La entrevista comprende el proceso inicial bajo el que opera la práctica en psicoanálisis. Su duración es variable: se determina, caso por caso, en función de las circunstancias y condiciones psíquicas en las que se encuentre quien se presenta aquejado de malestar.
Fue Freud quien instituyó un primer tiempo provisional antes del análisis: la entrevista, con el propósito de lograr cierto conocimiento del caso que le permitiera discernir el estado de quien se presentaba con padecimiento psíquico, a fin de decidir si estaba en condiciones de emprender el análisis propiamente.
Con los enfermos, de quienes sé poco, he tomado la costumbre de aceptarlos primero sólo provisionalmente, por una semana o dos […] uno sólo ha emprendido un sondeo a fin de tomar conocimiento del caso y decidir si es apto para el psicoanálisis. No se dispone de otra modalidad para ese ensayo de puesta a prueba; como sustituto no valdrían pláticas ni inquisiciones en la hora de sesión, por más que se las prolongase. (Freud, 1911-13/1975, p. 143-144).
Así, la entrevista se instituye como un tiempo inicial que permite explorar las condiciones en las que se encuentra quien se presenta aquejado de malestar. Para lograr tal discernimiento, es necesario obedecer a las reglas del psicoanálisis. Ese tiempo inicial, ensayo previo, ya constituye por sí mismo el comienzo del psicoanálisis (Freud, 1911- 13/1975, p. 126). Debido a ello, se privilegia dar lugar a la palabra, convocarla para que surja y posibilitar que quien se encuentra como doliente hable de su malestar: “uno lo hace hablar al paciente y no le comunica más esclarecimientos que los indispensables para que prosiga su relato” (1911-13/1975, p. 126).
106 En otras palabras, la entrevista constituye un mecanismo inicial en el marco de la práctica analítica, por medio de la cual es posible determinar la viabilidad y condiciones de la intervención.
Por otro lado, Lacan agregó el calificativo de preliminar a la entrevista, y señaló que constituye el precedente necesario para la intervención; sin ella no hay posibilidad de análisis: “Todos saben […] la insistencia que pongo ante quienes me piden consejo, acerca de las entrevistas preliminares en el análisis. Eso tiene una función para el analista, por supuesto, esencial. No hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares” (Lacan, 1971, p. 1).
Para Miller, las entrevistas preliminares son un precedente necesario, de duración variable, ante el pedido de análisis; a través de ellas se busca realizar una exploración diagnóstica sobre las condiciones en las que se encuentra quien hace un pedido de análisis, práctica que siempre remite al sujeto y que comprende tres niveles imbricados: “la avaluación clínica, la localización subjetiva y la introducción al inconsciente” (Miller, 2001, p. 20).
La avaluación o valoración clínica es un diagnóstico preliminar respecto de la estructura clínica de quien consulta, a fin de direccionar la intervención y considerar sus posibilidades. Por su parte, la localización subjetiva pretende dilucidar la posición de quien consulta con respecto a lo que dice que le pasa: “lo esencial es lo que el paciente dice, lo que significa separarnos de la dimensión del hecho para entrar en la dimensión del dicho”
107 (Miller, 2011, p. 38). Y, finalmente, sobre la introducción al inconsciente, Miller señala que se trata de un acto ético que el analista debe encauzar. A través de él dirige al paciente al encuentro con su inconsciente, mediante la separación entre enunciado y enunciación, dando cabida a la introducción del malentendido: “[se conduce al paciente al] cuestionamiento de su deseo y de lo que quiere decir, y haciéndole percibir que, en sí mismo, hay siempre una boca mal-entendida” (Miller, 2011, p. 62).
De esta manera, la introducción al inconsciente implica dar cabida al sujeto a sabiendas de que no tiene relación con la persona o con el individuo y sí con la idea de un ser de palabra que remite al inconsciente, al que es posible ubicar a partir de los contenidos de su dicho, sobre todo los vinculados a sus sueños, sus síntomas, sus lapsus, sus disparates y sus recuerdos de la infancia (Miller, 2001).
La introducción del sujeto es una cuestión ética que corresponde al analista, a fin de dilucidar los entramados de lo que le ocurre, de lo que padece, sobre sus modos de funcionamiento que incluso pueden tornarse mortíferos (Miller, 2001). Esta operación ocurre en función de las intervenciones del analista, conducentes inicialmente a posibilitar que quien se encuentra padeciendo pueda elaborar una demanda de atención, sostenida en su deseo de querer saber sobre eso que le ocurre y escapa a su manejo voluntario y razonable. Sólo después de este último nivel en las entrevistas preliminares, es posible considerar un inicio de análisis propiamente.
108 Así, la entrevista opera como el tiempo inicial en el que se recibe a aquel que hace un pedido de análisis, a fin de lograr cierto discernimiento sobre las condiciones en las que se encuentra y dimensionar si está en posibilidad de advenir como sujeto del inconsciente; se busca dilucidar si está en la lógica de elaborar una demanda de análisis, antecedida por su pregunta y su deseo de saber de lo propio, de lo que le ocurre, de sus modos de funcionamiento, de su padecimiento.