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Requirements of a Simulation Platform for Trust Management Research

3.2 On Prototyping and Simulation of Decentralized

3.2.1 Requirements of a Simulation Platform for Trust Management Research

7a e$plicación de la causalidad social de las normas morales Aesto es, concebir la moralidad como, en principio, deducible de las condiciones sociales y resultante de los procesos sociales es una estrategia %ue se remonta por lo menos hasta 3ontes%uieu.

2lgunos de sus planteamientos como, por e=emplo, el de %ue la poliginia se debe o bien a un e$ceso de mu=eres o bien al rápido enve=ecimiento de las mu=eres en ciertas condiciones climáticas, se mencionan ahora en los libros de historia principalmente para demostrar, por contraste, el progreso e$perimentado por la ciencia social desde sus comienos. &ero, sin embargo, el modelo e$plicativo %ue recoge la hipótesis de 3ontes%uieu no sería puesto en tela de =uicio durante un largo periodo de tiempo. Morma, de hecho, parte del rara ve cuestionado sentido com@n de la ciencia social, seg@n el cual la persistencia de una norma moral da fe de la presencia de una necesidad colectiva %ue con el establecimiento de la norma %ueda atendida. &or lo tanto, cual%uier estudio científico sobre la moralidad debe intentar descubrir estas necesidades y reconstruir los mecanismos sociales %ue Apor medio de la imposición de normas aseguren su satisfacción.

'i se acepta esta suposición teórica y la consiguiente estrategia interpretativa, lo %ue sigue es un raonamiento básicamente circular %ue QlucChohn e$presó muy bien cuando insistía en %ue la norma o la costumbre moral no e$istirían si no fueran funcionales Aesto es, @tiles para satisfacer necesidades o para reprimir tendencias de comportamiento %ue, si no, serían destructivas, como, por e=emplo, la reducción de la angustia y la canaliación de la agresividad innata %ue consiguen los bru=os nava=osS o cuando colegía %ue con la desaparición de una necesidad desaparecía tambi:n la norma a la %ue esa necesidad había dado pie. >ual%uier insuficiencia de la norma moral en el cumplimiento de la tarea asignada Aesto es, su incapacidad para hacer frente adecuadamente a la necesidad srcinal  debería tener resultados seme=antes. 3alinoNsCi ha codificado muy e$plícitamente este m:todo del estudio científico de la moralidad subrayando la esencial instrumentalidad de la

moralidad, su subordinación a las «necesidades humanas esenciales», tales como el alimento, la seguridad o la protección contra un clima inclemente.

2 primera vista, #urCheim Acuyo tratamiento de los fenómenos morales se convirtió en el canon de la sabiduría sociológica y prácticamente definió el significado del planteamiento sociológico del estudio de la moralidad rechaó la tentación de relacionar

las normas con las necesidades. #espu:s de todo, criticó severamente la idea e$tendida de %ue las normas morales obligatorias en una determinada sociedad debían haber obtenido su fuera vinculante por medio del proceso de análisis y elección consciente Ano digamos racional. #urCheim, en abierta oposición con el sentido com@n de la etnografía del momento, insistía en %ue la esencia de la moralidad debía buscarse precisamente en su fuera vinculante, y no en su correspondencia racional con las necesidades %ue los miembros de la sociedad %uieren satisfacer. !na norma es una norma no por%ue se la haya seleccionado por su idoneidad para cumplir la tarea de fomentar y defender los intereses de los integrantes de una sociedad, sino por%ue :stos Apor medio del aprendia=e o de las amargas consecuencias de la transgresión se convencen a sí mismos de su obligatoriedad. 'in embargo, las críticas de #urCheim a las interpretaciones e$istentes de los fenómenos morales no se dirigían contra el principio de la «e$plicación racional» como tal. < todavía menos socavaban el m:todo del reduccionismo sociológico. #esde este punto de vista, la divergencia de #urCheim con los m:todos interpretativos sociológicos representaba poco más %ue una pelea familiar. 7o %ue parecía ser la e$presión de un disentimiento radical se %uedó reducido, despu:s de todo, a un cambio de :nfasis1 de las necesidades individuales a las socialesS o, más bien, a la @nica necesidad suprema a la %ue ahora se le asignaba prioridad sobre todas las otras, implicara a individuos o a grupos1 la necesidad de la

integraci!n social . !n sistema moral apoya la pervivencia, y salvaguarda la identidad, de la sociedad %ue, por medio de la socialiación y las sanciones punitivas, le confiere su fuera vinculante. 7a continuidad de la sociedad se consigue y sustenta imponiendo restricciones sobre las predilecciones naturales AaZsociales, preZsociales de los miembros de la sociedad, es decir, forándolos a actuar de una manera %ue no contravenga la necesidad de mantener la unidad de la sociedad.

7a revisión de #urCheim consiguió, como mucho, %ue el raonamiento sociológico sobre la moralidad fuera a@n más circular. 'i la @nica raón de ser de la moralidad es la voluntad de la sociedad, y su @nica función permitir a la sociedad sobrevivir, entonces la cuestión de la evaluación sustantiva de los distintos sistemas morales %ueda fuera del programa sociológico. 'i se reconoce %ue la integración social es el @nico marco de

referencia dentro del cual se puede llevar a cabo la evaluación, no hay manera de %ue podamos comparar y evaluar distintamente los diversos sistemas morales. 7a necesidad a la

%ue sirve cada sistema surge de la sociedad en la %ue anida, y lo %ue importa es %ue debe haber un sistema moral en toda sociedad y no así la sustancia de las normas morales %ue esta o a%uella sociedad apli can con el fin de mantener su unidad. En gros, diría #urCheim, cada sociedad tiene una moralidad por%ue la necesita. < al ser la necesidad de la sociedad la @nica sustancia de la moralidad, todos los sistemas morales son iguales desde el @nico aspecto en el %ue se pueden medir y evaluar legítimamente Aob=etiva y científicamente1 su utilidad para satisfacer esa necesidad.

&ero, en el planteamiento de #urCheim sobre la moralidad hay algo más %ue una en:rgica reafirmación de la idea de %ue las normas morales son productos sociales. 2caso su influencia más importante sobre la ciencia social fue su concepción de la sociedad como una fuera esencial y activamente moraliadora. «El hombre es un ser moral solamente por%ue vive en sociedad». «7a moralidad, en todas sus formas, nunca se encuentra e$cepto

en la sociedad». «El individuo se somete a la sociedad y esta sumisión es la condición para su liberación. &or%ue la libertad del hombre consiste en la liberación de las fueras físicas ciegas e irrefle$ivas. 7o logra poniendo en contra de ellas la enorme e inteligente fuera de la sociedad ba=o cuya protección se cobi=a. 2l situarse ba=o el ala de la sociedad pasa a depender de ella hasta cierto punto. &ero es una dependencia liberadora. ?o hay ninguna contradicción en esto». Estas frases memorables de #urCheim y otras seme=antes reverberan hasta la fecha en la práctica sociológica. (oda moralidad proviene de la sociedad. ?o e$iste vida moral fuera de la sociedad. >omo me=or se puede entender a la sociedad es como una planta de producción de moralidad. 7a sociedad fomenta los comportamientos moralmente regulados y margina, suprime o evita la inmoralidad. 7a alternativa al dominio moral de la sociedad no es la autonomía humana, sino el gobierno de las pasiones animales. >omo los impulsos presociales del animal humano son egoístas, crueles y amenaadores, hay %ue domesticarlos y so=ugarlos si %ueremos mantener la vida social. 'i se elimina la coacción social, todos los seres humanos recaerían en la barbarie de la %ue los ha liberado, aun%ue sea precariamente, la fuera de la sociedad.

Esta confiana profundamente arraigada en %ue la organiación social ennoblece, eleva y humania no concuerda plenamente con la insistencia de #urCheim en %ue las acciones son malas por%ue están socialmente prohibidas en lugar de %ue están socialmente prohibidas por%ue son malas. El frío y esc:ptico científico %ue hay en #urCheim desacredita todas las pretensiones de %ue e$ista otra sustancia en el mal distinta de la %ue le confiere el %ue sea rechaado por una fuera lo suficientemente poderosa para convertir su voluntad en una norma obligatoria. &ero el ferviente patriota y devoto creyente en la superioridad y el progreso de la vida civiliada no puede evitar tener la sensación de %ue lo %ue se ha rechaado es, de hecho, el mal, y %ue ese rechao debe haber sido un acto emancipador y lleno de dignidad.

Esta sensación está en armonía con la conciencia refle$iva de una forma de vida %ue, habiendo conseguido y asegurado su superioridad material, sólo puede convencerse de la superioridad de las normas por las %ue vive. #espu:s de todo, no era la «sociedad como tal», una categoría teórica abstracta, sino la sociedad occidental moderna la %ue marcaba la pauta de la misión moraliadora. 7a autoconfiana %ue permitió %ue se contemplara la

aplicación de normas como un proceso de humaniación y no como la supresión de una forma de humanidad a manos de otra sólo pudo derivar de la práctica proselitista y de cruada de la sociedad «=ardinera» D*, específicamente moderna y occidental. Esta misma

autoconfiana permitió %ue las manifestaciones de humanidad no socialmente regladas se desecharan por considerarlas e=emplos de inhumanidad o, como mucho, sospechosas y potencialmente peligrosas. 7a visión teórica, al final, legitimaba la soberanía de la sociedad

sobre sus miembros y tambi:n sobre sus rivales.

importantes consecuencias en la interpretación de la moralidad. &or definición, los motivos preZsociales o aZsociales no podían ser morales. #el mismo modo, no se podía articular,

mucho menos tomar seriamente en consideración, la posibilidad de %ue al menos ciertas pautas morales pudieran estar enraiadas en factores e$istenciales a=enos a las contingentes

normas sociales de la cohabitación. 3enos todavía se podía concebir, sin caer en la contradicción, %ue algunas presiones morales e=ercidas por el modo e$istencial humano, por el simple hecho de «estar con otros», pudieran en ciertas circunstancias %uedar

neutraliadas o suprimidas por fueras sociales opuestas. En otras palabras, %ue la sociedad 6adem"s# o en contra# de su ,funci!n morali$adora.8 puede# al menos en algunas ocasiones# actuar como una fuer$a ,silenciadora de la moralidad..

En tanto en cuanto la moralidad se entiende como un producto social y se e$plica causalmente haciendo referencia a mecanismos %ue, cuando funcionan adecuadamente, garantian su «suministro constante», se tiende a considerar %ue los acontecimientos %ue ofenden a los difusos, pero profundamente arraigados, sentimientos morales y se oponen a la concepción com@n del bien y del mal Ade la conducta adecuada o inadecuada son el resultado de un fallo o de mala gestión de la «industria moral». El sistema de la fábrica ha sido una de las metáforas más poderosas a partir de la cual se ha te=ido el modelo teórico de la sociedad moderna de cuya influencia la visión de la producci!n social de la moralidad nos ofrece un importante e=emplo. 7a aparición de la conducta inmoral se interpreta como el resultado de un suministro inadecuado de normas morales o bien de un suministro de normas erróneas Aes decir, de normas con insuficiente fuera vinculante. Esto @ltimo, a su ve, se achaca a fallos t:cnicos o de dirección de la «fábrica social de moralidad», en el me=or de los casos, a las «consecuencias imprevistas» de unos esfueros de producción torpemente coordinados o a la interferencia de factores a=enos al sistema de producción Aesto es, un control defectuoso sobre los factores de producción. Entonces, se teoria el comportamiento inmoral como una «desviación de la norma» %ue proviene de la ausencia o debilidad de las «presiones socialiadoras» y, en @ltimo t:rmino, de la imperfección o de los defectos de los mecanismos sociales dise)ados para e=ercer esas presiones D/.

>onsiderando el sistema social en su con=unto, esta interpretación indica %ue e$isten problemas de dirección %ue no se han resuelto Ade los cuales, la anomia de #urCheim es un

e=emplo importante. En niveles inferiores, indica deficiencias en las instituciones educativas, debilitación de la familia o la incidencia de las presiones antimorales e=ercidas desde islotes antisociales a@n no eliminados. 'in embargo, en todos los casos, la aparición de la conducta inmoral se entiende como una manifestación de impulsos preZsociales o aZ sociales %ue han escapado de las =aulas fabricadas por la sociedad o %ue a@n no han sido en=aulados. 7a conducta inmoral supone siempre una vuelta al estado preZsocial o el no haber salido de :l. 'iempre está relacionada con cierta resistencia a las presiones sociales o, al menos, a las presiones social es «adecuadas» Aconce pto %ue, a la lu del es%uema teórico de #urCheim, sólo se puede interpretar como id:ntico a la norma social, es decir, a los modelos predominantes, a l t+rmino medio. 2l ser la moralidad un producto social, la resistencia a los modelos %ue la sociedad promueve como normas de comportamiento conduce a la acción inmoral.

Esta teoría de la moralidad le concede a la sociedad Aa cual%uier sociedad o, en una interpretación más liberal, a cual%uier colectividad social, no necesariamente del tama)o de la «sociedad global» pero capa de mantener su conciencia colectiva por medio de una red

de sanciones efectivas el derecho a imponer su propia visión sustantiva del comportamiento moral. < concuerda con la práctica por la cual la autoridad social reclama el monopolio de los =uicios morales. 2cepta tácitamente la teórica ilegitimidad de todos los =uicios %ue no est:n basados en el e=ercicio de ese monopolio. En consecuencia, a efectos prácticos, el comportamiento moral se convierte en sinónimo de conformidad y obediencia

social a las normas %ue observa la mayoría.

El problema del Holocausto

El raonamiento circular %ue sigue a la identificación práctica de la moralidad con la disciplina social hace %ue la práctica cotidiana de la sociología sea punto menos %ue inmune a la «crisis del paradigma». E$isten pocas ocasiones en las %ue la aplicación del paradigma e$istente cause desconcierto. El relativismo programático incorporado a esta

visión de la moralidad proporciona la válvula de seguridad definitiva en caso de %ue las normas observadas provo%uen una instintiva repugnancia moral. Esto hace %ue acontecimientos de e$cepcional poder dramático hagan saltar el paradigma dominante y se empiece una b@s%ueda febril de bases alternativas para los principios :ticos. 'in embargo, la necesidad de esa b@s%ueda se mira con desconfiana, y se hacen esfueros para describir la e$periencia dramática de una manera %ue permita %ue se adapte al antiguo es%uema. Esto se consigue por lo general o bien presentando los acontecimientos como aut:nticamente @nicos y, en consecuencia, irrelevantes para la teoría general de la moralidad Acomo a=enos a la historia de la moralidad, de la misma manera %ue la lluvia de meteoritos gigantes no implicaría %ue hubiera %ue hacer una reconstrucción de la teoría de la evolución, o bien disolvi:ndolos en la categoría más amplia y familiar de las limitaciones o subproductos desagradables, aun%ue normales y corrientes, del sistema de producción de moralidad. 'i ninguno de los dos m:todos está a la altura de la magnitud de los acontecimientos, se suele utiliar una tercera vía de escape1 negarse a admitir la evidencia dentro del universo del discurso de la disciplina y seguir adelante como si no hubiera sucedido.

7as tres estratagemas se han utiliado en la reacción sociológica ante el Holocausto, un acontecimiento, sin duda, con un significado moral enormemente dramático. >omo hemos visto antes, se han hecho numerosos intentos de describir el más espantoso de los genocidios como el producto de una red especialmente densa de individuos moralmente deficientes, liberados de las restricciones civiliadas por una ideología criminal y, sobre todo, irracional. >uando todos estos intentos fracasaron, cuando las investigaciones históricas más escrupulosas certificaron %ue los autores del crimen eran personas cuerdas y moralmente «normales», se centró la atención en actualiar determinadas clases antiguas de fenómenos perversos y en construir nuevas categorías sociológicas en las %ue se pudiera incluir el episodio del Holocausto y, de esta manera, domesticarlo y desactivarlo Apor e=emplo, e$plicando el Holocausto en t:rminos de pre=uicios o ideología. Minalmente, la forma con mucho más popular de hacer frente a la evidencia del Holocausto ha sido no hacerle frente en absoluto. 7a esencia y la tendencia histórica de la modernidad, la lógica del proceso civiliador, las esperanas y obstáculos de la progresiva racionaliación de la vida social se suelen estudiar como si no se hubiera producido el Holocausto, como si no

fuera cierto, y menos a@n debiera considerarse en serio, %ue el Holocausto «da fe del avance de la civiliación»D0 o %ue «la civiliación ahora incluye campos de la muerte y

Muselmanner entre sus productos materiales y espirituales»DJ.

<, sin embargo, el Holocausto se resiste tercamente a estos tres tratamientos. &or muchas raones, plantea un problema a la teoría social %ue no se puede descartar con facilidad, ya %ue la decisión de descartarlo no está en manos de los teóricos sociales o, por lo menos, no sólo en las suyas. 7as respuestas políticas y legales al crimen nai pusieron sobre el tapete la necesidad de legitimar el veredicto de inmoralidad %ue se ad=udicó a las acciones de un gran n@mero de personas %ue habían seguido fielm ente las normas morales de su propia sociedad. 'i la distinción entre lo correcto y lo erróneo, el bien y el mal, se encontraba @nica y e$clusivamente a disposición del grupo social capa de «coordinar con preeminencia» el espacio social ba=o su supervisión Acomo asevera la teoría sociológica

dominante, entonces no habría una base legítima para acusar de inmoralidad a esas personas ya %ue no violaron las normas del grupo. &odríamos sospechar %ue si 2lemania no

hubiera sido derrotada, ninguno de estos problemas se habrían planteado. &ero fue derrotada y la necesidad de enfrentarse con el problema se planteó.

?o habría habido criminales de guerra y ning@n derecho a =ugar, condenar y e=ecutar a Eichmann a menos %ue hubiera e$istido alguna =ustificación para concebir %ue fuera criminal el comportamiento disciplinado, totalmente conforme a las normas morales %ue estaban en vigor en ese momento y en ese lugar. < no habría manera de concebir %ue el castigo de ese comportamiento fuera otra cosa %ue la vengana de los vencedores sobre los vencidos Auna relación %ue se puede invertir sin impugnar el principio del castigo si no hubiera bases supraZsociales o noZsociales para demostrar %ue las acciones condenadas chocaban contra las normas legales retrospectivamente aplicadas y tambi:n contra principios morales %ue la sociedad puede suspender pero no rechaar de plano. En 5as

condiciones %ue resultaron del Holocausto# la pr"ctica legal y# por lo tanto# tami+n la teoría moral# se tuvieron %ue enfrentar con la posiilidad de %ue la moralidad se pueda manifestar como insuordinaci!n contra principios defendidos por la sociedad y como una acci!n aiertamente opuesta a la solidaridad y al consenso social . &ara la teoría