El principio de complementariedad, se refiere al desempeño de los roles en las situaciones sociales, las que cubren las expectativas de los compañeros en la interrelación. Este principio es de mayor significancia de armonía y estabilidad en las que ocurren las relaciones interpersonales. Puede haber disimilaridad en las expectativas y desempeños de los roles, debido a diferencias culturales de clase social o individuales, por falta de complementariedad (Bustamante, 2004, p.29).
La relación complementaria enfermería-familia, se produce porque ambos desarrollan el rol social de cuidado en el hospital, donde en mutuo acuerdo o desacuerdo la familia desempeña actividades de cuidado en el hospital, siendo la enfermera quien enseña, educa y apoya a la familia para afrontar la fase terminal del familiar hospitalizado. Estos seres singulares
enfermera-familia, se complementan, se enlazan, se relacionan, se sinergizan, se auto-organizan, a pesar de las discrepancias que puedan haber entre ellos, tiene como fin primordial el cuidado de la persona con cáncer terminal hospitalizado.
En ese sentido, enfermería-familia cuidan, y se cuidan, es decir, la enfermera realiza el cuidado como un imperativo moral y profesional, y el familiar que acompaña/cuida lo hace como un deber familiar y un acto de amor reciproco. Ambos cuidadores preocupados por satisfacer las necesidades y cumplir con los deseos de la persona terminal.
Al respecto, Santos et al. (2004; p.116 -117) menciona que las personas, con o sin salud, tienen necesidades humanas básicas a ser atendidas. La mayoría son de orden biológica, más concretas y ligadas a la sobrevivencia humana: respirar, alimentar, eliminar, amar. El deseo, es motivado por impulsos que estimulan el sujeto para la vida, para superar problemas, adquirir cosas; es de orden subjetiva.
Es necesario considerar esos dos aspectos en el cuidar/cuidado; es decir, satisfacer las necesidades básicas de la persona terminal y su familiar acompañante como la alimentación, el abrigo, disminución del dolor, entre otros aspectos. Pero, en el cáncer terminal, es fundamental cumplir los últimos deseos de la persona terminal como comidas favoritas, recibir visitas de familiares menores de edad y otros, pues se trata de que la persona viva/muera con dignidad y rodeado de amor.
Sin embargo, pensamos que la enfermera recibe el cuidado de la familia, cuando ellos se comprometen y colaboran cuidando a su familiar hospitalizado, avisando de cualquier adversidad o contrariedad, aprendiendo a cuidar, realizando acciones de cuidado esenciales como: dar alimentación,
medicamentos orales, higiene, comodidad, amor y compresión, lo que hace más humanizada la estancia hospitalaria. De esta manera la enfermera evita el estrés que ocasiona cuidar a una persona con cáncer terminal y su familia, pues a nadie le gusta hablar o enfrentar la muerte, además la productividad que exige la institución, a veces hace que el cuidado sea rutinario y menos humanizado.
La enfermera-familia se complementa para cuidar a la persona terminal, porque ambos son recursos-generadores de bienestar para la persona con cáncer terminal, la manera como se articulen, sinergicen y organicen para trabajar en equipo, influirá en la manera como la persona terminal se sienta anímicamente en el hospital.
Es así que la enfermera organiza su trabajo cuidar/cuidado en el hospital, relacionándose con los otros miembros del equipo y con la familia. Asimismo, la familia se re-organiza para cuidar en el hospital, sin descuidar a otros miembros de la familia y su hogar; aunque en su interior ocurran contrariedades, dificultades ocasionadas por la próxima muerte de su familiar y la probable des-re-organización que ocurra. En ese sentido, la enfermera- familia se ayudan, forman una alianza solidaria dentro del hospital para cuidar a la persona con cáncer terminal, en ocasiones es la enfermera, quien designa las actividades que deben realizar los familiares.
“…los familiares nos apoyan muchísimo, porque nosotros al inicio hacemos funciones vitales y luego nos dedicamos a dar tratamientos, y como ellos están en contacto con sus pacientes nos avisan, señorita yo siento que mi pacientito está caliente o señorita yo lo veo intranquilo, entonces nosotros ya les hemos dicho previamente usted tiene que observarlo y podamos darle la atención oportuna…” (E-Rosa)
La enfermera organiza sus actividades y lo más común (rutinario) que hace es control de funciones vitales, administración de medicamentos, entre otros procedimientos, y a la vez establece una relación de ayuda y cooperación con los familiares por el bienestar de la persona terminal. Asimismo los familiares realizan actividades como observar y avisar si hay alteraciones o se presenta alguna emergencia con la persona terminal.
Para Waldow (2008b, p.91-92) el cuidado, antecede a una acción, es un modo de ser; en realidad constituye la esencia del ser. En la enfermera, el nuevo acuerdo se realiza con cierta dificultad, a veces rechazo y, la mayoría de las veces, se interpreta en forma vaga, confusa e incompleta. Estas dificultades parecen originarse en una tradición, como actividad vista de forma subalterna, complementaria y sin bases de conocimiento propio. Sufre una influencia determinada del modelo biomédico y de paradigmas que se orientan exclusivamente por un actuar técnico y científico, estructurado, regulado, lineal y construido dentro de una racionalidad objetiva, predecible y que disciplina.
El cuidado profesional de la enfermera, se privilegia en el área asistencial pues interactúa con la persona hospitalizada durante las 24 horas y en donde además debe considerar al familiar acompañante. Esa experiencia que para algunas personas se convierte en un aspecto negativo, puede ser fortalecedora cuando esas experiencias de salud/enfermedad sirven para mejorar el estado de salud o el bienestar, acompañar y ayudar a la aceptación, de la discapacidad, de una enfermedad crónica y degenerativa o la muerte. En este proceso interactivo de cuidar y de vivir y morir, puede ocurrir la trascendencia de la cuidadora (enfermera) y del ser cuidado (persona hospitalizada y su familia).
“…las enfermeras lo van controlando a cada momento, ven si tiene fiebre, le dan su medicamento para el dolor…estamos pendiente a la hora que termina el medicamento y cuando falta muy poquito para terminar avisamos a la enfermera, pero a veces no es necesario que le avisen porque ella calcula el tiempo y regresa...” (F- Amarillo)
“…estoy pendiente de su tratamiento, que no le falte papel, su toalla, pijama, viendo si en casa están bien los hijos, para que pueda estar tranquilo mi esposo, en cuanto puedo a la hora de visita, me voy a casa a descasar un rato…” (F- Verde)
El familiar manifiesta que la enfermera controla signos vitales, administra medicamentos y ellos están pendientes de su familiar, sobre todo que no tenga dolor. La enfermera se organiza para realizar funciones vitales y dar medicamentos como actividad prioritaria y a la vez indican “ordenan”, los cuidados que deben brindar en el hospital. La familia se reorganiza, ven a sus hijos por momentos a la hora de la visita médica o por las tardes donde acuden otros familiares. Ese momento lo aprovechan para descansar.
Los familiares reconocen que la enfermera controla signos vitales, alivia el dolor con los medicamentos, y por otro lado la familia manifiesta que también participa en el cuidado de su familiar en el hospital, colabora cerrando las llaves del equipo de venoclisis de su familiar y de otras personas hospitalizadas que se encuentran en la habitación. Observa lo que la enfermera realiza, para que aprenda y luego lo aplique tanto en el hospital y en el hogar, después del alta hospitalaria.
Waldow (2008a; p.58) refiere que cuando se habla de cuidado, se asocia a la idea de ejecución de algún procedimiento en la enfermería. Por
regla general estos cuidados resultan de una prescripción médica de un tratamiento asociado a un problema patológico o enfermedad. Actualmente enfermería se orienta casi exclusivamente por un actuar técnico y científico, estructurado, regulado, lineal, y construido dentro de una racionalidad objetiva, predecible y que disciplina. Conviviendo en un mundo robotizado, de alta tecnología y precisión- casi un escenario de ficción- parece que las características, además, se refuerzan.
Entonces en el hospital la familia es incluida y “utilizada”, para que colabore en el cuidado, cuidando de esta manera a la enfermera, para que no se sobrecargue de trabajo, y por otro lado la familia aprende a cuidar y eso lo aplicará posteriormente en casa. También se ha observado que incluso la familia ayuda a cuidar a otras personas hospitalizadas, que se encuentran al lado de su familiar.
“…el familiar nos ayuda acompañado al paciente, porque él se siente muy sólo y les ayuda bastante estar con su familiar…por eso creo que la familia es incluida en el cuidado desarrollan la observación, avisa, moviliza a su familiar, le da alimentación por sonda, le hace su higiene, está pendiente del tratamiento, hace masajes, le da amor y refuerza la fe en Dios…” (E-Violeta)
La enfermera considera que el acompañamiento de su familiar en la hospitalización es importante para que no se sienta sólo, triste. Al mismo tiempo el familiar acompañante ayuda en el cuidado, va aprendiendo cuidados que luego los aplicará en casa, realizan acciones como cambio de posición, colocación de urinario o chata, baño de esponja, alimentación por sonda nasogástrica, entre otros, pero lo más importante es que le dan amor y compañía.
Waldow (2004, p.108), refiere que la enfermedad provoca un impacto y desestructura el universo familiar; surge sufrimiento cuando la familia ve a su familiar querido amenazado y sujeto a tratamientos agresivos, dolor, dependencia, lo que le provoca una serie de sentimientos controvertidos. Cuando se opta por enfrentar la situación y lidiar con los sentimientos, la familia encuentra equilibrio y fuerzas para encarar la nueva realidad y se prepara para el futuro, ayudando al familiar enfermo a recuperarse, cuando es posible, o a encontrar confort cuando lo inevitable acontece, o sea, la pérdida o muerte.
Las familias tienen necesidades de cuidarse, desarrollar tareas, pasar por niveles de desarrollo, tener sus concepciones y prácticas de cuidado propios, tanto individual como en colectividad. No obstante, el contexto social, económico y cultural condiciona de alguna forma tales concepciones y prácticas, y ellas, también dejan sus huellas en aquellas. Es muy conocida la afirmación que en la familia ocurre más del 70% del cuidado de la salud de las personas, lo que, ha tenido a la familia como un agente efectivo de cuidado (Bustamante, 2004, p.88).
“…le hacemos la higiene…nos esforzamos en que se encuentre tranquila, alegre, cumpliendo en lo que pida, su alimentación…le damos amor, comprensión, le decimos que la queremos mucho, la cuidamos, con su comidita, cambiándole su ropita…” (F-Azul)
“…nuestros familiares nos acompañan, nos dan alegría, nos dan cariño, me ayudan para ir al baño, me arregla la cama, están observando si pasa mi suero, me alcanza la escupidera…” (P- Amor)
Los familiares están cumpliendo deseos, la voluntad de la persona terminal y corroboran lo que la enfermera manifiesta en el discurso anterior. Quero (2007, p.465) establece que las actividades que realizan las cuidadoras familiares en el hospital están relacionadas especialmente con la higiene, la alimentación, la vigilancia y el acompañamiento, el afecto y al apoyo personal, de esta manera tienen una presencia activa en el hospital. Sin embargo, la familia permanece invisible para el sistema de salud, pero, paradójicamente, a pesar de no estar reconocidos como tales, en la práctica se utilizan como recurso y son soporte básico afectivo y de cuidados en la estructura hospitalaria.
Cuando se hospitaliza a una persona con cáncer terminal, sus familiares lo acompañan permanentemente y quieren vivir de manera intensa y unida a la persona con cáncer terminal que pronto fallecerá porque su enfermedad ya esta avanzada, es progresiva e incurable y tiene un promedio de vida inferior a seis meses. Para que ello sea favorable, la enfermera tiene que cuidar e incluir en su proceso de cuidar a la familia y utilizar la tecnología y técnicas con afectividad y cordialidad, para favorecer a la adaptación de la familia durante el proceso de duelo.
Además de todo ello, los familiares acompañantes ayudan en cuidar a otras personas con cáncer terminal, quien en su mayoría son personas que están en la misma habitación o compartiendo el cuarto. Como se devela en el siguiente discurso:
“…a veces ayudo dándole las pastillas al compañero de mi papá o alcanzándole la chata cuando no está su familiar, entre familiares nos apoyamos porque cuando salgo dejo encargado a mi papá con el familiar de su compañero de cuarto… ” (F- Rojo)
El familiar ayuda, colabora en el cuidado de otras personas hospitalizadas, entre familiares se organizan y “encargan” cuando deben salir para que el familiar del compañero de cuarto lo observe y le ayude ya sea avisando a las enfermeras, o alcanzándole la chata o el urinario, pues las habitaciones son bipersonales, y establecen una relación interpersonal de confianza y apoyo mutuo. Entonces existe reciprocidad en el cuidado-ayuda mutua entre familiares, cuidan a otros pacientes, pues ambos familiares interactúan y se apoyan.
La familia crea estrategias, organiza y coordina sus movimientos cotidianos, conversa e interactúa con los otros, a fin de proteger y cuidar siempre de sus miembros. La solidaridad presentada por las familias es la complementación de la singularización y la identificación familiar. La solidaridad hace que la familia no se perciba como un grupo social cualquiera, ella se constituye en una unidad, en un organismo vivo indispensable para la existencia de los otros (Bustamante, 2004, p. 69-72).
En ese sentido el familiar acompaña/cuida a su familiar hospitalizado, utiliza mucho la observación/contemplación y está atento a la mínima molestia que manifieste. La enfermera trata de organizar a los familiares para que se turnen y eviten el agotamiento del familiar acompañante principal, básicamente por las tardes a la hora de visita estos familiares se van a descansar a su hogar.
“…trato de organizar a los familiares y los oriento para que se turnen y no estén agotados, cansados…con los que no son de acá, que son de lejos coordinamos con dietas para darles su alimentación y por las tardes como es hora de visitas, hacemos que ellos se vayan a descansar, mientras los otros familiares
acompañan a la persona con cáncer terminal hospitalizada...” (E- Rosa)
“…los familiares mayormente se turnan porque también se agotan, cuando se quedan día y noche los veo ojerosos, cansados, renegando, ansiosos…a veces nos gritan y nosotros tenemos que canalizar nuestra enojo, respirando profundo y luego tratándolos de explicar….” (E-Violeta)
La enfermera manifiesta que el familiar cuidador en el hospital sufre agotamiento y presenta manifestaciones físicas y psicológicas, generando conflictos con el personal de enfermería. Por otro lado la enfermera pone en práctica estrategias para controlar emociones y mantener las relaciones adecuadas; canaliza el enojo (controla emociones), respirando profundo y luego explicando lo que la familia desea saber. A veces quieren reflejar con su enojo la necesidad de ser escuchados y conversar con alguien y, ese alguien es la enfermera, que no se da tiempo por el elevado número de procedimientos que tiene que realizar.
Sin embargo, Santos et al. (2004, p.149) enfatiza que el trabajo humano tiene un carácter de obligatoriedad convencional que, diferente de tiempos remotos, tiene varias funciones, como proveer de las necesidades biológicas de sobrevivencia tales como: nutrición, morada, vestuario, tratamiento de salud, entre otras. El reconocimiento de la tensión emocional, el estimulo a la imaginación y la creatividad y la satisfacción personal son identificados como otras funciones del trabajo. El trabajo de enfermería es desgastante tanto física y mentalmente, pues exige no sólo el uso de la biomecánica del cuerpo, más también de demandas cognitivas importantes.
Al respecto Boff (1999, p.160-162), establece que la peor enfermedad es negar su existencia, de forma semejante, la peor aberración del cuidado es su negación. Como consecuencia, el ser humano se entrega totalmente a la lógica del modo-de-ser del trabajo depredador, a la autoafirmación con exclusión de los otros y al mal trato de las personas, de la casa, de lo público y de sí mismo. Al negar la esencia de su ser-cuidado, se torna cruel consigo mismo, y con los otros. El resultado es el proceso de deshumanización y de embrutecimiento de las relaciones.
El autor antes mencionado, también agrega que hay personas que sufren por la carencia de cuidado, estos son los descuidados, que normalmente no consiguen ser íntegros en lo que hacen, sea porque perdieron su centro asumiendo demasiadas tareas, sea porque no colocaron todo el empeño en lo que hacen. Las cosas/tareas aparecen mal hechas, desordenadas, confusas, caóticas; en una palabra, descuidadas. La persona queda impaciente y pierde la calma y la serenidad.
Waldow (2008b, p.109-112), establece que son frecuentes, en la práctica de enfermería, los casos de omisión, negligencia o grosería en función de la falta de personal, de material y de preparación de las personas que ejercen al cuidado. El cuidar envuelve responsabilidad y, a veces sentimientos tales como rabia, dolor, tristeza, pero son disimulados.
El cuidar de personas enfermas es en principio estresante; es decir el personal de salud, por definición es una persona estresada, porque interactúa con personas que están estresadas, que están vulnerables, que están sufriendo, y acaban sufriendo junto con ellas, a no ser que fueran totalmente insensibles, y es precisamente lo que no pueden ser. Pero acogerlos, preocuparse por ellos, trae estrés, vulnerabilidad, o sea, el personal de salud, precisan también ser cuidados (Campos, 2005, p.112).
“…la enfermera se encarga solamente de colocar tratamiento, lo que el médico le dice; hay unas que son frías vienen le ponen su ampolla y salen, actúan mecanizadas, rutinizadas, no saludan, ni conversan… pero las veo también a veces 30 pacientes que tienen que atender y a cada uno un poquito, no les alcanza para atender ya el cansancio llega...” (F- Azul)
Al respecto un familiar percibe que la enfermera sólo coloca medicamentos, que algunas son “frías” insensibles, colocan el medicamento y no los saluda, no interactúa con ellos. Por eso reclaman mejor trato, aunque también las justifican por el exceso de personas hospitalizadas que hay para una o dos enfermeras, los familiares piensan que ellas se agotan y por eso actúan como robots.
Maturana (2000, p.69) afirma que la máquina autopoietica, es una máquina organizada como un sistema de procesos, de producción, de componentes concatenados que: generan los procesos (relaciones) de producción que los producen a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y constituyen a la máquina como unidad en el espacio físico. Esto es lo que hace que los seres humanos a veces actúen como máquinas.
Los familiares perciben que la enfermera no se interesa por ellos, que sólo les da órdenes. Reclaman más comodidades y refieren que hacen acciones de enfermería y encima no los trata bien. Los familiares hacen guardias, a veces permanecen día y noche en el hospital, llegando a un agotamiento fisco, psicológico y aunado a ello la falta de comodidades, aspectos que también son percibidos por la persona en fase terminal y lo que incrementa su sufrimiento.
Enfermería por la gran cantidad de personas (en promedio 25) que tiene que cuidar y la gran variabilidad de situaciones (personas que recién le diagnostican de cáncer, cáncer terminal, recaídas, complicaciones, reingresos, muertes, pensamientos suicidas, tratamientos de quimioterapias, radioterapias, familiares tensos, cansados) que se presentan en el servicio de oncología; se encuentra con el tiempo corto para conversar, permanecer con la persona terminal, pero allí se encuentra la familia que cuida sin ser recompensada económicamente, sólo por lograr dar calidad de vida/muerte a su ser querido.
El cuidar/cuidado de la enfermera a la familia, incluye la relación/interacción constante de: identidades, singularidades, relaciones de poder, desigualdades, enriquecimiento mutuo, actitud de asumir la situación de diversidad cultural, individual y social; tal como refleja en la subcategoria presentada a continuación:
1.4. Interculturalidad
Para Morin (1999, p. 26), la cultura está constituida por el conjunto de