RESEARCH METHODOLOGY
3.6 DATA COLLECTION PROCEDURE
3.9.2 Exploratory factor analysis
La hostilidad creciente contra los judíos en tiempos del cristianismo primitivo se observa en los escritos de iospatres aevi apostolici, es decir, de los padres apostólicos, designación ésta creada por la patrística del siglo XVII para referirse a los autores que vivieron poco después que los apóstoles: “Cuando la tierra todavía estaba caliente de la sangre de Cristo”, según la expresión de san Jerónimo.
De ellos sólo conocemos bien a uno, Ignacio, obispo de Antioquia de Siria, que escribió, a comienzos del siglo II, varias epístolas contra los judíos. “Cuando alguien venga a predicaros de cosas de judíos, no le escuchéis”, exhorta Ignacio, porque las doctrinas del judaísmo son “falsas y erróneas”, “astucias”, “consejos de viejos, que de nada sirven”, “falacias que son como columnas funerarias y cámaras sepulcrales”. Los judíos “no han recibido la gracia”, al contrario, persiguieron a los “profetas inspirados por el Señor”. “Apartad de vosotros la levadura que se ha corrompido...”.195
Toda la literatura cristiana, siguiendo la línea que empieza a marcar el Nuevo Testamento, vilipendia a los judíos llamándolos asesinos de profetas..., como si aquéllos no se hubieran dedicado a otra cosa; sin embargo, de los numerosos profetas citados en el Antiguo Testamento, sólo dos fueron efectivamente asesinados,196 mientras que Elías, según la Biblia, hizo degollar a 450 sacerdotes de Baal, como ya hemos visto.
La carta de Bernabé, originaria de Siria hacia el año 130, muy apreciada por la Iglesia antigua y que figuró durante algún tiempo entre los textos de lectura obligada, les niega a los judíos sus Sagradas Escrituras diciendo que no las entienden, “porque se dejan persuadir por el ángel del mal”. En cambio, el autor de la epístola, un pagano converso y visiblemente iluminado, ofrece pruebas de una comprensión muy superior. Al glosar, por ejemplo, la prohibición de comer carne de liebre, explica que va contra la pederastia y similares, porque la liebre renueva el ano todas las temporadas y “tiene tantos orificios cuantos años ha vivido”. Tampoco quiere admitir el desconocido autor que los judíos tengan algún tipo de alianza con el Señor, puesto que se hicieron indignos de ello “a causa de sus prevaricaciones”. Al fin y al cabo, Cristo vino al mundo “para que fuese colmada la medida de los pecados de quienes habían perseguido a sus profetas hasta la muerte”, por lo que Jerusalén e Israel estaban “condenados a desaparecer”.197
195 Ign. ad Philad. 6,1 s; ad Magn. 8,1 s. Sobre Ignacio, Euseb. h.e. 3,22,1 ss; Hierón vir. ill. 16. A.
Anwander LThK 1 ed. V 359. Winterswyl 5ss. Desde J.B. Cotelier (1672) se cuenta entre los “Patres aevi apostolici” a Bernabé, Clemente de Roma, Ignacio, Policarpo, Hermas; más adelante añadieron a Papías y al autor de la epístola a Diogneto. Cf. Altaner 72 s. Meinhold, Kirchengeschichte 32ss.
196 Schoeps, Aus irühchristiicher Zeit, cap. 1: Die jüdischen Prophetenmorde 126ss.
197 Bern. 4,6ss; 9,4; 10,1 ss; 13,1 ss; 14,1 ss; 15,1 ss; 16,1 ss. Cf. también 4,6 ss; 5,1ss. LThK 1 ed. I 979,
III 301. Lexikon der alten Weit 225. ALtaner 37ss. Cf. también la polémica de los Dídacos “contra los hipócritas” Did. 8,1 ss. Cf. Knopf, Das nachapostolische Zeitalter 242 s. Kiostermann 55 ss. Frank, “Adversus Judaeos” 31 s. Meinhold, Historiographie 38ss.
San Justino, importante filósofo del siglo II, se manifiesta (lo mismo que Tertuliano, Atanasio y otros) muy complacido con la terrible destrucción de Palestina a manos de los romanos, la ruina de sus ciudades y la quema de sus habitantes. Todo ello lo juzga el santo como un castigo del cielo, “lo que os ha sucedido, bien empleado os está [...], hijos desnaturalizados, ralea criminal, hijos de ramera”. Y no acaban ahí las invectivas del “suavísimo Justino” (Harnack), cuya fiesta figura adscrita al 14 de abril por disposición de León XIII (fallecido en 1903); dicho santo dedica muchos otros epítetos a los judíos: los llama enfermos de alma, degenerados, ciegos, cojos, idólatras, hijos de puta y sacos de maldad. Afirma que no hay agua suficiente en los mares para limpiarlos. Este hombre, que según el exégeta Eusebio vivió “al servicio de la verdad” y murió “por anunciar la verdad”, afirma que los judíos son culpables de todas las “injusticias que cometen todos los demás hombres”, calumnia en la que no cayó ni siquiera Streicher, el propagandista de Hitler. Sin embargo, vemos que el prior benedictino Gross no dice ni una sola palabra acerca del antijudaísmo de Justino en el correspondiente artículo del
Lexikonfür Theologie und Kirche, de 1960. En cambio, el mismo autor figura en un libro de
texto, la Historia de la Iglesia antigua de 1970, como “personaje ejemplar”.198
A finales del siglo II, Melitón de Sardes (poco después colocado por su colega Polícrates de Éfeso entre las grandes estrellas de la Iglesia en el Asia Menor) escribe un sermón terrible. Una y otra vez fustiga la “ingratitud” de los judíos, y lanza de nuevo “la terrible acusación del deicidio [...] entendido como una culpa hereditaria” (según el católico Frank).
Israel nación ingrata..., tesoros de gracia recibiste y los pagaste con negra ingratitud,
devolviendo mal por bien, tribulaciones por alegría,
¡muerte por vida! Tú debías morir en su lugar.
Mas no fue así, truena la voz del predicador “universalmente reconocido como uno de los profetas que recibieron aún los últimos fulgores del cristianismo primitivo” (Quasten), conservada en un papiro manuscrito cuyo contenido no fue publicado hasta 1940:
198 Just. 1 apol. 31; 47; 49 (cf. Tert. apol. 1,114). Just. Trif. 12 ss; 16 s; 26 s; 30; 32;34;39; 41;46s;
64;93;95;108;118;120;123;130; 132 s;136. Tat.or. 18. Cf. Eu- seb. h.e. 4,16,1; 4,16,7. J. Hoh LThK 1 ed. V 728 s, 2 ed. V 1225 s. Kühner, Gezeitender Krichel Ol.