Chapter 4. Design of NSM and Attack Scenarios
4.9 Attack Scenario Formulation
4.9.2 Methodology Applied to IEC 60870-5-104
4.9.2.4 Attack Step Sequences that Violate Invariants
La transformación constatada por Estrabón a propósito de los celtíberos y los pueblos ribereños del Íber ha sido identificada tradicionalmente con lo que la historiografía moderna ha denominado “romanización”, y precisamente con la perspectiva desde la que el geógrafo heleno contemplaba dicho fenómeno coincide aquella otra que durante largo tiempo interpretó esa “romanización” como un proceso en función del cual Roma habría elevado hasta la civilización a las diferentes sociedades indígenas a las que había conquistado e incorporado a su dominio. Semejante equiparación entre “romanización” y “civilización” adjudica un papel activo a Roma y otro pasivo a los indígenas, los cuales habrían progresado hasta su transformación en romanos gracias a la acción de aquélla. Esta perspectiva unidireccional del fenómeno nació en un contexto histórico presidido por el imperialismo y el colonialismo que dominaron buena parte del pensamiento europeo decimonónico, y continuó presente en los primeros estudios que, durante la década de los años treinta del siglo XX y desde el ámbito de la antropología aplicada, abordaron los fenómenos de aculturación185.
La noción de aculturación fue formulada por vez primera en 1880 por el etnólogo norteamericano J. W. Powell en el ámbito de la investigación lingüística, y pocos años más tarde el término se había generalizado hasta el
185 P. W. M. FREEMAN, “British imperialism and the Roman Empire”, en WEBSTER y
COOPER, 1996, 19-34; ID., “Mommsen through to Haverfield: the origins of Romanization studies in late 19th-c. Britain”, en D. J. MATTINGLY (ed.), Dialogues in Roman Imperialism.
Power, discourse and discrepant experience in the Roman Empire, Portsmouth (Rhode Island),
1997, 27-50; J. SLOFSTRA, “An anthropological approach to the study of Romanization processes”, en R. W. BRANDT, J. SLOFSTRA (eds.), Roman and Native in the Low Countries:
Spheres of Interaction, Oxford, 1983, 71-104, 71. Todavía en fechas muy recientes se ha
afirmado que “el proceso de la romanización representa el fenómeno tal vez más grandioso que se ha dado en la historia de la civilización humana de reducción a unidad política y homogeneidad cultural de un conjunto de pueblos y estados vencidos con la fuerza de las armas, pero asociados después de diverso modo a las funciones de gobierno hasta el punto de quedar casi cancelada la diferenciación entre vencedores y vencidos, sustituida gradualmente por una diferenciación entre clases sociales, más allá de cualquier referencia étnica o geográfica”, P. DESIDERI, “La romanizzazione dell’Impero”, en A. SCHIAVONE (ed.), Storia di Roma. 2.
L’impero mediterraneo. II. I principi e il mondo, Turín, 1991, 577-626, 577. Sobre la historia y
la crítica de la noción de “romanización” en el ámbito historiográfico español, vid. A. PRIETO ARCINIEGA, “La aportación de Marcelo Vigil al concepto de romanización de la Península Ibérica”, en M.ª J. HIDALGO DE LA VEGA, D. PÉREZ, M. J. RODRÍGUEZ GERVÁS (eds.),
«Romanización» y «reconquista» en la Península Ibérica: nuevas perspectivas, Salamanca,
punto de que algún autor ya distinguía entre “amicable acculturation”, esto es, un intercambio amistoso e intencionado característico de los grados de civilización más elevados, y “piratical acculturation”, un intercambio hostil y ocasional propio de los grados menos desarrollados186.
Pero fue en los primeros años de la mencionada década de los treinta cuando, por razones tanto éticas como políticas, la tendencia entre las potencias europeas a analizar los procesos de modernización de sus dominios coloniales impulsó un creciente interés por las transformaciones experimentadas por las sociedades indígenas como consecuencia de ese dominio colonial187. En este
sentido destaca el Memorandum for the Study of Acculturation elaborado en 1936 por un comité que había sido designado por The Social Science Research Council, informe que actuó a la vez como recopilación y punto de partida para los estudios dedicados a los fenómenos de aculturación al definir estos últimos como aquéllos “que resultan cuando grupos de individuos de culturas diferentes alcanzan un contacto directo continuo, con los consiguientes cambios en los patrones culturales originales de cualquiera de esos grupos o de ambos”, y establecer un sistema de categorías a modo de campos de una base de datos —definición, aproximación al problema (materiales disponibles, clasificación de los mismos, técnicas utilizadas), análisis de la aculturación (tipos de contacto, situaciones en las que tiene lugar, procesos de aculturación y selección de elementos objeto de aculturación), mecanismos psicológicos de selección e integración de los elementos objeto de aculturación y, finalmente, resultados de
186 J. W. POWELL, Introduction to the study of Indian languages, Washington, 1880, 46, cit. en
G. NENCI, “Introduction”, en Forme di contatto e processi di trasformazione ..., 1983, 1-4, 1; W. J. McGEE, “Piratical Acculturation”, en F. PLOG, P. BOHANNAN (eds.), Beyond the
Frontier: Social Process and Cultural Change, Garden City (Nueva York), 1967, 135-142 (publ.
orig. en American Anthropologist 11, agosto 1898, 243-249).
187 Así R. L. BEALS, “Aboriginal survivals in Mayo culture”, American Anthropologist 34,
1932, 28-39, y R. THURNWALD, “The psychology of acculturation”, ibid., 557-569, ambos cits. en SLOFSTRA, 1983, 71. Cf., por contra, la aproximación occidental a los indígenas africano y norteamericano que había dominado hasta la época y contra la que reaccionaron los antropólogos en sus primeros análisis de los fenómenos de aculturación y de contacto cultural, tal como es deducida del Journal of the Anthropological Society of London, vol. III, 1865,
CLXIII-CCXCIV, y del Report of the U. S. Bureau of Indian Affairs for 1867, Washington, 1867, algunos de cuyos pasajes más significativos han sido seleccionados por F. PLOG, P. BOHANNAN, “«Civilized Men» and «Natives»”, en ID., 1967, 121-134, en función de cuatro postulados: I) la diferencia entre el ambiente indígena y el civilizado puede ser asociada con las limitaciones geográficas y “morales” de los pueblos “primitivos”; II) los agentes del contacto son peligrosos o inadecuados; III) la aculturación parcial es la causa de la anomía; y IV) “si has visto a uno, los has visto a todos” (literalmente: “if you’ve seen one, you’ve ‘em all”), en clara alusión a la generalización de estereotipos negativos tales como el del “indio salvaje” y el del “negro ladrón”.
la aculturación— que permitirían caracterizar cada uno de esos fenómenos188.
Un segundo Memorandum publicado casi veinte años más tarde por la misma institución contribuyó a dotar de un fundamento teórico más sólido a esa aproximación basada en la noción de aculturación, la cual fue definida en esta ocasión como “el cambio cultural que se inicia a partir del encuentro de dos o más sistemas culturales autónomos”189.
Ambos trabajos jalonan lo que ha sido denominado “the «high period» of acculturation studies”190, pues, tal como ha señalado Slofstra, si con la
culminación en torno a 1960 del proceso de descolonización iniciado tras la Segunda Guerra Mundial desapareció la corriente tradicional de estudios antropológicos centrados en el contacto entre estados coloniales dominantes y sociedades colonizadas dependientes de aquéllos, no es menos cierto que a esas alturas la aproximación a través de la aculturación había demostrado un alcance teórico insuficiente. La valoración de los resultados del contacto cultural en función de la enumeración de elementos transmitidos desde una cultura a otra
188 R. REDFIELD, R. LINTON, M. J. HERSKOVITS, “Memorandum for the Study of
Acculturation”, en PLOG y BOHANNAN, 1967, 181-186 (publ. orig. en American
Anthropologist 38, 1936, 149-152): “acculturation comprehends those phenomena which result
when groups of individuals having different cultures come into continuous first-hand contact, with subsequent changes in the original cultural patterns of either or both groups”, ibid., 182. A continuación estos autores distinguen la aculturación respecto del cambio cultural —pues aquélla es uno de los aspectos de éste—, de la asimilación —en ocasiones una fase de la aculturación— y de la difusión —pues aunque se observa en todos los casos de aculturación, n o sólo tiene lugar a menudo en casos de contacto indirecto, sino que también constituye uno de los aspectos del proceso de aculturación—, e identifican tres posibles resultados en el proceso de aculturación: aceptación, adaptación y reacción, ibid., 182 y 186. Vid. asimismo las críticas dirigidas contra este trabajo por G. BATESON, “Culture Contact and Schismogenesis”, en PLOG y BOHANNAN, 1967, 187-198 (publ. orig. en Man 35, 1935, 178-183).
189 L. BROOM, B. J. SIEGEL, E. Z. VOGT, J. B. WATSON (The Social Science Research
Council Summer Seminar on Acculturation, 1953), “Acculturation: An Exploratory Formulation”, en PLOG y BOHANNAN, 1967, 255-286 (publ. orig. en American
Anthropologist 56, 1954, 973-1000): “acculturation may be defined as culture change that is
initiated by the conjunction of two or more autonomous cultural systems”, ibid., 256. Este trabajo centra su atención en cuatro dimensiones del fenómeno de la aculturación —la caracterización de las propiedades de los dos o más sistemas culturales autónomos que entran en contacto (con sus mecanismos de mantenimiento de los límites, la distinción entre sistemas “rígidos” y “flexibles”, y la existencia de mecanismos de autocorrección); el estudio de la naturaleza de la situación de contacto (ecología, demografía); el análisis de las relaciones establecidas entre los sistemas culturales en contacto (roles interculturales, comunicación intercultural); y el estudio de los procesos de aculturación que surgen a partir de la conjunción de los sistemas (difusión intercultural, creatividad cultural, desintegración cultural, adaptación como consecuencia de la reacción)—, a partir de las cuales aborda dos posibles resultados del mismo: un ajuste progresivo manifestado ya sea en la fusión cultural o en la asimilación, y lo que estos autores denominan “pluralismo estabilizado”, fruto bien de una fusión interrumpida o de una asimilación incompleta.
190 P. BOHANNAN, “Introduction”, en PLOG y BOHANNAN, 1967, XI-XVIII; SLOFSTRA,
en listados más o menos extensos pero dotados de un valor fundamentalmente descriptivo primaban sobre el análisis de los procesos de contacto cultural y hacían de éste un proceso “civilizador” operado en una sola dirección y definido en términos básicamente culturales desde una perspectiva estática que contemplaba las sociedades protagonistas del contacto como entidades homogéneas y que, por ello, no permitía abordar dicho proceso en toda su complejidad191.
Tales carencias fueron denunciadas durante la celebración del XIIe
Congrès International des Sciencies Historiques, y en particular por A.
Dupront, autor que afirmó explícitamente hasta qué punto “los estudios de aculturación responden, ante todo, a los problemas de la situación colonial y comportan la idea de una supremacía europea”192. A pesar de las reticencias
expuestas en el transcurso del encuentro de Viena en relación con la introducción del término y la noción de aculturación en el ámbito de la Historia Antigua, la teoría de la aculturación se abre paso en los estudios sobre el mundo romano a partir de la década de los 70 como consecuencia del creciente interés por los procesos de helenización y romanización y de lo atractivo del marco conceptual que dicha teoría aporta a la hora de analizar y explicar los cambios culturales en los ámbitos de encuentro entre indígenas, griegos y romanos193.
En ese sentido Slofstra menciona como ejemplo el trabajo elaborado por S. Gruzinski y A. Rouveret, los cuales plantean un análisis del contacto intercultural sobre la base de una crítica de la polaridad civilización-barbarie y de la definición que de la noción de aculturación habían propuesto cuarenta años antes Redfield, Linton y Herskovits para, a partir de ahí, abordar de manera paralela las relaciones establecidas entre indígenas y colonizadores en dos contextos coloniales muy alejados en el tiempo: Magna Grecia con los helenos y
191 SLOFSTRA, 1983, 72 y 74.
192 A. DUPRONT, “De l’acculturation”, XIIe
Congrès International des Sciencies Historiques,
Viena, 1965, vol. I, 7-36. Vid. en el mismo congreso el debate suscitado a propósito de la noción de “aculturación” (“Section I: Grandes Thèmes. L’acculturation”, vol. V, 31-62), en el transcurso del cual fueron propuestas denominaciones alternativas tales como “contacto cultural” e incluso “ósmosis cultural” (D. Rothermund), “interculturación” (Ch. Verlinden), “culturas en contacto” (J. B. Rudnyckyj), “transculturación” (W. W. Washburn) o “relaciones interculturales” (G. D’Haucourt).
Nueva España con los españoles194. Pero Gruzinski y Rouveret se inspiran a su
vez fundamentalmente en un estudio anterior de N. Wachtel en el que este último autor había reflexionado acerca de la noción de aculturación en el marco histórico del encuentro entre los colonizadores europeos y los indígenas americanos195. Wachtel amplía el horizonte de los estudios dedicados a la
acultuación con una serie de observaciones que insisten en la necesidad de mostrar la dimensión dinámica de los fenómenos de cambio cultural y de préstamo cultural a la vista de la diversidad existente en cuanto a sociedades protagonistas, modalidades de contacto, procesos generados y resultados alcanzados. Porque, si bien este autor considera más acertado asumir dos características propias de la noción de aculturación desde su origen como son “la heterogeneidad de las culturas en presencia” y “la dominación de una sobre otra”, y “restringir, en una primera etapa, el campo de los estudios de aculturación a una situación de tipo colonial”, sin embargo no juzga dicho fenómeno como un simple paso de la cultura indígena a la cultura occidental, sino que interpreta en él un proceso inverso, “por el que la cultura indígena integra los elementos europeos sin perder sus caracteres originales, lo que lo convierte en “un fenómeno global, que compromete a toda la sociedad”196. A
194 S. GRUZINSKI, A. ROUVERET, “«Ellos son como niños». Histoire et acculturation dans le
Mexique colonial et l’Italie méridionale avant la romanisation”, MEFRA 88, 1976, 159-219. Estos autores establecen asimismo un sistema de análisis de los fenómenos de aculturación en el que examinan sucesivamente el tipo de contacto entre las culturas (indirecto, directo pacífico, directo violento, primero pacífico y luego violento), los agentes aculturadores (externos e internos), el cambio cultural (demográfico, ecológico, socioeconómico, lingüístico, mental), los límites de la aculturación (los obstáculos geográficos, la política de los colonos), la contraaculturación (manifestada en actitudes tales como la pasividad, la ruptura o la agresión) y los mecanismos de la aculturación (reinterpretación o sincretismo, acumulación y analogía).
195 N. WACHTEL, “La aculturación”, en J. LE GOFF, P. NORA (eds.), Hacer la Historia,
Barcelona, 1974 (París, 1974), vol. I, 135-156. En el citado contexto se sitúa el estudio del mismo autor titulado La Vision des vaincus. Les Indiens du Pérou devant la Conquête
espagnole, 1530-1570, París, 1971 (existe traducción castellana: Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española, 1530-1570, Madrid, 1976).
196 WACHTEL, 1974, 136. De hecho, este autor afirma literalmente que “tantos son los
ejemplos concretos cuantas las diferentes aculturaciones”, y propone extender el horizonte de la aculturación desde “el encuentro de culturas heterogéneas en el espacio” hasta “la coexistencia en una misma sociedad de diferentes estratos temporales: a los desniveles, a los conflictos y a las modificaciones de sentido que resultan de la pluralidad de las duraciones históricas”, ibid., 137 y 156. En este sentido, y tras formular la pregunta “¿dónde se ha visto que una aculturación se haya completado?”, P. Veyne recuerda que “una aculturación ... no recuerda más a otra aculturación que lo que se parecen dos guerras o dos revoluciones”, VEYNE, 1979, 3-4. Fruto de la generalización de esta nueva actitud son obras colectivas publicadas bajo el patrocinio de la UNESCO tales como Introduction aux études interculturelles, París, 1980 (esp. el documento preliminar, elaborado por el Institut universitaire d’études du développement de Genève y titulado “Relations interculturelles: écoles, méthodes et thèmes de recherche”, 17-31), y, concretamente en relación con el mundo antiguo, Douze cas d’interaction culturelle dans
partir de ahí Wachtel distingue entre una “aculturación impuesta” y una “aculturación espontánea”, e identifica un abanico de posibles situaciones resultantes —sincretismo, disyunción— definidas entre los extremos representados por la integración y la asimilación, según la incorporación de elementos europeos al sistema indígena suponga bien su integración en los esquemas y categorías de este último, bien la desaparición de las tradiciones indígenas en beneficio de los modelos y valores europeos197.
Este reconocimiento de la participación indígena en el proceso impulsó el interés por fenómenos considerados de “contraaculturación”, noción ésta planteada como sinónimo de rechazo indígena a la aculturación por el mismo Wachtel y, simultáneamente, como sinónimo de “resistencia” por los participantes en el VIe Congrès de la Féderation Internationale des Associations d’Études Classiques celebrado el mismo año de la publicación del
trabajo de Wachtel y cuyas actas fueron publicadas dos años más tarde, precisamente en el mismo 1976 en el que por una parte Gruzinski y Rouveret distinguían en el suyo entre inercia cultural, el aislamiento defensivo y la contraaculturación agresiva, y por otra M. Bénabou vio publicada su monografía titulada La résistance africaine à la romanisation198.
méthodologie de l’approche des phénomènes d’interaction culturelle dans les sciences historiques”, 9-23).
197 WACHTEL, 1974, 139-144.
198 WACHTEL, 1974, 149 y 151, a propósito del movimiento milenarista conocido como Taqui
Ongo, que se extendió por el Perú de la década de 1560: “un movimiento de contra- aculturación” que “se apoya en esquemas mentales tradicionales, que reinterpreta para responder a la dominación colonial, y que revisten, en un contexto diferente, un sentido absolutamente nuevo, el de una rebelión. D. M. PIPPIDI (ed.), Assimilation et résistence à la
culture gréco-romaine dans le monde ancien. Travaux du VIe
Congrès International d’Études Classiques (Madrid, 1974), París-Bucarest, 1976; GRUZINSKI y ROUVERET, 1976, 199-204;
M. BÉNABOU, La résistance africaine à la romanisation, París, 1976, passim, autor este último que llega a plantear la noción de “déromanisation” como proceso histórico que habría conducido a la desaparición de la dominación y la civilización romanas, ibid. 587, n. 10. Acerca del peligro de avanzar en esta dirección hasta caer en posiciones tan extremas como las criticadas han advertido desde Y. THÉBERT, “Romanisation et déromanisation en Afrique du Nord: histoire décolonisée ou histoire inversée?, Annales ESC 33, 1978, 64-82, poco después de la publicación del trabajo de Bénabou, hasta, más recientemente, F. MARCO SIMÓN, “Integración,
interpretatio y resistencia religiosa en el occidente del Imperio”, en BLÁZQUEZ y ALVAR,
1996, 217-238, 226 y ss., autor este último que alude a “la creación de un «reverso estereotipado» de la propia «historia colonial» y no menos neutro ideológicamente”, ibid., 227. Desde una aproximación al tema motivada a partir del caso ibérico en su relación comercial con fenicios y griegos, recientemente J. Alvar ha considerado que “la contraaculturación no sería una situación, sino una actitud ... una reacción contra los estímulos externos” cuyos resultados podrán ser identificados con las categorías que este autor denomina “transculturación”, “regeneración cultural” y “mutación”, J. ALVAR, “El contacto intercultural en los procesos de cambio”, Gerión 8, 1990, 11-27, 25, n. 19.
Aunque ya no desde la defensa de nociones tales como “resistencia” o “rechazo”, el mismo protagonismo indígena en el fenómeno de aculturación conocido como “romanización” fue puesto de relieve a propósito de los Países Bajos por los autores participantes en la obra colectiva titulada Roman and
Native in the Low Countries: Spheres of Interaction (Oxford, 1983), los cuales
centraron su atención en la naturaleza y la organización de las sociedades indígenas incorporadas al Imperio Romano, dado que la sociedad que emerge después de la romanización es deudora tanto del elemento indígena como del romano199.
Paralelamente, la “teoría de los sistemas mundiales” (World Systems
Theory) formulada por I. Wallerstein fue aplicada a los estudios sobre el Imperio
Romano para proponer una explicación global del diferente desarrollo de las comunidades integradas en el marco definido por un imperio mundial en función del intercambio desigual que supone la explotación practicada por el centro sobre la periferia200. Sin embargo, M. Millett rechazó la aplicación de esta teoría
al Imperio Romano sobre la base de que la explotación romana de las provincias no fue administrada desde el centro ni tampoco sistemática201. A su vez, en la
199 Destacan en el citado trabajo las contribuciones de W. A. VAN ES, “Introduction” (1-9),
para quien la romanización, en tanto que manifestación específica del fenómeno general de la aculturación, consiste en un proceso continuo que, a partir del contacto entre las culturas indígena y romana, contempla la transformación de ambas, pues cada una de ellas provoca reajustes en la otra en lo que bien puede considerarse un fenómeno de “interpenetración”; S. E. VAN DER LEEUW, “Acculturation as information processing” (11-42, esp. 17-25), que propone cuantificar la interacción entre culturas recurriendo únicamente al aspecto cuantitativo de los “procesos de información” observados en el contexto cultural, dado dado que cada cultura constituye en sí misma un sistema de procesamiento de la información y que el proceso de aculturación depende de cómo se comunican dos culturas; y la ya citada de J. SLOFSTRA, “An anthropological approach to the study of Romanization processes” (71-104), que a partir