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La dificultad de la posición de Alejandro durante este período se acrecentó por la reticencia del ejército macedonio a continuar la expedición. De esta voluntad de regresar a Macedonia, la actitud de los soldados durante el saqueo de Persépolis, en la primavera del año 330, constituye el primer testimonio, trans- mitido así por Plutarco (Alex. 38. 6-7):

[…] Los demás macedonios que se enteraban de la noticia acudían contentos con antorchas: pensaban que Alejandro Magno traicionaba su añoranza del país natal y su voluntad de no establecerse donde los bárbaros, quemando y destru- yendo sus palacios.

Varias semanas más tarde, los soldados manifestaron de nuevo su cansancio, en el mismo momento en que Alejandro Magno quería acelerar la marcha contra Darío, que permanecía fugitivo. El reenvío de contingentes griegos originó grandes esperanzas en el ejército:

17 Quinto Curcio VIII. 2. 18-19.

18 Plutarco, Alex 72.4; P. Briant, État et pasteurs, 1982, págs. 94-100; véase las dudas de

Se extendió el rumor… (sin que nadie lo autorizara) de que el rey, satisfecho de lo que había realizado, había decidido volver inmediatamente a Macedonia. Los soldados corrieron como locos en todas las direcciones hacia sus tiendas; prepa- ran sus paquetes para la ruta. Parecía que, en el campamento entero, se había dado la orden de preparar el equipaje. Unos buscan a sus compañeros de tienda, otros cargan los carros… (Quinto Curcio VI. 2. 15-16).

Después de haber convencido a los demás oficiales para que permanecieran unidos en torno a él, Alejandro Magno convo- có al ejército en asamblea y pronunció un largo discurso en el que insistió, sobre todo, en la fragilidad de las conquistas ya efectuadas. Los argumentos convencieron aparentemente a los soldados que, según relatan algunos autores antiguos, apremia- ron a Alejandro Magno ellos mismos para que «los condujera adonde él quisiera en el mundo».

¿Dicho episodio demuestra que, en Persépolis, el propio Alejandro Magno modificó una estrategia inicial limitada, que consistía en volver a Europa después de finalizar la «guerra de represalias»? Ante una tradición literaria contradictoria y con lagunas, la inscripción griega recientemente utilizada para ar- gumentar en este sentido resulta demasiado incierta y ambigua para fundamentar tal interpretación con total seguridad19. El

asunto demuestra más bien que, desde la salida, Alejandro y sus allegados, por una parte, y la masa de soldados, por otra, poseían una visión diferente de la expedición que comenzaba, y que el rey no había divulgado ambiciones que habrían ofuscado a sus

19 Se trata de una inscripción de la ciudad de Filipo de Macedonia, cuyo texto se encuen-

tra en M. Hatzopoulos, Macedonian Institutions under the Kings, I, 1996, págs. 25-28. La interpretación fue presentada por el mismo autor «Alexandre en Perse: la revanche et l’Empire», ZPE, 116, 1997, págs. 41-52. El documento ha originado una inmensa bibliografía y la interpretación, algunas oposiciones: véase, en último lugar, la crónica de M. Hatzopoulos en REG, III, 1998, págs. 625-626, así como mis observaciones en Alexander the Great and his Empire, 2010, págs. 169-171.

Batalla del Hidaspes (hacia el año 326 a. C.). La falange macedonia frente a los elefantes de guerra del ejército del rey Poros.

soldados y a algunos de sus jefes. Por otra parte, la ferocidad y la incertidumbre de los combates en Sogdiana y Bactriana con- tribuyeron a aumentar el malentendido entre Alejandro Magno y los suyos en el mismo momento en que, por otras razones, una parte de los nobles macedonios manifestaba su oposición a los métodos de gobierno del rey. Con la noticia del exterminio de un cuerpo del ejército, Alejandro Magno tuvo una reacción que representa muy bien la profunda desmoralización del ejército: «Tuvo la habilidad de ocultar este desastre y, bajo amenaza de muerte, prohibió a los que habían sobrevivido que difundieran la realidad» (Quinto Curcio VII. 7. 39). La crisis final estalló en el año 326 en India, en el Hifasis. Cuando los soldados se enteraron de que el rey planeaba continuar la expedición hacia el Ganges, se negaron a seguirlo. Alejandro Magno tuvo final- mente que ceder y ordenar el regreso, decisión que provocó una explosión de alegría en el campamento. Como explica su portavoz Koinos, la primera razón por la que los soldados se negaron era el cansancio físico total en el que se encontraban. Desde el año 330, Alejandro Magno había impuesto a sus tropas esfuerzos cada vez más intensos en una naturaleza cada vez más hostil, bajo climas rigurosos y de brutal contraste. A lo largo de la travesía del Hindu Kush, en el año 329, los hombres están ce- gados por la nieve y atormentados por el hambre, a los heridos y rezagados se les abandona a un lado del camino.

El cansancio y la desmoralización del ejército también se ex- plican por la brutalidad de ciertas medidas que implanta Alejan- dro. Está especialmente claro que el incalificable asesinato de Parmenión en Ectabana en el año 330, perpetrado por sicarios del propio rey, indignó a los soldados de la guarnición. Alejan- dro Magno recurrió a un vil engaño para identificar y reunir a los rebeldes o a los oponentes:

Alistó en una sola unidad, que nombró «Batallón de los indis- ciplinados», a aquellos que proferían contra él palabras hosti- les, los que estaban indignados por la muerte de Parmenión,

Alejandro Magno 69 y también los que, en las cartas expedidas hacia Macedonia, habían escrito cosas contrarias al interés del rey. No quería que la franqueza inapropiada de su lenguaje corrompiera al resto del ejército (Diodoro XVII. 80. 4).

Otros autores precisan que el rey mismo había animado a los soldados a que escribieran a sus familias, y que secretamen- te le habían aportado los paquetes de cartas entregadas por los soldados. Al agrupar a estos obstinados en un regimiento especial «el propósito del rey era exponerlos a la muerte o re- partirlos en colonias situadas en el otro extremo del mundo» (Justino XII. 5. 8).

Por otra parte, los macedonios, especialmente los más ma- yores, ansiaban volver a ver su país y poder disfrutar en paz del botín logrado en Asia. Sin embargo, el viaje de regreso, partiendo de India, se efectuó sobre un malentendido funda- mental. Los soldados estaban convencidos de que volvían a Macedonia definitivamente, dirigidos por el rey. Pero esa no era la intención de Alejandro Magno. Por eso fue tan grande la cólera cuando, en Opis, en el año 324, los soldados se dieron cuenta de que «Alejandro Magno establecería para siempre en Asia el centro del Reinado»20. Ningún episodio informa mejor

de la diferencia de actitud de los macedonios y de su rey ante el fenómeno de la conquista. Los primeros habían abandonado con antipatía el horizonte europeo, mientras que Alejandro, por el contrario, tenía ya decidido instalarse en Asia de mane- ra definitiva, llamando a los iraníes a su servicio, y continuar la obra de la conquista hacia Arabia. Parece que, para unos simples soldados, las nuevas empresas en las que el rey quería embaucarlos se asemejaban más bien a proyectos personales hacia los que sentían cada vez menos solidaridad.

20 Quinto Curcio X. 2. 12. Sobre la actitud de los soldados macedonios, véase P. Briant,

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