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2 Refactoring in Erlang

Si el instinto constituía esa tendencia que se caracterizaba por operar con la realidad de una forma directa y simple –para, de esta manera, poner al sujeto en un contacto directo con la cosa de la que se ocupa-, la función de la inteligencia, por el contrario, radica en el fenómeno de establecer relaciones entre la diversas cosas. Sin embargo, en el momento en que se actúa de esta forma, la inteligencia será incapaz de captar el sentido prístino realidad, es decir, el aspecto dinámico, fluyente de todas las cosas.

La inteligencia se ocupa, dirá Bergson, del mundo. Ahora bien, los objetos de los que ella se ocupa, se caracterizan por el hecho que, en realidad, son móviles, es decir, se hallan inmersos en un perpetuo devenir. Sin embargo, la inteligencia, en lugar de interesarse por la dinamicidad de los objetos, lo que realiza es ocuparse por la posición que ocupa el móvil. Pero así, lo único que se representa la inteligencia es la

inmovilidad, es decir, “l’intelligence n’est point faite pour penser l’évolution, au sens

prope du mot, c’est-à-dire la continuité d’un changement qui serait mobilité pure”103(la inteligencia no está hecha para pensar la evolución en el sentido propio de la palabra, es decir, la continuidad de un cambio que sería pura movilidad). Ahora vemos como la visión falsa de la temporalidad y de la realidad tienen, en último termino, el poderío

102

Ibid, p. 38.

103

Bergson, H. L´evolution Créatice (en Oeuvres), op. cit., p. 633 (trad. cast.: La evolución creadora, op. cit., p. 150).

63 hegemónico de la inteligencia como su principal causa. La inteligencia única y exclusivamente tiene la capacidad de captar el aspecto estático de la realidad, ya que aquello que la caracteriza es su posibilidad de descomponer indefinidamente las cosas, según cualesquier ley, y de recomponer en un sistema determinado104. No obstante, en el instante en que procede de esta manera, lo único que realizará es que

de lo real, la inteligencia capta (…) lo inerte, lo complejo, lo

determinable y deductible. Estos son aspectos, la portada que oculta en su interior la movilidad y el cambio continuo, la realidad verdadera, que es esencialmente cualitativa”105.

Así pues, aquello que se erige en lo más específico de la realidad, es decir, su

carácter fluyente, es ignorado por la inteligencia “justement parce qu’elle cherche

toujours à reconstituer, et à reconstiter avec du donné”106 (precisamente porque intenta siempre reconstruir, y reconstruir con lo dado).

Todas estas consideraciones a lo que conducen es a mostrar como la inteligencia será incapaz de captar aquello que se yergue en la auténtica realidad de las cosas, al ocuparse de ella como si se tratase de algo que yace inmóvil. Ahora bien, la problemática se halla en el hecho que, si el sujeto se mueve interpelado por la primacía de las prestaciones intelectuales, éste deberá rechazar todo carácter dinámico y, en consecuencia, se alejará del auténtico estado de las cosas. Es decir, que el predominio de la inteligencia provocará al sujeto un distanciamiento respecto de la realidad, en sentido pleno y absoluto. La visión intelectualista será inconmensurable con la auténtica realidad, que se fundamenta en un dinamismo constitutivo. El carácter fluyente restará ignoto para la inteligencia ya que lo único que podrá captar será el aspecto exterior y

común de las cosas. Expresado en otros términos, la inteligencia “quiere captarlo todo,

104

Es decir, se observa como el poder de la inteligencia es el que ha provocado que Zenón plantease todas sus aporías que destruyen el movimiento. Es necesario recordar que el objetivo de Zenón, precisamente, era romper con el carácter dinámico de la realidad. El fin era demostrar las tesis inmovilistas de

Parménides y Meliso. Sin embargo, y volviendo al discurso bergsoniano, debe destacarse que toda visión estática de la realidad procede, en último término, de una consideración exacerbada de las prestaciones intelectuales del sujeto. Así pues, todas las aporías se mueven en este horizonte hegemónico y soberano de la inteligencia.

105

Sánchez Rey, M.C. La filosofía bergsoniana de la inteligencia, op. cit., p. 115.

106

Bergson, H. L´evolution Créatice (en Oeuvres), op. cit., p. 633 (trad. cast.: La evolución creadora, op. cit., p. 151).

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pero no está modelada para conocer la movilidad, la original e imprevisible esencia de

la vida”107.

Como se ha visto hasta ahora, la realidad estriba en ser un perpetuo cambio, un constante fluir. Sin embargo, en el momento en que el sujeto acata las órdenes que le dictamina su inteligencia, éste únicamente será capaz de advertirse del aspecto somero, superficial, exterior de todas las cosas. El continuo devenir, que acarreaba, como se recordará, una imprevisibilidad constitutiva a todas las cosas, un carácter de novedad constante a la realidad, será eliminado por las prestaciones de la inteligencia. Expresado en otros términos,

lo novedoso será declarado incognoscible, mientras un largo y detallado análisis no le muestre el lugar donde poder colocarlo. Pero siempre permanecerá un fondo de incognoscibilidad en la cosa que es, precisamente, lo que tiene de original y que la inteligencia declara absoluto. Semejante absoluto es un residuo del que la inteligencia ya no puede dar más noticias, sino declarar su incapacidad para aprehenderlo. Se queda en el exterior de la cosa; no puede conocer más que lo comparable, lo

divisible, en una palabra, lo que puede traducirse en leyes”108.