóvenes. Éstos eran, asimismo, admitidos en las sociedades de los ancianos para prestar tareas para las cuales los mayores estaban inhabilitados. Una de las principales actividades de las sociedades masculinas era la organización del calendario ceremonial de verano. Dicho protocolo requería la acumulación de alimentos e incluía la entrega de vestidos de cuero, caballos, paquetes medicinales, objetos y fórmulas mágicas, de unos hombres a otros86. Las ceremonias se realizaban en grandes tipis construidos a tales efectos y la más importante fue la Danza del Sol. Al igual que para el resto de los indios del área de las Llanuras la Danza del Sol, celebrada en el solsticio de verano, simbolizaba la regeneración de la naturaleza y el renacimiento espiritual del hombre. Se desarrollaba durante diez días y estaba dirigida por una mujer, a diferencia de lo que sucedía en otras tribus de las planicies. Era la responsable de que, durante cuatro días consecutivos, el campamento entero estuviese involucrado en las tareas sagradas. El quinto día se dedicaba a la construcción de una reserva de medicinas, que se entregaba a la mujer encargada del ceremonial. Durante la jornada siguiente, los danzantes bailaban en dirección al sol, utilizando silbatos de hueso de águila y auto-flagelándose. Durante los últimos cuatro días predominaba el desarrollo de rituales masculinos.

Estas prácticas se inscribían en el marco de en una cosmología que admitía la existencia de tres mundos paralelos: uno subterráneo, bajo la superficie de un lago, morada de poderosos espíritus dueños de la fauna y flora; un mundo superior, dominado por espíritus como las Aves del Trueno, donde residían sol y luna, controlando la sucesión de días, noches y estaciones; la tierra, donde gobernaban los espíritus de los cuatro vientos cambiando las estaciones, y regenerando el ciclo de la vida.

La enfermedad era comprendida como consecuencia de la entrada en el cuerpo de un espíritu maligno y se requería de la intervención del chamán para expulsarlo. Los paquetes medicinales, símbolos de poder sagrado, también estaban asociados a la curación. Se obtenían cuando algún hombre joven experimentaba una visión sagrada, donde alguna divinidad le indicaba qué objetos debía reunir y guardar. Podían ser de propiedad individual o grupal. Eran adornados con cuentas, y solían contener salvia y hierba dulce, entre otras plantas empleadas con fines sagrados y curativos. Estos paquetes eran objeto de rituales propios en los que se rogaba por la abundancia de comida y salud.

La artemisia87 y la hierba dulce88 fueron utilizadas con fines ceremoniales y curativos. La primera se empleaba para atender las hemorragias provocadas por las heridas de guerra y en los partos. También se consideraba que actuaba contra la ira, liberando de ella al individuo que la inhalara. La hierba dulce era considerada por los blackfeet como la primera planta que existió en los orígenes del mundo. Dado su valor sagrado, cumplía con funciones de purificación, ya

86 Sin desarrollarse a nivel de otro tipo de intercambios, como puede haber sido el potlatch para los grupos de la costa

noroeste del Pacífico norteamericano (ver Capítulo 3 en este volumen) la práctica del intercambio de regalos favoreció el ingreso de los blackfeet en el circuito comercial con los europeos. A su vez, este intercambio estuvo a la base de la movilidad vertical que se incrementó a medida que lo hacían las riquezas (Wolf, 1987).

87 Artemisia tridentata. Es una especie fanerógama de arbusto con hoja lobulada y fuerte fragancia, nativa de los

Estados Unidos.

88 Odorata hierochloe. Es una hierba aromática originaria del norte de Eurasia y América del Norte, que se caracteriza

que se estimaba que su aroma dulce atraía a los espíritus. Se utilizó como incienso para ofrendar a los antepasados, y ahuyentar al daño, en una variedad de ceremonias. Sus tallos se trenzaban y una vez secos se utilizaban para pintar y decorar. También se fumaba en pipa y se consideraba que su humo llevaba las oraciones hacia el Creador del Humo. La hierba también se masticaba como parte del ayuno prolongado y para entrar en un estado meditativo.

Los muertos eran colocados en el interior de un tipi, enterrados sobre el suelo o sobre una plataforma. Se los acompañaba con algunas pertenencias, que, se consideraba, podían ser de utilidad en una próxima vida. Si un individuo moría dentro de su tipi, no se volvía a utilizar, por temor a los espíritus de los difuntos.

El primer acercamiento entre los blackfeet y los europeos ocurre entre 1730 y 1855 (Dempsey, 2001) y responde inicialmente a un tipo de contacto indirecto, por el cual este grupo recibe armas de fuego (principalmente a través de grupos del noroeste como los cree) y caballos (desde el sur). En tal sentido, sostiene el autor, aunque estos grupos no habían tomado contacto directo con los europeos, ya se encontraban fuertemente influidos por su tecnología. Hacia 1750 se registra el primer trato directo con un explorador inglés, mencionado como Anthony Hendey (Wissler, 1970) y hacia 1780 los blackfeet comenzaron a negociar directamente con los británicos.

Para 1820 llegaron a su territorio los comerciantes europeos en busca de las pieles de castor. Las relaciones de intercambio con los ingleses contrastaron con aquellas generadas con los propios norteamericanos, con quienes se estableció un vínculo mucho más hostil, ya que estos últimos ingresaban en el territorio indio para proveerse por sí mismos de las pieles. La gran demanda de esta mercadería, generó un aumento considerable de las manadas de caballos en poco tiempo. Ello repercutió directamente en el incremento de su riqueza material y en la dominación económica y bélica de los blackfeet sobre otros grupos vecinos.

En 1836 una epidemia de viruela mató aproximadamente a las tres cuartas partes de la población nativa. Nuevos contagios de enfermedades impactaron fuertemente entre 1845 y 1857. Para 1855 se estableció un acuerdo con el Gobierno de los Estados Unidos para facilitar el tendido de redes ferroviarias a lo largo del área. A cambio obtuvieron el reconocimiento de derechos territoriales que sientan las bases para su acomodamiento bajo la política de las reservas indias. Los territorios, y el derecho de caza sobre los mismos, inicialmente reconocidos por el Gobierno de los Estados Unidos, fueron renegociados durante las décadas siguientes en detrimento de los grupos indios. En 1882 la última caza de bisontes americanos fracasó. Junto con ello, la prohibición del gobierno canadiense sobre el consumo de aguardiente, que se había constituido en una dependencia para los nativos, incitó a los traficantes a negociar con los blackfeet a cambio del robo de caballos y ganado a los rancheros. La población descendió dramáticamente con las incursiones para robo, la abstinencia, las enfermedades, hambrunas y guerras. Como sostiene C. Wissler “… los pies negros, a diferencia de otros grupos algonquinos, no emprendieron una guerra abierta contra el

hombre blanco y por ello no fueron derrotados, pero fueron las epidemias y el alcohol los que lograron diezmar su población y destruir su poderío” (1970: 137).

En 1870, tras un nuevo brote de viruela, los grupos del sur accedieron a vivir bajo las leyes norteamericanas y acataron la orden de no cruzar la frontera con Canadá. En 1885 se sumaron los grupos de Montana. Para entonces el búfalo había desaparecido y el hambre mermó las poblaciones indias. Hacia 1900 se reorganiza la vida de los sobrevivientes a un siglo de las epidemias, bajo un patrón de vida predominantemente foráneo.

Actualmente se nuclean en la Reserva India Blackfeet en el Noroeste de Montana (Estados Unidos) y en tres reservas Blackfeet en el territorio de Alberta (Canadá).