2.5 Methods for complex models
2.5.2 Likelihood-free methods
Dentro del segundo clúster SENTIR, una primera agrupación consta de los casos de la experiencia emotiva y física. En este clúster los valores t más reveladores refieren a la combinación de un OD que adopta la forma de un SN (t = 0,859), susceptible de referirse tanto a entidades concretas (t = 0,581; ejemplo 44) como abstractas (t = 0,553; ejemplo 45):
(44) Piensa en las lagartijas que ahora duermen bajo las piedras calientes y a salvo de navajazos, […], y siente el frío hocico de Chispa, que prolonga su existencia pegado a sus tobillos lastimados, […]. [CREA: Marsé, Rabos de lagartija, 2000]
(45) Primero, mediante un efecto puramente físico (1911, 40-44): "El espectador podrá sentir o bien una satisfacción o una alegría semejantes a las del sibarita cuando disfruta de un buen manjar, o bien una excitación como la del paladar ante un manjar picante. [CREA: Carrere y Saborit, Retórica de la pintura, 2000]
Como ilustran estos ejemplos, un SN concreto (el frío hocico) está relacionado con la expresión de una percepción física (en este caso la percepción táctil), mientras que la combinación con un SN abstracto (una satisfacción o una alegría) facilita una lectura más emotiva.
Al interior de este grupo de combinaciones con un SN, conviene distinguir bien entre la presencia (t = 0,791) vs. ausencia (t = 0,424) de un determinante. Los últimos resultan estar vinculados predominantemente al significado de la experiencia emotiva, expresada mediante un nombre abstracto:
(46) Llevo sangre portuguesa, por lo que cantar en castellano es algo muy natural para mí, que creo que el espíritu latino es sólo uno para todos los países. Ante los atentados de
hace unos días, no pude más que sentir tristeza. Fue demasiado terrible, aunque la imagen de una marcha solidaria es algo muy poderoso". [CREA: Prensa, 2004]
(47) Si físicamente notaba el agotamiento, psíquicamente andaba un poco mejor. Mi eterno optimismo me ayudaba, mi ración de ánimos me sostenía. Tenía suerte de que me hubieran parido así, sin sentir miedo ni desesperación. Me gustaba la lucha, lo difícil, los retos. Y aquel descenso era el más infernal con el que me había enfrentado. [CREA: Llongueras, Llongueras tal cual, 2001]
Este grupo reúne los casos como sentir miedo, sentir vergüenza (cf. también supra, ejemplo 9), sentir alegría, sentir sorpresa etc., donde sentir se comporta como un verbo ligero en un predicado complejo [verbo + nombre], equivalente a verbos simples como temer, avergonzar(se), alegrar(se), sorprender(se). Puesto que este comportamiento de sentir opera en un contexto sintáctico muy específico, a saber, la estructura [verbo + nombre], nos detendremos a continuación en las propiedades de cada uno de estos dos elementos.
Primero, por lo que atañe a las propiedades del nombre, llama la atención que en este tipo de predicados complejos, el complemento se caracteriza por la pérdida de ciertos de sus rasgos prototípicos de sustantivo. En efecto, como se observa en los ejemplos (46) y (47), el sustantivo pierde la presencia de un determinante. De la misma manera, comparado con los sustantivos abstractos que sí se introducen por un determinante (48- 49), admite difícilmente la modificación por otros complementos como por ejemplo el adjetivo (48) o una relativa (49):
(48) Conversan de perfil contra el paisaje que huye por la ventana hacia la que no se vuelve ninguno de los dos. El señor Salama siente un deseo sexual muy fuerte, pero también muy claro y estremecido de ternura, una promesa física de felicidad que le parece ver reflejada y correspondida en los ojos de la mujer. [CREA: Muñoz Molina, Sefarad, 2001]
(49) Zamacois ha disfrutado de este té y de su goloseo de las Cadbury's de importación. Isabel observa de reojo a Zamacois y siente una ligera repugnancia que en parte es ternura: como quizás se siente al mirar niños muy pequeños -piensa-. [CREA: Pombo,
Una ventana al norte, 2004]
Además, examinando más en detalle la semántica de los sustantivos que entran en este esquema [verbo + nombre], llama la atención que el nombre no solo denota sustantivos autónomos (no derivados), como miedo (47), horror etc., sino que muchas veces se trata de sustantivos abstractos deverbales (50, 51) o deadjetivales (46, 52).
(50) Constante como pocas -incluso el presidente de la Diputación insistió que la escritora era más constante que muchos hombres-, Elena Santiago confiesa sentir admiración por su último trabajo, una novela ambientada en Galicia, con dos mujeres enamoradas por el mismo hombre como protagonistas. [CREA: Prensa, 2000]
(51) En resumidas cuentas, confieso que en aquel momento me pareció una paradoja divertida, y jamás sentí resentimiento alguno hacia el que se había propuesto
eliminarme, justo antes de asomar la nariz ante el público." [CREA: Boadella, Memorias
de un bufón, 2001]
(52) El inspector no se prodigaba con los periodistas, a los que profesaba una venenosa mezcla de desprecio intelectual y cerril aprensión, pero sentía debilidad por la reportera. [CREA: Rojo, Matar para vivir, 2002]
Muy frecuentemente este nombre denota un estado de ánimo positivo o negativo, dirigido hacia personas o cosas. En este caso, rige la preposición por (50, 52) o hacia (51).
Lo que tienen en común todos los sustantivos que operan en esta configuración es que se caracterizan por ser nombres con escasa referencialidad, esto es, nombres abstractos sin referentes concretos en el mundo extralingüístico. Desde esta perspectiva, no son sustantivos prototípicos en el sentido de que no designan entidades referenciales del mundo exterior. Como bien explica De Miguel (2006: 1298), basándose en el análisis de Simone (2002), en el continuum nombre-verbo, los extremos están ocupados por la función prototípica de ‘designar’ (en el caso del nombre) por un lado y de ‘predicar’ (en el caso del verbo) por el otro. Si los nombres puramente designativos (mesa, gato) ocupan el extremo izquierdo, los eventivos (siesta, guerra) y los deverbales (atención, beso, llamada) se acercan más al polo verbal del continuum, precisamente por su capacidad de predicar. Por ello, se trata de ‘sustantivos predicativos’ de mucho peso semántico, encargados de la selección semántica de sus argumentos y caracterizados por su considerable peso predicativo y su bajo peso referencial. Es precisamente esta gran capacidad predicativa del nombre que repercute en el verbo.
En efecto, como señala Herrero Ingelmo (2002a), la gramática tradicional ha centrado su atención esencialmente en el verbo como predicado. Sin embargo, destaca que la función de predicado no solo puede revestir una forma verbal, sino también sustantiva o adjetiva. No obstante, la actualización morfemática del predicado se hace a través de la conjugación, por lo cual es una propiedad exclusiva del verbo pero inexistente para los sustantivos y los adjetivos, que carecen de conjugación. Por ello, la solución para los adjetivos consiste en actualizarlos mediante verbos copulativos. Un sustantivo predicado, en cambio, se actualiza por verbos “predicativamente vacíos que conjugan, por así decir, esos sustantivos” (Herrero Ingelmo 2002a: 4). Estos verbos, que se encargan de actualizar sustantivos predicativos y facilitan (“soportan”) informaciones gramaticales de tiempo, aspecto, modo, persona y número reciben el nombre de verbos soporte (p. ej. Alonso Ramos 1997, 2007; Blanco 2000; Herrero Ingelmo 2001, 2002a-b; De Miguel 2006).
Como precisa Herrero Ingelmo (2002a), este término es una traducción del francés ‘verbe support’, utilizado por primera vez por Daladier (1978), pero también ha recibido otras denominaciones como ‘light verb’ (Cattel 1984), ‘funktionsverbe’ (Von Polenz 1963) o en español verbos de apoyo (p.ej. Piera y Varela 1999), o verbos ligeros (p.ej.Gallego e Irurtzun 2006). Cada uno de estos términos resalta distintas propiedades de estos verbos.
gramatical que confieren estos verbos a los sustantivos predicativos y de ‘soporte’ de lo que algunos lingüistas han denominado la conjugación nominal (Herrero Ingelmo 2002b), el término de verbo ligero resalta más bien la pérdida de su significado léxico pleno que experimenta el verbo cuando se combina con este tipo de sustantivos predicativos.
En efecto, la característica fundamental del verbo en esta estructura [verbo + nombre] consiste esencialmente en su carencia de valor semántico. De Miguel (2006) atribuye este vaciado del contenido léxico original del verbo a la acción del sustantivo predicativo acompañante, y más específicamente, a “la invasión de la parcela verbal por parte del nombre” (De Miguel 2006: 1292). Como acabamos de explicar, se trata de sustantivos abstractos deverbales o eventivos con mucho peso semántico. A ese respecto, De Miguel argumenta convincentemente que: “un nombre con fuertes requisitos léxico-semánticos puede desencadenar un cambio en el peso de la predicación; si acaba inclinando la balanza hacia su lado, provoca el consiguiente aligeramiento del verbo” (De Miguel 2006: 1292). Por consiguiente, en estas construcciones con verbo ligero, no es el verbo el que constituye el núcleo de la predicación, sino el sustantivo, que aporta la mayor parte del significado y que se encarga de la selección semántica de los argumentos. En otros términos, si el verbo no desempeña su papel prototípico de predicar, es porque otro elemento se ha encargado de relevarlo de esta función, lo que causa el subsiguiente aligeramiento de su carga léxica original (De Miguel 2006: 1300).
Sin embargo, conviene subrayar que, aunque la presencia de un nombre predicativo con mucho peso semántico descarga el verbo de su contenido léxico, este nunca se vacía completamente, puesto que a menudo persiste algún residuo del valor léxico original. Partiendo de este mayor o menor peso semántico posiblemente reminiscente en los verbos soporte, Bosque (2001) aboga a favor de la ampliación del concepto de verbo soporte. Este autor señala que algunas de las propiedades de los verbos ligeros ‘prototípicos’ –como por ejemplo dar (dar un paseo), tomar (tomar una decisión) y tener (tener miedo)– también se presentan en otros verbos cuando entran en combinación con determinados sustantivos. Así por ejemplo, aunque verbos como planear, cometer, organizar etc. en expresiones como planear un viaje, cometer un delito, organizar una campaña, tienen más contenido que los verbos soporte estándar, se caracterizan por un comportamiento muy similar: estos verbos también son seleccionados léxicamente por sus complementos, y no al revés. Por ello, Bosque (2001) los denomina ‘heavier light verbs’ (verbo ligero pero con más peso o verbo cuasi-soporte).14 De la misma manera, De Miguel
(2006) habla de verbo soporte ampliado.
14
Teniendo en cuenta este comportamiento y el funcionamiento de los verbos soporte en sentido amplio, conviene considerar el verbo sentir en el esquema [verbo + sustantivo predicativo] en las expresiones del tipo sentir miedo, sentir tristeza, sentir admiración etc. como un ‘heavier light verb’. Por un lado, en este determinado contexto configuracional, sentir se comporta de manera muy similar al verbo soporte más prototípico tener. Así, al igual que este, se combina con el mismo tipo de sustantivos “soportados”, a saber, los que denotan estados emocionales. Estos pueden expresar emociones positivas (tener/sentir alegría, euforia) y negativas (tener/sentir pena, miedo, horror), pero también voluntad (tener/sentir ganas) o estados de ánimos dirigidos hacia personas o cosas (tener/sentir admiración, respeto, ternura, simpatía) etc. Con ambos verbos, el peso semántico reside en el sustantivo y no en el verbo. Sin embargo, por otro lado, la carga semántica resulta algo mayor en el caso de sentir. Así, aunque sentir se limita esencialmente a estados emocionales (aparte de la combinación con ciertos estados físicos/fisiológicos muy específicos como sentir frío, hambre, sed), el sustantivo con el verbo tener no está sujeto a tantas restricciones, puesto que también denota con bastante facilidad cualidades físicas (tener agilidad, altura), intelectuales (tener agudeza, fantasía) o morales (tener constancia, disciplina) (cf. Herrero Ingelmo 2002b). Está claro, pues, que, comparado con tener, sentir conserva más vestigios de su valor léxico original: la restricción al estado emocional/físico impuesta a los posibles sustantivos predicativos en esta construcción recuerda el significado léxico pleno del verbo centrado en la experiencia altamente subjetiva del ‘yo’, la experiencia ‘desde dentro’, y por ello también el candidato por excelencia para la expresión de sus propios sentimientos y estados de ánimo.
Todo lo anteriormente expuesto nos lleva a subrayar la estrecha relación que existe entre este comportamiento de sentir como verbo ligero (o más bien verbo cuasi-ligero o verbo soporte ampliado) y su comportamiento como verbo pseudo-copulativo discutido en el apartado anterior (cf. supra 5.2.5.1). Ambas construcciones tienen en común cierto aligeramiento semántico del contenido léxico del verbo y la concomitante pérdida de su capacidad de predicar: en el caso de la construcción pseudo-copulativa, es el adjetivo el que lo releva de su función de predicar, mientras que en la estructura como verbo ligero, es el sustantivo el que se encarga de esta función. De ello, deducimos que en esencia, son dos manifestaciones sintácticas concretas que evidencian una misma tendencia más general inherente al verbo sentir hacia cierta descarga semántica y abdicación de su función predicativa a favor del adjetivo (en su uso pseudo-copulativo) o sustantivo (como verbo ligero).
En segundo lugar, los valores t dentro de este clúster también destacan la presencia explícita de un complemento circunstancial de lugar:
(53) No me imagino todas las consecuencias de opción tan arriesgada, pero estoy convencido de que al menos los espectadores hubieran sentido miedo en el cuerpo, tal como yo quería. [CREA: Boadella, Memorias de un bufón, 2001]
(54) Siguió caminando y se quitó los zapatos cuando sintió bajo sus pies la arena blanda. [CREA: Pérez-Reverte, La Reina del Sur, 2002]
Como ilustran estos ejemplos, tanto el significado de percepción emotiva como de percepción física admite la especificación explícita del lugar (en la gran mayoría de los casos una parte del cuerpo) donde ocurre la experiencia: al interior del cuerpo (más frecuentemente con los casos de la experiencia emotiva; cf. ejemplo 53 en el cuerpo) o al exterior del cuerpo (cf. ejemplo 54 bajo sus pies). Es precisamente esta referencia al cuerpo humano y sus proyecciones hacia adentro o hacia afuera la que parece ser la motivación subyacente para este clúster de las experiencias emotivas y físicas. Sin embargo, una vez más, el corpus presenta varios casos metafóricos situados en una posición limítrofe: estos casos combinan una descripción claramente física (cf. la presencia de palabras tales como pinchazo, aire, pulmones en el ejemplo 55) con ciertas referencias a la emoción (cf. palabras como en el centro del pecho, conmoción):
(55) […] y él sentía un pinchazo agudo y delicioso en el centro del pecho, mientras el aire abandonaba a toda prisa sus pulmones para dejar que se ahogara en su propia conmoción. [CREA: Grandes, Los aires difíciles, 2002]
Finalmente, dentro de este clúster, los valores t también resaltan la presencia de un complemento predicativo del objeto (t = 0,31):
(56) Estando ahora tan lejos era cuando la sentía más próxima a mí, en la distancia y en las cartas, en mi ignorancia casi absoluta sobre la vida que llevaba. [CREA: Muñoz Molina,
Sefarad, 2001]
Como explicado ya anteriormente (cf. supra 5.2.3), en estos ejemplos, un conceptualizador o experimentador (realizado mediante el sujeto gramatical de la frase) atribuye una cualidad a un determinado referente (expresado en el OD). Estos casos están basados principalmente en una experiencia física general, a la que se añade, en una segunda fase, cierta apreciación o evaluación por parte del hablante. De esta manera, al igual que los usos pseudo-copulativos de sentirse discutidos más arriba (cf. supra 5.2.5.1), estos casos evidencian el gran potencial valorativo del verbo sentir, donde el proceso perceptivo queda relegado a un segundo plano para resaltar el juicio modal y la evaluación por parte del hablante. Sin embargo, cabe destacar una diferencia muy importante entre la construcción pseudo-copulativa y la construcción con complemento predicativo del objeto: en la primera, esta evaluación es esencialmente interna, puesto que el hablante la proyecta sobre sí mismo y evalúa su propio estado interno, lo que le permite llegar a una conclusión altamente modalizada. En la construcción con
complemento predicativo del objeto, en cambio, el hablante orienta esta evaluación hacia objetos externos, es decir, se basa fundamentalmente en un punto de vista externo que implica cierta deducción previa con base en determinados indicios perceptibles, expresando, así, un juicio valorativo con cierto valor epistémico.
Esta diferencia entre el punto de vista interno vs. externo también se manifiesta en el nivel de sus atributos. Lauwers y Tobback (2013a) explican esta diferencia con base en el requisito del “cognitive access to an addressee’s state of mind” (Traugott y Dasher 2002: 91). Estos autores argumentan muy claramente que:
[…] pour qu’un conceptualisateur puisse juger de l’attribution d’une propriété à un référent, il faut que la contrainte de «l’accès cognitif aux états d’âme d’autrui» […] soit respectée. En clair, si la propriété prédiquée sur le référent exprimé par le COD concerne un état interne, celui-ci doit être (perceptuellement) accessible au conceptualisateur, i.e. à partir d’indices perceptuels. (Lauwers y Tobback 2013a: 53)
Es precisamente la ausencia vs. presencia de este requisito en los casos pseudo- copulativos y los casos con predicativo del objeto respectivamente que se refleja en los tipos de atributos seleccionados. Así, Lauwers y Tobback (2013a) ilustran que, por la presencia del pronombre reflexivo en la construcción copulativa, el objeto de la experiencia coincide con el mismo conceptualizador, por lo cual se anula este requisito del acceso cognitivo. Esta supresión facilita el acceso a la evaluación de sus propios estados mentales internos, lo que se refleja en la combinación con adjetivos orientados hacia el interior basados esencialmente en una percepción interiorizada (como por ejemplo triste, contento, feliz, cf. supra 5.2.5.1 para los ejemplos concretos). La construcción con predicativo del objeto, en cambio, requiere adjetivos que refieren a estados de ánimos exteriorizados, esto es, que se manifiestan mediante indicios perceptibles:
(57) Ahí el engaño resulta más certero, porque no se producen alteraciones morfológicas, no cambia el paisaje del idioma. Sólo se alteran los contenidos: vemos un castaño, y eso no nos extraña porque el castaño forma parte del paisaje de nuestra lengua propia, y lo sentimos natural, a diferencia de "sobredimensionamiento" o "necesariedad", verdaderos árboles inventados, robles de tronco azul y hojas negras. [CREA: Grijelmo,
La seducción de las palabras, 2000]
(58) Nunca en la historia de esta Organización nos hemos encontrado tan mal y en las últimas comunicaciones no se atisba ninguna reflexión sobre ello. Con gran pesar nuestro estamos viendo desde hace un tiempo una resignación progresiva en el conjunto de la izquierda abertzale con respecto a la Organización, en cuanto a lo que se espera de ella. En efecto, creemos que la izquierda abertzale siente a la Organización debilitada, sin capacidad de influir decisivamente en su quehacer armado. Totalmente vulnerable a la represión y sin capacidad de reacción, y esto hay que ponerlo de una
Como ilustran claramente ambos ejemplos de nuestro corpus, la evaluación orientada hacia los objetos (lo, el castaño; la Organización) se realiza mediante la atribución de las propiedades natural y debilitada. Sin embargo, como se aprecia en el contexto anterior, este juicio modal se basa necesariamente en ciertos indicios externos perceptibles (y más específicamente, en este caso indicios visibles, cf. presencia del verbo ver en vemos un castaño, estamos viendo). En suma, la oposición entre el punto de vista interno vs. externo de la percepción valorativa del hablante orientada hacia sí mismo vs. hacia otros objetos, explica por qué ciertos adjetivos se ven atraídos más fácilmente hacia la construcción pseudo-copulativa pero no hacia la estructura con predicativo del objeto y viceversa.