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3.2 On Prototyping and Simulation of Decentralized

3.2.3 Basic Design Concepts

El modo de e$istencia de lo social Aa diferencia de la estructura de lo societal rara ve ha estado en el centro de la atención sociológica. 'e cedió alegremente al campo de la antropología filosófica y se consideraba %ue constituía, como mucho, la le=ana frontera e$terior de la ona %ue compete a la sociología propiamente dicha. ?o e$iste, por tanto, un consenso sociológico sobre el significado, el alcance de las e$periencias y las consecuencias en el comportamiento del hecho primario de «estar con otros». 7a práctica sociológica todavía tiene %ue estudiar de %u: maneras este hecho puede llegar a ser sociológicamente relevante.

&arece %ue los m:todos sociológicos más comunes no le conceden una importancia o significado especial al hecho de «estar con otros» Aes decir, con otros seres humanos. 7os otros se difuminan en los conceptos mucho más completos del conte$to de la acción, la situación del actor o, más en general, el «entorno», esos vastos territorios en los %ue se encuentran las fueras %ue impulsan las decisiones del actor en una dirección en concreto, o limitan la libertad de elección del actor, y %ue contienen los ob=etivos %ue atraen la actividad deliberada del actor y, por lo tanto, proporcionan motivos para la acción. 2 los otros no se les reconoce la sub=etividad %ue los podría diferenciar de los demás componentes del «conte$to de la acción». 8, me=or dicho, se reconoce su condición singular de seres humanos aun%ue, en la práctica, no se suele considerar como una circunstancia %ue e$i=a al actor realiar una tarea cualitativamente distinta. 2 todos los efectos, la «sub=etividad» de los otros se reduce a una previsibilidad decreciente de sus respuestas y, por lo tanto, a una limitación sobre la pretensión del actor de tener completo dominio sobre la situación y sobre la realiación eficiente de la tarea fi=ada. 7a conducta errática del otro humano, diferente de la de los elementos inanimados del campo de la acción, es una incomodidad. <, por lo %ue sabemos, una incomodidad pasa=era. El control del actor sobre la situación se e=erce con el propósito de manipular el conte$to de la acción del otro e incrementar, de este modo, la probabilidad de una línea de conducta concreta y, en consecuencia, reducir más a@n la posición del otro en el horionte del actor hasta %ue sea prácticamente indistinguible de la del resto de los ob=etos relevantes para el :$ito de la acción. 7a presencia del otro humano en el campo de la acción constituye un problema tecnol!gico. >onseguir el dominio sobre el otro, reducirle a la condición de factor manipulable y calculable de una actividad intencionada es, ciertamente, difícil. Rncluso puede %ue esto e$i=a algunas habilidades especiales por parte del actor Atales como

entendimiento, retórica o conocimiento de la psicología %ue son prescindibles o in@tiles en las relaciones con otros ob=etos del campo de la acción.

probabilidad de %ue el actor consiga su ob=etivo. El otro importa por%ue Ay sólo por%ue su volubilidad y su inconstancia resta valor a la probabilidad de %ue la consecución del ob=etivo dado se realice con eficiencia. 7a tarea del actor es garantiar una situación en la %ue el otro de=e de ser importante y se le pueda de=ar de tener en cuenta. 7a tarea y su realiación están, por lo tanto, sometidas a una evaluación t:cnica, no moral. 7as opciones %ue se abren ante el actor en su relación con el otro se dividen en efectivas e inefectivas, eficientes e ineficientes Aesto es, racionales e irracionales, pero no correctas y e%uivocadas, buenas y malas. 7a situación elemental de «estar con otros» no genera por sí misma Aesdecir, a menos %ue la fuercen presiones e$ternas ninguna problemática moral. >ual%uier consideración moral %ue pueda interferir con ella proviene con toda seguridad del e$terior. >ual%uier limitación %ue pueda imponerse sobre la elección del actor no procede de la lógica intrínseca del cálculo de medios y fines. 2nalíticamente hablando, tiene %ue provenir de los factores irracionales. En una situación de «estar con otros» absolutamente organiada por los ob=etivos del actor, la moralidad es una intrusión.

'e puede buscar una concepción alternativa de los orígenes de la moralidad en la famosa descripción de 'artre de la relación ego*alter como el modo de e$istencia esencial y universal. 'in embargo, no está nada claro %ue se pueda encontrar ahí. 'i del análisis de 'artre surge una concepción de la moralidad, :sta es negativa1 la moralidad como límite y no como deber, como limitación y no como estímulo. #esde este punto de vista Aaun%ue sólo desde :l, las implicaciones sartrianas sobre la valoración de la situación de la moralidad no difieren de forma significativa de la interpretación sociológica habitual, anteriormente investigada, sobre la función de la moralidad en el conte$to de la acción elemental.

7a novedad radical consiste, evidentemente, en singulariar a los otros humanos del resto del horionte del actor como unidades dotadas de una posición y capacidad cualitativamente diferenciadas. En 'artre, el otro se convierte en un alter ego, un seme=ante, un su=eto como yo, dotado de una sub=etividad %ue puedo imaginar @nicamente como r:plica de la %ue conoco por mi e$periencia interi or. !n abismo separa al alter ego de todos los otros ob=etos del mundo, reales o imaginarios. Elalter ego hace lo mismo %ue yo1 piensa, eval@a, hace proyectos y, mientras hace todo esto, me mira y yo le miro a :l. 'implemente por mirarme, el otro se convierte en el límite de mi libertad. !surpa el derecho a definirme a mí y a mis fines, con lo %ue socava mi independencia y mi autonomía, comprometiendo mi identidad y mi sensación de encontrarme en el mundo como en casa. 7a simple presencia del alter ego en este mundo me hace sentir vergUena y se convierte para mí en causa constante de angustia. ?o puedo ser todo lo %ue %uiero ser. ?o puedo hacer todo lo %ue %uiero hacer. 3i libertad se apaga. En presencia del alter ego

Aes decir, en el mundo mi ser para mí mismo es tambi:n, de forma indeleble, ser para el otro. >uando act@o, no puedo evitar darme cuenta de esa presencia y tambi:n de las definiciones, puntos de vista y perspectivas %ue supone.

!no se siente tentado a decir %ue la inevitabilidad de las consideraciones morales es inherente a la descripción sartriana del estar =untos el ego y el alter . <, sin embargo, no está nada claro %u: obligaciones morales, caso de haber alguna, se pueden determinar de un estar =untos así descrito. 2lfred 'chut estaba en todo su derecho de interpretar el resultado

del encuentro ego*alter , tal y como lo representa 'artre, de la siguiente manera1

3is propias posibilidades se han convertido en probabilidades %ue escapan a mi control. He de=ado de dominar la situación o, por lo menos, la situación tiene ahora una dimensión %ue se me escapa. 3e he convertido en un utensilio con el cual y sobre el cual el 8tro puede actuar. 3e doy cuenta de esta e$periencia no por medio de la cognición, sino de un sentimiento de desasosiego e incomodidad %ue, seg@n 'artre, es una de las características principales de la condición humana

DL

.

El desasosiego y la incomodidad sartrianos tienen un inconfundible parecido con esa sofocante limitación e$terna %ue la perspectiva sociológica com@n imputa a la presencia de los otros. &ara ser más precisos, representan un refle=o sub=etivo del apuro %ue la sociología intenta capturar en la estructura ob=etiva e impersonal de esa presencia. 8, me=or todavía, representan una dependencia preZcognitiva y emocional de la posición lógica y racional. 7as dos representaciones de la condición e$istencia %uedan unidas por el resentimiento %ue implican. En ambas, el otro es una contrarieda d y una carga. En el me=or de los casos, una dificultad. En un caso, su presencia no e$ige normas morales , sólo e$ige las reglas del comportamiento racional. En el otro, moldea la moralidad %ue engendra como un con=unto de reglas más %ue de normas Ay menos a@n como una propulsión interna. 5eglas %ue producen resentimiento de forma natural ya %ue revelan a los otros seres humanos como

una e$terioridad hostil de la condición humana, una limitación de la libertad.

E$iste, sin embargo, una tercera descripción de la condición e$istencial del «estar con otros» %ue puede proporcionar un punto de partida para un planteamiento sociológico srcinal y aut:nticamente diferente de la moralidad, capa de revelar y describir aspectos de la sociedad moderna %ue los planteamientos ortodo$os de=an invisibles. Emmanuel 7evinasD, autor de esta descripción, resume su idea con una cita de #ostoievsCy1 «(odos

somos responsables de todo y de todos los hombres sobre todo y yo más %ue todos los demás». &ara 7evinas, «estar con otros», ese atributo primario e inamovible de la e$istencia humana, significa principalmente responsailidad . «>omo el otro me mira, yo soy responsable de :l sin haber asumido si%uiera responsabilidades respecto a :l». 3i responsabilidad es la @nica forma en %ue el otro e$iste para mí, es la forma de su presencia, de su pro$imidad1

el 8tro no está simplemente cerca de mí en el espacio o cerca de mí como un familiar, sino %ue se acerca a mí en su esencia en tanto %ue yo me siento Aen tanto %ue soy responsable de :l. Es una estructura %ue de ninguna manera recuerda a la relación intencional %ue, en el conocimiento, nos une al ob=eto, no importa a %u: ob=eto, incluso un ob=eto humano. 7a pro$imidad no revierte en esta intencionalidad. En particular, no revierte en el hecho de %ue yo conoca al otro.

#e forma más categórica, mi responsailidad es incondicional . ?o depende de un conocimiento previo de las cualidades de su ob=eto, sino %ue precede a este conocimiento. ?o depende de una intención interesada dirigida hacia el ob=eto, sino %ue la precede. ?i el conocimiento ni la intención se dirigen a la pro$imidad del otro, al modo específicamente humano de estar =untos. «El vínculo con el 8tro %ueda anudado sólo como

responsabilidad». Rncluso,

lo aceptemos o lo rechacemos, sepamos o no sepamos cómo asumirlo, seamos capaces o incapaces de hacer algo concreto por el 8tro. #ecir1 me voici. Hacer algo por el 8tro. #ar. 'er un espíritu humano, eso es todo D" <o analio la relación entre los humanos como si, en la pro$imidad del 8tro Amás allá de la imagen %ue yo elaboro del otro hombre, su rostro, lo %ue e$presa el 8tro Ay todo el cuerpo humano es en este sentido más o menos como un rostro fuera lo %ue me ordena servirle D" El rostro ordena y me ordena a mí. 'u significación es una orden significada. &ara ser preciso, si la cara significa una orden para mí, no es en la forma en %ue un signo normal significa su significado. Esta orden es la aut:ntica significación del rostro.

#e hecho, seg@n 7evinas, la responsailidad es la estructura esencial# primaria y fundamental de la sujetividad . 5esponsabilidad %ue significa «responsabilidad por el

8tro» y, en consecuencia, una responsabilidad «por lo %ue no es una acción mía o por lo %ue ni si%uiera me importa». Esta responsabilidad e$istencial, el @nico significado de la sub=etividad, de ser un su=eto, no tiene nada %ue ver con la obligación contractual. ?o tiene nada en com@n tampoco con mi cálculo del beneficio recíproco. ?o precisa de una e$pectativa sólida o infundada de reciprocidad, de «mutualidad de intenciones», de %ue el otro recompense mi responsabilidad con la suya. ?o asumo mi responsabilidad por orden de una fuera superior, sea :sta un código moral sancionado con la amenaa del infierno o un código legal sancionado con la amenaa de cárcel. #ebido a eso, mi responsabilidad no es una carga y no la llevo como tal. 3e hago responsable cuando me constituyo como su=eto. Hacerme responsable es constituirme como su=eto. &or lo tanto, es asunto mío y sólo mío. «7a relación intersub=etiva es una relación no sim:trica D" 'oy responsable del 8tro sin esperar reciprocidad, aun%ue tuviera %ue morir por ello. 7a reciprocidad es asunto suyo».

2l ser la responsabilidad el modo e$istencial del su=eto humano,la moralidad es la estructura primaria de 5a relaci!n intersujetiva en su forma más prístina, sin %ue la afecte ning@n factor no moral Acomo el inter:s, el cálculo de beneficios, la b@s%ueda racional de soluciones óptimas o la rendición ante la coacción. 7a sustancia de la moralidad es un deber hacia el otro Ano una obligación, un deber %ue precede a todo inter:s. 7as raíces de la moralidad son mucho más profundas %ue los mecanismos societales, como las estructuras de dominación o la cultura. 7os procesos societales comienan cuando la estructura de la moralidad Ae%uivalente a intersub=etividad ya está allí. 5a moralidad no es un producto de la sociedad' 5a moralidad es algo %ue la sociedad manipula , e$plota, redirige y blo%uea.

>omo contrapartida, el comportamiento inmoral, una conducta %ue renuncia o abdica de la responsabilidad para con el otro, no es el resultado del mal funcionamiento societal. Es, por lo tanto, la incidencia del comportamiento inmoral, no del moral, la %ue e$ige %ue se investigue la administración social de la intersub=etividad.

&ro$imidad social y responsabilidad moral

7a responsabilidad, ese componente básico de todo comportamiento moral, surge de la pro$imidad del otro. &ro$imidad significa responsabilidad y responsabilidad es pro$imidad. #iscutir la prioridad relativa de una o de otra es evidentemente gratuito, ya %ue

ninguna de las dos es concebible sola. #esactivar la responsabilidad y, de esta manera, neutraliar el impulso moral %ue le sigue, debe implicar necesariamente Ade hecho, es su sinónimo sustituir la pro$imidad por la separación física o espiritual. 7a alternativa a la pro$imidad es la distancia social. El atributo moral de la pro$imidad es la responsabilidad.

El atributo moral de la distancia social es la carencia de relación moral o heterofobia. 5a responsailidad %ueda silenciada cuando se erosiona la pro/imidad' Con el tiempo# se la puede sustituir por el resentimiento una ve$ %ue se ha transformado al pr!jimo en un Otro.

El proceso de transformación es el de la separación social. Esa separación fue la %ue hio posible %ue miles de personas asesinaran y %ue millones observaran el asesinato sin protestar. El logro tecnológico y burocrático de la sociedad racional y moderna fue el %ue

hio posible esta separación.

Hans 3ommsen, uno de los historiadores alemanes más distinguidos de la :poca nai, ha resumido recientemente el significado histórico del Holocausto y del problema %ue crea para el conocimiento de la sociedad moderna de sí misma1

2un%ue la civiliación occidental ha creado los medios para una destrucción en masa inimaginable, la formación %ue proporcionan la tecnología y las t:cnicas de racionaliación modernas ha producido una mentalidad puramente tecnocráta y burocrática %ue personifica el grupo de los %ue perpetraron el Holocausto, cometieran los asesinatos ellos mismos directamente o prepararan la deportación y la li%uidación en los escritorios del 3inisterio de 'eguridad del 5eich A ;eichssicherheithauptamt , en los despachos del servicio diplomático o como plenipotenciarios del (ercer 5eich en los países ocupados o sat:lites. En este sentido, la historia del Holocausto parece ser el mene te>el del Estado moderno.D

>onsiguiera lo %ue consiguiera el Estado nai, lo %ue es seguro es %ue logró vencer el obstáculo más formidable para llevar a cabo el asesinato sistemático, intencionado, sin emociones y a sangre fría de la gente, de vie=os y =óvenes, de hombres y mu=eres1 esa «piedad animal %ue afecta a todos los hombres en presencia del sufrimiento físico» D+. ?o

sabemos mucho sobre la piedad animal, pero sí sabemos %ue e$iste una forma de considerar la elemental condición humana %ue hace e$plícita la universalidad de la repugnancia ante el asesinato, la inhibición contra el hecho de producir sufrimientos a otro ser humano y el impulso de ayudar a los %ue sufren. 7a universalidad, de hecho, de la responsabilidad personal por el bienestar del otro. 'i esto es correcto, entonces el logro del r:gimen nai

consistió fundamentalmente en neutraliar la incidencia moral del modo e$istencial específicamente humano. Es importante saber si este :$ito estuvo relacionado con las singulares características del movimiento y del gobierno nai o si se puede e$plicar haciendo referencia a otros atributos más comunes de nuestra sociedad %ue los nais,

simplemente, utiliaron con habilidad al servicio de las intenciones de Hitler.

Hasta hace un par de d:cadas era corriente Ano sólo entre los legos, sino tambi:n entre los historiadores buscar la e$plicación del asesinato en masa de los =udíos europeos en la larga historia del antisemitismo europeo. Esta e$plicación e$igía, evidentemente, singulariar el antisemitismo alemán como el más intenso, despiadado y asesino. #espu:s de todo, fue en 2lemania donde se gestó y se puso en marcha el monstruoso plan de ani%uilar totalmente a una raa. 'in embargo, como recordaremos de los capítulos segundo y tercero, las investigaciones históricas han descartado tanto esta e$plicación como su corolario. E$iste una discontinuidad evidente entre el tradicional y premoderno odio a los =udíos y el moderno dise)o e$terminador indispensable para perpetrar el Holocausto. &or lo

%ue se refiere a la función de los sentimientos populares, el enorme volumen de pruebas históricas demuestra, más allá de cual%uier duda raonable, una relación casi negativa entre el sentimiento anti=udío basado en la competencia, tradicional y «vecinal», y el deseo de sumarse a la visión nai de la destrucción total y participar en ella.

>ada ve hay más consenso entr e los historiadores en %ue la perpetraci!n del Holocausto e/igi! neutrali$ar# y no movili$ar# las actitudes hacia los judíos de los alemanes normales, en %ue la continuación «natural» del tradicional resentimiento hacia los =udíos era más un sentimiento de repugnancia ante las «acciones radicales» de los asesinos nais %ue un deseo de cooperar en un asesinato en masa. < %ue los miembros de las '' %ue planificaron el genocidio tuvieron %ue encaminarse hacia la Endlosung salvaguardando la independencia de su tarea de los sentimientos de la población en general y, en consecuencia, haci:ndola inmune a la influencia de las tradicionales, espontáneas y comunales actitudes hacia las víctimas.

3artin Brosat ha resumido recientemente los importantes y sólidos descubrimientos de los estudios históricos1 «En las ciudades y pueblos donde los =udíos representaban un amplio segmento de la población, las relacione s entre los alemanes y los =udíos eran, incluso en los primeros a)os de la :poca nai, relativamente buenas y rara ve

hostiles»D*4. 7os intentos nais de auar los sentimientos antisemitas y de convertir el

resentimiento estático en dinámico Adistinción acu)ada por 3UllerZ>laudius, es decir,