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FUZZY SYSTEMS IMPRECISE DATA

2.3 Systems Resilience

2.4.1 Approximate Reasoning

La época franquista ha generado un interés notable entre los investigadores de la sexualidad, dado el esfuerzo que hizo la dictadura por volver a establecer el orden y la moral perdidos en la época republicana. Existía un discurso explícito de control de la vida sexual, sostenido y justificado por el triángulo Iglesia-Ciencia-Justicia que imponía una política “tradicional” basada en la moral católica (Regueillet, 2004: 1029 y ss.): se priorizaba la reproducción como motivación última del sexo (dentro del matrimonio) y, por tanto, se condenaba la homosexualidad100, la transexualidad, pero también la masturbación o el sexo pre- o extramatrimonial. Todo lo que se alejara de la finalidad de procreación era considerado un peligro para la sociedad:

Cada uno de aquellos discursos pertenecía a un esquema piramidal: la Iglesia poseía los fundamentos del saber sobre el sexo y distinguía las prácticas ilícitas de las normales; el discurso científico apoyaba y demostraba científicamente la veracidad de esas definiciones; la Justicia y la Moral se encargaban de castigar las transgresiones. (Regueillet, 2004: 132)

Los roles de cada cual con respecto a la sexualidad estaban establecidos, aunque en muchos casos no de manera explícita. A diferencia de la censura de la homosexualidad, prohibida por ley, los roles de hombres y mujeres se enunciaban de formas más sutiles y en algunos casos contradictorias. La castidad imponía la virginidad hasta el matrimonio, pero especialmente para las mujeres, ya que los hombres “podían” recurrir a la prostitución. Ya dentro del matrimonio, el Código Penal de 1944 condenaba la infidelidad como adulterio en el caso de las mujeres y como amancebamiento en el caso de los hombres. Se incluía además el “uxoricidio por causa de honor”, esto es, el derecho del hombre a matar o lesionar a su mujer, en caso de que esta le fuera infiel (Moraga García, 2008: 241). Estas diferencias marcaban una división esencial entre los derechos y deberes de cada cual según su sexo.

De hecho, el control de la sexualidad femenina fue una prioridad para el Franquismo, ya que cumplían un papel fundamental en la educación de las nuevas generaciones. Además de los castigos a las republicanas durante y después de la Guerra Civil en forma de violaciones, robo de niños, humillaciones, etc. (Osborne, 2012a;

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Se incluyó a los homosexuales en la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 y en 1970 en la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, entendidos aquí como enfermos más que como criminales.

Sánchez, 2012), los esfuerzos para (re)educar a las mujeres se centralizaron en la Sección Femenina de F.E.T. de las J.O.N.S., la rama femenina de Falange que estuvo activa desde 1934 hasta 1977, bajo la dirección de Pilar Primo de Rivera. Su objetivo principal era promover un modelo de mujer contrario al de la mujer republicana de izquierdas: sus valores debían ser el sacrificio propio en beneficio del cuidado familiar, la dependencia del marido y la pasividad; y su espacio, el hogar101 (Martins Rodríguez, 2012: 277-278).

Marcada por este modelo, la sexualidad solo tenía cabida dentro del matrimonio cristiano con el fin único de la procreación. Las políticas pronatalistas “incentivadoras (seguros de maternidad, subsidios a la nupcialidad, y premios a las familias numerosas)” (Blasco Herranz, 1999: 171) se complementaban con otras represivas, como la condena legal del aborto como “crimen contra el Estado” (íbid.). En su estudio sobre el aborto en Zaragoza en los años 40, a pesar de que las fuentes son escasas y confusas (por no distinguirse siempre del aborto natural), Blasco Herranz deduce de las sentencias judiciales analizadas que la práctica del aborto clandestino era corriente y sus métodos más comunes eran “agujas de punto, tallos de perejil, irrigaciones de agua jabonada, golpes o caídas, baños de mostaza, purgantes de sal o higuera, bolsas de alcanfor en la matriz o sondas”, lo que suponía en muchos casos la muerte de las mujeres que se sometían a ello (ibíd., p. 177). Paralelamente se dio otro fenómeno bien conocido: las mujeres que podían permitírselo viajaban al extranjero, especialmente a Londres102 para someterse a la operación (Alberdi, 1983). Estos viajes se produjeron hasta después de la caída del Régimen (cf. “Abortar en Londres”, El País, 3-10- 1976103), puesto que el aborto no se despenalizó hasta 1985.

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Con todo, la existencia de este espacio propio de la Sección Femenina, permitió, irónicamente, cierta libertad en los intersticios del sistema. En espacios donde la mujer tenía más capacidad de acción, como en los eventos de la Sección Femenina, el lesbianismo, por ejemplo, podía pasar desapercibido (Osborne, 2012).

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Inglaterra legaliza el aborto en 1968, por lo que recibe a mujeres de toda Europa. Alemania lo legaliza en 1974. En Francia el aborto no se legalizó hasta 1975 (con la Ley Simone Veil), promovido entre otros por el movimiento Choisir (elegir) que contaba con la militancia de Gisele Halimi y Simone de Beauvoir. La ley sin embargo requería que la solicitante hubiese residido en Francia al menos tres meses, lo que dificultaba el aborto para las extranjeras (Alberdi, 1983).

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Con este artículo abre el primer número de El País Semanal, lo que refleja la importancia del fenómeno para la sociedad. Además, en 1977, aparece el largometraje de Gil Carretero titulado también Abortar en Londres.

Aunque las mujeres recibieron una atención especial, el control institucional de la sexualidad se daba de forma generalizada, a través de la censura en las manifestaciones culturales y a través de la segregación en los espacios públicos. Existe abundante documentación acerca de este control hasta la última fase del Franquismo: la retirada del informe Kinsey (1967)104 del despacho de Tierno Galván cuando era catedrático de Derecho en Salamanca (Tierno Galván, 1980)105, la clasificación de Helga, la película alemana sobre educación sexual, como contenido para mayores de 18 años o la prohibición del congreso médico Sexualidad y medicina interna en 1973 (Iglesias de Ussel, 1981: 107).

Con todo, dentro de los 36 años de dictadura hubo cierta evolución en la tolerancia a la sexualidad. Hacia el final del régimen franquista, en la etapa del desarrollo, empezó a instaurarse un clima de mayor permisividad que promovió un cambio acelerado en las costumbres sexuales. Varios factores lo favorecieron: “[el] turismo, la emigración, el crecimiento económico, la secularización, la concentración urbana, la propia evolución política del régimen” (Iglesias de Ussel, 1981: 115) hicieron que finalmente las prohibiciones sexuales fueran más una cuestión de apariencias. Desde Estados Unidos y Europa, llegaban los ecos de mayo del 68 y del movimiento hippy que llamaban a la liberación sexual, bajo lemas tan célebres como “Haz el amor y no la guerra”. El aumento progresivo del interés y de la permisividad acerca del tema se demuestra, por ejemplo, en la abundancia de publicaciones sobre sexualidad, que queda patente en la abundante bibliografía (ibíd., p. 128)106.

Otro testimonio revelador de estos cambios sociales es la producción cinematográfica. Así como a principios de siglo la literatura sicalíptica es una forma de tomarle el pulso sexual a la sociedad, en los años sesenta el cine es un excelente observatorio de la cultura popular. En estos años empieza en España el fenómeno

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“El primer estudio riguroso sobre sexualidad es el publicado por Alfred Kinsey en 1948:

El comportamiento sexual del hombre (Kinsey, 1967). Es una investigación que la Sociología

debería incluir entre sus clásicos. Hasta Kinsey el sexo cae bajo el dominio médico y psicoanalítico. Se trataba de investigar para intervenir sobre el individuo. Kinsey marca un breve paréntesis en el que la sexualidad es explicada principalmente a través del contexto social en que acontece.” (Guasch, 1993: 105).

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El relato de este episodio se encuentra en Tierno Galván (1980), citado en Iglesias de Ussel (1981: 107).

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Iglesias de Ussel (1981) aporta una amplísima revisión bibliográfica que clasifica en cinco grupos: impresionistas o costumbristas, jurídicas, médico-psicológicas, sociológicas y críticas.

conocido como el destape. Se trata de películas con guiones humorísticos que empiezan a mostrar a personajes masculinos representando a un tipo de hombre español, entre cómico y viril, seducido por los encantos de mujeres sensuales, con las consiguientes escenas de desnudo parcial mayoritariamente femenino. Según algunos autores, este cine, producido desde los círculos de poder, estaba destinado a “calmar la condición nacional de escasez sexual, que empieza a ser crítica tras el ‘boom’ turístico y la presión social y política del mundo exterior en los años 60 […] para, en el fondo, seguir manteniendo y perpetuando los principios morales del franquismo” (Ballesteros, 2001: 175).

A la luz de los datos disponibles, en 1973, “tres de cada cuatro españoles eran partidarios de la libertad de prensa y de cultos, el 58% estaba a favor de la libertad de sindicación y el 37% era partidario de la libre creación de partidos políticos” (Tusell, 2004: 136). Aunque el estudio no trata la libertad sexual, los datos pueden servir de ilustración de la nueva mentalidad que iba ganando terreno. Rodeada por un mundo en ebullición cada vez más cercano, en los últimos años de la dictadura, la sociedad estaba lista para el cambio en todos los aspectos.