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In document ST950 Facilities Handbook (Page 172-174)

Por otra parte, también se hace mención en las instrucciones algunos de los problemas más relevantes que ha tenido la república de Génova en los últimos años y que han sido resueltos gracias a la intervención española, al igual que con las leyes del apartado anterior. Es por ello que el punto décimo trata sobre el marquesado de Zuccarello, en Liguria, que según se informa en las instrucciones fue el origen de las diferencias entre Saboya y Génova y que solo se solventaron gracias a la intervención del rey Felipe IV126. Es interesante este apunte, pues en el momento de la llegada de don

Antonio a Génova, la república ligur y el ducado de Saboya están en guerra, siendo esta vez el mediador el monarca Cristianísimo y no el Católico, con la consiguiente pérdida de influencia que ello conlleva para la Monarquía Hispánica.

Otra de los problemas exteriores que ha sufrido Génova en los años inmediatos a la embajada de Villagarcía fue la herencia del marquesado de Fosdinovo, en el noroeste de la Toscana, limitando con Liguria, y que centra el apartado decimosexto. A don Antonio se le informa de los problemas que surgieron a la herencia del marquesado, pidiéndosele que si se diese algún cambio informase a Madrid, pues en este caso el conflicto vino a enturbiar las relaciones entre Génova y la Monarquía Católica. La muerte del marqués de Fosdinovo sin descendencia desencadenó una lucha internacional por hacerse con sus estados, presentándose numerosos pretendientes al título, entre ellos la república de Génova y Carlos II. Según las instrucciones, los genoveses al tratarse de un feudo imperial ofrecieron grandes sumas de dinero en el Imperio buscando que al no haber sucesor directo el título revertiese al Emperador, con la idea posterior de comprárselo. En estas negociaciones, los genoveses se apoyaron en el marqués de Malaspina, pretendiendo que descendía de los primeros poseedores de Fosdinovo. Al mismo tiempo, el marqués de Los Balbases había informado que un enviado genovés en Milán, del que no se dan más datos, estaba tramando la revocación del título de Vicario

125 BNE, MSS/7938, 1r.-19v. 126 BNE, MSS/7938, 1r.-19v.

Imperial de Italia al gobernador de Milán, buscando con ello debilitar de esa forma la influencia y poder de la Monarquía Hispánica en Italia. Si bien, al final, todo se malogra para los dos pretendientes, pues al conocer el Emperador que la marquesa viuda estaba embarazada decidió dejar el marquesado para dicho hijo póstumo.

Si bien las instrucciones también se hacen eco de algunas de las principales desavenencias que habían tenido lugar en la relación entre los dos estados. En el capítulo cuarto se habla de las quejas que mostraron los genoveses relativas a la sal del marquesado del Finale, para las cuales se ha pensado darles satisfacción y que la explotación vuelva a la empresa genovesa que la tenía hace un siglo127, quizá en ese

intento de mejorar las relaciones entre los dos estados. Otro de los problemas más graves entre los dos estados fueron las pretensiones regias de Génova, que se tratan en el apartado sexto. Sobre este asunto se le dice que le entregaran un memorial que remitió el embajador genovés en Madrid sobre las intenciones que tuvo la República en 1646 de ser tratada con honores regios, para ello se justificaban en su posesión de la isla de Córcega. Estos anhelos regios volverán a surgir con el paso de la Emperatriz hacia Viena128 y con los

incidentes de los saludos en el mar durante la embajada del propio Villagarcía, aunque en este caso con menor profundidad.

Asimismo, en relación al apartado anterior, en el punto duodécimo se le informa sobre el que quizá fuera el problema más grave de los que surgieron en el pasado con la república de Génova, que no es otro que las pretensiones al marquesado del Finale129. El

Consejo de Estado consideraba que las pretensiones sobre ese territorio habían finalizado, pero aun así insta a Villagarcía a estar atento ante cualquier reaparición del interés de los genoveses en hacerse con el marquesado, debiendo avisar rápidamente al gobernador de Milán, “con quien, como queda dicho, a de ser vuestra prinzipal correspondenzia y si fuere necesario prevenir al Governador de dicho estado del Final, lo haréis también, advirtiéndole de lo que combiniere”130. Desde Madrid no consideraban posible que

resurjan estas pretensiones, pero como en el pasado ya había ocurrido, “dejándose llevar de las estrabagantes magsimas de algunos de sus naturales”131, se le pide que extreme la

127 A la casa de san Jorge de Génova, en el mismo lugar que la tuvo en el año de 1571. BNE,

MSS/7938, 1r.-19v.

128 Ibídem.

129 CALCAGNO,P., “La puerta a la mar”. Il marchesato del Finale nel sistema imperiale spagnolo

(1571-1713), Roma, Viella, 2011.

130 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 143.

131 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 147. En el caso de la instrucción

de la BNE aparecen los nombres de los dichos naturales, que son: Federico Imperial, Gerónimo Rodino, Agustín Palavesín, Lucas Justiniano y Bartolomé Centurión. BNE, MSS/7938, 1r.-19v.

atención por las últimas medidas que se han realizado en Génova en contra de ciertos genoveses partidarios de la Corona hispana132. Además, se le autoriza a prometer que se

refrenaran, si esto volviese a suceder, las represalias que se habían realizado en el pasado a los genoveses que tienen propiedades en algunos de los reinos italianos de la Corona133,

otro de los principales motivos de desavenencias entre ambos estados.

Relacionados con el Finale se encuentran también los problemas que se plantean a los comerciantes finaleses por las reclamaciones que está llevando a cabo la República de ciertos derechos sobre el mar Ligur, al considerarlo como una propiedad suya134. Es

en el punto decimotercero donde se le comenta a Villagarcía que los genoveses han realizado capturas de navíos del Finale y las represalias que se han llevado a cabo en embargos a propiedades de genoveses en Milán, aunque parece que se le escribe este apartado con la única intención de que lo tenga en cuenta en caso de alguna reclamación durante su periodo de actividad en la República.

A continuación, en el capítulo decimocuarto, se habla de las peticiones de los genoveses para que algunos de sus puertos sean saludados por las capitanas de las escuadras hispanas. Ante estas pretensiones los españoles contraponen, según la instrucción, la costumbre y las nuevas ordenanzas del mar, las cuales indican que solo se pueda saludar a las ciudades capitales antes de ser saludados ellos135. Se le pide a don

Antonio que observe y gestione estas pretensiones, puesto que en ocasiones se ha llegado al nivel de que ciertos puertos genoveses han tratado de “que las saluden acañoleándolas como si fueran vageles de enemigos y con tal osadía que en algunas ocasiones a hecho daño a la gente de la galera”136. Este punto será de difícil solución y se mantendrá

candente durante toda la embajada de don Antonio, sin que se encuentre una solución aceptable para los dos estados a pesar de los numerosos intentos de Villagarcía.

3.4. Las obligaciones que han contraído los dos estados por sus relaciones

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