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4.2 Initial Pilot Studies

4.2.1 Pilot Study One

4.2.1.2 Study Results

Cuando nace, el ser humano es uno de los seres más indefensos y dependientes. Necesita que transcurran bastantes años para que cada individuo pueda gozar de plena autonomía. Esto, que en sí puede aparentar una gran carencia, es la base necesaria para que el ser humano precisamente pueda llegar a desarrollar vínculos de interacción social superiores y más complejos que el resto de los mamíferos.

El paso de la dependencia y necesidad de tener necesariamente que contar con los demás a sobrevivir por sí mismo es un proceso complejo y lleno de peligros para cualquier ser humano. El final del camino no termina en la independencia, sino en la interdependencia. Es decir, por muy autónomos y capaces, seguros de nosotros mismos que nos sintamos, vamos a necesitar interactuar con los demás, mantener vínculos relacionales, laborales y afectivos con los demás. Somos animales sociales por naturaleza, está demostrado científicamente.

No son pocas las personas que sienten miedo e inseguridad al crecer y desarrollarse, sentirse responsables de sus actos, capaces de pensar por sí mismos y de responsabilizarse de las emociones que sienten en su cuerpo. Estas personas, según van creciendo, crean en su entorno relaciones enfermizas de dependencia. Depositan fuera de ellos mismos la confianza y la seguridad. Buscan recompensas con cosas y personas del exterior a sus necesidades personales que dentro de ellos no están cubiertas. Cuando las cosas no les van bien en la vida culpan a los demás y echan también la culpa a los entornos y a las circunstancias.

Las causas más frecuentes que confluyen en este tipo de persona dependiente suelen centrarse en dos:

Son personas que desde la infancia han crecido en entornos familiares y sociales desprotegidos, desarraigados, emocionalmente enfermizos. Por lo cual estos seres han tenido que desarrollar mecanismos emocionales de defensa como escudos protectores. Se pasan la vida atrincherados en la plataforma del miedo, de la rabia, de la culpa o del asco. Son muy vulnerables y carne de cañón para fácilmente caer en el alcoholismo, la drogadicción y en conductas marginales y delictivas.

Hay otro grupo de personas que han crecido en ambientes demasiado protectores, agobiantes y asfixiantes, donde ni siquiera tenían que pedir algo para tenerlo a su disposición, a costa de nada y de forma gratuita. Han crecido en familias acomodadas o muy bien acomodadas. En una ocasión, una familia me decía que su hija les estaba dando muchos problemas relacionados con la conducta y rendimiento escolar. No entendían por qué ya que, me decían, tenía de todo. Cuando me contaban esto les pregunté: «¿Qué significa tener de todo?». Me respondieron:

«Tiene una televisión en su cuarto, un móvil de última generación, videoconsola, va a clases particulares de inglés y de pintura. Recibe no solo nuestra paga sino también la de sus tíos, que la adoran, y sus abuelos». A lo cual yo les respondí: «¿Pensáis que tener todo esto gratuitamente no es un problema para vuestra hija?». Entonces empezamos a hablar de otras necesidades, intangibles, no materiales, y los padres se empezaron a dar cuenta de que era muy posible que no estuviesen tan cubiertas. Reconocieron que, como pareja, estaban barajando la posibilidad de una separación y otras muchas cosas.

Pienso que en la sociedad consumista donde estamos sumergidos los padres hemos querido compensar, a base de caprichos materiales, muchas carencias afectivas de nuestros hijos. Estamos con ello consiguiendo personas egotistas, dependientes y aún más consumistas que nosotros mismos.

A veces pienso que muchos padres entienden por educación el lograr que sus hijos no les den lata, tengan todo a su alcance y nunca estén tristes o inseguros.

Cuenta una historia que un día un padre y una madre de una de esas familias acomodadas, entraron en una tienda, muy bien seleccionada, de juguetes educativos, y le dijeron a la dependienta:

«Buscamos un juguete para nuestro hijo, solo tenemos uno, que le haga sentir muy bien y muy feliz. Los dos somos ejecutivos y pasamos muchas temporadas alejados de él y deseamos de todo corazón encontrar un juguete que pueda llenar ese vacío que intuimos nuestro hijo puede sentir a veces».

La dependienta, mirando con firmeza a los ojos del padre y de la madre, después de mantenerse en silencio un determinado tiempo les respondió: «Lo siento mucho, en esta tienda solo vendemos juguetes, no vendemos padres responsables».

Cuando viajo en el metro observo un escenario de personas aisladas, sobre todo las jóvenes, adultos dentro de pocos años, conectados de manera ininterrumpida a su móvil de última generación. ¿No empieza a ser esto una dependencia enfermiza y con el tiempo vamos a necesitar internados aislados de comunicaciones electrónicas para que se puedan desenganchar? Somos partidarios de las nuevas y novedosas tecnologías y también las utilizamos, pero de eso a no poder vivir sin mirar de manera casi compulsiva y continuada los cientos y hasta miles de mensajes que nos llegan, hay un abismo.

¿Cuándo llegará el día en que los seres humanos seamos conscientes de que nuestra felicidad no está fuera sino dentro de nosotros? Que el consumo de lo material no nos esclavice. Que no perdamos en esta vida el tiempo en ser grandes y excelentes consumidores. Que con mucho menos consumo, lo justo y lo necesario, podamos ayudar a otros seres

humanos a que cada día puedan tener para llenar su estómago de alimentos suficientes para continuar vivos. Lo que algunos gastamos de más es lo que otros necesitan para poder vivir, ya no digo vivir con dignidad.

Me da la impresión de que en este largo camino para pasar del territorio de la dependencia a la independencia y terminar en la interdependencia, son demasiados los errores que los humanos estamos cometiendo. Creamos cantidad de leyes y tratados, de normas, premiamos y castigamos. Pero al fin y al cabo, muchas veces tenemos la impresión de que se queda todo en un tratado teórico de buenas intenciones. Lo que valen son los hechos. Y los hechos nos dicen lo contrario. Como ser humano que eres, ¿piensas que, en este camino al país de la interdependencia sana y necesaria, vas caminando hacia ella o tal vez tendrías que ajustar mejor tu GPS? ¿Es posible que en tu vida actual algún tipo de dependencia nociva y enfermiza te esclavice y esté siendo para ti un foco de sufrimiento y dolor? ¿Podrías visualizar tu vida sin esa dependencia enfermiza que atenaza tus entrañas? ¿Cómo te sentirías? ¿Qué harías, qué cosas nuevas descubrirías? ¿Estás dispuesto a utilizar tu valentía emocional y empezar ahora mismo la ruta a una interdependencia sana y beneficiosa? ¡Puntúa el relato!:

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