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Como se ha destacado en anterioridad, tanto la inteligencia como el instinto tienen un origen común, que será la conciencia. Por esa razón, al compartir un mismo origen, en el fondo, nunca se hallan separadas de una forma completa. Dicho en otras palabras, “il n’y a pas d’intelligence où l’on ne découvre des traces d’instinct, pas

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Sánchez Rey, M.C. La filosofía bergsoniana de la intel·ligència, Sevilla,Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1989, p. 28.

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Ibid, p. 28.

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d’instinct surtout qui ne sois entouré d’une frange d’intelligence”95 (no hay inteligencia en la que no se descubran trazas de instinto, ni instinto que no se halle rodeado de una franja de inteligencia). Así pues, no hay una separación diáfana entre ambas realidades. A su vez, para Bergson, ambas serán tendencias y no realidades constituidas y bien definidas. Sin embargo, aunque nunca se encuentren separadas totalmente, ello no significa que gocen de la misma naturaleza. En particular, se tratan de dos tendencias que son radicalmente distintas pero que, por el contrario, se complementan. Dicho

sucintamente, “si se acompañan mutuamente, es por lo que se complementan y si se complementan es porque no son idénticas”96.

Así pues, ambas constituyen dos tendencias que son diferentes pero que se relacionan entre sí. Ahora bien, la diferencia entre ambas radicará en su funcionalidad dentro de la actividad del sujeto. Si se dirige la atención hacia el contexto de la acción, se observa como el objetivo que se persigue es la satisfacción de una determinada necesidad. Toda acción siempre se encamina hacia una determinada exigencia. No obstante, cada necesidad genera, a su vez, toda una serie de necesidades nuevas. De modo que, en el ser humano, el contexto de la acción es un campo ilimitado.

Asimismo, el hombre fabrica todos aquellos instrumentos que le posibilitarán una adaptación al medio en el que se halla. Es decir, el hombre, mediante la creación de toda una serie de utensilios, conseguirá saciar sus necesidades. No obstante, dichos instrumentos carecen de una perfección absoluta. Por esa razón, siempre son perfeccionables. Consiguientemente, el sujeto se encuentra en un contexto en el que hay una evolución en los diferentes instrumentos que permiten al hombre adaptarse a su entorno y, consecuentemente, saciar sus necesidades.

Ahora bien, el animal, de la misma manera que el hombre, también posee toda una serie de instrumentos para adaptarse al medio, y también los va generando a medida

que irrumpen las necesidades. Sin embargo, “el instrumento en el animal forma parte de

su propio cuerpo y hay una “facultad” que sabe utilizar dicho instrumento en beneficio propio. Esta actividad (…) es llamada instinto”97.

De esta manera, el instinto hace referencia a una manera simple de actuar y

además “expresa el movimiento de la vida misma y alcanza su objeto directamente y de

95

Bergson, H. L´evolution Créatice (en Oeuvres), op. cit., p. 610 (trad. cast.: La evolución creadora, op. cit., p. 128).

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Sánchez Rey, M.C. La filosofía bergsoniana de la intel·ligència, op. cit., p. 33.

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un modo pleno”98. Más aún, el instinto “es perfecto para la satisfacción de la necesidad que suscita su atención, y sólo para esta”99.

Toda esta reflexión, acerca de la capacidad que tanto hombres como animales tienen para saciar sus necesidades, alude, en primer término, al hecho que la inteligencia emerge en el momento en que el sujeto tiene la capacidad de aplicar la experiencia pasada en la situación actual. Expresado de otra manera, cuando algo que se ha ejecutado en el pasado es susceptible a volverse a realizar en el contexto presente, entonces se producirá la irrupción de la inteligencia.

Ahora bien, aquello a lo que se dirige en realidad Bergson con esta distinción de acciones entre el hombre y el animal, es que el instinto procede de una forma orgánica, simple y directa, mientras que la inteligencia lo hace de una forma mecánica. En particular, la inteligencia actúa mecánicamente ya que, para fabricar el instrumento en cuestión, debe

concebir el mundo en el que va a desplegar su acción como una máquina en el que los elementos pueden pensarse como unos exteriores a otros, analizarse, disociarse, y a su vez, componerse

y recomponerse de múltiples formas diferentes”100.

Por consiguiente, tanto la inteligencia como el instinto constituyen dos modos de actuar sobre la materia, que coexisten y se penetran mutuamente. Su diferencia estriba en que el instinto

alcanza su objeto directamente; lo cual le permite la afirmación

categórica: “esto es”; pero es un conocimiento inconsciente e

inobjetivable, que conviene sólo a un objeto concreto y que no puede expresarse explícitamente. Eso sí, del objeto obtiene un

conocimiento interior y pleno”101,

mientras que la inteligencia

98 Ibid, p. 35. 99 Ibid, p. 35. 100 Ibid, p. 35. 101 Ibid, p. 38.

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no se refiere a ningún objeto en particular. Es una potencia de relacionar y establecer conclusiones y sobre todo de ir de lo que

se sabe a lo que se ignora (…). Al proceder estableciendo

relaciones, la inteligencia capta lo exterior y lo común de las cosas. Obtiene así una forma general y vacía, que puede llenar con lo que quiere, aplicarla a un gran número de objetos; pero precisamente por eso, sus conclusiones dejan de ser categóricas y

adoptan la forma de “si esto es…tal es”. Es un conocimiento

hipotético, pero que puede extenderse indefinidamente. La ganancia en extensión se paga con una pérdida en

profundidad”102.