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CHAPTER 2 Literature review

2.3 Analysis of the previous research

2.3.3 Big Data and Machine learning

partes para llegar a la composición del todo; es mejor este método «porque sigue el orden de la naturaleza; es mejor porque pone de relieve la superioridad de la mente del maestro [tradentis] y porque primero hay que tener todos los elementos dispuestos según un orden establecido antes de hacer que la mente trabaje en ello».

En este orden de ideas, Scaliger divide los elementos lingüísticos en categorías: primero los que componen la palabra (pueden ser simples como las letras y compuestas como las sílabas), luego piensa visiblemente en una unidad discursiva superior a la palabra, la oración y sus subconjuntos ya que distingue dentro de tal unidad superior unos nombres y unos verbos. «Mas no puede mostraros qué elementos se aglutinan para formar lo que llamamos un nombre: son uno elementos que están clasificados en un género en función por decirlo así, de un dato universal.» Vemos que Scaliger renuncia a analizar las partes del discurso en función de su papel y de su posición aunque los distingue a partir de su alcance lógico («dato universal»).

Ahora bien, y es aquí una mella en la que se instalará el razonamiento sintáctico subyacente a la morfología, si el dato lógico puede ser definido con facilidad, no ocurre lo mismo para el dato lingüístico que, por lo demás, no cubre siempre la categoría lógica (la causa) admitida en un principio como determinante. En el desfase que así se establece, se va a instalar el análisis de las substituciones, de las

modificaciones, de las transiciones, dentro de las cuales se esbozará de manera más clara que en los gramáticos anteriores una sintaxis mezclada aún con la morfología llamada aquí etimología, ciencia de las derivaciones, declinaciones, conjugaciones. Unos análisis semejantes atestiguan el interés de Scaliger por un estudio de las funciones de los términos en el conjunto lingüístico, en contra de la definición morfológica previa y prefijada: «Como la ciencia perfecta no se conforma con una única definición sino que exige por igual el conocimiento de las modalidades que reviste el objeto [affectus], veremos lo que los antiguos autores dijeron de las modalidades de cada uno de los elementos y lo que, por nuestra parte, pensamos de ello». O bien: «Nadie está menos favorecido por la suerte que el gramático amante de definiciones».

El orden que sigue la exposición de Scaliger es el orden jerárquico de los gramáticos del Renacimiento:

1. El sonido: descompone los fonemas en sus constituyentes: Z = C + D, y sigue la mutación de las letras (vocales y consonantes) durante el paso del griego al latín y a lo largo de la evolución de la lengua

latina.

2. El nombre: Primero definido semánticamente, en su causa lógica,

es «signo de la realidad permanente», «como si constituyera de por sí causa del conocimiento». Luego comparado a las demás partes del discurso, tal el pronombre, acaba revelándose por completo a la luz de sus modificaciones: especie, género, número, figura, persona y caso. El problema del caso da lugar a unas consideraciones de orden ya sintáctico, respecto a los problemas de reacción y al papel funcional del nombre —diferenciado de su carga semántica— dentro del conjunto lingüístico.

3. El verbo sería «el signo de una realidad enfocada desde el punto de vista del tiempo». El conjunto de los verbos se divide en dos grupos: los unos designan la acción, los otros la pasión, pudiendo ambos grupos, además, sustituirse uno por otro para expresar el mismo significado. Scaliger estudia el tiempo, los modos, las personas y el número del verbo. Constata entre otras cosas la posibilidad de sustitución de una categoría verbal por otra, apoyándose todas sobre la misma razón (idea) lógica. Así: Caesar pugnat → Caesar est pugnans

→ Caesar est in sar pugnat, es uno de los numerosos ejemplos que preparan la gramática de Port-Royal y en los que las gramáticas transformacionales hallan a su antepasado.

4. El pronombre: «No difiere del nombre por su significación sino por su manera de significar [modus significandi].

Al recurrir constantemente a los modi significandi y al construir sus razonamientos de este modo sobre un fondo semántico, Scaliger busca entonces la lógica vocis ratio —o la razón de cada vocablo. Al mismo tiempo, su visión del lenguaje no descompone sino que opera sobre unos vastos conjuntos cuya sintaxis se va esbozando «porque la verdad reside en el enunciado y no en la palabra aislada». La obra de Scaliger, escrita con un estilo de violenta oposición a las teorías de sus antecesores y de constante replanteamiento de las contemporáneas, pretende ser, por lo que nos dice el mismo autor, «un libro muy nuevo». Es, en efecto, ejemplar en cuanto que síntesis de las teorías semánticas y formales y en cuanto que precisión de las construcciones en número limitado (unión y sustitución sobre fondo lógico) en las que la lengua se organiza.

La gramática francesa está jalonada después de obras de Maigret, Estienne, Pillot, Garnier y encuentra su punto culminante con las obras de Ramus, Dialectique (1556) y Gramere (1562).

situar su procedimiento en relación, por un lado, con la razón universal (los principios del fundamento lógico de la construcción lingüística) y, por otro lado, con la experiencia o la «inducción singular», como dice él, y que define de la siguiente manera: «experimentar mediante el uso, observar mediante la lectura de los poetas, oradores, filósofos y, en fin, de todos los hombres excelentes». El razonamiento de Ramus se efectuará en el constante vaivén de la razón al uso, de los principios filosóficos a la observación lingüística. «Si el hombre es sabedor del arte e ignorante de la práctica, será, dice [Aristóteles], el Mercurio de Pasón y no sabrá si la ciencia se halla fuera o dentro.» (Dialectique.)

La Dialectique y la Grammaire son casi paralelas: la primera se enfrenta con el pensamiento que transciende la lengua; la segunda examina la manera en que dicho pensamiento es transcendido. Lógica y gramática son inseparables por lo que la gramática se desarrolla sobre fondo de lógica. «Las partes de la Dialéctica son dos, Invención y Juicio. La primera declara las partes separadas de las que se compone toda sentencia. La segunda muestra las maneras y especies para disponerlas, mientras que la primera parte de Gramática enseña las partes de la oración y la Sintaxis describe su construcción.» Chevalier lo constató con agudeza: para construirse, la sintaxis se beneficia de la lógica que es supuestamente la base de la lengua en cuanto que organización del fondo común, de la razón universal; pero tal «beneficio» no va muy lejos porque impide que la sintaxis se vuelva autónoma: habrá de referirse constantemente a las definiciones lógico- semánticas de los términos, es decir, a la morfología.

La gramática formal se ve amenazada por sus propios principios. Un punto importante en la concepción ramuseana de la relación pensamiento/lenguaje: al asimilar el uno al otro, Ramus plantea el pensamiento en función de la imagen que tiene del discurso, es decir, como una linearidad. La consecuencia estriba en que «presenta como unos moldes fundamentales de la enunciación tres tipos diferentes sustituibles: la oración con verbo lleno —la oración con el verbo ser y la oración negativa», con lo que establece tres tipos canónicos susceptibles de sustitución. El análisis del juicio y del silogismo da los elementos constitutivos del pensamiento así como su organización, que guía la reflexión gramatical y funda el método. Pero ésta precisará una observación rigurosa de la enunciación en sí para construirse de forma definitiva. He aquí la definición ramuseana de dicha dialéctica entre lógica y gramática que fundamenta un método fiel a la

«naturaleza»: «Pongamos que todas las definiciones, distribuciones, reglas de Gramática hayan sido encontradas y que cada una haya sido verdaderamente juzgada, y que todas esas enseñanzas hayan sido escritas en diversas tablillas las cuales hayan sido mezcladas entre sí todas juntas dentro de una vasija y barajeadas una y otra vez como si de un juego de naipes se tratara. Aquí pregunto por la parte de Dialéctica que pudiera enseñarme a disponer aquellos preceptos ahora confundidos y devolverles un orden. Primeramente no serán precisos los lugares de invención pues se ha encontrado ya: cada una de las enunciaciones particulares ha sido probada y juzgada. No hará falta, primero, ningún juicio de la enunciación ni, segundo, un silogismo. Lo único que queda es el método, camino seguro de colocación. El dialéctico, pues, elegirá por las luces del método natural dentro de aquella vasija la definición de Gramática ya que es lo generalísimo y la pondrá en primer lugar. “Gramática es doctrina del hablar bien.” Luego, buscará en la misma vasija la partición de Gramática y la colocará en segundo lugar. “Las partes de Gramática son dos: Etimología y Sintaxis.” Consecuentemente, en esa misma vasija, separará la definición de la primera parte y la añadirá en tercer grado después de los predecesores. Así al definir y distribuir, llegará a los ejemplos especialísimos y los colocará en último lugar. Y hará lo mismo en la otra parte, como nos hemos preocupado en disponer hasta ahora los preceptos de Dialéctica, y generalísimo primero, siguiendo los subalternos, los ejemplos especialísimos los últimos».

Las teorías estrictamente gramaticales de Ramus están expuestas en sus Scholae grammaticae (1559), tratado teórico, así como en sus gramáticas latina, griega y francesa. Ya viene enunciado el principio en la Dialectique: será cuestión de gramáticas formales partiendo de bases lógicas y que, para probar su verdad, vuelven a dicha base. Las construcciones gramaticales pasan de una en otra por sustitución o transformación, acorde a las reglas del contexto y a las peculiaridades de las formas. Se excluye el sentido de la reflexión explícita ya que la gramática se da como un sistema de marcas. Una gramática de tal índole, escribe Chevalier, «es incapaz de poner de relieve las relaciones que permitirían mostrar otra cosa que no fuese su propio funcionamiento. El sistema de correspondencias internas se extiende a la investigación de las lenguas emparentadas; la gramática modelo por entero se convierte en marco de las restantes gramáticas; no se podría hablar de universalismo aquí, sino más bien de imperialismo, si queremos hablar en término de valoración, o de una imposibilidad de

salirse de su propio sistema, si queremos trazar los límites del método formal. El mismo proceso se impone para la descripción del francés: si se adopta el sistema formal del latín es por necesidad de un método; las transformaciones formales imprescindibles dentro de una lengua son también imprescindibles para pasar de una lengua a otra; el arsenal de los procedimientos de reducción a la norma están perfectamente dotados por lo que la operación resultará fácil. Razón por la cual se buscará en las preposiciones, en los artículos o en las elipsis el material de conversión, de la misma forma que cuando se habla de los nombres monoplata21o de los verbos impersonales...».

En el análisis de la gramática francesa, Ramus establece en primer lugar los principios formales y las distinciones formales entre las partes del discurso: «Nombre es una palabra con número y género», «hay unos nombres llamados vulgarmente pronombres y parecen tener algunos casos», etc. Además de las marcas morfológicas, se define los términos en función del orden. Así se puede leer en el capítulo «De la convenance du nom avec le verbe» (ed. 1572 de la

Grammaire française): «Y parece que por muy mal que nos expresemos, las palabras transpuestas, según la opinión de Aristóteles, deben significar una misma cosa. Pues ya hemos demostrado que el francés tiene cierto orden en la oración que no se puede cambiar de ningún modo». Después de las marcas morfológicas y el orden, el siguiente objeto de estudio es la preposición en tanto que importante elemento sintáctico. Realiza la mutación de una construcción a otra; es el agente formal de una transformación que, por lo demás, en vez de remitir a una concepción dinámica del lenguaje, lo fija en una representación de la lengua como coexistencia de estructuras paralelas y estables que se responden una a otra. Como este ejemplo de sustitución de un «sintagma verbal» por un «sintagma nominal»: «Mas las tres preposiciones D [de], Du [del]. Des [de los-de las] son tan sumamente eficientes que un nombre no puede nunca estar regido por un nombre o un verbo pasivo, a no ser por medio de aquéllas: como, La vile de

París, Le pale’de Roe, La doctrine des Ateniens, Tu es eime de Dieu, du môde, des omes»22.

Pero este formalismo no está sino para recoger las consideraciones lógicas acerca del contenido; los métodos lógicos de clasificación, de juicio, de identificación de los elementos, etcétera, rellenan el cuadro