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3.4 An improved Laplace approximation for marginal likelihoods

3.4.1 Background and theory

Dentro del cuarto clúster, la variable más distintiva resulta ser la ocurrencia de sentir en la forma infinitiva (t = 1,148), tanto en la construcción absoluta (t = 1,126; ejemplo 61) como en la construcción “causativo-reflexiva” (García-Miguel 2003). Esta construcción consiste en la forma pronominal del verbo dejar/hacer seguida del infinitivo sentir y adopta el significado global de ‘manifestarse’ (t = 0,781; ejemplo 62):

(61) Y Sofía quiere meterse algo al cuerpo y no sentir. [CREA: Beccaria, La luna en Jorge, 2001]

(62) La influencia de la arquitectura se deja sentir en todas manifestaciones artísticas como prueba este retablo-relicario de madera pintada que conjuga las formas ligeras y caladas góticas con mozárabes y tracerías mudéjares. [CREA: Beltrán Martínez, Pueblos

En el ejemplo (61), el uso absoluto del verbo denota la mera capacidad sensorial para percibir de manera general, sin precisión de ninguna modalidad de percepción específica, de ahí que carezca de transitividad. Es probablemente esta conceptualización intransitiva la que subyace a (y justifica) el agrupamiento de este cuarto clúster, puesto que la construcción causativa pronominal dejarse/hacerse sentir también se asocia con el esquema intransitivo, con base en una oración pasiva refleja con sujeto-estímulo.

Como ya mencionamos anteriormente (cf. supra 5.2.4), la ocurrencia del verbo en esta construcción requiere alguna aclaración más. Partiendo de la idea de que ambos lexemas y construcciones transmiten significado, suponemos que la presencia del verbo en esta construcción debe de vehicular un significado específico. Por ello, surge la pregunta de saber qué es lo que atrae el verbo sentir hacia esta construcción, esto es, ¿cuáles son los elementos de esta construcción que propician que sentir haga algo que no puede hacer por sí solo? o en breve ¿cuál podría ser el valor añadido de su alianza?

De acuerdo con su perfil semántico, sentir es un verbo cuyo sujeto gramatical suele coincidir con el papel semántico de experimentante. Esto es el caso constante a través de sus varios sentidos y de los distintos clústeres comentados: refiriendo a un estado físico o emotivo, a una experiencia física o emotiva, a una percepción cognitiva o a una capacidad, el sujeto de sentir siempre será un experimentante humano. En la construcción causativa pronominal, en cambio, el papel semántico del sujeto gramatical se refiere al estímulo de la percepción y el experimentante muchas veces incluso no se menciona. En consecuencia, esto facilita la ocurrencia de sujetos inanimados y abstractos tales como los efectos, la influencia etc. Este tipo de sujetos no prototípicos se distinguen claramente de los sujetos usuales del verbo en la estructura ‘SN1 sentir SN2’

donde el SN1 coincide generalmente con el sujeto concreto, humano, dinámico y tópico

del verbo. Desde el punto de vista discursivo, el OD de la frase se convierte, pues, en tema o tópico. En otros términos, esta construcción específica con un verbo causativo en la pasiva refleja permite resaltar el estímulo de la percepción en vez del experimentante, que se relega al segundo plano. Como ya mencionado, en el nivel semántico, la agrupación con el significado de la ‘capacidad’ de sentir podría explicarse por el hecho de que la construcción causativa dejarse/hacerse sentir expresa precisamente una especie de creación o habilitación de la posibilidad para el experimentante de sentir algo (literalmente ‘hacerse muy perceptible’, o ‘hacer que se sienta algo’), lo que cuadra perfectamente con su cualidad de construcción topicalizadora.

Si examinamos más en detalle el tipo semántico de sujeto que entra en esta construcción, llama la atención que dejarse/hacerse sentir se asocia generalmente con sujetos inanimados abstractos (63) y elementos naturales o atmosféricos (64), como en las frases siguientes:

(63) Todo lo que decimos es adecuado para buena parte de la historia de la literatura. Sin embargo, la actualidad introduce algunas sorpresas. Investigando en el negocio

editorial me informan de una nueva e inquietante tendencia. Las escritoras de nueva aparición tienen más posibilidades de promoción si son jóvenes y bonitas. La era de la imagen ha dejado sentir su influencia también en este campo: hoy por hoy, puede que el texto y el autor sean dos cosas bien diferenciadas, pero cuando se lleva a cabo la campaña publicitaria de un libro la imagen de su autor se multiplica en todos los medios de comunicación. [CREA: Giménez Bartlett, Serpientes en el paraíso, 2002]

(64) Las temperaturas invernales en la región de los Dogrib regularmente están por debajo de los de 50º Fahrenheit, y los vientos son fuertes y se hacen sentir porque traen más frío. Para protegerse contra los elementos, elaboraron vestidos y calzados de piel de conejo y de alce. [CREA: Prensa, 2001]

que corresponden respectivamente a las frases: la gente siente la influencia de la era de la imagen y la gente siente los vientos. Sin embargo, a diferencia de sus equivalentes activas, en las construcciones causativo-reflexivas se resalta la aparición del objeto percibido en el espacio del sujeto de percepción. Este sujeto, en cambio, nunca se menciona explícitamente pero alude a un sujeto no específico y genérico (como la gente, las personas etc.). En palabras de Gonçalves Araújo (2008: 376): “on décrit un phénomène, un événement ou les conséquences prévisibles d’un événement […] qui surgissent dans l’espace de référence d’un groupe de personnes généralement indéterminé mais localisé dans le temps et l’espace”. Esto confirma la idea de que el evento significado por el verbo se realiza de manera espontánea, automática, o por las cualidades intrínsecas del S, incluso sin la voluntad del perceptor. De ahí que Kokutani (2005: 219) atribuya una lectura espontánea (‘se faire spontané’) a esta construcción.

En efecto, como también precisa Gonçalves Araújo en su detallado estudio dedicado a la comparación entre se faire / fazer-se en francés y portugués, en las frases del tipo mencionado arriba, el sujeto sintáctico (la era de la imagen, los vientos) no indica una intencionalidad, sino que alude más bien a la causa de las sensaciones provocadas por la era de la imagen o los vientos fuertes. Además, precisa que estos sujetos inanimados “sont posés comme ‘origine’ […] d’un effet ou d’un phénomène dont la “manifestation” donne lieu/est susceptible de donner lieu à une perception” (Gonçalves Araújo (2008: 446). Por ello, en vez de hablar de una lectura espontánea, esta autora prefiere la noción de manifestación para referirse a estas construcciones, subrayando así que estos eventos solo existen desde el momento en que se hacen perceptibles para cualquier persona que tiene la capacidad de sentir. Al mismo tiempo, esto supone que los sujetos inanimados que entran en esta construcción dejarse/hacerse sentir deben presentar propiedades lo suficientemente notables y destacadas para que un experimentante las perciba. Este requisito se observa de manera nítida en el ejemplo (64), donde no se trata de un viento cualquiera, sino de vientos fuertes que se sienten particularmente porque traen más frío de lo normal.

Finalmente, desde una perspectiva interlingüística, varios autores han propuesto la idea de que los verbos que entran con mayor frecuencia en esta construcción causativo-

reflexiva, corresponden generalmente a expresiones lexicalizadas. Así, por ejemplo, en la amplia bibliografía dedicada a la construcción se faire en francés, se ha mostrado que el verbo sentir es precisamente uno de los verbos que más frecuentemente entran en esta construcción, formando una combinación fija, incluida como tal en el diccionario (cf. entre otros Gonçalves Araújo 2008; Novakova 2009; Sveberg 2012). En efecto, le Trésor de la Langue Française (TLF) menciona explícitamente el uso factitivo bajo la entrada de sentir: “se faire sentir: se manifester, devenir sensible”. De la misma manera, Gonçalves Araújo (2008) señala la lexicalización de fazer-se sentir en portugués. En otros términos, estos estudios parecen apuntar a cierta pauta interlingüística de lexicalización por la estrecha afinidad que esta estructura causativa pronominal mantiene con ciertos verbos de percepción –y especialmente con el verbo sentir.

Sin embargo, a la luz de los datos empíricos de estos estudios, resulta muy sorprendente que el verbo sentir en español no figure en la lista propuesta por García- Miguel (2003) de los verbos más frecuentes que se combinan con hacerse y dejarse en el corpus BDS (Base de datos sintácticos del español actual). Llama la atención que en nuestro propio corpus, esta construcción tampoco resulta altamente frecuente (solo ocurre en el 3,2% de los casos con sentir). Sin embargo, tal como el TLF, tanto el Diccionario del Español Actual (DEA) como el Diccionario de Uso del Español (DUE) menciona explícitamente la construcción dejarse sentir en su entrada. De ello, deducimos que, aunque esta construcción causativo-reflexiva más o menos lexicalizada es perfectamente válida con el verbo sentir en español, en el uso real no resulta tan frecuente como en sus lenguas hermanas.15 Esto corrobora el perfil semántico del verbo sentir

ESP que tejimos y

precisamos a lo largo de los capítulos anteriores como un verbo anclado fundamentalmente en la subjetividad del sujeto o ‘yo’ experimentante. Esta caracterización semántica se trasluce también en el nivel sintáctico, y se vuelve a manifestar en esta construcción causativo-reflexiva, aunque en sentido negativo: como esta estructura destaca el estímulo de la percepción y difumina el sujeto, presenta una conceptualización contraria a la escena subjetiva inherente a sentir, donde predomina precisamente el punto de vista del sujeto. Por consiguiente, no resulta sorprendente que

15 Cabe destacar que Enghels y Wylin (2015) llegan a una conclusión muy similar en cuanto a las construcciones

privativas en francés y español. Comparando los verbos privativos voler y robar, estas autoras constatan que la construcción pronominal factitiva (se faire voler) se utiliza frecuentemente en francés para topicalizar la fuente, mientras que su equivalente en español (se hace/deja robar) resulta ausente en el corpus. En español, en cambio, un efecto de topicalización similar se obtiene mediante la reduplicación pronominal (‘clitic doubling’). Esta constatación sugiere que, de manera general, el español se muestra más reticente al uso de la construcción pronominal factitiva para la topicalización de sujetos menos prototípicos (el malefactivo en el caso de los V privativos y el estímulo en el caso de los VdP) y recurre preferentemente a otras construcciones para obtener efectos similares.

este verbo se muestre en cierta medida reacio a entrar en una construcción que oculta al perceptor (cf. también Fernández Jaén 2012: 469-472).

En suma, el cálculo de los valores t resulta un método muy valioso para entender mejor la motivación subyacente al agrupamiento de los significados desvelando las variables más importantes responsables del agrupamiento en cuestión. Superando el nivel más específico de los significados individuales, el cálculo de los valores t proporciona una generalización nada desdeñable en el nivel de los clústeres de significados. A ese respecto, resulta que la variable más distintiva está vinculada esencialmente a la estructura argumental. Está claro, pues, que un enfoque construccionista es un método beneficioso para distinguir significados en términos de patrones formales, precisando de esta manera un análisis de índole más bien introspectiva y/o dilucidando clústeres a primera vista contraintuitivos de una manera eficiente y explícita.

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