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4.11.5 Assessing the overall goodness-of-fit of the structural model (after second modification) The resultant fit statistics of the modified structural model are shown in Table 4.45.
En nuestro estudio hemos recopilado los disparates antijudíos de la Iglesia antigua. Aunque los hemos citado en extracto, vale la pena reproducir aquí por extenso un pasaje importante: “Los judíos no son el pueblo de Dios, sino que descienden de unos egipcios leprosos; el Señor los odia y ellos odian a Dios. No han entendido el Antiguo Testamento, sino que lo han falsificado, y únicamente los cristianos conseguirán restablecerlo. Los judíos no quieren espiritualidad, ni cultura, son el paradigma del mal, hijos de Satanás, son indecentes, asedian a todas las mujeres, son hipócritas, embusteros, y odian y desprecian a todos los nojudíos. Los cristianos suelen complacerse en señalar la dureza de los juicios formulados por los profetas contra los mismos judíos”. Y continuamos: “Los judíos fueron los que crucificaron a Cristo; los Evangelios disculpan al gobernador romano y acusan a los judíos; no fueron los soldados romanos, sino los judíos quienes atormentaron a Jesús y se mofaron de él; en el Calvario, los paganos se convierten mientras que los judíos continúan con sus burlas. Tal como mataron a Dios, les gustaría matar a todos los cristianos, porque en todo tiempo los judíos siguen siendo fieles a sí mismos”. Los que así escribían no eran fanáticos, sino gente instruida y distinguida, como Clemente de Alejandría, Orígenes y Crisóstomo, entre los menos radicales. “[...] No puede existir un compromiso entre judíos y cristianos, aunque aquéllos pueden prestar a éstos servicios de esclavos.”225
Según la composición de lugar de los doctores de la Iglesia primitiva, la influencia de cuyos tratados antijudíos abarcó toda la Edad Media y llegó incluso hasta la moderna, los judíos debían vivir dispersos por siempre jamás, errar por el mundo como apatridas, ser esclavos de los demás pueblos. Que nunca vuelvan a construir su Templo en Jerusalén, exige el doctor de la Iglesia Jerónimo; que nunca vuelvan a ser un solo pueblo en un solo país, reclama el doctor de la Iglesia Crisóstomo; pero que no desaparezcan del todo, pide Agustín, porque así servirán de testimonio vivo de la “verdad” del cristianismo. Al contrario, la imprecación del pueblo deicida, “caiga su sangre sobre nosotros y sobre los hijos de nuestros hijos”, debe cumplirse en ellos hasta el fin de los
tiempos.226 Desde comienzos del siglo IV, el antijudaísmo de los primeros cristianos,
hasta entonces sólo literario, empieza a tomar cuerpo en los cánones eclesiásticos. Como ha señalado Poliakov, “para los cristianos, el pueblo judío es criminal convicto”.227
225 C. Schneider, Geistesgeschichte 1587 s, con todas las reseñas de fuentes, cf. también 324. 226 Hieronym. in Isaiam 60. Chrysost. hom. adv. lud. 5,4. Exposit. in Ps. 8,3. August. Enarr. in Ps.
56,9; in Ps. 39,13; De civ. dei 18,10; 12,12. De cons. evangel. 1,13. C. Faustum 12,12 s; 13,10. Ep. 137,16.
El alto clero empezó a destruir sistemáticamente las relaciones entre cristianos y judíos, que hasta entonces habían sido buenas por lo general, con el propósito de llegar a impedir todo contacto social. El pueblo cristiano, como ha señalado el católico Kühner, “fue inducido y azuzado por sus líderes eclesiásticos”. En 306, el Sínodo de Elvira prohíbe bajo penas severísimas sentarse a la mesa con judíos, permitirles la asistencia a la bendición de los campos, los matrimonios mixtos entre ellos y los cristianos, e incluso amenaza con la excomunión el simple trato personal. El Sínodo de Antioquía prohibió en 341 la celebración común de la Pascua; los clérigos que infringieran la prohibición serían expulsados y desterrados. A menudo bastó la visita a una sinagoga para merecer la suspensión. Los decretos sinodales antijudíos se hicieron cada vez más abundantes.228 La influencia de las leyes eclesiásticas hizo que el derecho laico empezase a recoger también numerosas disposiciones de marcada tendencia antisemita.
La religión judía, hasta entonces permitida, se vio cada vez más perseguida y reprimida. En los decretos imperiales se alude a ella llamándola “secta infame”, “secta
nefaria, judaica perversitas, nefanda superstitia”; los cultos fueron censurados y el
proselitismo, absolutamente prohibido. Es verdad que, a veces, algunos príncipes de los paganos habían promulgado leyes antijudías; pero los emperadores cristianos las renovaron drásticamente. En 315, Constantino hizo de la conversión al judaísmo un crimen capital; tanto el judío proselitista como el cristiano converso eran reos de muerte. De manera similar perseguía el Estado cristiano los matrimonios entre judíos y cristianos: a partir de 339, al contrayente judío, a ambos desde 388 en adelante. Los hijos de Constantino promulgaron la confiscación de bienes de los cristianos que judaizaran, y castigaron con pena de muerte el casamiento de judío con cristiana, así como la circuncisión de los esclavos. Poco a poco, los judíos se vieron privados de los derechos comunes; se les limitó la capacidad para testar, se les expulsó de numerosas profesiones, de los cargos palatinos, de la abogacía (es decir militia palatina y fogata), del ejército, disposición esta última que continuó en vigor hasta el siglo XIX y fue restablecida por Hitler. En 438, fueron excluidos por decreto de todos los cargos públicos; sólo podían acceder al decurionato, es decir, a cargos municipales y aun éstos porque eran onerosos y muchas veces había que obligarles, “pues no pretendemos hacer merced a esos individuos abominables, sino condenarlos” (Teodosio II). Infracciones banales eran penadas con la confiscación de bienes o con la muerte.229
228 yn. Elv. c. 16; 49 s; 78. Syn. Antioch. c. 1. Para la época subsiguiente cf. también Syn. Laodic. c.
10; 29; 31. Con. Chalced. (451) c. 12. Syn. Agde (506) c. 40. Syn. Epaon (517) c. 15. Syn. Orieans (538) c. 13. Syn. Macón (584) c. 15. Syn. Narbonne (589) c. 9y otros. Browe, Judengesetzgebung 122,136 ss. Kühner, Antisemitismus 28,32. Weigand 88 ss. Ritzer 134.
229 Cod. Theod. 16,7,6 s; 16,8,1; 16,8,3; 16,8,6 s; 16,8,16; 16,8,19; 16,8,24; 16,8,28; 16,9,2; 16,9,4. Nov.
Theod. 3,6. Vita Const. 3,15 ss; 4,27. Constitutío Sirmondi 6. Hiernym. Comment. in Isaiam 2,3. Cf. Ivo de Chartres Decr. 13,108. RAC I 475, III 336. Schürer I 8. Browe, Judengesetzgebung 115, 121 ss. Parkes, Antisemitismus 99. Vogt, Kaiser Julián 26 ss. Eckert/Ehriich 24 s. Ehriich 8. Widmann 67. Kühner, Antisemitismus 32. A. Müller, Geschichte der Juden 9.
De acuerdo con un estudio sistemático reciente, a partir del siglo IV las medidas jurídicas tomadas por los emperadores cristianos incluyen: castigos arbitrarios, prohibición de la trata de esclavos, expropiación de determinados esclavos, multas, trabas legales para poder testar o contraer matrimonio, confiscación de bienes y pena de muerte, esta última ya desde los tiempos de Constantino I, Constantino II y Teodosio I. Según el Códex Theodosiano, los judíos son gente de vida equívoca y de creencias equivocadas, desvergonzados, inmorales, repugnantes y sucios; sus opiniones son contagiosas como la peste. “Este vocabulario de la difamación personal penetra en la legislación romana después de Constantino, como demuestra la comparación con el material conservado de los tres primeros siglos de nuestra era” (Langenfeid).230
A finales del siglo IV y principios del V los emperadores se muestran más tolerantes con los judíos, a ratos, pero suelen ser demasiado débiles para reprimir con eficacia los asaltos a las sinagogas, los incendios y las usurpaciones a que se entregan cada vez más los cristianos. En esta persecución de creciente violencia no dejarían de intervenir los móviles económicos, y hasta cierto punto el racismo, pero el motivo principal era el religioso. En toda la Antigüedad y durante la Alta Edad Media, las legislaciones antijudías se justifican siempre por razones de religión. Escribe Harnack que, según el parecer unánime de los autores cristianos del período patrístico, “Israel había sido desde siempre la Iglesia diabólica”.231
Pero diabólicos o endiablados lo eran ellos mismos, los cristianos, incluso contra los hermanos separados de su misma fe, como veremos.
230 Noetlichs, Die gesetzgeberischen Massnahmen 196. Langenfeid 63 s.
231 Harnack, Mission I 75 s. Brower, Judengesetzgebung 116. Parkes, The Conflict 181 s, 189ss,
CAPÍTULO 3 PRIMERAS INSIDIAS
DE CRISTIANOS CONTRA CRISTIANOS
“¡Pluguiera a Dios que fuesen exterminados los que os escandalizan!”
SAN PABLO232
“Os prevengo contra las bestias en figura humana.”
SAN IGNACIO233
“No sólo queremos levantar la bestia, sino herirla por todas partes.”
SANIRENEO234
“Pues todo aquel que no admite que Jesús se nos apareció en carne y hueso es un Anticristo, [...] es siervo del demonio, [...] es el primogénito de
Satanás.”
SAN POLICARPO235
“Ningún hereje es cristiano. Pero si no es cristiano, todo hereje es demonio.” “Reses para el matadero del infierno.”
SAN JERÓNIMO, DOCTOR DE LA IGLESIA236
“Pero si tomamos las armas los unos contra los otros, estamos perdidos sin necesidad de que intervenga el demonio. Toda guerra es funesta pero la guerra civil
lo es más. Y la guerra entre nosotros mismos es aún más funesta que una guerra civil.”
SAN JUAN CRISÓSTOMO, DOCTOR DE LA IGLESIA237
“Hablan en pro de sus religiones, no con la mesura y la moderación que sus grandes maestros predicaron mediante la palabra y el ejemplo, sino [...] con acaloramiento tal, que no parece sino que no tuviesen razón.”
LICHTENBERG238
“Apenas terminaron de predicar a Cristo, se acusaron mutuamente de Anticristos [...] y como es natural, en todas estas disputas teológicas no había
nada que no estuviese construido sobre el absurdo y el engaño.”
VOLTAIRE239
232 Gal 5:12.
233 Ign. ad Smyrn. 4,1. 234 Iren. adv. haer. 1,31,4. 235 Polyk.adPhil.7,1.
236 Hieron. c. Rufín. 3,9. Grützmacher III 70 ss especiaba. 82. Cf. también nota 65. 237 Chrysost. Coment. epístola romanos 9 Hom. 9.
238 Lichtenberg, Sudelbücher 348s.
Al igual que atacaron verbalmente a los judíos (antes de pasar a verbis ad verbera, de las palabras a los golpes..., al expolio, a la persecución generalizada y a las grandes matanzas), desde el principio también riñeron los unos contra los otros hasta llegar a las manos, lo que comenzó mucho más pronto de lo que generalmente se cree.