• No results found

Prohibited Moves

In document ST950 Facilities Handbook (Page 191-197)

En 1671 la Monarquía Hispánica decide reabrir la embajada ante la república de Génova debido a la situación internacional que se vive en ese momento Europa. Luis XIV ha convertido a Francia en el poder hegemónico en el continente europeo y busca ampliar sus fronteras a costa de los territorios de la Corona Católica. En Madrid tras la guerra de Devolución el Consejo de Estado es consciente de que no puede enfrentarse al poderío francés sin la ayuda de las demás potencias europeas, por lo que despliega una hábil campaña diplomática para intentar aislar a la Monarquía Cristianísima y frenar cualquier posible intento de agresión. La corte madrileña conoce los preparativos armados que está realizando Francia para sojuzgar a la Provincias Unidas, pero teme una estratagema de Luis XIV para engañar a los dirigentes españoles y cogerlos desprevenidos. Es en este clima cuando en diciembre de 1671 se decide enviar a un diplomático a Génova que intente reparar las deterioradas relaciones con la república ligur y atraerse a sus gobernantes, o por lo menos intentar frenar su acercamiento a la órbita francesa. El elegido para la nueva misión diplomática será don Antonio Domingo de Mendoza, a pesar de no contar con experiencia diplomática previa, no haber desempeñado ningún cargo de entidad anteriormente y no tener contactos con las elites italianas del momento. Sea como fuere, don Antonio consiguió el nombramiento para la reapertura de la embajada y pudo dar comienzo al cursus honorum que le llevaría a grandes puestos dentro de la administración de la Monarquía.

La embajada de don Antonio destacará, como las mismas instrucciones muestran, por la importancia que va a desempeñar la información y la correspondencia. Desde el centro de noticias que es Génova para el Mediterráneo occidental el Consejo de Estado espera que el nuevo diplomático se convierta en un importante receptor y emisor de información para la Monarquía Hispánica. Villagarcía deberá unirse a los canales epistolares de que los servidores de Carlos II disponen en Europa para intercambios de noticias, para luego transmitir todas las novedades que desde su embajada en Génova pueda conocer, principalmente en relación con las intenciones y los ejércitos de Francia. Por ello, en esas mismas instrucciones se le detalla con precisión los cargos con los que debe mantener un abundante intercambio de noticias por medio de las cartas, perfilándosele de ese modo la red de oficio epistolar que debe crear y especificándole la importancia de esta acción para prevenir las acciones de Luis XIV.

Además, junto a estos apartados sobre la información y la correspondencia, en sus instrucciones se le detallan los principales problemas que han surgido en los últimos años

en la relación entre Génova y la Monarquía Hispánica. Se espera de Villagarcía que exponga y demuestre a los gobernantes genoveses la intención de Madrid de volver a las relaciones privilegiadas que rigieron los vínculos entre los dos estados en el pasado, superando los problemas que habían surgido en los últimos años. La Monarquía Hispánica quiere volver a colocarse como principal garante de la independencia de la República de Génova frente al expansionismo de Luis XIV. Todo ello con el propósito de alejar a la República de la órbita francesa, pues desde Madrid se valoraba las graves implicaciones que tendría la pérdida de un aliado tan valioso como Génova. Por último, también se le especifican a don Antonio en sus instrucciones las habituales prácticas inherentes al oficio diplomático en la Edad Moderna y más concretamente al embajador en Génova.

La labor del segundo marqués de Villagarcía en Génova destaca especialmente en su trabajo epistolar, que adquirirá una enorme importancia para el gobierno de la Monarquía y para el ascenso posterior del propio Villagarcía. El entramado de cartas que consigue dibujar por toda Europa le coloca en una posición inmejorable para entablar relaciones con las principales personalidades de la época, todo ello gracias a la utilización que hará de las noticias como instrumento para ganarse voluntades. Sus cartas nos permiten no solo trazar un estudio de su embajada en Génova, sino también una biografía intelectual de Villagarcía, observar la mecánica habitual a estos intercambios epistolares, analizar la forma y el estilo de una carta diplomática y su utilización tanto para el servicio regio como para el interés personal.

En base a estas premisas, esta correspondencia se puede dividir en dos apartados claramente diferenciados. En el primero constarían los corresponsales que se le indicaban desde las instrucciones y que serían los esenciales para desempeñar correctamente su servicio regio. Entre ellos encontramos a los principales embajadores de la Monarquía Hispánica y a sus gobernadores y virreyes. En el segundo apartado se encontrarían todos los demás, una serie de personalidades destacadas de la política y el clero que permitirían a don Antonio ampliar el espectro del que consigue las noticias, y a la vez entablar relaciones con algunas de las figuras más relevantes de finales del siglo XVII. Dentro de estas figuras destacan principalmente la nobleza cortesana madrileña, de vital importancia para el ascenso en el cursus honorum de Villagarcía. Es por todo esto que la correspondencia diplomática que despliega el marqués de Villagarcía adquiere todavía una mayor importancia que en cualquier otro embajador de la época, como intentaré mostrar en el siguiente capítulo con el análisis del comienzo de su red de oficio.

El comienzo de una embajada, la creación de una red

epistolar: de las necesidades de la Monarquía a las

pretensiones personales.

“Dais quenta de lo que hauia passado con motivo de las proposiçiones hechas por el ministro de Françia a la Reppúbblica y del ofiçio que pasasteis con ella en orden atravesar la plática que trahía de que les conzediese sus tropas, de la insignuazión que le hiçisteis para que no viniera en cosa tan perjudiçial y del buen efecto que havía produçido sta diligençia por haver conseguido que la Reppúbblica diese la negativa en sta instançia, viniendo tan solamente en que el Rey Xpmo hiçiese ahí algunas levas que pudiesen pasar a sus exerçitos los franceses que tomaron serviçio en las tropas de essa Reppúbblica de que quedo advertida; y os apruebo la buena forma en que sobre el punto referido pasasteis vuestro ofiçio con la Reppúbblica y siendo la r espuesta que avisáis os dio en la materia muy propia de lo que pide su defensa y conservaçión”1.

En este pequeño fragmento del Despacho Real enviado a don Antonio de Mendoza el 7 de marzo de 1673 se descubren en unas pocas líneas las principales labores que se le habían encargado al nuevo diplomático. Algo que ya se le había pedido en sus instrucciones a la embajada, pero que en este momento se le vuelve a repetir. En primer lugar, el tráfico de información, el envío regular de correspondencia a Madrid con las principales noticias que llegasen a su conocimiento, centrándose las que tuvieran relación con negociaciones entre Génova y Francia. En segundo lugar, entorpecer todo posible acercamiento entre la república ligur y el monarca francés. Y, por último, tratar con Génova sobre la defensa de su independencia y el interés que tiene la Monarquía en garantizar esa libertad. Estos son los pilares maestros que rigen la reapertura de la embajada de Génova y que el segundo marqués de Villagarcía deberá tener muy presentes durante su estancia en la capital ligur.

In document ST950 Facilities Handbook (Page 191-197)