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En los años 60 y 70 del siglo XVII Europa y la Monarquía Hispánica sufren una serie cambios importantes, unos cambios que propiciaran el incremento del papel que va a jugar la diplomacia y el control de la información para la monarquía de Carlos II4. Bajo

el reinado del último de los Habsburgo españoles la diplomacia adquiere un papel esencial para el futuro de la Monarquía y para la integridad de sus estados. No en vano durante la segunda mitad del siglo XVII se van a vivir una serie de factores clave para la política de la Corona Hispánica y, en definitiva, para toda Europa5. El primer factor a considerar es

la minoría de edad del monarca madrileño tras la muerte de Felipe IV en 1665, lo que obligará a instaurar en Madrid una regencia, algo relativamente novedoso para la Monarquía Hispánica6; el segundo será la falta de recursos económicos para mantener

unos ejércitos lo suficientemente potentes como para conservar por ellos mismos la

adquirido o perdido como una propiedad más. Esta idea implicaba que las acciones que se encaminan a su conservación, mantenimiento, expansión o a evitar su pérdida o disminución son las consideradas políticas

de estado, dentro de la cual se encontraría la política exterior, encargada de regular las relaciones entre los

propios estados. Si bien, no todos los estados tenían la misma consideración ni el mismo grado de soberanía en el conjunto de sus territorios, pues el carácter jerárquico heredado de la Edad Media hacia que ciertas entidades, como el Imperio o el Papado, tuviesen un carácter universal. Cuando utilicemos este término a lo largo del presente trabajo haremos referencia a este complejo conjunto de realidades políticas que en la época se englobaban bajo el término de estado.

3 RIBOT GARCÍA,L., “El rey ante el espejo. Historia y memoria de Carlos II”, en RIBOT,L., Carlos

II. El rey y su entorno cortesano, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2009, pp. 14-15.

4 ÁLVAREZ LÓPEZ,A., La fabricación de un imaginario. Los embajadores de Luis XIV y España,

Madrid, Cátedra, 2008, p. 124 y ss.

5 ALCALÁ-ZAMORA,J., “La política exterior del reinado”, en Felipe IV: el rey y el reinado, Madrid,

2005, pp. 47-67. ALCALÁ-ZAMORA,J., Razón y crisis de la política exterior de España en el reinado de

Felipe IV: conferencia pronunciada en la Fundación Universitaria Española del día 4 de mayo de 1976,

Madrid, 1977.

6 LÓPEZ-CORDÓN,Mª.V., “Mujer, poder y apariencia o las vicisitudes de una regencia”, Studia

integridad de la Monarquía, haciéndose necesaria la ayuda de potencias aliadas7; por

último, dentro del contexto internacional se vive el auge y consolidación de la hegemonía francesa en Europa, algo que llevó a Luis XIV a desarrollar una agresiva política expansionista a costa, en la mayoría de los casos, de los territorios pertenecientes al monarca Católico8.

El primer factor tiene lugar en 1661, cuando doña Mariana de Austria dio a luz al futuro Carlos II, un niño de débil constitución y con numerosas deficiencias físicas. El recién nacido, tras la muerte de su hermano Felipe Próspero, días antes de su nacimiento9,

y la de su padre Felipe IV en 1665, abocó a la Monarquía Hispánica a una regencia en manos de su madre, la reina doña Mariana de Austria. Ya en época de Felipe IV se habían producido algunas regencias por parte de doña Isabel de Borbón, principalmente la de 1642-1644 con motivo de la marcha del rey para ponerse al frente de las tropas en Cataluña, pero también las que tienen lugar en 1626 y en 1632, cuando doña Isabel de Borbón estuvo también al frente del gobierno ante la marcha del rey, en este caso por las convocatorias de cortes en Aragón, Cataluña y Valencia10. Hubo también anteriormente

alguna regencia, sin ir más lejos en el siglo XVI. Si bien, todas estas regencias no se pueden considerar del mismo carácter, pues en ese momento el rey simplemente está ausente, ya sea por un periodo más o menos largo, pero no deja de ser una regencia puntual y con unas instrucciones muy precisas. En cambio, tras la muerte de Felipe IV en 1665, el monarca es un niño de cuatro años que aboca a la Monarquía a un largo periodo de regencia.

Es por esta razón y ante la falta de experiencia de la nueva Reina Gobernadora en los asuntos de gobierno11, que se dispone en el testamento de Felipe IV que doña Mariana

tenga el asesoramiento de una Junta de Gobierno, una junta formada por miembros mayoritariamente de la nobleza12, aunque la grandeza queda casi excluida de ella13. La

Junta quedaría conformada por los presidentes del consejo de Castilla y del consejo de

7 STORRS, C., La resistencia de la Monarquía Hispánica (1665-1700), Madrid, Actas, 2013. 8 SÁNCHEZ BELÉN,J.A., “Las relaciones internacionales de la Monarquía hispánica durante la

regencia de doña Mariana de Austria”, Studia Historica, Historia Moderna, nº. 20, (1999), pp.137-172.

9 RIBOT GARCÍA,op. cit. (nota 3), pp. 14.

10 FRANGANILLO ÁLVAREZ,A. [Tesis doctoral inédita], La reina Isabel de Borbón: las redes de

poder en torno a su casa (1621-1644), Madrid, 2015, pp. 443 y ss.

11 SÁNCHEZ BELÉN,op. cit. (nota 8), pp.137-172.

12 MAURA,D. DE, Vida y reinado de Carlos II, Madrid, Aguilar Maior, 1990, p. 56-64. En los casos

de regencia anteriores ya se había establecido que la reina regente, doña Isabel de Borbón, tuviera el asesoramiento de una junta de gobierno, aunque al final las decisiones las tomaba Felipe IV. FRANGANILLO

ÁLVAREZ,op. cit. (nota 10), pp. 450 y ss.

13 CARRASCO MARTÍNEZ,A., “Los grandes, el poder y la cultura política de la nobleza en el reinado

Aragón, el arzobispo de Toledo, el Inquisidor General, un miembro del consejo de Estado, un grande de España y el secretario del Despacho Universal14.

El testamento de Felipe IV crea, por tanto, un sistema que permitía un gobierno estable de la Corona Católica durante estos años de minoría de edad de Carlos II, un sistema basado en el gobierno de doña Mariana de Austria, pero asistida por una junta de carácter consultivo, pero siendo en definitiva doña Mariana quien tendría la última decisión15. Este relativamente nuevo panorama político puso a prueba todo el sistema

gubernamental de la Monarquía Hispánica, que no estaba preparado para la minoría de edad de un rey, sino para tener en el cabeza a un monarca en la plenitud de sus condiciones16. La Junta creaba una especie de gobierno por encima de los consejos, quizá

buscando mayor centralización y control17. El nuevo sistema de gobierno, además, dejaba

postergado al que se tenía por el principal hombre fuerte hasta ese momento, el duque de Medina de las Torres18, que pasaría, hasta su muerte unos años después, a poseer una

enorme influencia, pero ningún puesto efectivo de gobierno. También se relegaba a una posición secundaria al ambicioso don Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV. En el lado opuesto, frente a estos dos personajes, el que vería su influencia y poder dentro de la corte acrecentados fue el padre Nithard, que apoyado por doña Mariana de Austria pudo entrar en la junta al convertirse en Inquisidor General. Son estos años de la minoría de edad de Carlos II años de luchas faccionales, en los que don Juan José presiona con el apoyo de numerosos nobles para hacerse con el control del gobierno, intentando expulsar a la Reina Gobernadora y a sus protegidos, primero Nithard en 169919 y luego Valenzuela

en 167620.

14 En el momento de constitución la integrarían: el conde de Castrillo como presidente del consejo

de Castilla, Cristóbal Crespi de Valldaura como presidente del consejo de Aragón, el cardenal Baltasar Sandoval y Moscoso como arzobispo de Toledo, don Pascual de Aragón como Inquisidor General, el conde de Peñaranda como consejero de estado, el marqués de Aytona como grande y, por último, Blasco de Loyola como secretario del Despacho Universal. Ibídem, pp. 77-136.

15 FERNÁNDEZ ALBALADEJO,P., La crisis de la Monarquía, en FONTANA,J.,VILLARES,R. (dirs.),

Historia de España, Sabadell (Barcelona), Crítica, Marcial Pons, vol. 4, 2009, p. 396. HERMOSA ESPESO, C., “El testamento de Felipe IV y la Junta de gobierno de la minoridad de Carlos II. Apuntes para su interpretación”, Erasmo. Revista de historia bajomedieval y moderna, 1 (2014), pp. 102-120.

16 STRADLING,R.A., Europa y el declive de la estructura imperial española, 1580-1720, Madrid,

Cátedra, 1981, p. 209-210.

17 RIBOT,L., “Carlos II (1665-1700)”, en FLORISTÁN,A. (coord.), Historia de España en la Edad

Moderna, Barcelona, Ariel, 2004, p. 541.

18 STRADLING,R.A., «A Spanish statesman of appeasement: Medina de las Torres and Spanish

policy, 1639-1670», The Historical Journal, nº. 19, (1976), pp. 1-31.

19 FERNÁNDEZ ALBALADEJO,op. cit. (nota 15), p. 401. 20 STRADLING,op. cit. (nota 16), p. 197.

El segundo factor relevante durante la segunda mitad del siglo XVII va a ser la economía. La historiografía tradicional había considerado siempre al siglo XVII como una época de crisis aguda, pero ya está plenamente aceptada la idea del cambio positivo que se produjo en el plano económico en las últimas décadas del siglo XVII. Se ha asentado la visión dentro de la historiografía del reinado de Carlos II como un momento de recuperación económica y demográfica, un periodo de crecimiento que posibilitó el posterior despegue en el siglo XVIII21. Durante el reinado de Carlos II se pueden apreciar

elementos de recuperación en la demografía, de incremento en la actividad portuaria, la creciente presencia de asentistas españoles22, el descenso de la carga fiscal, el fin de las

manipulaciones monetarias o la reducción drástica de la inmensa deuda pública heredada23, aunque todos estos elementos cuentan con variaciones de intensidad según

las regiones y la década a analizar24.

El tercer y último factor a considerar ocurre en el mismo año de 1661, cuando comienza el reinado personal de Luis XIV de Francia, que tras superar los problemas internos vividos en la Fronda y los externos con la Paz de los Pirineos, logrará afianzar el control del estado en Francia y trasladar el poderío francés al contexto europeo. Luis XIV consiguió colocar a Francia como la principal potencia europea del momento. Además, comenzó una política exterior expansiva, con la idea de fortalecer a Francia, algo que también intentó a través de un importante sistema de alianzas y tratados, obligando a sus embajadores siempre a buscar la preeminencia, aunque se arriesgase la paz con ello25.

La intensificación diplomática francesa se producía en un momento en el que, tras la muerte de Felipe IV, las embajadas españolas no estaban en su mejor momento, muchas de ellas vacantes o en proceso de sustitución. En 1665 no hay embajador de la Monarquía

21 YUN CASALILLA,B., “Del centro a la periferia: la economía española en la época de Carlos II”,

Studia Historica, Historia Moderna, nº. 20, (1999), pp. 45-75. SANZ AYÁN,C., “Reformismo y Real

Hacienda: Oropesa y Medinaceli”, Nobleza y sociedad en la España moderna, Oviedo, Ediciones Nobel y Fundación Central Hispano, 1996, pp. 163-184.

22 SANZ AYÁN,C., “Negociadores y capitales holandeses en los sistemas de abastecimientos de

pertrechos navales de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII”, Hispania, LII/3, 182, (1992), pp. 915-945. SANZ AYAN, C., Los Banqueros de Carlos II, Valladolid, Universidad, Secretariado de Publicaciones, 1989.

23 RIBOT GARCÍA,op. cit. (nota 3), pp. 14.

24 YUN CASALILLA,B., “Del centro a la periferia: la economía española en la época de Carlos II”,

Studia Historica, Historia Moderna, nº. 20, (1999), pp. 45-75.

25 RIVERO RODRÍGUEZ,M., Diplomacia y relaciones exteriores en la Edad Moderna, Madrid,

Alianza Editorial, 2000, p. 146-147. GARCÍA CUETO, D., “Rivalidad entre España y Francia en la

representación diplomática romana durante el siglo XVII”, en Actas de la IX Reunión científica de la Fundación Española de Historia Moderna, 2010, pp. 299-308. VALLADARES RAMÍREZ,R., “Haro sin

Mazarino. España y el fin del “orden de los Pirineos” en 1661”, Pedralbes. Revista d’historia moderna, 29 (2009), pp. 339-392.

Católica en embajadas tan importantes como las que se encuentran en Viena, debido a la enfermedad y muerte del conde de Chinchón; en Venecia, donde don Pedro Juárez se ocupaba de representar los intereses de Madrid de manera interina; en Génova, cuyo encargado de los aspectos diplomáticos no era otro que el gobernador de Milán, don Luis Guzmán Ponce de León; y en Saboya, cuya embajada se encontraba completamente vacante. Por otro lado, la representación en Londres acababa de ser proveída ese mismo año en la persona del conde de Molina. En el lado opuesto estaban las embajadas de Francia, donde servía don Gaspar Teves Tello de Guzmán, marqués de la Fuente, y la que radicaba en Roma, cuyo embajador era don Pedro Antonio de Aragón26.

La situación del contexto europeo hacía necesaria la presencia del gobierno de Madrid en un momento precisamente en el que estaba en sus horas bajas. En Inglaterra se acababa de restaurar la monarquía en la figura de Carlos II Estuardo, poniendo así fin a la inestabilidad de años anteriores y fortaleciendo el poder real. En las Provincias Unidas, en cambio, tras conseguir el reconocimiento de su independencia en 1648 se vive un momento de auge del republicanismo, sobre todo debido a las capacidades de Johan de Witt. Si bien, en 1672 se vuelve a la antigua situación con la entrada al gobierno de Guillermo III de Orange. Durante estos años las Provincias Unidas son la principal potencia económica y marítima del continente europeo, lo que preocupa seriamente a Luis XIV y le llevará a intentar su sometimiento a Francia. Sin embargo, el acercamiento hispano-neerlandes que se produce tras el reconocimiento de su independencia, jugará a favor de los dos estados, que saben valorar las ventajas y beneficios que les puede reportar una relación cordial y fluida27, produciéndose una época de estrechos lazos entre ambas

potencias, tanto en el plano político como en el económico28.

Otro de los firmes aliados del gobierno de Madrid, el Emperador, vive un momento complejo. En el Sacro Imperio se está produciendo un fortalecimiento de los estados imperiales en detrimento de la autoridad imperial, además de tener que hacer frente a los ataques que se producen desde el imperio turco. La amenaza otomana Obligo a Leopoldo I a centrar toda su atención en la Europa oriental, desatendiendo en cierta medida los problemas del resto del continente. Si bien, el Emperador, por otro lado, consiguió la liberación del reino de Hungría del dominio turco. Pero no es la única

26 OCHOA BRUN, M.A., Historia de la diplomacia española, Madrid, Ministerio de Asuntos

Exteriores, 1991-2006, vol. VIII, p. 90.

27 HERRERO SÁNCHEZ,M., El acercamiento hispano-neerlandés (1648-1678), Consejo Superior

de Investigaciones Científicas, Madrid, 2000.

potencia que sufre los ataques otomanos, pues Venecia ha visto como, tras su larga y costosa guerra con los turcos por el dominio de Candía, sigue bajo la amenaza de la preponderancia turca de estos años, debiendo mantenerse muy atenta a sus movimientos de tropas que realiza la Sublime Puerta.

Portugal, en cambio, se ha consolidado como reino, ha logrado hacer frente a los ejércitos hispanos con la ayuda de Inglaterra y Francia, principales interesados en fomentar el conflicto como medida para debilitar a la Monarquía Católica29. Si bien,

ambos estados consideraban que desde Madrid se carecía de los medios para volver a imponer la obediencia a los Habsburgo en el reino lusitano30. Será en 1668 cuando se

firme el tratado de Lisboa, fruto del agotamiento material y económico de la Corona Católica31. Este tratado supuso el reconocimiento efectivo de Portugal como reino

independiente por parte de las autoridades madrileñas, a pesar de las voces internas que se habían alzado en contra de la firma de esa paz32.

Sin embargo, el estado que centró la política internacional y que desde la muerte de Felipe IV generó los temores de Madrid es la Francia de Luis XIV. Desde la corte hispana se consideraba que en cualquier momento se podía producir un ataque francés sobre alguno de los dispersos estados que componían la monarquía del nuevo rey Carlos II, provocando un constante estado de alarma en el gobierno de la Corona Católica33. Luis

XIV era consciente de la debilidad en la que se encontraba la Monarquía Hispánica en estos momentos y no se contentaba con los territorios que había adquirido en 1659 a través de la paz de los Pirineos, aunque siempre mantuvo los ojos en una posible sucesión al trono de Madrid34.

29 FERNÁNDEZ ALBALADEJO,op. cit. (nota 15), p. 364 y ss. 30 SÁNCHEZ BELÉN,op. cit. (nota 8), pp.137-172.

31 STRADLING, op. cit. (nota 16), p. 206. MARTÍN MARCOS,D., “1668, una paz inacabada entre

España y Portugal”, en MARTÍN MARCOS,D.,Monarquías encontradas. Estudios sobre Portugal y España

en los siglos XVII- XVIII, Madrid, Sílex, 2013, pp. 65-94. CARDIM,P., “Portugal unido y separado.

Propaganda y discurso identitario entre Austrias y Braganzas”, Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV, Historia

Moderna, 25 (2012), pp. 37-55.

32 CARDIM,P.,MARTÍN MARCOS,D., Atracción y separación. Portugal y la Monarquía de Carlos

II, en GARCÍA GARCÍA,B.J.,ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO,A.(coords.), Vísperas de sucesión: Europa y

la Monarquía de Carlos II, Madrid, Fundación Carlos de Amberes, 2015, pp. 209-238. MARTÍN MARCOS, D.,Península de recelos. Portugal y España, 1668-1715, Madrid, Marcial Pons e Instituto Universitario de

Historia Simancas, 2014. CARDIM,P., “Política cortesana y administración en Portugal durante la segunda

mitad del siglo XVII”, en GUILLAMÓN ÁLVAREZ,F.J.,CENTENERO DE ARCE,D.,MUÑOZ RODRÍGUEZ,J.D.

(coords.), Entre Clío y Casandra: poder y sociedad en la Monarquía Hispánica durante la Edad Moderna, Murcia, Universidad de Murcia, 2005, pp. 119-162.

33 SÁNCHEZ BELÉN,op. cit. (nota 8), pp.137-172. BELY,L., Les relations internationales en Europe:

XVIIe-XVIIIe siècles, París, 2007. BELY,L., Louis XIV a la conquête des Pays-Bas espagnols: la guerre

oubliée 1678-1684, París, 2005. LYNN,J.A., Les guerres de Louis XIV: 1667-1714. [S.l.]: Perrin, 2010. 34 BELY,L., “Les négociations franco-espagnoles pendant la Guerre de Succession d’Espagne”,

Es en mayo de 1667 cuando Luis XIV decide aprovechar la coyuntura internacional y atacar los Países Bajos españoles. Para justificar la agresión alude a la reclamación de los territorios que considera de su esposa por el derecho de devolución35

y ante el impago de la dote matrimonial que había dispuesto Felipe IV para su hija36, en

un movimiento que busca el desgaste de la Corona Católica37. La Monarquía Hispánica

se encuentra impotente ante el poderío francés y sin aliados internacionales que puedan ayudarla a frenar el avance de las tropas de Luis XIV, sobre todo con Leopoldo I ocupado en sus fronteras orientales por la amenaza turca y con las Provincias Unidas aliadas con los franceses y enfrentada a Inglaterra por el dominio marítimo.

La Monarquía se ve abocada a hacer frente a los franceses sin ayuda de potencias aliadas38, por lo que, ante los sucesivos fracasos militares en Flandes frente a las tropas

del mariscal Turenne que hacen temer la perdida de todos esos territorios39, la Reina

Gobernadora y su gobierno deciden desplegar una intensa campaña diplomática con la intención de conseguir apoyos exteriores para frenar el avance francés40. Los hábiles

embajadores españoles consiguen llevar a cabo una inteligente estrategia y alarmar a los estados europeos ante el peligro que supondría que Francia se hiciera con todos los territorios españoles de los Países Bajos41. Gracias a sus labores se logró la constitución

de la Triple Alianza, cuyo objetivo era forzar a Luis XIV a un acuerdo de paz42. Será en

1668 cuando se consiga el ansiado tratado de paz, la paz de Aquisgrán43, en la que el Rey

Católico pierde relevantes plazas en Flandes, pero conserva la mayor parte del territorio. Por otro lado, Luis XIV consideró que su fracaso se había debido principalmente al

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