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CHAPTER 1 Research Introduction

1.1 Motivation

Entre las grandes adquisiciones de la reflexión acerca del lenguaje durante la Edad Media, un importante lugar le incumbe a la gramática árabe. Entenderemos aquí por gramática árabe las reflexiones lingüísticas de los pueblos que, en la Edad Media, permanecieron bajo la dominación del califato.

Todos los especialistas de la cultura árabe están de acuerdo para reconocer la importancia atribuida en la civilización árabe a la lengua. «La sabiduría de los romanos está en su cerebro, la sabiduría de los indios en su fantasía, la de los griegos en su alma, la de los árabes en su lengua» dice un proverbio árabe. Varios pensadores árabes han exaltado, desde siempre, el valor de la lengua y parece ser que tal exaltación se conciba tanto como un deber nacional como si de una exigencia religiosa se tratara. El libro sagrado del islam, el Corán, es un monumento escrito de la lengua que hay que saber descifrar y pronunciar correctamente para acceder a sus enseñanzas.

A menudo se ha querido interpretar las teorías lingüísticas árabes como unos préstamos de los griegos y de los indios y, en efecto, numerosos ejemplos dan fe en este sentido: encontramos en los árabes las mismas contiendas entre los partidarios del carácter natural y aquellos del carácter convencional de la lengua, y las mismas categorías lógicas, aristotélicas que las que hallamos en los griegos; por otra parte, la división de los sonidos en ocho grupos según los procedimientos de articulación fisiológica —maharig— corresponde a los ocho stana de Pānini. No obstante, es un hecho ya admitido que, si bien hay préstamos griegos o indios en las teorías lingüísticas árabes, conciernen, por lo general, a la lógica mientras que la gramática se mantiene independiente.

Los primeros centros lingüísticos árabes surgen a partir del segundo siglo del islam en Basra y, un poco más tarde, en Kufa. Abu I-Aswad al-Du’ali (muerto en 688 0718) está considerado como el fundador de la gramática árabe.

el fonetismo de la lengua. Se dividían los sonidos en sadid y rahw, por un lado; safir, takir y qalquala, por otro. Esta teoría fonética estaba estrechamente ligada a una teoría de la música: el gran Halil al- Farahidi (probablemente 718 - 791) no sólo fue un fonetista y un gramático erudito sino, además, un eminente teórico de la música. Un término como haraka, movimiento empleado en fonética, viene de la música. Asimismo, los árabes, grandes anatomistas, tal Sībawayhi, fueron los primeros en dar unas descripciones concretas del aparato vocal a las que se unían unas descripciones físicas del movimiento del aire. Su análisis del sistema lingüístico era tan agudo que ya podían diferenciar —y fueron, sin duda, los primeros— el elemento

significado, el elemento fónico (han) y el elemento gráfico (aiffma) de la lengua. Al distinguir igualmente las vocales de las consonantes, identificaban la noción de vocal con la de sílaba. Las consonantes fueron consideradas como la esencia de la lengua, las vocales como

accidentes. Completaban la clasificación fonética de los árabes unas subclases sutiles de sonidos, ubicadas entre las vocales y las consonantes, tal la clase huruf-al-qalquala, unos sonidos leves.

El interés por la composición fónica de la lengua es el corolario, si no la expresión, de un interés muy acentuado por su sistema escritural. Es, en efecto, un rasgo específico de la civilización árabe interrogar la religión en y por medio de los textos escritos. Las exégesis del Corán, texto sagrado de una escritura sagrada, vienen acompañadas de una explicación mística del valor de cada elemento gráfico: de la letra. Se ha querido explicar tal preponderancia acordada a la escritura en la civilización árabe por la necesidad económica y política en la que se encontraba el imperio árabe de imponer su lengua, su religión y su cultura a los pueblos ocupados. Sin aminorar la especificidad de una concepción de la escritura con razones sociológicas, hemos de aceptar sin duda ambas interpretaciones (económica y religiosa) y llamar la atención sobre el desarrollo artístico y ornamental del sistema escritural árabe.

Efectivamente, las primeras muestras de escritura árabe remontan aproximadamente al siglo IV de nuestra era y son unas adopciones de

signos gráficos de los pueblos vecinos, sin ninguna aspiración ornamental; a menudo inscriben los sonidos básicos del lenguaje con cierta confusión. La preocupación por embellecer los signos gráficos no aparece hasta la constitución del Estado omeyyade. Esta escritura, llamada «cúfica omeyyade», tan regular y cuidada, servía para fijar todas las obras de los soberanos desde el califa Abdal-Malik. En las

sociedades conquistadas por el imperio árabe, se comienza a aprender la lengua, y la escritura árabe se convierte, junto al Corán, en objeto de sacralización. Ya no se escribe solamente para fijar un habla: la escritura es un ejercicio ligado a la práctica de la religión, es un arte, y cada pueblo aporta su propio estilo ornamental en la ejecución de aquellas grafías. De este modo, junto a los tipos de grafías utilitarias, se asiste a un despliegue de escrituras decorativas. Junto a la caligrafía propiamente dicha, se observa unas añadiduras y prolongamientos geométricos, florales, de elementos zoológicos, antropomórficos, etc. Tras un período de expansión, esta escritura decorativa (a partir del siglo XII) se vuelve otra vez más sobria de manera progresiva hasta

desaparecer a finales de la Edad Media con el declive del islam en tanto que religión conquistadora. No obstante, las tendencias decorativas persisten incluso en la escritura árabe moderna, y su papel sigue siendo importante en un mundo en que la escritura es lo que materializa la unidad étnica de los pueblos que hablan diversos dialectos.

Pero volvamos a la teoría lingüística de los árabes.

La lexicología fue una rama muy importante. Conocemos los estudios de Isa as-Sagafi (fallecido en 766), gran lector del Corán y autor de unos setenta trabajos en el campo de la gramática.

Con Halīl, los estudios fonéticos, lexicológicos y semánticos van a tomar una forma ordenada y acabada. Fue el inventor de la métrica árabe y de sus reglas; tan sólo nos han quedado los versos que acompañaban las reglas.

Halīl compuso el primer diccionario árabe, el Libro Ayna, en el que las palabras están clasificadas no por orden alfabético, sino siguiendo un principio fonético-fisiológico que reproduce el orden en que las gramáticas indias clasificaban los sonidos: guturales, palatales, etc. La clasificación de las materias sigue el principio griego de distinción entre teoría y praxis. En la clase teoría se incluyen: las ciencias de la naturaleza (alquimia, medicina), las ciencias matemáticas y la ciencia de Dios. La gramática se halla después de la teología musulmana y antes de la jurisprudencia, la poesía y la historia.

Carácter ornamental de la escritura árabe. De arriba a abajo: escritura cúfica que se desarrolla sobre un decorado floral independiente; escritura cúfica con cenefa geométrica; escritura ornamental antropomórfica sobre un objeto de cobre.

Según Janine Sourdel-Thomine, L’Ecriture et la Psychologie des peuples. (Centro Internacional de Síntesis, Ed Armand Colin).

El discípulo de Halīl, Sībawayhi, llevó la gramática árabe a su punto culminante, siendo su obra Al-Kitāb la primera gran sistematización.

Podemos advertir la ausencia de una teoría gramatical de la oración en aquellos gramáticos árabes. Si bien distinguían una oración nominal de una verbal, no tuvieron los conceptos de sujeto y predicado. En la oración nominal indican lo que para nosotros es un sujeto con el término mubtada «aquel por quien se comienza» y en la oración verbal con el término fa’il, «agente». Señalemos que, todavía hoy, el término de «sujeto» no existe en la terminología gramatical árabe. Es uno de los muchos síntomas que marcan la especificidad de la gramática árabe, la cual se ha mantenido apartada de la lógica aristotélica, por no querer supeditar el análisis de la lengua a sus categorías, y que sigue estando estrechamente ligada a las teorías pertenecientes al islam. El concepto de quiyās, analogía, hizo posible que los gramáticos árabes organizasen la lengua árabe en un sistema armónico en que todo tiene una motivación. Los especialistas, sin embargo, no pueden no darse cuenta de que la gramática árabe es más empírica que la gramática griega, y más relacionada con unas consideraciones ontológico-religiosas. Halīl, Sībawayhi y toda la generación siguiente de gramáticos árabes no

trabajaron como filósofos sino como lectores del Corán y analistas de lo que, en la lengua, podía corresponder a su enseñanza.

El centro de Kūfa, después del de Basra, se dedicó de una manera más obvia a lecturas coránicas. El gran gramático de Kūfa fue Al- Farra, inventor de una nueva terminología cuyo método original consiste en organizar el razonamiento gramatical citando versos.

La escuela de Basra tendrá un ilustre desarrollo con la generación posterior a Sībawayhi. Estos nuevos filólogos se establecen en Bagdad.

La escuela de Bagdad, hacia el siglo XI, presenta un verdadero auge

de teóricos y de gramáticos que marcan un considerable progreso en el estudio del lenguaje. Podríamos citar algunos nombres: Al-Mubarrad posiblemente hizo del Kitāb de Sībawayhi un libro fundamental para cualquier estudio de la lengua; el lexicógrafo Ta’lab fue gran admirador de las grandes controversias gramaticales, etc. Un importante trabajo de sistematización de la lengua árabe fue realizado por Osman Ibn Gĭnnĭ (941-1002), autor del libro Sirr sinā at āl’i’rab, el

secreto del Arte (del lenguaje), en el que define la esencia y la función de las letras en sí mismas y respecto a las demás letras de una palabra, así como de Hasa’is (Peculiaridades) en que expone los principios de la gramática. Situamos la obra de Ibn Mālik (nacido en España en 1206, muerto en Damasco en 1274) al final de este período, siendo éste el autor de Alfiyya (publicado en francés por Sylvestre de Sacy, I’Alfiyya

ou la Quintessence de la grammaire árabe. 1833): un poema didáctico de unos mil versos sobre la gramática. Mālik expone ahí una teoría morfológica que distingue tres partes del discurso: nombre, verbo, partícula; pero su máxima atención se centra en el estudio de las flexiones, israb, lo cual ya constituye una introducción a la sintaxis.

Mientras tanto, y gracias a aquellos diversos gramáticos, España se convierte en uno de los más importantes escenarios de la elaboración gramática árabe. Después de Ibn Gĭnnĭ, sin embargo, la investigación carece de originalidad y se conforma con repetir y orquestar las fuentes. Subrayemos que el único objeto de esas investigaciones ha sido siempre la lengua árabe llamada auténtica o del desierto, tal como la encontramos en la poesía beduina y en el Corán, pero nunca en la poesía y prosa posteriores.

Los gramáticos europeos, junto con Ramón Llull (1235-1309), pero también J.-C. Scaliger, se interesaron por las adquisiciones de los gramáticos árabes. Hoy se estima que las nociones de raíz y deflexión preceden a las gramáticas árabes.