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3.3 Data Structures

3.4.3 Ascending manifold construction

Para Neveu y Quéré (1997) el caso trasciende la ocurrencia de un hecho inesperado, singular e irrepetible en tanto la noción misma de acontecimiento implica un devenir. Las muertes violentas adquirieron carácter público a través de procesos en los cuales actores, instituciones y prácticas se pusieron en funcionamiento, contribuyendo a su despliegue y construcción social. En este sentido, delimitamos para los casos analizados un momento crítico en el cual los actores intervinieron productivamente y colaboraron en la renovación local de la agenda de seguridad. Sin embargo, la clausura temporal del caso es engañosa, atendiendo a que puede ser convocado por los actores con capacidad de intervención en la continuidad de su procesamiento público. Retomamos de esta forma la necesidad de pensar al objeto de estudio como un “objeto abierto”, construido a partir de las múltiples temporalidades que el fenómeno contiene, las del pasado y las del porvenir (Valencia García, 2006). En sintonía, nuestra propuesta implica asumir que los casos nunca están cerrados y que por este motivo resulta productivo incluir en el análisis eventos posteriores a los momentos de la crisis asociada a las muertes en cuestión. En el presente apartado avanzamos en esta dirección.

Primeramente recuperamos la posibilidad de que los actores con capacidad de intervención pública apelen a los casos una vez trascendida su crisis, post momento crítico. En este sentido, estudios de agenda setting repararon en las formas en que la atención sobre un asunto concreto es movilizada, dando cuenta que las actitudes y el comportamiento público referente a los problemas poseen una “vida limitada” (Zhu, 1992). Siguiendo esta metáfora, los temas tendrían una “historia de vida” por la cual luego de emerger y desarrollarse como asuntos públicos

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perderían visibilidad hasta salir de la escena mediática. Atendiendo a los vaivenes de la atención pública, estos trabajos realizados en el ámbito de la comunicación delimitan “etapas de la vida” de los temas noticiados determinando una última fase que denominan “post-problema” a la que caracterizan como un “limbo prolongado”. Ahora bien, nuestro análisis da cuenta que los casos son efectivamente retomados en su procesamiento por los actores en la etapa posterior a la focalización de la atención pública.

Luego de la crisis asociada al caso Píparo los actores convocaron públicamente al evento al menos en tres tipos de ocasiones. Por un lado, al momento de dar cuenta de hechos vinculados a la seguridad bancaria: robos a bancos, tensiones entre el Banco Central y las entidades privadas por la reglamentación de la Ley de seguridad bancaria, avances en el proceso de bancarización. En este sentido, los actores en el proceso de reglamentación de la ley recurrentemente refieren a que el instrumento legal fue “apurado por el impacto del caso Píparo”, “producto del caso Píparo” o “derivación del caso Píparo”. En este orden de cosas, la misma Carolina Píparo dijo en la televisión nacional que “la gente ve una mampara en el banco y se acuerda de Isidro”, sosteniendo una supuesta asociación entre el hecho que la tuvo como protagonista y la productividad en torno a la seguridad bancaria (ED, 12/07/2012). Por otro lado, en relación a la causa judicial, en el seguimiento del proceso que derivó en la realización del juicio oral y público en 2014. Finalmente, el caso fue convocado en el tratamiento mediático de eventos vinculados a la familia Píparo: el regreso al país del matrimonio y su radicación en la ciudad de Buenos Aires, el robo sufrido en una propiedad de la familia en La Plata, el nacimiento de otra hija en la familia. Carolina Píparo intervino además alimentando estas tres vías, generando hechos y posicionándose sobre temas, participando a través de cartas públicas y de entrevistas en la prensa nacional. En esas instancias Píparo opinó sobre seguridad bancaria, sobre el inminente juicio por su caso y sobre los eventos familiares a los cuales referimos.

Repasar momentos posteriores a la crisis en los cuales haya sido públicamente convocada la masacre de los policías implica referir a tres tipos de hechos interconectados por la acción de los familiares de las víctimas. En primer lugar, los actores retoman a la masacre como evento ante hechos novedosos en el marco de la causa o por denuncias ante el estancamiento de la investigación que suscitan la intervención de los familiares en los medios de comunicación. En segundo lugar, a través de la realización por parte de familiares y de la institución policial de homenajes y recordatorios a los policías muertos en La Plata, así como misas, rezos públicos, procesiones religiosas. En tercer lugar, a veces con independencia de la acción familiar, a partir de demandas en torno a problemáticas específicas de la comunidad policial. Un ejemplo claro de este último tipo de recuperación pública del evento es la concentración realizada en marzo de 2009 en las escalinatas del ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Esta manifestación fue organizada bajo la consigna “los policías tenemos derechos”, contó con la participación de agentes (retirados y en actividad) y fue en demanda de “elementos de trabajo, mejores salarios y seguridad para los efectivos”. La escenografía de la manifestación incluía la disposición de cajones fúnebres

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cubiertos con banderas argentinas y gorras de la Policía de la provincia de Buenos Aires. En la calle los manifestantes repartían panfletos en los cuales exigían a las autoridades “basta que la vida de un policía valga $6,80”, relacionando las demandas salariales con las de seguridad para los agentes. En relación a este evento destacamos la participación de familiares de los policías asesinados en la Planta Transmisora, quienes ocuparon un espacio central realizando declaraciones a la prensa y formando parte de la delegación recibida por el jefe de la policía para negociar soluciones. Un movilero de un canal de noticias nacional que transmitía en vivo la manifestación presentaba a una de estas familiares diciendo: “es la mamá de uno de los oficiales asesinados en la Planta de Comunicaciones, una señora que forma parte de la organización Pañuelos Azules, que son las madres de aquellos policías que han muerto en cumplimiento del deber” (Todo Noticias, 18/03/2009). De esta manera, la participación de estas familiares se asentaba para los actores intervinientes tanto en su carácter específico de familiares de los policías muertos en Arana como en su carácter más general de madres de policías caídos en cumplimiento del deber.

Por su parte, el crimen de la Quinta también fue públicamente reconstituido por los actores más allá del momento crítico, en particular ante tres hechos concretos. El primero fue a propósito del asesinato de Laura Abonassar en abril de 2007, cuando los medios de comunicación convocaron al caso como antecedente de muerte resonante local. Una vez producido el crimen de Abonassar, por ejemplo, el diario Los Andes equiparó las muertes diciendo que “ambas fueron asesinadas por delincuentes que las interceptaron en la puerta de sus casas, les robaron, las tiraron a la acequia y les dieron un disparo mortal a la vista de sus hijos” (LA, 29/07/2007). En las redes sociales y en las notas de las ediciones online de los diarios, usuarios y lectores también posteaban ante la noticias vinculadas al asesinato de Abonassar referencias a Rubino: “NO SE OLVIDEN DE SUSANA RUBINO, el caso sigue impune!” (MDZ, 01/05/2007). El segundo momento en el cual el caso fue retomado por parte de los actores con visibilidad fue en el año 2008, a instancias del juicio oral y público en el cual los acusados resultaron absueltos por el crimen. Finalmente, en 2009, cuando un pariente de la familia fue asaltado en la capital provincial. Frente a este hecho la prensa local destacó casi sin variantes que la víctima era “pariente de Susana Cruz de Rubino” a quien describieron como “la mujer que fue asesinada frente a su casa en 2005” (S, 02/07/2009).

Por último, el caso Abonassar fue convocado por los actores con intervención pública a colación de las alternativas de Alejandro Gil como referente provincial de la demanda de seguridad: las manifestaciones, su participación en las disputas públicas, la formación y el escandaloso cierre de la Asociación Víctimas del Delito. Asimismo, los actores recuperaron al caso a la hora de reconstruir series de casos conmocionantes locales o de casos asociados a una alta productividad. Son reiterativas notas periodísticas del tipo “Los ministros de Cobos” (MDZ, 27/07/2007) o “Cuando una muerte convoca a todo un pueblo” (LA, 12/03/2012) en la cual los redactores realizan recuentos de “hechos violentos que provocaron marchas de silencio” o de casos que “provocaron,

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entre otras cosas, el desplazamiento de alguna autoridad gubernamental”. En este sentido, un editorial de Los Andes refiriendo a “acciones espontaneas de la población” daba cuenta: “pasó con el asesinato de Laura Abonassar, se repitió luego con la muerte de la docente Claudia Oroná, o con el asesinato de Matías Quiroga” (LA, 13/09/2013).

Es decir, los casos más que cerrados temporalmente sobre sí mismos fueron proyectados por los actores hasta su tiempo presente a través de las marcas, producciones y controversias que posibilitaron (y siguieron posibilitando) en el marco de su constitución como acontecimientos. En este orden de cosas, destacamos particularmente el uso de casos por parte de los actores en el contexto de la configuración de las muertes violentes como acontecimientos. En términos concretos, por ejemplo, en la masacre de los policías observamos que en la disputa inicial sobre el móvil del crimen funcionarios políticos y actores vinculados a las fuerzas de seguridad apelaron al marco explicativo de la violencia política utilizando a los casos López y Gerez.7 Estos casos

pasados de testigos desaparecidos en el contexto de juicios realizados por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Buenos Aires fueron convocados por los actores como modos de explicar y maneras de definir un caso presente, la masacre policial. Cabe recordar, en este sentido, que la candidata Cristina Fernández refirió a “la Argentina negra que por momentos parece querer volver a emerger” y el presidente Kirchner a “la vieja Argentina a la cual algunos quieren volver” (ED, 21/10/2007). Por su parte, la organización de policías exonerados APROPOBA respondió en un comunicado “quiera Dios que tan tremendo suceso no tenga los mismos orígenes del promocionado ‘secuestro’ del Sr. Gerez, que dicho sea de paso también motivo declaraciones parecidas del Primer Mandatario”. Frente a esta disputa un periodista agregó sobre la intervención del presidente: “su lenguaje, lejos de la mesura y hasta del más elemental autocontrol, hizo recordar su manera de reaccionar ante los episodios de Gerez y López, ambos impunes” (ED, 21/10/2007). De esta manera, las expresiones y los modos de reacción pública sostenidos por los actores remiten a casos que son utilizados como definiciones ante las nuevas muertes, en esta oportunidad remitiendo a aristas pasadas y presentes de la violencia política en nuestro país. Además, como dimos cuenta previamente, al momento de reconstruir el caso Abonassar los informantes convocaron explícita y reiteradamente al caso Quiroga, en torno al cual se habían agenciado públicos por aquellos días.8 Es decir, los informantes apelaron a un caso de su tiempo presente para reconstruir un caso pasado al que asimilaron en algunas aristas, como el hecho de que los padres de las víctimas se hayan convertido en referentes de la demanda social y que los funcionarios políticos promovieran importantes reformas legislativas en pos de lograr seguridad. De esta manera, los actores convocaron casos en tiempo pasado (López, Gerez) para definir y explicar casos en tiempo presente (masacre policial) y casos en tiempo presente (Quiroga) para definir casos pasados (Abonassar).

7 Sobre los casos López y Gerez ver anexo 1, caso 3.5. 8 Sobre el caso Quiroga ver anexo 1, caso 2.26.

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Además, el análisis visibiliza que el uso de casos por parte de los actores como formas de definición de otros hechos evidencia matices no sólo en lo ateniente a la variable temporal sino también en términos de escalas. Un punto de partida para entender estos usos es plantear una restricción lógica por la cual casos nacionales pueden ser utilizados para definir y explicar casos locales pero no lo contrario, en tanto no es posible apelar a un fenómeno que se desconoce. En este sentido, destacamos un uso recurrente entre los entrevistados mendocinos del caso Blumberg para referenciar aristas del caso Abonassar. Recordemos que se trata del acontecimiento construido en términos fuertemente nacionalizados a partir del asesinato de Axel Blumberg ocurrido en el conurbano bonaerense en 2004.9 En este sentido, los entrevistados definieron a

Alejandro Gil como “el Blumberg de Mendoza” para destacar su presencia pública y su representatividad en torno a la demanda social de seguridad. En esta línea también describieron a través de ideas como “leyes Blumberg” y “clima Blumberg” a la producción de leyes vinculadas a la seguridad en la provincia, al contexto social en que se realizó esa producción y al efecto dinámico de la aceleración de los tiempos. Cabe destacar que si bien en 2004 Juan Carlos Blumberg visitó Mendoza como referente de la demanda nacional por seguridad en un hecho de amplias repercusiones locales y nacionales10,las apelaciones que realizaron los entrevistados no refirieron

a esta visita sino a los elementos más comúnmente vinculados al caso en su dimensión nacional: las marchas masivas, la producción de leyes, la importancia de la seguridad en las preocupaciones de la opinión pública.

Referimos al carácter paradigmático de los casos para señalar las posibilidades de que acontecimientos referidos a muertes violentas sean utilizados por los actores en las definiciones de otras muertes. Apelamos de esta manera a la definición más básica de paradigma en tanto en el análisis los actores utilizan casos que conocen como modelos esquemáticos o ejemplos concretos con los cuales analizar los casos. Es decir, los casos son presentados como recursos socialmente disponibles, como moldes formales a los cuales potencialmente recurrir con miras a entender otras muertes presentes y pasadas. En este sentido, sostenemos que en el ejercicio de apelar a los casos en su carácter de paradigmáticos los actores los presentan públicamente en relación a categorías más o menos estabilizadas que utilizan como maneras expandidas y sintéticas de describirlos. Sin embargo, se observa en el análisis que estas categorías no son presentadas con significados unívocos, en tanto los actores que utilizan a los casos como paradigmas manifiestan en torno a ellos interpretaciones, valoraciones, apropiaciones. Concretamente, en el contexto de la masacre policial los actores apelaron al caso de Jorge Julio López manifestando interpretaciones opuestas: algunos con el caso López referían a un mensaje mafioso al gobierno por su política de

9 Sobre el caso Blumberg ver Guagnini 2005.

10 Luego de reunirse con policías de la provincia, Juan Carlos Blumberg declaró a la prensa que Sebastián

Bordón, el joven asesinado en 1997 por agentes de la fuerza, “se drogaba, hizo una mala actuación, agredió a un policía”. Por estas declaraciones Blumberg protagonizó una disputa pública nacionalizada con el padre del joven, Luis bordón. Sobre este entredicho público ver Schillagi, 2006.

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derechos humanos, otros señalaban una operación de inteligencia realizada por el propio gobierno con miras a victimizarse.