3.3 Positionality Statement
3.3.1 Biographical Information
¿Las mujeres tenemos derechos? A primera vista esta sería una pregunta retórica ya que es obvio que sí, las mujeres tenemos dere- chos. Sería injusto y hasta ofensivo si no los tuviéramos ya que im- plicaría que estamos por debajo del género humano. La humanidad es un bien por sí misma y por lo tanto toda persona posee derechos. Pero hoy es licito preguntarse ¿y aquello que ha sido considerado como lo opuesto a lo humano? pongamos por caso, los bosques, los ríos y lagos, la mar, las rocas, el subsuelo, los animales, las ballenas y los tiburones y…todas esas “cosas” ¿tendrían derechos según las distintas leyes humanas? En tanto la primera pregunta resulta casi unánimemente aceptada en el mundo actual, aunque los hechos lo desmientan; la segunda aparece como una pregunta impertinente, exactamente igual que hace unos 150 años aparecía la pregunta de la que partimos.
Curiosamente la lógica de la dominación de la mujer es la misma lógica que la del sometimiento de la naturaleza. Existe una relación de continuidad entre la sumisión de la mujer y la degrada- ción ambiental.
El antropocentrismo aporta una visión del ser humano como exterior a la naturaleza y nos impone una visión dual y jerárqui- ca: Mente-cuerpo, Cultura- naturaleza, Hombre - mujer, Razón-in-
tuición; en todos estos pares la primera parte resulta superior a la segunda que entonces queda devaluada y por ello subsumida. Las ecofeministas sostienen que la lógica de la dominación que se uti- liza para someter a todos los seres humanos, a controlarlos y clasi- ficarlos por raza, género, etnia, clase, etc. es la misma que se utiliza para someter y controlar a la naturaleza. La lógica de control y do- minio ha procedido de una organización antropocéntrica a la que le es inherente el sometimiento de numerosos grupos humanos, entre ellos las mujeres (Rodríguez, 2014).
Si bien los derechos de la mujer van siendo lentamente recono- cidos, lo han sido como resultado de una larga lucha y movilización feminista que ha durado más de dos siglos.
Hoy en pleno siglo XXI es común escuchar que las mujeres se han liberado y que ya gozan de plenas garantías y de los mismos derechos que los hombres, pero los datos acerca de la situación real de muchas mujeres, especialmente en nuestro país hablan por sí mismos…
“En México, la situación laboral y económica que presentan las mujeres es desigual en comparación con los hombres. El país ocupa el lugar 113 de 132 en cuanto a igualdad en la participación econó- mica y oportunidades, esto en base al índice Global de Brecha de Género 2012 del Foro Económico Mundial… Dentro de la Población Económicamente Activa (PEA), 62% son hombres y 38% son muje- res.” 1
“en México, 47% de las mujeres —casi la mitad o una de cada dos— ha sufrido violencia física y/o sexual…La ONU informó que entre 2006 y 2012 los feminicidios en México aumentaron 40% y que 95% de ellos quedaron en la impunidad. Y no sólo eso: en varias entidades el asesinato de mujeres es 15 veces más alto que el pro- medio mundial… La ONU indica que en México se consuman en promedio 6.4 asesinatos de mujeres por día, cifra que multiplicada, pronostica que al terminar 2013 se habrán cometido más de 2 mil 300 feminicidios en la República”2
1 Periódico El Financiero, 9 de marzo del 2014
2 “Violencia contra las mujeres, feminicidio, las cifras del miedo” en Noticias , Grupo Asir, ” en 88.9, 29 de noviembre 2013
Desde el punto de vista económico, nos dice Arizpe (1980), la mujer es el pilar de la economía campesina-indígena, pues ella es quien elabora los productos de consumo imprescindibles para la familia, tales como el vestido y los alimentos; organiza y cuida el hogar y a los hijos; manufacturan productos artesanales, (es jorna- lera, tejedora, hilandera, sombrerera, zapatera, alfarera, etc.) que se destinan a la venta, y muchas veces es trabajadora doméstica en las grandes urbes…Sin embargo, esta mujer que se esfuerza y trabaja al máximo, vive frecuentemente una vida de extrema pobreza y margi- nación: donde padece hambre endémica, embarazos sucesivos, falta de atención médica oportuna, violencia física y mental, por mencio- nar algunos de sus múltiples problemas cotidianos; los cuales hacen que posea la devaluada condición que vive y su realidad sea la po- breza (Pineda, 2002).
En los hechos pareciera que la liberación de las mujeres y la equidad de los géneros3 es una tarea aún por realizarse, al menos en
nuestro país. Por otra parte nos apremia el problema de crisis eco- lógica que deviene crisis civilizatoria al conjuntarse la degradación ambiental con las crisis primero cíclicas y luego ya permanentes del sistema capitalista que sigue privilegiando la lógica de crecimiento y desarrollo con el alto costo del calentamiento global por los gases de efecto invernadero que continuamente arrojan las grandes indus- trias y sus desechos tóxicos que contaminan los suelos y las aguas que, vistos como recursos, son cada vez más escasos. Ni hablar de la situación de depredación y saqueo ambiental de nuestro territorio, donde abundan los latifundios, la quema de bosques, la erosión y desertificación de los suelos, la contaminación ambiental tanto del aire como de los mantos freáticos, arroyos, ríos, lagos, y mares. Las zonas antes sagradas para las comunidades indígenas (como los ce-
3 La categoría género es una herramienta teórica ampliamente utilizada por estu- diosos y teóricos de las ciencias sociales, Sus antecedentes se encuentran en El Se- gundo Sexo de Simone de Beauvoir donde plantea que las características humanas consideradas como femeninas son adquiridas por las mujeres mediante complejas procesos sociales e individuales y no se derivan naturalmente del sexo biológico. Así afirmaba en 1949 “Una no nace se hace mujer”. Esta reflexión abrió un campo nuevo para la interpretación de la relación entre los sexos, Actualmente entendemos la ca- tegoría como: Una herramienta teórica que nos remite a los procesos de diferencia- ción dominación y subordinación entre los hombres y las mujeres…”(Lamas, 2000).
notes del sureste de la república)4 están siendo cercadas al interior
de grandes consorcios hoteleros transnacionales, que les producen incalculables ganancias, mientras que son paulatinamente depreda- dos. Las mujeres que habitan y sobreviven en esos territorios se ven orilladas a luchar por derechos tan elementales como el agua ya que muchas comunidades indígenas y rurales están siendo despojadas del sustancial líquido, además de ser continuamente víctimas del desalojo de sus propias tierras comunales.