7. DATA PRODUCED 80
7.1.4. Audit communication record 82
Las relaciones intergeneracionales constituyen los hilos de la trama de la identidad inuit contemporánea, en un contexto de cambios socioculturales acelerados. Como se mencionó anteriormente, en las últimas décadas los inuit han sabido organizarse para reconstruir sus vínculos culturales y los ancianos se convirtieron en una fuente de gran valor de la cual rescatar sus tradiciones.
Los ancianos que han nacido en las primeras décadas del siglo XX, fueron educados en las formas de vida tradicionales inuits, aunque en un contexto de pleno cambio socioeconómico. Ellos adquirieron, por observación y práctica, las habilidades necesarias para su particular estilo de vida, a la vez que heredaron de sus propios ancianos modelos para y convertirse en decisores y negociadores en el nuevo contexto sociocultural, aprendiendo a adaptarse elásticamente a estas situaciones de cambio. Los ancianos que fueron criados en las maneras de ser y conocer el mundo según las pautas tradicionales inuits, poseen un marco de referencia de gran valor para negociar su futuro y son una pieza fundamental en los procesos identitarios contemporáneos (Lyons, 2010).
Entre los inuits, los ancianos son considerados paradigmas o modelos de la cultura tradicional y, por lo tanto, los depositarios del conocimiento ancestral, actuando como nexo fundamental de las relaciones sociales en la comunidad. Al continuar practicando actividades de subsistencia según las pautas tradicionales, son quienes todavía distribuyen los alimentos autóctonos para su familia, por lo que los jóvenes les dispensan cierto respeto en la vida cotidiana. La participación de los jóvenes en las actividades de caza, pesca y recolección, se encuentra limitada por circunstancias económicas y sociales, y es a través del relato de los ancianos como pueden adquirir este conocimiento tradicional.
Actualmente, los jóvenes inuits criados y educados en un sistema escolar occidental, y expuestos a los estilos extranjeros de discurso, encuentran difícil entender el modo de transmisión de conocimiento de sus ancianos, que sumado a la barrera del lenguaje, plantean un gran desafío para todas las comunidades. Al mismo tiempo ponen en tela de juicio el “éxito” de la vejez de los ancianos, es decir, su deseo y capacidad de transmitir a los más jóvenes su sabiduría y su conocimiento acumulado (Collings, 2001), puesto que la sabiduría poseída por un anciano, involucra necesariamente su habilidad para comunicarse con los jóvenes. Asociado al rol relevante que han cumplido las generaciones de ancianos en los proceso de reivindicaciones culturales, registrados en los últimos cuarenta años, encontramos el concepto de “vejez exitosa”, el cual ha sido trabajado por diversos investigadores entre las comunidades inuits57.
La “vejez exitosa” inuit no es concebida de la misma manera entre los géneros. Mientras que para los hombres abarca un bienestar físico asociado a sus actividades como proveedores de recursos de la caza y la pesca, la imposibilidad de llevarlas adelante implica no poder enseñarlas a los más jóvenes; para las mujeres, por su parte, el éxito en su vejez se interpreta
como la capacidad de construir y mantener los lazos sociales que vehiculicen los valores culturales ancestrales. Actualmente, son las mujeres quienes más activamente desarrollan redes sociales, que les permiten estar en contacto con diversas generaciones de su comunidad. Así, al involucrarse en la vida comunitaria, pueden interactuar con los jóvenes y trasmitirles sus conocimientos.
Y es que las mujeres también interactúan todos los días en el ámbito doméstico, en especial con sus hermanos y padres, y son las más jóvenes quienes visitan regularmente las casas de sus padres. En contraste, los hombres ancianos están más aislados, ya que su deterioro físico recae pesadamente en su autoestima y su capacidad de participar en más actividades masculinas y que exigen esfuerzo físico. Por ello, mientras que las mujeres tendrían mayores oportunidades para transmitir conocimiento a las más jóvenes, los hombres estarían más limitados (Collings, 2001).
El desafío impuesto por las restricciones físicas y lingüísticas en la transmisión intergeneracional de los conocimientos tradicionales, se intentó atenuar poniendo en práctica diversas estrategias para fortalecer los vínculos entre los jóvenes y los adultos inuits. Para reforzar los contactos cotidianos, se pusieron en marcha eventos específicamente programados para propiciar el encuentro de la comunidad. Como ejemplo, en Holman se han hecho muy populares el baile del tambor58 en el que participa toda la comunidad, y las noches
de costura para las mujeres. Estos acontecimientos han contribuido positivamente como foro de interacción regular alternativa entre las diferentes generaciones de la comunidad.
Sin embargo, existen otras comunidades inuits donde la pérdida de la lengua no fue tan abrupta, abriendo mayores canales de vehiculización del saber ancestral entre las diferentes generaciones. Tal es el caso de los inuvialuits de Inuvik o Aklavik en la cuenca del Río Mackenzie (actualmente parte de los NWT), entre los cuales “las formas de trasmisión oral y el conocimiento inuvialuit han sobrevivido en el pasaje de relatos entre las familias, la enseñanza de habilidades basadas en el trabajo con recursos locales y los esfuerzos por perpetuar la lengua” (Lyons, 2010: 23).
En medio de los cambios profundos que han atravesado, estas generaciones de ancianos son depositarias de una memoria transmitida por vía oral, que es la fuente de la historia y el conocimiento que nutre a las memorias sociales; es decir, el proceso que asume una comunidad para recordar una historia comunitaria y compartida. Las memorias sociales se configuran como un marco de referencia desde el cual comprender el mundo y un espacio de actuación mediante el cual los miembros de una comunidad pueden negociar su identidad en relación al pasado y planear un futuro común (Lyons, 2010). Para el caso de los inuvialuit de la cuenca del Río Mackenzie, son los ancianos quienes recuerdan los acontecimientos del siglo XX, y trasmiten sus experiencias de contacto con los euroamericanos desde su propio punto de vista a las generaciones más jóvenes, y no ya desde el punto de vista de los relatos occidentales. Estos jóvenes, los hijos y nietos de los ancianos –negociadores, administradores, maestros y líderes de las comunidades inuvialuits actuales-, usan este conocimiento como una
58 Se realiza en ocasiones especiales, tales como nacimientos, uniones, cambios de estaciones, saludos para los
manera de entender y apreciar un pasado colectivo, pero también como una plataforma para afirmar sus identidades actuales y negociar su futuro como grupo.
Los miembros de las generaciones más jóvenes resignificaron la escolarización occidental y las restricciones a sus pautas culturales como una motivación para su activismo presente, reivindicando tradiciones lingüísticas y culturales inuits para forjar su identidad en el mundo moderno. Son las historias, las memorias, y los relatos orales que heredan de sus ancianos y que conforman las memorias sociales de su pueblo, los que les proveen la conexión con su pasado.
Debido a las nuevas realidades económicas impulsadas por la industria comercial ballenera, las poblaciones inuits se fueron desplazando de sus ubicaciones originales en el territorio de Alaska hacia los puntos estratégicos de comercio occidental que estaban o están surgiendo. Esto condujo al intercambio y combinación permanente entre diversos grupos inuits. Por lo cual, en la actualidad, muchos ancianos de estos grupos inuits diferentes mantienen un sentido flexible de identidad étnica, reafirmando sus identidades relativas en diferentes contextos. Así, las relaciones entre pares contribuyen a la construcción e intercambio de saberes que pueden fortalecer las relaciones intergeneracionales, y la identidad colectiva de los inuits, de cara al futuro. Estas formas de auto-representación de los inuits actuales implica cambios en las formas de negociar sus relaciones con los otros y en las formas de contar su historia, de gobernarse y de guiarse por su pedagogía, que se materializan en el reclamo efectivo por la tierra, los recursos, y la unión de las jurisdicciones sobre el desarrollo, la educación, la salud, y el bienestar.