A lo largo de las secciones anteriores se ha señalado la importancia capital que tiene el revisar, analizar y entender las partidas magistrales para mejorar la preparación en aperturas, medio juego y final que conlleva a descubrir las posibilidades tácticas y entender y valorar las posiciones correctamente en las propias partidas del deportista. El no realizar a conciencia esta actividad o limitarse a resolver separadamente las cuestiones propias de cada fase causan confusión y desorden en los conocimientos adquiridos. “La desgracia de los ajedrecistas jóvenes, incluyendo a muchos grandes maestros, es que descuidan completamente la labor analítica. Esta labor debe ser entendida adecuadamente. No nos referimos al análisis de esta o aquella variante, sino
92 HUERTA, Juan. Entrenamiento del Ajedrecista, Un Formato práctico para el Estudio de los Finales, La Habana, pág. 80
que hablamos de la penetración profunda en la propia esencia de la lucha ajedrecística, de la formación de planes, de la búsqueda de las posibilidades combinativas más ocultas. Tal “trabajo casero”, que todos los monarcas del Ajedrez han realizado, le proporciona al jugador la posibilidad de descubrir sus propios defectos, profundizar en los secretos del juego, y ampliar su erudición ajedrecística.”94
Es beneficioso para todos los jugadores, especialmente para los jóvenes empezar con el estudio de las partidas clásicas siguiendo un orden cronológico que les permita comprender la evolución que este noble juego ha sufrido a través de su larga historia. Empezar con las partidas de los primeros jugadores reconocidos del siglo XVI, seguir con los famosos maestros de la escuela italiana, proseguir con los románticos, los posicionales, los de la escuela psicológica, los modernos, los hipermodernos, y finalizar con los contemporáneos. Para tener un orden referente se señalan los siguientes: Ruy López, Greco, Philidor, La Bourdonnais, Staunton, Anderssen, Morphy, Steinitz, Chigorin, Lasker, Nimzovitch, Capablanca, Euwe, Alekhine, Botvínnik, Bronstein, Smyslov, Tal, Petrossian, Spassky, Fischer, Karpov, Kasparov, Kramnik, Anand, Ponomariov, Topalov, Carlsen, entre los más representativos de sus épocas.
En cuanto a la forma de analizar las partidas, uno de los criterios más respetados es el sugerido por David Bronstein, también conocido como el “campeón sin corona”, debido a que en 1951, en calidad de retador, en un match por el Campeonato Mundial, empató con Mikhail Botvinnik, quien entonces ostentaba el título de monarca del juego ciencia y, las reglas del evento señalaban que en caso de empate se mantenía la condición del Campeón. Bronstein señala: “No debería “leer” una creación ajedrecística, si no que, debería mover las piezas en el tablero y hacer las jugadas una por una exactamente como sucedieron cuando se creó la obra de arte ajedrecística por vez primera. Hágalo en su propio tablero con sus propias piezas en silencio
total, para poder seguir de cerca los acontecimientos que se desarrollan delante de sus propios ojos.”95 Para obtener los resultados deseados, al revisar una partida, recomienda hacerlo en tres etapas que se resumen a continuación:
Primeramente, reproduzca la partida entera sin detenerse más de dos segundos en cada jugada. Si le entra el deseo de hacer una pausa más larga, ¡no lo haga!, sólo enmarque la jugada con lápiz y siga reproduciendo la partida hasta que termine. Luego, retire el libro, relájese e intente, lo mejor que pueda, recordar de memoria el juego que acaba de ver. Intente comprender las razones por las que se han tomado tales o cuales decisiones. Este paso le dará una visión global de toda la partida.
Reproduzca la partida de nuevo, un poco más despacio en esta ocasión, y apunte con un lápiz todo lo que no percibió la vez anterior.
En la tercera fase, vaya directamente a las marcas que ha hecho a lápiz y dé rienda suelta a su imaginación y creatividad. Intente jugar mejor que los protagonistas del encuentro. Si no está de acuerdo, mire de cerca cada decisión, de las blancas o de las negras, con ojo crítico. Si estudia una partida así, podrá encontrar nuevos y útiles conocimientos que podrá usar en beneficio propio. Apunte sus hallazgos en un cuaderno para estudiarlos más adelante, cuando su estado de ánimo haya cambiado. Si en las dos primeras etapas, no ha hecho marcas con el lápiz, no vuelva a mirar esa partida; en su lugar, pase a la siguiente, que podría resultarle más atractiva.
Si el ajedrez es un arte entonces, habrá partidas que no sean del agrado del estudiante y otras si. Todo dependerá de sus gustos, estilo de juego e inclusive de su personalidad. Hay que conocer las primeras y examinar detalladamente las segundas.
“Cuando aprendí a jugar, estudié millares de partidas de ajedrez jugadas por la vieja generación de jugadores exactamente de la forma descrita, obteniendo así
un gran beneficio.”96 Al momento de estudiar las partidas se debe dar la importancia debida a la forma en que lo hacemos. Muchos estudiantes actuales, pertenecientes a la era informática, abusan del uso del ordenador y se conforman con pasar las partidas aplastando una tecla, e inclusive, dejan los análisis a la propia computadora lo cual vuelve a la preparación teórica superficial e inactiva.
También se recomienda utilizar dos tableros de ajedrez, mientras en el uno se pasa la partida, jugada a jugada, tal y como se realizó en la realidad, en el otro, se realizarán los análisis respectivos de cada una de las variantes posibles.