FUZZY SYSTEMS IMPRECISE DATA
1.6 Drivers for research
2.2.2 Obsolescence Mitigation
2.2.2.1 Monitoring Techniques
Tanto los trabajos que distinguen entre tabú e interdicción como los que los agrupan han tratado de subdividir internamente la categoría de lo prohibido, con el fin de poner orden en los distintos dominios de la realidad que se consideran interdictos, que son muy variados. La tendencia dominante es dividir los tipos de tabú según las causas psicológicas que los motivan, como el miedo, el pudor o el respeto; aunque los autores tampoco coinciden en este punto (Calvo Shadid, 2011: 127)56. Es necesario, sin embargo, distinguir entre las causas que subyacen a cada tabú y las categorías mismas del tabú (o dominios, en Widlak, 1970), aunque casi siempre van unidos en la bibliografía.
Para los autores que establecen diferencias entre tabú e interdicción, las causas que motivan un fenómeno y otro no son las mismas desde el punto de vista psicológico, ya que las emociones que subyacen difieren: tras el tabú lingüístico se encuentra el temor ancestral, mientras que tras las interdicciones sexuales, escatológicas, etc., se encuentran la vergüenza, el asco o la repugnancia moral. Estas pueden haberse interiorizado o no, pero poseen, en todos los casos, un origen social externo (Galli de Paratesi, 1964: 19-20)57. También Montero Cartelle (1981) considera que los tabúes tienen dos orígenes posibles: el temor a la palabra en sí, en el caso de los mágico- religiosos; o bien el pudor o la prudencia, orígenes de tipo social según los cuáles no se teme la palabra, sino las connotaciones y asociaciones de suciedad, obscenidad o molestia que despierta el referente.
Crespo Fernández (2007: 28) considera que existen tres causas para el tabú: el miedo, el pudor y el respeto, que motivan el tabú que recae sobre las distintas categorías, como se muestra en el esquema que propone:
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Dos posturas extremas serían la de Grimes, para quien la fuerza motivadora primaria del tabú es siempre el miedo (1978:11), y la de Casas, que considera que las causas son más bien externas, determinadas por normas sociales (1986:30).
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Galli de Paratesi (1964: 21) considera que las interdicciones más interiorizadas son las religiosas y las sexuales, mientras que las más externas son las interdicciones ligadas a la política o la delicadeza social, como el nombre de ciertos oficios considerados bajos.
Figura 3 Causas (gris) y categorías (blanco) del tabú según Crespo Fernández (2007).
La visión que plantea Crespo Fernández es amplia en cuanto a las categorías, pero establece una vinculación apriorística entre estas y sus causas, como en el caso de los demás autores. Para él, el miedo está detrás de los tabúes de lo sobrenatural, de la muerte o de la enfermedad; el pudor es la causa del tabú del sexo y de las funciones corporales; y el respeto, del conflicto social. No obstante, la motivación que puede llevar a considerar uno de estos temas como tabú es, en realidad, variable58. Se podrían traer a colación muchos ejemplos en los que las categorías anteriormente expuestas estuvieran motivadas por cualquiera de las tres causas (o incluso otras), ya que están ligadas a la situación de comunicación concreta en que operan. Por ejemplo, el tema de la muerte no tiene por qué estar motivado por el miedo del hablante, como establece el esquema anterior, sino por el respeto hacia el interlocutor, en caso de una pérdida reciente (también en Uría Varela, 1997: 5) o por el pudor causado por hablar de temas íntimos. Una matización al esquema de Crespo Fernández implicaría desvincular causas y categorías, tal que:
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Aunque Crespo Fernández (2007: 28) matiza, con el ejemplo del sida, que determinadas realidades pueden pertenecer a varias categorías (muerte, desviaciones sexuales, enfermedad), el vínculo que existe entre estas y sus causas parece invariable en su texto (la muerte y el miedo, el pudor y las desviaciones sexuales, etc.). De forma explícita el autor termina el desarrollo de su idea como sigue: “en nuestra clasificación precisamos las causas principales del tabú como generadoras de unos efectos, que son las distintas categorías y subcategorías que hemos señalado” (íbid., p. 29). TABÚ MIEDO SOBRENATURAL RELIGIÓN LO DESCONOCIDO MUERTE ENFERMEDAD ENFERMEDAD GRAVE EFECTOS DE LA ENFERMEDAD PUDOR SEXO ACTO CUERPO CONDUCTAS FUNCIONES CORPORALES ESCATOLÓGICAS NO ESCATOLÓGICAS
RESPETO CONFLICTO SOCIAL
DIFERENCIAS PERSONALES DESCORTESÍA REALIDADES INDESEABLES
Figura 4 Causas (gris) y categorías (blanco) del tabú (basado en Crespo Fernández 2007).
La relatividad no es solo una característica de las causas del tabú, sino también de las propias categorías. Si bien es cierto que se han encontrado similitudes en ciertos ámbitos prohibidos en muchas culturas del mundo59, el tabú está sujeto a múltiples factores externos, lo que sugiere la dificultad de hacer generalizaciones válidas. En la bibliografía, esta característica esencial del tabú se denomina ‘variabilidad’.
2.3.5. Variabilidad
Aunque el fenómeno del tabú en sí es “intemporal y universal” (Crespo Fernández, 2007: 34), la vigencia y la aplicación de los tabúes concretos varía de una sociedad a otra, y dentro de una misma sociedad, en función de varios condicionantes sociales y situacionales (Casas Gómez, 1986: 41, nota 21). Estas características, que ya se han observado para el tabú en general, se aplican de igual manera al tabú lingüístico.
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Allan y Burridge también establecen una nómina de las áreas de la realidad sobre las que, en términos generales, suele pesar una interdicción lingüística, y varias coinciden con lo expuesto por Crespo Fernández: “bodies and their effluvia (sweat, snot, faeces, menstrual fluid, etc.); the organs and acts of sex, micturition and defecation; diseases, death and killing (including hunting and fishing); naming, addressing, touching and viewing persons and sacred beings, objects and places; food gathering, preparation and consumption.” (Allan y Burridge, 2006: 1). MIEDO PUDOR RESPETO TABÚ SOBRENATURAL RELIGIÓN LO DESCONOCIDO MUERTE ENFERMEDAD ENFERMEDAD GRAVE EFECTOS DE LA ENFERMEDAD SEXO ACTO CUERPO CONDUCTAS FUNCIONES CORPORALES ESCATOLÓGICAS NO ESCATOLÓGICAS CONFLICTO SOCIAL DIFERENCIAS PERSONALES DESCORTESÍA REALIDADES INDESEABLES
La bibliografía se refiere a esta característica con las denominaciones de ‘relatividad’ (Crespo Fernández, 2007: 35; Galli de Paratesi, 1964: 21; Montero Cartelle, 1981: 31; Uría Varela, 1997: 8) e ‘inestabilidad’ (Senabre, 1971: 176). En este trabajo, se opta por la formulación sociolingüística de este concepto con la noción de ‘variabilidad’ (cap. I, nota 5), con la que se situaría el tabú explícitamente junto con los demás fenómenos lingüísticos, que manifiestan esta característica. La variabilidad, además de afectar a la consideración de un concepto como tabú, se da también a nivel interno con diferencias de grado en el nivel de estigmatización de cada concepto (como se ha demostrado con algunos experimentos por escalas, ver 2.2.1). Jay (2009: 154) plantea esta característica en términos de efectos de prototipicidad, en el sentido de que algunos ejemplares del tabú son más centrales que otros, provocando que los límites de la categoría sean difusos y, por tanto, difícilmente definibles.
En opinión de algunos autores (Allan y Burridge, 1991; Grimes, 1978, en Casas Gómez 1986: 28), los tabúes son intemporales, aunque sensibles a las realidades pragmáticas, como “época, lugar, pueblo, clase social, sexo, edad y circunstancias” (Casas Gómez, 1986: 41; aunque primero en Montero Cartelle, 1981), factores clásicos de la Sociolingüística tradicional.
Sin embargo, esta afirmación debe ser probada empíricamente ya que, si bien algunos parecen sobrevivir al tiempo y en el espacio, otros no son tabúes fuera de su contexto, como se comprueba en ejemplos como los tabúes de los animales. El lobo, el zorro, la comadreja, la serpiente, la mariposa son tabúes en Galicia (Montero Cartelle, 1981) y en otros ámbitos de la Península Ibérica (García Mouton, 1987b); y en latín, provenientes del indoeuropeo, lo son el oso, el lobo, el zorro, la serpiente, la comadreja, el ciervo, el jabalí y la liebre (Uría Varela, 1997). Sin embargo, estos tabúes no operan en los espacios urbanos, donde la relación con los animales y sus efectos sobre la vida cotidiana es prácticamente nula.
Además de los factores externos, también afectan al nivel de uso de los tabúes algunos componentes de la personalidad, de entre los que destacan la hostilidad, la ansiedad sexual y la religiosidad (Jay, 2000), así como la afabilidad y la meticulosidad (agreeableness and conscientiousness), o la tendencia a la extroversión, la dominación o una personalidad social negativa (Jay, 2009: 156).
2.3.6. Adquisición
La naturaleza social y variable del tabú es en ocasiones poco evidente, ya que se traduce en normas que llegan a estar interiorizadas e integradas como mecanismo psicológico de los hablantes (Senabre, 1971: apart. 2). En el proceso de conceptualización, se adquiere el conocimiento de categorías de la realidad que están marcadas por determinadas restricciones, tanto de comportamiento como de expresión. De alguna forma, se podría decir que las categorías de ‘prohibido’ o ‘permitido’ son una información complementaria que se almacena transversalmente o por medio de etiquetas (Jay, 2009: 158).
Las palabras consideradas “sucias” se adquieren a muy temprana edad, aunque los hablantes son más sensibles al tabú con el paso de los años (Jay, 2009: 154). En Psicolingüística, se ha estudiado que el hablante aprende cuáles son las categorías tabú mediante episodios de condicionamiento negativo cuyo recuerdo persiste hasta muchos años después (Jay, 2000: 115; 2009: 158).
Algunos estudios parecen demostrar que las palabras “sucias” se almacenan en áreas del cerebro distintas: la coprolalia asociada al síndrome de Tourette parece probar que las palabras obscenas, los insultos, etc., presentan características especiales60 que las hacen funcionar al nivel de otros comportamientos compulsivos en los afectados por el Tourette. Se ha demostrado, además, que las palabras tabú sobreviven en pacientes con demencia e incluso con afasia, que han perdido la fluidez lingüística (Jay, 2009: 155).
Esta interiorización de las interdicciones produce una asociación pars pro toto entre la cosa concreta y su nombre (Cassirer, 1959; en Montero Cartelle, 1981: 16). Este proceso se da por una identificación de la expresión de cierta realidad con la realidad misma, de tal manera que la expresión de determinados conceptos produce una invocación de la entidad, como en el caso de la religión (cf. Segundo mandamiento) y de las supersticiones sobre animales peligrosos o personas, o una evocación vívida de la
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Varios autores que se han interesado por el tema del síndrome de Tourette reconocen que aún se sabe muy poco acerca del fenómeno (Allan y Burridge 1991; Martínez Valdueza 1998; Jay 2000). Para algunos autores, el fenómeno de la coprolalia justificaría que las palabras tabú no son verdaderos elementos lingüísticos, idea que Jay (2000: 254) considera un mito.
realidad nombrada, en el caso de la escatología o de la sexualidad61. En este sentido, algunos experimentos de respuesta galvánica de la piel a las palabras tabú demuestran, además, que se reacciona más intensamente a estas que a otras (Allan y Burridge, 2006; MacWhinney, Keenan, y Reinke, 1982: 315, en Allan y Burrridge, 2006: 42). Por este motivo, las aproximaciones psicológicas relacionadas con el tabú lingüístico le confieren una gran carga afectiva y un poder expresivo de emociones muy marcado ( Arango, 1996; en Martínez Valdueza, 1995: 114).
Una de las características fundamentales del tabú es que, a pesar de ser un comportamiento prohibido o restrictivo, cuya interiorización conduce a la autocensura, la comunicación al respecto no desaparece. Tanto los conceptos como las expresiones prohibidas se aprenden junto con sus alternativas adecuadas y las situaciones en las que pueden aparecer: en particular, el tipo de contexto, la relación entre los interlocutores y el marco social y físico (Jay y Janschewitz, 2008). La mayor o menor amplitud de esos contextos responde a ideologías lingüísticas propias de la cultura concreta.