Los niños y jóvenes ecuatorianos serían ampliamente beneficiados si se llegará a establecer al ajedrez como una de las materias dentro del esquema curricular en los establecimientos educativos de nuestro país. Esta idea concuerda con la ponencia del Gran Maestro Carlos Matamoros (ver anexo 1) y tiene mucho sentido si lo fundamentamos con los argumentos sostenidos por María Morales Cardoso, psicóloga cubana que lleva algunos años trabajando profesionalmente en el campo del ajedrez, en la atención de atletas de ciudad de La Habana, en
su artículo: “Influencia de la actividad ajedrecística sobre algunos procesos y formaciones psicológicas” de Ajedrez en Cuba, en resumen manifiesta lo siguiente:
Básicamente, el ajedrez es considerado una escuela del intelecto, incluso por aquellos que no conocen el juego. La práctica del ajedrez contribuye al desarrollo de las facultades intelectuales del individuo. Se agiliza y fortalece la memoria.
Los cambios que se producen en el tablero tienen secuencia, por lo que es necesario tratar de calcular las posibilidades que se derivan de una u otra variante, favoreciendo así el aumento de la atención. La disminución de la distracción en muchos niños y jóvenes coincide con su afición por el ajedrez.
El pensamiento está relacionado con la búsqueda y descubrimiento de lo nuevo, el ajedrez es un proceso permanente de resolución de situaciones problemáticas que se renuevan en el transcurrir de la partida
El pensamiento implica tres procesos fundamentales: análisis, síntesis y generalización. La práctica del ajedrez es una vía para el desarrollo de los mismos.
El ajedrez es un juego individual, el jugador debe tomar permanentemente sus propias decisiones, obliga a desarrollar la capacidad de plantearse el nuevo problema y de resolverlo por si solo. Esto contribuye a la independencia de pensamiento y aquí se manifiesta el carácter creador del mismo.
La rapidez del pensamiento es necesaria en las situaciones donde la persona debe tomar una decisión en un tiempo limitado, por ejemplo, durante una batalla, un accidente, o durante una partida de ajedrez.
El resultado de una partida de ajedrez depende del desempeño del jugador, lo cual le exige mirarse a si mismo, encontrar sus errores y corregirlos, desarrollando así el sentido de auto crítica.
Emmanuel Lasker, ex Campeón Mundial escribió: "En el tablero de ajedrez no hay lugar para la mentira y la hipocresía. La belleza de una combinación reside en que siempre es verídica. La inexorable verdad que se expresa en el ajedrez desenmascara al hipócrita."14
Los juicios arriba mencionados son razonables y aceptados en general, pero si las tomamos como verdades únicas y absolutas podríamos pensar que el ajedrez es la "varita mágica" para el desarrollo de la inteligencia y la personalidad. Esto resultaría una conclusión ingenua y poco válida. El ajedrez debe ser conjugado con otros factores, no menos importantes, para lograr un equilibrio en la vida de las personas que lo cultivan, por ejemplo: lazos emocionales estrechos con su familia o con las personas cercanas, objetivos profesionales definidos, esquema ético y moral sólido y practicar de una actividad física de carácter deportivo. Sin estos el ajedrez se puede volver una práctica vana y estéril.
“En 1925, los psicólogos de origen ruso, Djakow, Petrowski y Rudik estudiaron a los grandes maestros del ajedrez para determinar cuales eran los factores fundamentales del talento ajedrecístico. Estos investigadores determinaron que los grandes logros obtenidos dentro del ajedrez radicaban en la memoria visual excepcional, el poder combinatorio, la velocidad para calcular, el poder de concentración y el pensamiento lógico.”15
14 MORALES, María. Ajedrez en Cuba Nº 43, Influencia de la actividad ajedrecística sobre algunos procesos y formaciones psicológicas, La Habana, pág.14
15 HUERTAS, Ramón. Ajedrez e identidad, Fundamentos originales del programa “Ajedrez Social”, la Habana, pág 23
Por lo tanto es claro que el ajedrez es un medio eficaz para el desarrollo de la inteligencia de los jóvenes y tiene la ventaja de poseer un carácter lúdico que lo hace atractivo para quienes lo conocen.
En el Programa de Ajedrez de las Escuelas de la ciudad de Nueva York, participaron más de 3,000 estudiantes de escasos recursos en más de 100 escuelas públicas entre 1986 y 1990. El programa continúa motivando a los jóvenes de los barrios más pobres de esta ciudad. Cristine Palm describe que en los cuatro años de haberse establecido el programa se ha comprobado que el ajedrez: “inculca en los jugadores jóvenes un sentido de auto confianza y la autoestima mejora, incrementa dramáticamente la capacidad del niño a pensar racionalmente, mejora las habilidades cognoscitivas, la comunicación en los niños y la facultad de poder reconocer configuraciones, lo cual por ende: da como resultado mejores notas, especialmente en las materias de inglés y matemáticas, fortalece el sentido del trabajo en equipo a la vez que realza las habilidades de la persona, hace que el niño(a) valore el trabajar arduamente, concentrarse, empeñarse, y que se de cuenta que es responsable de sus propios actos…”16
Se deduce por consiguiente que el ajedrez sirve también para consolidar en los estudiantes valores éticos y morales como son: seguridad en si mismos, fuerza de voluntad, amor al trabajo, solidaridad, responsabilidad, rectitud, pundonor cualidades que tanto hacen falta en la sociedad ecuatoriana.
El ajedrez forma parte del expediente escolar en miles de escuelas en unos 30 países alrededor del mundo. (Linder, 1990) Por lo tanto, basándonos en todo lo aquí expuesto, es racional suponer que la incorporación del ajedrez dentro del currículo escolar ecuatoriano, aun cuando de inicio sea una materia optativa, daría como resultado para los estudiantes: un ascenso en el desarrollo
16 HUERTAS, Ramón. Ajedrez e identidad, Fundamentos originales del programa “Ajedrez Social”, La Habana, pág 26
intelectual, elevación del nivel académico y fortalecimiento de valores que contribuirían notablemente en su formación integral.