3.3 Positionality Statement
3.3.3 Research Approach and Method Choice
Si hacemos una breve revisión histórica7 vemos que la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano ocurre por primera vez en Francia, en 1789 como producto de la primera gran Revolución de masas de la Historia. Antes de este acontecimiento ya en Virginia, Estados Unidos habían sido proclamados los derechos humanos en 1776 como producto de las luchas históricas de femi- nistas y antiesclavistas; no obstante en ninguno de estos dos docu- mentos son reconocidos los derechos específicos de las mujeres a pesar de que muchas de ellas participaron ampliamente en la lucha política para lograrlos.
6 Ampliar en (Carcaña, 2008).
Olympe de Gouges escritora, activista y luchadora social de origen francés, fue una de las primeras mujeres que escribieron y lucharon expresamente en contra de la discriminación y some- timiento de las mujeres y a favor de sus derechos. Al publicar en 1791 La Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana Olampe construye un documento que se convierte en un clásico del feminismo de la primera ola sufragista en Europa. Junto con el de la inglesa Mary Wollstonecraft Vindicacion de los derechos de la mujer publicado en 1792 Estos serán los dos textos fundacionales en la lucha reivindicatoria por los derechos de las mujeres. (Varela, 2005: 23).
A fines del siglo XVIII, en gran parte del mundo, las mujeres no son sujetos de derechos sociales y humanos ya que se considera que ellas son “el sexo débil” solo nacieron para estar en la casa rea- lizando todas las tareas domésticas y pariendo hijos para el esposo. “Está en su naturaleza” se argumenta. No solo no se consideraba necesario que aprendieran a leer y escribir sino que algunos afir- maban que era incluso peligroso. Por lo mismo se les prohibía ir a la escuela pública, cuando se les da alguna educación en casa, es solo la básica para atender las labores que les han asignado como bordar, cocinar, tejer, confeccionar sus propios vestidos, etc. Las mujeres de clases altas aprenden el arte del protocolo, buenas costumbres, a veces a tocar el piano, idiomas, etc. pero no se les permite salir solas, ni decir lo que piensan, ni manejar su dinero. No pueden ejercer el divorcio a pesar de que casi siempre son casadas según los intereses y la voluntad del padre, se consideran junto con los hijos parte del patrimonio propiedad del esposo, no tienen personalidad jurídica, ni voz ni voto. Son prácticamente invisibles ya que son silenciadas y condenadas a una vida de encierro y de ostracismo.
¿Cuáles son esos derechos por los que luchan las sufragistas?, Fundamentalmente pedían igualdad de derechos frente a los varo- nes. Estos son algunos: la educación pública y gratuita, tanto bási- ca como superior, voto libre y secreto, ser candidatas a cargos de elección, al divorcio, a la patria potestad sobre sus hijos, a manejar y administrar su dinero, a heredar sus bienes, a hablar en las plazas y foros públicos, etc. ( Varela, 2005) (Serret, 2008).
La primera ola de luchas históricas de las mujeres, lucha por la igualdad, duró prácticamente todo el siglo XIX y las dos primeras
décadas del XX. El principal logro de esta lucha es el reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres, su derecho a votar en elecciones libres para elegir a sus gobernantes, su derecho a ser propuestas para cargos de elección, etc, todos esos son derechos políticos o de primera generación (Kompass, 2003). Con ellos las mujeres logra- ron primero en los países metrópoli y luego poco a poco en el resto del mundo una serie de derechos que hoy nos parecen “naturales” ”innatos” como obtener una licencia de manejo, un pasaporte, ma- tricularse en una Universidad, etc. Todos y cada uno de ellos son producto de largas luchas y negociaciones políticas y al fin son rei- vindicaciones que una vez conseguidas también pueden perderse, sobre todo es digno de tomarse en cuenta que en gran parte del te- rritorio mundial, sobre todo en áreas rurales o suburbanas en los hechos no se aplican ya que las condiciones de pobreza y margi- nación impiden que dichos derechos realmente se ejerzan. (Varela, 2005).
La segunda ola feminista luchó por el derecho de las mujeres al trabajo, es decir a alimentarse, a vestirse, a pagar una vivienda, a ser independientes y autónomas, ya que en el siglo XVIII y gran parte del XIX, no tenían derecho a trabajo asalariado y cuando la Revolución industrial obligó a incorporarlas por requerir cada vez más mano de obra se les contrató con la mitad del salario de los varones y para desempeñar las tareas más difíciles y peor pagadas, por ello lucharon bajo la demanda “a trabajo igual,, salario igual”. Poco a poco fueron incorporando otras demandas como el derecho a disfrutar de incapacidad por maternidad y lactancia, solicitaron la creación de guarderías y comedores familiares y todo aquello que aliviara la carga de las mujeres del trabajo doméstico y la doble jornada a que habían sido obligadas socialmente, por su condición de género. (Varela, 2005) ;(Serret, 2008).Todos estos derechos son considerados de segunda generación. (Kompass, 2003).
El movimiento de liberación de la mujer nació en los Estados Unidos a fines de la década de los cincuenta cuando luego de la gue- rra las mujeres fueron despedidas masivamente de sus trabajos y regresadas a sus casas a continuar con las labores domésticas y de- jarles el campo libre a los varones que volvían “victoriosos” de la contienda armada. Esa situación dejo a las mujeres clasemedieras con un problema de vacío existenciales, en medio de la diaria ruti-
na, en sus cocinas equipadas con la última tecnología para el hogar. El problema que no tiene nombre llevó a Bety Friedan a reunirse con otras mujeres y organizar la National Organizatión for Women, por sus siglas NOW. La NOW empezó en 1966 con unos trescientos afiliados y para 2003 ya tenía unos 500 000 afiliados en los Estados Unidos, se convirtió en una de las organizaciones de feminismo libe- ral más poderosas de finales del siglo XX (Varela, 2005: 102).
El impulso emancipatorio que revolucionó la década de los sesenta, particularmente las luchas estudiantiles del mayo del 68, en México, en Paris y otros lugares, las manifestaciones masivas de estudiantes unidos por un ideal expresado en aquella consigna de “la imaginación al poder” y “se realista pide lo imposible” hablan de un impulso antiautoritario y un desprecio al totalitarismo. El movimiento de mujeres recibió esa influencia y por ello defendía el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su sexualidad y la forma de vestirse, de relacionarse, de casarse y de tener descendencia. La revolución sexual de esa década lé propor- cionó a las mujeres las condiciones idóneas para exigir derechos de tercera generación´.
La invención de la píldora, el uso de ropa ligera y cómoda para las mujeres que la moda traía consigo, la planificación familiar que se había hecho una necesidad para muchos pueblos y naciones. Todo ello creó las condiciones para que las mujeres feministas y no feministas reivindicaran su derecho a decidir. Así surgieron consig- nas como “lo personal es político” que rechazaba aquella conven- ción social de la secrecía en cuanto a los malos tratos sufridos por las mujeres en el hogar o en la alcoba. Las feministas “radicales” de- nunciaron la violencia de género, también lucharon por el derecho a la contracepción y el aborto libre, a permanecer solteras, a relacio- narse afectiva o sexualmente con otra u otras personas sin importar su sexo. El feminismo radical dura de mediados de los sesenta hasta fines de los setenta, ellas abandonan el liberalismo y adoptan la teo- ría crítica marxista, la de la “Escuela de Frankfurt”, con ella viene la influencia del psicoanálisis y movimiento feminista anticolonialista que ha venido desarrollándose en toda la lucha independentista del siglo XIX y parte del XX en América Latina donde la historia reciente da cuenta de que las mujeres revolucionarias fueron importantes protagonistas.
Después de los múltiples logros del feminismo radical sobre- viene una ola de conservadurismo en el mundo cada vez más glo- balizado, representado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, inicia el auge del neoliberalismo como modelo económico y como política de austeridad y reconversión industrial. El Estado de Bien- estar es demolido, con ello mucho del presupuesto asignado a las Universidades y al desarrollo de políticas públicas es cancelado. El movimiento feminista entra en debate, se divide, una buena parte ya había sido oficializado en Oficinas de gobierno recién creadas. Aquel primer feminismo de inspiración liberal predominantemen- te liderado por mujeres blancas de clases medias y acomodadas va siendo paulatinamente incorporado al estatus quo y tomado como interlocutor con la élite gobernante.
Por otra parte las feministas anarquistas y marxistas se agru- pan en otro tipo de organizaciones civiles y no gubernamentales, para quienes la lucha está lejos de terminar, continúan con las mani- festaciones e incorporan otro tipo de actos de protesta cada vez más originales inspirados en el arte moderno y la contracultura. Ellas representan un sujeto político que hace valer su presencia mediante exigencias directas frente al poder patriarcal en sus distintas repre- sentaciones.
La tercera ola feminista surge a fines del siglo XX en la déca- da de los ochenta, La tercera ola constituye también una revolución epistemológica y ética, incluso para el feminismo ya que desplaza el punto de interés de la igualdad frente al hombre hacia la diferencia o mejor dicho por el reconocimiento de la diversidad tanto social y económica como sexogenérica. En un primer momento grupos de feministas en América, tanto del norte como del sur, reflexionan sobre lo que significa ser mujer o ser hombre en contextos de mo- dernidad tardía, sobre los roles impuestos, sobre aquel o aquellos que nombran y en el discurso “colocan” a los sujetos en determina- dos espacios de dominio. Se llega a la conclusión que como no existe El Hombre (como ser único, dotado de racionalidad y poder sobre el mundo) tampoco existe La Mujer, como esencia intemporal, dotada de excelsas virtudes a la vez que con demoniacos y amenazantes po- deres. Lo que existen son personas, sean del sexo que fuere, atrave- sados por otros referentes como clase, etnia, “raza”, género, cultura, historia y contextos, diferentes. Esta postura pone en cuestión nada
menos que “el sujeto” del feminismo por lo que se entra en debate con el feminismo liberal. 8
La tercera ola de luchas emancipatorias de mujeres se vin- culan estrechamente a otras luchas de otros movimientos consti- tuidos también en actores y sujetos políticos que reivindican sus derechos, sociales, culturales y sexuales. Su derecho a ser aceptado y reconocido en sus diferencias. Ese derecho incluye dejar de ser invisibilizados, silenciados, marginados, excluidos o subalterizados. Reivindican su derecho a ser aceptados con su lengua, con su pre- ferencia sexual, con sus valores, con sus atuendos y estilos de vida diferentes y también todos estos grupos al reconstruir sus identida- des replantean su relación con la naturaleza, con la unidad y diver- sidad de los ecosistemas de los que forman parte.