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2.1 The Human Visual System

2.1.4 Eye Movement Data Recording and Analysis

2.1.4.1 ASL Model 501 System

Ya sabemos que cuando el cerebro emite ondas cerebrales tipo beta de alta frecuencia, nuestro cuerpo y nuestra mente están sometidos a sufrir y padecer un nivel de estrés preocupante y dañino para nuestra salud y bienestar.

Tenemos que aprender a salir de dicha situación lo antes posible. Si logramos cambiar este tipo de onda cerebral beta de alta frecuencia a otro tipo de onda de baja frecuencia e intensidad, como son las ondas alfa, logramos que nuestra mente y cuerpo retomen de nuevo el equilibrio y la armonía. Es como pasar de navegar en un mar encrespado de grandes olas y temporales a uno tranquilo de olas suaves y calmadas.

Para ello podemos utilizar, entre otras muchas cosas, la relajación psicocorporal, es decir tenemos que lograr relajar simultáneamente nuestro cuerpo y nuestra mente. Ambas son dos realidades intrínsecas y biológicamente comunicadas e interconectadas. De tal forma que cualquier alteración que suceda en una de ellas, se transmite a la otra. Es importante tener información básica suficiente que nos permita, al relajarnos, hacerlo de manera correcta y adecuada. Lo primero que tenemos que hacer es buscar un lugar en el cual nada ni nadie nos moleste ni interrumpa. No es bueno que sea el dormitorio donde habitualmente descansamos. Podemos buscar una postura cómoda. Bien sentados en una silla que nos permita mantener la columna vertebral recta, los dos pies apoyados en el suelo sin cruzarlos y los brazos apoyados sobre nuestros muslos, la cabeza, mirando al frente, manteniéndola recta como la columna vertebral. También podemos hacerlo en postura loto, si estamos cómodos, como al hacer yoga, o tumbados boca arriba en una superficie más bien dura, estirando brazos y piernas.

Podemos poner de fondo, si nos apetece, una música muy suave y relajante. Empezamos la relajación respirando unas diez veces lentamente por la nariz. Al inspirar centramos nuestra atención en la nariz, percibimos cómo entra el aire hacia nuestros pulmones. Sintiendo frescor en las fosas nasales, a la vez que nuestro estómago, al inspirar, se hincha y sale hacia fuera. Al expirar, también por la nariz, notamos calor en las fosas nasales. Mientras observamos que el estómago se mete hacia dentro. Seguimos respirando así hasta unas diez veces. Luego vamos centrando nuestra atención en cada una de las partes de nuestro cuerpo, de la cabeza hasta los dedos de los pies, mientras que continuamos plácidamente respirando y nos mantenemos completamente quietos. Pasamos al cuello, a los hombros, a los brazos y manos, para pasar después al pecho y los órganos internos que habitan en él, el hígado, el pulmón y el

corazón. Centramos nuestra atención en el estómago, vientre y genitales. Recorremos con nuestra atención de arriba abajo la columna vertebral. Pasamos después a las piernas y pies, centrando nuestra atención en ellas. Ahora es el momento de empezar a sentir y gozar el placer y bienestar que produce notar todo nuestro cuerpo en plena quietud, tranquilidad y sosiego. Vamos teniendo la sensación agradable de nuestro peso sobre la superficie donde estamos.

Llega el momento de relajar ahora nuestra mente. Y para ello tenemos que mantener una actitud de pasividad ante todas las cosas que van sucediendo en nuestra mente. Verás cómo no haces nada por retener los pensamientos y las emociones o sonidos del exterior que vienen y van. No juzgas si son buenos o malos. Eres solo un espectador que los observas y dejas que circulen. Ni los rechazas ni los buscas, simplemente te mantienes pasivo. Y cuando te cueste mantenerte pasivo porque aparecen pensamientos, sonidos o emociones que te distraen, solo tienes que centrar tu atención en la respiración, en darte cuenta de cómo entra y sale el aire por tu nariz y produce esa sensación de frescor.

Permanece varios minutos en esta situación de plena quietud, mientras escuchas la música que hayas puesto de fondo. Haciendo una vez esta relajación posiblemente no notes ningún cambio o mejora. Hasta es posible que te cueste si no estás habituado a hacerlo. Pero si persistes y los haces con cierta frecuencia y si es posible a la misma hora, pronto empezarás a disfrutar de ella y notarás cómo tu cuerpo y mente empiezan y son capaces de mantener la calma y la serenidad. No necesitarás apartarte del mundo y de las personas para sentirte bien. Te sentirás más cerca de ellos y serás capaz de afrontar en tu vida situaciones que antes te estresaban. Tu mente empezará a mirar al mundo y a ti mismo desde otra perspectiva, desde otro ángulo. Continuarás escuchando sonidos y ruidos desagradables, pero dejarás de sentirte mal ante ellos. Te sentirás dichoso de sentirlos porque ellos te anuncian que estás vivo. Los muertos no se estresan, pero para eso hay que estar ya muerto.

Volverán a tu mente los pensamientos negativos y las emociones tóxicas de siempre, con la diferencia de que ahora no invertirás tu energía en rechazarlos y dejarás que vengan y se vayan. Tu cerebro emocional dejará de secuestrar a tu cerebro racional, porque dejas fluir la circulación en tus neuronas y rutas cerebrales.

Te empezarás a sentir dueño de todo lo que está circulando en tu interior, liderarás tu vida desde una perspectiva diferente. Sobre todo, tanto tu cuerpo como tu mente empezarán a dialogar y a entenderse, a escucharse y comunicarse. Ambos descansarán y, cuando se sientan incómodos, tomarán un pequeño tiempo para «parar y reparar». Al fin y al cabo este es el fin de la relajación.

¿Con qué frecuencia practicas en tu vida la relajación psicocorporal? ¿Consideras y quieres probarla, para poder valorar hasta qué punto te puede venir bien para tu salud y equilibrio emocional? ¿Qué plan de entrenamiento podrías diseñar para ir convirtiendo la relajación en un hábito, para que, cuando tu cuerpo y tu mente se sientan mal, te pidan relajación, como cuando tienes un dolor pedimos una determinada pastilla? ¡Puntúa el relato!:

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APRENDE A LIDERAR TU INTERIOR