2.4 Simple point processes and marked point processes
2.4.1 Basic definitions
No existe una línea divisoria para determinar cuándo empieza la vejez, definiciones oficiales como la planteada por la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Viena en 1982, adoptó como ancianos a la población de personas de 60 años y más. Posteriormente se nombra a este grupo etario como adulto mayor. Además, también se define como aquellas personas que alcanzan una edad en la que deben abandonar formalmente el trabajo, esto hace referencia a aquella parte de la población que ha dedicado la vida a trabajar y al cabo de un tiempo debe jubilarse. Asimismo, a los adultos mayores se les conoce también como ancianos o personas de la tercera edad. Entre los cuales, se considera a las personas de 60 a 74 años como personas de edad avanzada, las personas de 75 a 90 años son considerados viejos o ancianos y las personas que sobrepasan los 90 años se les denomina grandes viejos o grandes longevos, pero en general a toda persona mayor de 60 años se le denomina persona de la tercera edad (Ibarra, 2012).
Biológicamente el envejecimiento comienza tempranamente, pero las personas no toman conciencia del hecho hasta que esta declinación afecta notablemente sus actividades cotidianas. Esta autopercepción del individuo generalmente coincide con la imagen social de la vejez y con los acontecimientos claves que definen la ancianidad actual: jubilación, viudez, síndrome del nido vacío (abandono de los hijos del hogar familiar), algunos signos físicos (calvicie, arrugas, pérdida de destrezas, la
manifestación de enfermedades, etc.). Sin embargo, la vejez no es sinónimo de enfermedad e incapacidad, aunque son bastante comunes los problemas sensoriales. Los adultos mayores pueden realizar las mismas actividades que realizaban anteriormente sólo que más despacio (Muñoz, 2005; González, Pichardo y García, 2009). El envejecimiento se considera como un proceso bio-psico-social inherente a todo ser humano, pues éste está presente desde el inicio hasta el término de la vida; comprendiendo aspectos biológicos, psicológicos y sociales, teniendo a su vez como escenario de este proceso el medio social en que se desarrolla cada persona (Anzola, Galinsky, Morales, Salas y Sánchez, 1994; Muñoz, 2005).
El envejecimiento es por tanto, un proceso universal porque todos los seres humanos experimentarán este proceso; es irreversible porque denota cambios que no desaparecen ni retroceden, dependiendo de las condiciones de vida, este proceso se retarda o acelera; es acumulativo porque sus consecuencias se van sumando unas a otras en el tiempo; y es secuencial, porque lo que le está ocurriendo hoy al sujeto es consecuencia de lo que le pasó ayer y causa de lo que sucederá mañana; es progresivo, ya que el proceso avanza en forma previsible y regular (González et al., 2009; Quizhpilema, Sinchi, y Tacuri, 2013).
I.3.7.1 Teorías que explican el proceso de envejecimiento
Se ha publicado gran cantidad de teorías que tratan de explicar las causas del envejecimiento y los mecanismos que fijan el límite de la duración de la vida, especialmente a partir del siglo XIX estas teorías se han ido modificando y aumentando conforme el avance de los conocimientos. A continuación se mencionan algunas de las más destacadas.
Teoría inmunológica. Se refiere a la incapacidad del sistema inmunológico de reaccionar con los mecanismos de defensa habituales a las infecciones y a las alteraciones de la síntesis de proteínas que protegen a los organismos (González et al., 2009).
Teoría de los telómeros y telomerasas. Los telómeros son secuencias repetidas de ADN y proteínas asociadas presentes en los extremos de los cromosomas y que se acortan cada vez que una célula se divide, de manera que este acortamiento cuenta el número
de mitosis que ha experimentado una población celular. Los telómeros protegen a los cromosomas y apoyan la transcripción exacta del ADN nuclear, y cuando son demasiado cortos para que tenga lugar una nueva división celular se observa el fin de la capacidad mitótica (Pérez et al., 1994; González et al., 2009).
Teoría de la membrana. Es muy probable que al envejecer se desorganicen las membranas plasmáticas y las membranas de los organelos subcelulares. Las membranas son esenciales para controlar el medio intracelular gracias a su permeabilidad específica y a la presencia de mecanismos de transporte selectivos, y estas propiedades pueden alterarse debido a la peroxidación de sus ácidos grasos insaturados por los radicales libre de oxígeno. Se ha observado que las membranas de neuronas viejas muestran importantes cambios, como un descenso de su excitabilidad eléctrica y un aumento de la duración de su potencial de acción, lo que sugiere un predominio de los canales de calcio sobre los de sodio (Pérez et al., 1994; González et al., 2009).
Teoría de la muerte celular apoptósica. La apoptosis es un mecanismo esencial para evitar la acumulación de un exceso de células. Este mecanismo se puede alterar con el envejecimiento. Por otra parte, si en los organismos viejos se observa un aumento del número de células apoptóticas en los tejidos que preservan la mitosis, esto puede ser benéfico, pues al envejecer se acumula un mayor número de células con lesiones genéticas que conviene eliminar para prevenir la neoplasia. Es decir, si la producción de nuevas célula a través de mitosis equilibra la pérdida de las células por apoptosis, esta tendrá un efecto positivo pues se eliminarán células lesionadas que pueden dar origen a tumores, y el tejido continuará funcionando normalmente; en cambio si la apoptosis se desequilibra, y se presenta un aumento de la actividad apoptótica no compensado por la mitosis, habrá un descenso de la población celular, lo cual tendrá un efecto negativo sobre el rendimiento funcional del adulto mayor (Pérez et al., 1994; González et al., 2009).
Teoría de los radicales libres y el estrés oxidativo. Los radicales libres son fragmentos moleculares muy reactivos que pueden dar lugar a reacciones desorganizadoras no programadas y no sólo podrían causar el envejecimiento, sino también otros procesos degenerativos como el cáncer, la arterosclerosis, la amiloidosis y la inmunodeficiencia.
Estas reacciones nocivas de los radicales libres que tienen lugar continuamente en las células y en los tejidos podrían causar procesos funcionales mortales. Se propone al oxigeno como causa del envejecimiento debido a que las defensas antioxidantes del organismo no contrarrestan bien este ataque oxidativo, y las oxidaciones incontroladas que derivan de una pequeña insuficiencia del sistema de defensa antioxidante podrían ser un factor crucial en el proceso del envejecimiento y en la duración de la vida (Pérez et al., 1994; González et al., 2009).
Teoría mitocondrial del envejecimiento celular. El envejecimiento está ligado a un proceso de desorganización progresiva de las mitocondrias con formación del pigmento lipofuscina que deriva en gran parte de membranas mitocondriales oxidadas que solo alcanzan niveles importantes en las células diferenciadas, y puesto que las mitocondrias contienen un sistema genético independiente, el genoma mitocondrial puede tener un papel fundamental en el envejecimiento celular. Este genoma regula la síntesis de varias proteínas hidrofóbicas de la membrana que son componentes esenciales de los citocromos, citocromo oxidasa y ATPasa, y por tanto, si este genoma mitocondrial sufre con el tiempo mutaciones u otro tipo de cambios ligados al estrés oxidativo, se perderá progresivamente la capacidad de regenerar la población mitocondrial, con la subsecuente pérdida de rendimiento y de resistencia al estrés que tiene lugar al envejecer (Pérez et al., 1994; González et al., 2009).
Es importante destacar que ninguna de estas teorías da una explicación satisfactoria de las causas celulares y moleculares del envejecimiento en todos los órganos y sistemas del cuerpo humano. A pesar de ello es cada día más evidente que el envejecimiento es un proceso multidimensional y puede ser considerado desde distintos puntos de vista. Los cuales de describen brevemente a continuación (Muñoz, 2005).
Cronológico: es quizás la forma más simple de considerar la vejez; contando el tiempo transcurrido desde el nacimiento. Pero lo realmente importante en este punto, es la relación que existe entre la cronología y los acontecimientos de la vida. Biológico: La edad biológica corresponde a etapas dentro del proceso de envejecimiento biológico. Este es diferencial, es decir, de órganos y de funciones; es también multiforme, pues se produce a varios niveles: molecular, celular, orgánico, y es a la vez estructural y funcional.
Psíquico: Existe diferencia entre jóvenes y viejos, las que se manifiestan en dos esferas: la cognoscitiva, afectando la manera de pensar y las capacidades, y la psicoafectiva, incidiendo en la personalidad y el afecto.
Social: Comprende los papeles que se supone han de desempeñarse en la sociedad, los que en la vejez disminuyen considerablemente en la sociedad actual.
Funcional: El estado funcional en las distintas edades es la resultante de la interacción de los elementos biológicos, psicológicos y sociales y constituye probablemente el reflejo más fiel de la integridad del individuo a lo largo del proceso de envejecimiento.
El adulto mayor y su proceso de envejecimiento son un eje central del presente proyecto de investigación, puesto que es la unidad observacional en la cual se va a medir el proceso de atención que llevan a cabo los médicos adscritos a las unidades de primer nivel participantes en este proyecto. Además, el conocer las diversas teorías del proceso de envejecimiento brinda bases que permiten esclarecer las necesidades especiales físicas, biológicas y sociales que presentan los adultos mayores, las cuales dan las pautas de la necesidad de brindarles una atención de calidad.