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Chapter 3. Related Work on Microgrid Architecture and Security

3.3 Microgrid Testbeds

3.3.2 Hardware in the Loop Testbeds

De todos esos espacios intermedios, en el marco de nuestro estudio resultan de especial interés los ocupados por quienes “antes” fueron bárbaros enfrentados a Roma y “ahora” se hallan plenamente civilizados. Ciertamente, tales poblaciones se revelan como el auténtico ejemplo de la labor civilizadora de Roma en Iberia, pues si Turdetania constituía un terreno abonado para la civilización y en el norte bárbaro todavía no se han generalizado los resultados, dado lo reciente de la conquista, por contra, determinadas áreas de la franja intermedia han experimentado ya todas las fases del proceso, “antes” con el estado de barbarie dominante hasta la imposición del dominio romano, y “ahora” con el estado de civilización fruto de dicho dominio.

A esos dos momentos se refiere Thollard cuando subraya el carácter doble de las conclusiones con las que se cierra la descripción de algunas regiones de Iberia. Tanto si se trata de cualquiera de las dos grandes unidades, occidental u oriental, que conforman el conjunto peninsular, como si de alguna de las secciones en las que aquéllas se dividen a su vez, la descripción estraboniana de los diferentes espacios abordados a lo largo del libro III se estructura básicamente en función de una introducción que reúne las características físicas y humanas de ese espacio, una enumeración más o menos detallada de los grupos humanos y los núcleos urbanos de la región, y una conclusión de carácter etnográfico que recopila los elementos bárbaros característicos de esos pueblos, o bien de carácter administrativo que subraya la transformación experimentada por la región y sus gentes como consecuencia de la dominación romana, o incluso de un tercer tipo que combina las formas anteriores en ese mismo orden para mostrar la diferencia existente entre el estado en el que se encontraban ciertas poblaciones en el pasado y aquel otro del que esas mismas poblaciones disfrutan en el presente gracias a Roma.

Este último tipo de conclusión es el que Thollard interpreta en los casos de Lusitania y Celtiberia134. Sin embargo, resulta significativo comparar esta

interpretación con lo que el mismo Thollard expone en un pormenorizado esquema de los contenidos del libro III cuando, en el marco de una clasificación de las diversas informaciones en tanto que exposiciones generales o descripciones detalladas, este autor adjudica a Celtiberia una conclusión de

carácter exclusivamente etnográfico (III 4, 15-18) y proyecta el discurso político- administrativo posterior sobre el conjunto de Iberia en general (III 4, 20).

Así, por lo que se refiere a la ubicación relativa de estas regiones, según este esquema las informaciones referidas a Lusitania y Celtiberia clausuran la descripción de las unidades geográficas en las que una y otra se enmarcan respectivamente, de acuerdo con la siguiente distribución:

a) Lusitania135:

III 3, 3. Lusitania. Geografía física III 3, 4. Lusitania. Geografía humana

III 3, 5. Lusitania. Oposición entre modo de vida y recursos de los habitantes

III 3, 6-7. Lusitania. Etnografía

III 3, 8. Lusitania. Aspectos políticos, administrativos b) Celtiberia136:

III 4, 12. Celtiberia. Geografía física y etnográfica III 4, 13. Celtiberia. Pueblos

(III 4, 13. Digresión: modo de vida de los iberos) III 4, 14. Fronteras de los celtíberos: pueblos III 4, 15-18. Celtiberia. Etnografía

III 4, 19. Celtiberia. Observaciones sobre la geografía antigua.

Con todo, advertir las contradicciones en las que incurre Thollard no nos parece tan relevante como constatar hasta qué punto ni la ubicación que adjudica a Lusitania y Celtiberia en el marco descriptivo estraboniano ni el modo como distribuye las informaciones referidas a ellas coinciden en ninguno de los dos casos con lo expresado por el texto de la Geografía.

En primer lugar, si este autor considera que la doble conclusión etnográfica y político-administrativa de Lusitania clausura la descripción del occidente peninsular es porque incluye dentro de la descripción de esa región la de los montañeses del norte: como consecuencia de ello, Thollard no diferencia la etnografía de estos últimos (Str. III 3, 7) respecto de la de los lusitanos (3, 6),

135 THOLLARD, 1987, 70. 136 THOLLARD, 1987, 71.

y atribuye al conjunto formado por unos y otros una valoración político- administrativa que se refiere exclusivamente a los pueblos más septentrionales (3, 8)137.

Más importante en relación con el objeto de nuestro estudio resulta el análisis de la descripción estraboniana de Celtiberia practicado por Thollard. Ya hemos señalado cómo este autor afirma por un lado —en el texto— la existencia de una doble conclusión etnográfica y político-administrativa dentro de la descripción de Celtiberia, mientras que por otro —en el ya mencionado cuadro esquemático de las informaciones estrabonianas sobre la Península— pone en relación el discurso político-administrativo expuesto en III 4, 20 no con Celtiberia sino con el conjunto de Iberia en general. Dado que las referencias explícitas a las transformaciones experimentadas por los celtíberos bajo el dominio romano y evidenciadas en su presente civilizado y romano se localizan de manera aislada y en relación con ámbitos geográficos diferentes —Turdetania (III 2, 15) y el conjunto de Iberia en general (III 4, 20)—, ciertamente no se puede hablar de un auténtico discurso político-administrativo a propósito de Celtiberia138.

Por lo que respecta a una etnografía estraboniana de los pueblos celtibéricos, en su distribución de las informaciones acerca de la Península Ibérica Thollard identifica el texto correspondiente a III 4, 15-18 con un discurso de carácter exclusivamente etnográfico referido a Celtiberia que clausuraría la descripción de esta región139.

137 Str. III 3, 6: “dicen de los lusitanos ...” (tou;" d∆ ou\n Lusitanouv" fasin ...); 3, 7: “todos los

montañeses ...” (a{pante" d∆ oiJ o[reioi ...); 3, 8: “actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos (h|tton de; nu'n tou'to pavscousi dia; th;n eijrhvnhn

kai; th;n tw'n ÔRwmaivwn ejpidhmivan), ... ahora, como dije, han dejado de luchar (ajlla; nu'n, wJ"

ei\pon, pevpautai polemou'nta pavnta), ... Tiberio ... no sólo los ha transformado en pacíficos sino que ya ha convertido en civilizados a algunos de ellos (Tibevrio" ... ouj movnon eijrhnikou;" ajlla; kai;

politikou;" h[dh tina;" aujtw'n ajpergasavmeno" tugcavnei)”.

138 Acerca de Str. III 2, 15 y III 4, 20, vid. infra, pp. 109 y ss.

139 THOLLARD, 1987, 7, n. 4 (Str. III 4, 16-18); 71 (III 4, 15-18). Ya antes Van der Vliet había

formulado esa misma identificación y considerado dicho pasaje una de las escasas “descripciones más o menos completas” de carácter etnográfico dentro de la Geografía, junto con las dedicadas a lusitanos, galos, albanos, persas y babilonios, VAN DER VLIET, 1984, 35, n. 4; le sigue literalmente JACOB, 1991, 164; y de un modo implícito por cuanto considera “descripción de Celtiberia” el texto incluido en III 4, 12-19, M. SALINAS, “De Polibio a Estrabón. Los celtas hispanos en la historiografía clásica”, en M.ª A. ALONSO ÁVILA et al. (coords.), Homenaje al profesor Montenegro. Estudios de Historia Antigua, Valladolid, 1999, 191-203, 197.

En un conocido trabajo Ch. Jacob define la etnografía como el estudio de los modos de vida material y cultural de un grupo humano, y distingue esta disciplina tanto respecto de la geografía física y la geografía humana —que a su vez estudian respectivamente la configuración del paisaje y las correlaciones entre el entorno natural y las sociedades que lo ocupan— como respecto de la antropología histórica y la antropología cultural —la primera de las cuales describe e interpreta las civilizaciones del pasado a través de sus obras, mientras que la segunda hace lo mismo con la lógica y los significados de los sistemas simbólicos de las diferentes culturas140. En el caso de Lusitania resulta evidente

el carácter etnográfico del pasaje que Estrabón dedica a repasar aspectos tales como el armamento, la vestimenta, las costumbres higiénicas, la alimentación y las prácticas religiosas de los lusitanos (III 3, 6), lo mismo que el de aquel otro inmediato a éste y referido asimismo al carácter, la alimentación, los sacrificios, la guerra, las danzas, la indumentaria, las costumbres y, en términos generales, el modo de vida de los montañeses del norte (III 3, 7). Pero en el de Celtiberia lo cierto es que ninguno de los pasajes que conforman su descripción puede ser considerado de carácter estrictamente etnográfico, y mucho menos aquéllos a los que se refiere Thollard.

Para empezar, el texto seleccionado por este autor constituye, ciertamente, un discurso etnográfico, pero no referido a Celtiberia sino al conjunto de Iberia141. Bajo la forma de una auténtica amalgama de

informaciones exóticas que se suceden sin orden ni concierto, mezclando y

140 JACOB, 1991, 5-14 (apartado titulado “Introduction: objet, méthodes et sources”). La obra

de referencia fundamental continúa siendo K. E. MÜLLER, Geschichte der antiken

Ethnographie und ethnologischen Theoriebildung. Von den Anfangen bis auf die byzantinischen Historiographen, Wiesbaden, 1972 (vol. I) y 1980 (vol. II); vid. asimismo W.

NIPPEL, Griechen, Barbaren und “Wilde”. Alte Geschichte und Sozialantrhopologie, Francfort del Meno, 1990. Entre las aportaciones recientes de autores hispanos, vid. J. B. LLINARES,

Introducció històrica a 1’antropologia, I. Textos antropològics dels clàssics greco-romans,

Valencia, 1995, 23-26 y 63-98; M. V. GARCÍA QUINTELA, “Etnografía antigua y barbarie: el conocimiento excéntrico”, en ID., Mitología y mitos de la Hispania prerromana, III, Madrid, 1999, 29-51.

141 Str. III 4, 15: “los iberos eran todos ...” (a{pante", wJ" eijpei'n, uJph'rxan oiJ “Ibhre" ...); “ e n

Iberia hay ...” (fevrei d∆ hJ ∆Ibhriva ...); “particularidad de Iberia es ...” (i[dion d∆ ei[rhken ∆Ibhriva/

...). III 4, 16: “la costa ibérica del Mar Nuestro ... y también la costa exterior. Sin embargo, el litoral oceánico del norte ... y el resto ...” (hJ kaq∆ hJma'" ∆Ibhrikh; paraliva ... sucnh; de; kai; tw'n

ejkto;". hJ me;n parwkeani'ti" hJ provsborro" ... hJ d∆ a[llh ...); “esto ... tienen en común los iberos con los celtas” (kai; tou'tov ... koinovn ejsti toi'" “Ibhrsi pro;" tou;" Keltouv"). III 4, 17: costumbres “comunes a todos los pueblos ibéricos, y especialmente a los orientados hacia el norte” (peri; pavntwn koinh'/ tw'n ∆Ibhrikw'n ejqnw'n, diaferovntw" de; tw'n prosbovrrwn). III 4, 18: “no es exclusivo de los iberos ...” (oujk i[dion de; tw'n ∆Ibhvrwn ...); “es ibérica también la costumbre ...” (∆Ibhriko;n de; kai; to; ejn e[qei ei\nai ...).

retomando los temas más variados a propósito de los pueblos de Iberia en general o de algunos de ellos en particular, Estrabón introduce un repaso general de los caracteres más salvajes “comunes a todos los pueblos ibéricos, y especialmente a los orientados hacia el norte” (peri; pavntwn koinh'/ tw'n

∆Ibhrikw'n ejqnw'n, diaferovntw" de; tw'n prosbovrrwn), que, globalmente,

presenta la Península como un espacio alejado de la civilización142.

Tampoco en ninguno de los demás pasajes que se refieren a Celtiberia puede interpretarse un discurso de carácter etnográfico. El que sigue inmediatamente a los ya citados constituye un excurso acerca del conocimiento de las tierras de la ecúmene entre los autores griegos y romanos, introducido por Estrabón a partir de las divergencias existentes entre los especialistas a la hora de dividir en cuatro o en cinco partes un territorio al que el geógrafo se habría referido inmediatamente antes (th;n cwvran tauvthn). Thollard identifica dicho territorio con Celtiberia de acuerdo con la opinión tradicionalmente aceptada desde que, cuatro siglos atrás, Casaubon relacionase la primera de esas divisiones con la también cuatripartita que Estrabón había establecido en términos geográficos poco antes, en III 4, 13, a propósito de los celtíberos, y, en consecuencia, decidiese corregir la lectura duvo que exhiben los manuscritos sustituyéndola por la conjetura tevttara143.

142 Armamento y tropas de los iberos; fauna salvaje de Iberia (Str. III 4, 15); algunas plantas

silvestres, los cultivos agrícolas y las áreas improductivas; el carácter de sus gentes y sus costumbres salvajes; algunas creencias y ritos religiosos de celtíberos, pueblos del norte y galaicos; la peculiar actitud de los vetones, que no conocen la práctica del paseo (16); el tocado de algunas mujeres; el salvajismo de los pueblos del norte y la valentía y resistencia de sus mujeres (17); la práctica de ir dos a caballo; la abundancia de ratas; ciertas actitudes bárbaras de los cántabros y algunas costumbres relacionadas con el matrimonio; la costumbre de llevar siempre un veneno encima; la institución de la deuotio (18).

143 THOLLARD, 1987, 71. Str. III 4, 19: tine;" me;n ou\n eij" tevttara mevrh dih/rh'sqaiv fasi th;n

cwvran tauvthn, kaqavper ei[pomen, a[lloi de; pentamerh' levgousin (tevttara Casaubon : duvo A w v). III 4, 13: “de los celtíberos mismos, que están divididos en cuatro partes, ...” (aujtw'n te tw'n

Keltibhvrwn eij" tevttara mevrh dih/rhmevnwn ...). Esta interpretación de III 4, 19 ha sido aceptada por las ediciones más conocidas del texto estraboniano, así como por las diferentes traducciones realizadas en nuestra lengua: “now although some assert that this country [n. 1: Celtiberia] has been divided into four divisions as I have already stated [n. 2: See 3. 4. 13], others say it has five divisions” (H. L. JONES, The Geography of Strabo, vol. II, Cambridge [Mass.], 1988 [1923], 117); “certains auteurs, comme nous l’avons dit [n. 3: En III, 4, 13], veulent que les Celtibères se partagent en quatre peuplades, tandis que d’autres en comptent cinq” (F. LASSERRE,

Strabon. Géographie. Tome II (Livres III-IV), París, 1966, 78); “como hemos dicho, esta tierra la

dividen algunos en cuatro partes, otros cuentan cinco divisiones” (A. GARCÍA Y BELLIDO,

España y los españoles hace dos mil años según la «Geografía» de Estrabón, Madrid, 1945,

285-287); “dicen algunos que este país (la Celtiberia) está dividido en cuatro partes, como hemos dicho, mientras que otros sostienen que son cinco partes” (A. SCHULTEN, Estrabón.

Geografía de Iberia, FHA VI, Barcelona, 1952, 115); “así pues, como dijimos, algunos afirman

que este país se divide en cuatro partes, mientras que otros dicen que en cinco [n. 270, que remite a n. 248, esto es, a III 4, 13]” (MEANA, 1992, 112). Vid. J. M. ALONSO NÚÑEZ,

Aunque ya hemos comprobado cómo las costumbres y prácticas exóticas que Estrabón había repasado inmediatamente antes remitían no a Celtiberia sino a los pueblos de Iberia en general y a los más septentrionales de ellos en particular, la interpretación tradicional ha sido definitivamente refutada por el análisis que de III 4, 19 ha realizado Á. Capalvo, el cual, tras revisar los manuscritos conservados y recuperar la inequívoca lectura duvo que figura en ellos, ha puesto en relación esas dos partes con la división de Iberia entre una región septentrional fría y áspera y otra meridional fértil que Estrabón establece al comienzo del libro III144. Esta enmienda confirma además la existencia de una

disposición estructurada en función de la cual Estrabón inicia la descripción de Iberia en III 1, 2 con esa división bipartita y la clausura en III 4, 15-20 con un doble discurso, etnográfico (15-18) y político-administrativo (19-20), en el último de los cuales reproduce en términos administrativos —provincia imperatorial Hispania Citerior vs. provincia senatorial Hispania Ulterior— la división que antes había formulado en términos puramente geográficos —Iberia septentrional fría y áspera vs. Iberia meridional fértil145.

“Celtiberia y los celtíberos en Estrabón”, Celtiberia 69, 1985, 117-122, 119; F. BURILLO, “Sobre el origen de los celtíberos”, I Simposium sobre los celtíberos, Zaragoza, 1987, 75-93, 77; P. CIPRÉS, Guerra y sociedad en la Hispania indoeuropea, Vitoria, 1993 (= CIPRÉS, 1993 a), 53-54 y n. 2; 62 y n. 34; 67 y n. 62; 99-100; EAD., “Celtiberia: la creación geográfica de u n espacio provincial”, Ktèma 18, 1993, 259-291 (= CIPRÉS, 1993 b), 286, n. 113; R. TALBERT, “The image of Spain in the ancient cartography”, en La Península Ibérica en la Antigüedad ..., 1996, 9-19, 13; SALINAS, 1999, 197.

144 Str. III 1, 2: de Iberia “la parte septentrional es extremadamente fría ..., pero en cambio la

del Sur es casi en su totalidad fértil” (hJ ∆Ibhriva ... hJ de; provsborro" yucrav tev ejsti televw" ... hJ

de; novtio" pa'sa eujdaivmwn scedovn ti). Á. CAPALVO, “El territorio de Celtiberia según los manuscritos de Estrabón”, en F. BURILLO (coord.), Poblamiento celtibérico. III Simposio

sobre los celtíberos, Zaragoza, 1995, 455-470, 468-470; ID., Celtiberia. Un estudio de fuentes literarias antiguas, Zaragoza, 1996, 59-61.

145 Distinguimos así en la Geografía varios niveles contenidos sucesivamente unos dentro de

otros, al modo de las cajas chinas o las muñecas rusas: a partir del más general definido por los diecisiete libros que componen la obra de Estrabón, la descripción de la ecúmene comprende desde el III hasta el XVII, y dentro del libro III, la de Iberia se sitúa precisamente entre los parágrafos 1, 2, en un extremo y 4, 20, en el otro. En cuanto a la división de Iberia en cinco partes que Estrabón atribuye a otros autores (III 4, 19), Gómez Fraile consideró en un primer momento que podría tener un carácter regional y aludir a las unidades geográficas en sentido amplio que en el libro III aborda Estrabón —Beturia, Bética o Turdetania, Lusitania, “Iberia en sentido restringido” entre la Idubeda, la Orospeda y el Mediterráneo, y, finalmente, Celtiberia—, pero posteriormente este mismo autor ha reducido a cuatro el número de esas unidades —Turdetania, Lusitania, Iberia y Celtiberia— y evita relacionar dicha interpretación con el pasaje estraboniano que menciona la división de Iberia en cinco partes, e incluso recientemente ha considerado la división “más correcta” la tripartita que él mismo atribuye a LASSERRE, 1966 —Turdetania, Lusitania e Iberia propiamente dicha—; J. M.ª GÓMEZ FRAILE, “Celtiberia en las fuentes grecolatinas: replanteamiento conceptual de un paradigma obsoleto”, Polis 8, 1996, 143-206, 159-161; ID., “La Geografía de Estrabón y el origen de los celtíberos”, en J. ARENAS, M.ª V. PALACIOS (coords.), El origen del mundo celtibérico, Guadalajara, 1999, 55- 67 (= GÓMEZ FRAILE, 1999 a), 56-59; ID., Los celtas en los valles altos del Duero y del Ebro, Alcalá de Henares, 2001 (= GÓMEZ FRAILE, 2001 b), 40-41 y n. 19. Como quiera que sea, la

Tampoco encierra un contenido etnográfico atribuible en exclusiva a los celtíberos la última parte de III 4, 13, cuando, tras hacerse eco de las críticas dirigidas por Poseidonio contra Polibio a propósito del excesivo número de ciudades celtíberas cuya destrucción este último autor había atribuido a Tiberio Graco, el propio Estrabón reconoce el carácter laudatorio y, con él, la falsedad de afirmaciones como ésta o como aquella otra que defendía la existencia de más de mil ciudades entre los iberos, a la vista de la naturaleza miserable, el alejamiento y el carácter incivilizado del país y el modo de vida y la actividad de sus pobladores, los cuales, a excepción de los que ocupan la costa mediterránea, en su mayoría son salvajes y viven en aldeas, y muchos de ellos habitan en los bosques146. El territorio y las gentes a las que el autor se refiere ya no son

únicamente Celtiberia y sus habitantes en particular, sino la Iberia interior, occidental y septentrional y sus pobladores en general, gracias al salto practicado de un ámbito a otro a través de las críticas que personalmente le merecen quienes hablaban de las mil ciudades de los iberos. De hecho, dejando a un lado la breve mención de los vecinos meridionales de los celtíberos introducida a continuación, el juicio emitido acerca de la mayor parte de Iberia y de los iberos constituye un enunciado que Estrabón procederá a desarrollar en los parágrafos siguientes con el ya comentado repaso de las costumbres exóticas y salvajes de los iberos en general y de algunos de ellos en particular147.

Por otra parte, los pasajes que versan de manera inequívoca sobre Celtiberia reúnen las características físicas de la región, sus ríos y límites, y los pueblos que habitan sobre ella con sus ciudades y la historia de su conquista por Roma, pero no incluyen ningún discurso de contenido propiamente

constatación del contexto ibérico en general y no celtibérico en particular en el que se sitúa III 4, 19, permite descartar la hipótesis formulada por García Quintela que relacionaba esa quinta parte con la que en otras áreas del mundo céltico, y a modo de centro genérico, se considera implícita en cada una de las cuatro partes en que se divide un territorio, M. V. GARCÍA QUINTELA, “¿Cuatro o cinco partes del territorio de los celtíberos? (Nota a Estrabón III, 4, 19)”, en BURILLO, 1995, 471-475; ID., “El territorio de los celtíberos y el de Irlanda”, en ID., 1999, 147-157.

146 Str. III 4, 13: ou[te ga;r hJ th'" cwvra" fuvsi" povlewn ejpidektikh; pollw'n ejsti dia; th;n

luprovthta h] dia; to;n ejktopismo;n kai; to; ajnhvmeron, ou[q∆ oiJ bivoi kai; pravxei" aujtw'n e[xw tw'n kata; th;n paralivan th;n kaq∆ hJma'" uJpagoreuvousi toiou'ton oujdevn: a[grioi ga;r oiJ kata; kwvma" oijkou'nte": toiou'toi d∆ oiJ polloi; tw'n ∆Ibhvrwn: aiJ de; povlei" hJmerou'sin oujd∆ au|tai rJa/divw", o{tan pleonavzh/ to; ta;" u{la" ejpi; kakw'/ tw'n plhsivon oijkou'n.

147 Vecinos meridionales de los celtíberos: Str. III 4, 14. Valoración estraboniana acerca de la

etnográfico148. Ciertamente, en términos estrictos las únicas informaciones de

este tipo referidas a los celtíberos se limitan a una breve alusión a ciertos ritos religiosos que comparten con sus vecinos septentrionales y que son mencionados en el citado repaso de costumbres exóticas de los habitantes de Iberia en general, pues la afirmación estraboniana según la cual los celtíberos “antaño fueron tenidos por los más fieros de todos” los iberos resulta demasiado escueta y figura además en la conclusión político-administrativa de la descripción de Turdetania por oposición al elevado grado de integración en el