Chapter 3. Related Work on Microgrid Architecture and Security
3.1.1 Power Network
El error de Thollard radica en haber confundido ambas perspectivas con una sola como resultado de atribuir al término bavrbaro" un significado exclusivamente cultural no sólo en la Geografía, sino ya desde sus mismos orígenes, al no tener en cuenta que en el pensamiento de su autor no existe una correspondencia exacta entre los términos que conforman las diferenciaciones griegos-bárbaros y civilizados-salvajes, por más que los últimos casos repasados delaten cómo Estrabón no siempre consigue mantener separadas vías que él mismo intenta mantener paralelas a lo largo de su obra. En ese sentido resulta significativo comprobar cómo este autor abre el apartado titulado Un système
relatif con un pasaje, el que consideraba las costumbres de los britanos “más
bárbaras que las de los celtas”, que de ningún modo permite sostener su particular interpretación, pues constituye, como hemos podido comprobar, no la norma sino la excepción en la aplicación del término bavrbaro"119. Por contra, la
comparación entre unas costumbres y otras debe ser situada en el marco de la valoración creciente del grado de salvajismo de una determinada población conforme mayor es la distancia (ejktovpismov") que la separa respecto de un foco de civilización, razón por la cual Estrabón juzga a los habitantes de Ierne “más salvajes” que los britanos (ajgriwvteroi), cuyas costumbres eran a su vez “más simples y bárbaras” que las de los galos (aJplouvstera kai; barbarwvtera) aun cuando estos últimos ya encarnaban “lo bárbaro y extraño” del carácter de los pueblos del Norte (to; bavrbaron kai; to; e[kfulon)120. Semejante actitud delata la
intención estraboniana de modelar una imagen estereotipada de los pueblos más lejanos basada en su propia percepción etnocéntrica mediante la adjudicación de un grado de barbarie análogo a la distancia que los separa del centro de la ecúmene121.
119 “Chez Strabon, on est rarement barbare tout simplement. On est moins barbare, plus barbare,
le plus barbare. Ainsi, les Bretons sont plus barbares que les Celtes (IV 5, 2) et les habitants d’Ierné sont encore plus sauvages que les Bretons (IV 5, 4)”, THOLLARD, 1987, 19.
120 Ierne y britanos: Str. IV 5, 4. Britanos y galos: IV 5, 2. Galos: IV 4, 5.
121 Cf. Hdt. I 134, 2 sobre la valoración persa de los demás pueblos, más negativa cuanto más
alejados, así como la actitud radicalmente opuesta que el mundo antiguo mantuvo respecto a los hiperbóreos, tal como señala F. MARCO SIMÓN, ““Escatoi ajndrw'n: la idealización de Celtas e Hiperbóreos en las fuentes griegas”, DHA 26.2, 2000, 121-147 (= MARCO SIMÓN, 2000 a).
De hecho, los diferentes grados de civilización representados por las fórmulas examinadas a lo largo de las últimas páginas —h{mero", hJmerwvtero",
ejxhmerouvmeno", hJmerou'tai, hJmevrwtai televw"; ajnhvmero", dushvmero"; a[grio",
ajgriw'de", ajgriovth", ajgriwvtero", a[grio" televw"; politikov", politikw'" zh'n,
politikwvtero"; qhriwvdh", qhriwdevstero" y qhriwdevstato"— se hallan
definidos en función de tres criterios fundamentales que en este punto presiden la aproximación estraboniana.
En principio, la forma de vida de los diferentes grupos humanos descritos en la Geografía se ve determinada por las condiciones naturales y el marco geográfico en los que habitan de acuerdo con un principio básico según el cual las regiones templadas son las más apropiadas para el desarrollo de la civilización por ser las más habitables. Sin embargo, los límites impuestos por el carácter determinista que se desprende de dicho principio se ven superados por la provnoia o predisposición hacia la vida civilizada que muestran determinados colectivos. Ello da pie a todo un abanico de posibilidades que alcanzan desde la combinación óptima de esa provnoia y de unas condiciones naturales favorables —la propia Roma— hasta la ausencia tanto de aquélla como de éstas —la mayoría de los pueblos no helénicos mencionados por Estrabón—, pasando por otras en las que la capacidad humana se impone a unas condiciones naturales desfavorables —Grecia— o bien, a la inversa, falta capacidad para aprovechar unas condiciones favorables —Beocia, Numidia hasta la época de Masinissa122.
A todo ello se suma un tercer factor que contribuye a explicar el diferente grado de civilización de los diversos pueblos: la existencia de “focos de civilización”, esto es, espacios geográficos habitados que, debido al concurso en grado óptimo de los factores ya mencionados y hallándose por ello en las circunstancias más favorables —la primera de las posibilidades antes apuntadas—, extienden su influencia civilizadora sobre las poblaciones de su entorno de manera que el desarrollo de estas últimas se verá favorecido o dificultado respectivamente por el menor o mayor alejamiento (ejktovpismov") respecto de aquéllos123. En este sentido Estrabón identifica el más importante de
122 THOMPSON, 1979, 214-219; THOLLARD, 1987, 14-17; DUECK, 2000, 78-79. Roma: Str.
VI 3, 8. Grecia: II 5, 26. Beocia: IX 2, 2. Numidia: XVII 3, 15.
estos centros de la civilización con el Mediterráneo, concretamente con Roma en el plano político y con Grecia en el cultural124.
La combinación de estos tres criterios se plasma en la Geografía en un panorama definido en líneas generales por una gradación cultural desde ese foco de civilización mediterráneo constituido de manera conjunta por Grecia y Roma hasta los extremos mismos de la ecúmene. Precisamente la aportación más importante del estudio de Thollard es la identificación de las pautas que guían la descripción estraboniana en los libros III y IV, en función de las cuales el autor de la Geografía combina una ordenación general de las informaciones según un criterio geográfico y una ordenación regional presidida a su vez por el grado de civilización evidenciado por los diferentes espacios en relación con el foco mediterráneo. De acuerdo con la primera, las informaciones referidas a Iberia, Galia y las islas occidentales se disponen sucesivamente en ese mismo orden en el marco de una descripción de la ecúmene que comienza por el extremo occidente y, fijando su atención primero en los continentes y a continuación en las islas contiguas, avanza hacia oriente atravesando toda Europa y las regiones asiáticas situadas al norte del Cáucaso hasta llegar a la India, para, desde ésta, volver hacia el oeste, completar la descripción de las tierras situadas al sur de dicha cordillera y pasar a Libia hasta retornar finalmente al extremo occidente situado al sur del Mediterráneo. Por lo que a la disposición regional se refiere, Thollard ha centrado su análisis en el extremo occidente europeo y demostrado cómo Estrabón describe las unidades regionales que lo componen siguiendo un itinerario que comienza con las tierras y gentes más civilizadas y termina con las más salvajes.